Castropol es la ostra

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Foto: Fusión Asturias
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La Ría del Eo es el escenario ideal para el cultivo de ostras y el concejo castropolense espera tener en este molusco un perfecto embajador.
Las alfombras florales tienen ahora un competidor. Indudablemente, si pensamos en este laborioso y atractivo arte floral enseguida aparece en nuestras mentes el nombre del concejo asturiano que ha hecho de esta práctica su señera: Castropol. Pero desde hace poco tiempo la ostra del Eo empieza a ganar puntos como elemento diferenciador del municipio. El cultivo de este molusco ha arraigado fuertemente en la ría gracias a sus aguas tranquilas y limpias, idóneas para que las semillas de las ostras, de la especie Crassostrea gigas, crezcan en buenas condiciones. La imagen de las bolsas de cultivo en la ensenada de Linera es una estampa habitual y se ha convertido también en recurso turístico, ya que una empresa productora de la zona ha empezado a ofrecer visitas guiadas. Así, de paso que se disfruta de un paisaje protegido como Reserva de la Biosfera, el visitante puede conocer -con un paseo en barca- los detalles de la producción de la ostra y comprobar personalmente la calidad del producto. «Hacemos la visita durante la bajamar para que la gente pueda ver el cultivo -explica Nuria Núñez, de Acueo-. Muy pocas personas conocen el proceso y, aunque todo les resulta sorprendente, lo que más les llama la atención son las semillas de ostras y que tarden tres o cuatro años en crecer».

El Festival de la Ostra de Castropol, en el puente de mayo, es una de las opciones gastronómicas de nuevo cuño que ofrece el Occidente asturiano.

Convencidos de su potencial turístico, en el Ayuntamiento también han decidido apostar por la promoción de la ostra, apoyando la creación de un Festival gastronómico en torno a este manjar. Núñez -promotora de la idea- cuenta que el proyecto les atraía desde hace tiempo y cuando lo presentaron tuvieron la aprobación municipal. La primera edición se celebró en 2014, coincidiendo con el puente de mayo, y en la organización colaboraron diferentes colectivos del concejo. «Se agotaron todas las unidades -recuerda María Alonso, vocal de la Asociación Castropol Turismo-. La gente que vino el domingo por la mañana se encontró con que ya no había ostras. ¿Quién iba a imaginarse que tendría tanta participación? Este año, para la segunda edición, ya se hizo una previsión mejor».

Festival de la ostra de Castropol
Uno de los platos elaborados en Fitur / Foto: Ayto. de Castropol
Efectivamente, la convocatoria de 2015 también fue un éxito absoluto. Desde la oficina de turismo de Castropol añaden que «vinieron muchos asturianos desde Gijón, Oviedo, Avilés y también madrileños, que ya nos visitan habitualmente».
En el mes de enero, el Festival ‘Somos la Ostra’ fue presentado en la feria de Fitur, donde además de una comisión municipal también estuvieron presentes miembros de asociaciones y empresas del concejo.
El proyecto turístico en favor de la ostra ha pegado fuerte en un municipio que, ahora más que nunca, crece mirando al estuario. Poco a poco los vecinos de Castropol están familiarizándose con el consumo de este molusco, aprendiendo cómo se abre su concha o qué tapas y recetas es posible realizar con él. El conocimiento permite que se rompan los esquemas que situaban a la ostra como un producto de lujo y de poco consumo en España. Afortunadamente, esto ya está cambiando: hasta hace poco tiempo buena parte de la producción se destinaba a mercados internacionales, como el país galo. Gracias a la venta online, las ostras del Eo están encontrando una buena acogida en España.

La Villa: Conjunto HistóricoCon la excusa de degustar la nueva faceta gastronómica del concejo son muchos los visitantes que se adentran en la villa de Castropol, premio Pueblo Ejemplar de Asturias en 1997. Paseando por el casco histórico pueden comprobar el interés de esta población por conservar el patrimonio cultural y arquitectónico, representado en edificios como el Palacio de Santa Cruz de Marcenado, barroco del siglo XVIII, el de Valledor o el de Villa Rosita, entre otros. Un conjunto que en el año 2004 obtuvo el reconocimiento de Bien de Interés Cultural. En esta localidad de llamativa ubicación, en un promontorio a modo de pequeña península sobre la Ría del Eo, se conjugan a la perfección diferentes estilos. Lo mismo se aprecian ejemplos de arquitectura indiana que palacetes y construcciones populares, todas ellas posteriores a 1587, fecha en la que un incendio arrasó con el núcleo de población dejando en pie sólo la capilla de Santa María del Campo.


Figueras, entre redes y astilleros

Vista del puerto deportivo y los astilleros en Figueras
Vista del puerto deportivo y los astilleros en Figueras. /Foto: Fusión Asturias
A pesar de que la actividad pesquera en el núcleo de Figueras atraviesa sus horas más bajas, el pueblo marinero no olvida sus raíces y sigue viviendo en torno al mar y la ría. La escultura monumento al pescador, en las inmediaciones del puerto, es un recordatorio del origen de esta localidad, que día a día crece como destino turístico.
Los establecimientos hosteleros ofrecen productos frescos del Cantábrico que les suministra la pequeña flota local: cuatro embarcaciones de bajura que faenan en busca de pulpo, marisco y otras capturas. Salen a diario del puerto entremezclándose con las embarcaciones deportivas y las pequeñas barcas de marineros ahora jubilados.
Formando parte del mismo escenario se encuentran los astilleros que apuntalan no sólo la rutina diaria de esta localidad, sino también el desarrollo del concejo gracias a una importante bolsa de trabajo. Y así la vida en el pequeño núcleo de Figueras discurre de manera tranquila pero muy atractiva para quien guste del paisaje de la ría y de una gastronomía de costa. «Aquí los veranos son tranquilos, tenemos buen clima, los alquileres son bajos; además se come muy bien y nuestras playas, como la de Arnao, están al abrigo del nordés» explica Joaquín Fraga, de la Cofradía de pescadores Nuestra Señora del Carmen.

La belleza del paisaje ribereño y una gastronomía de costa con productos frescos del Cantábrico confieren un gran atractivo al núcleo de Figueras.

El secretario de este colectivo añade que el puerto está en buenas condiciones, y cuenta con plazas en el pantalán. La presencia de los astilleros favorece que con cierta periodicidad se lleven a cabo dragados, algo muy necesario para desarrollar una actividad pesquera que cada vez va a menos. Fraga lo sabe bien porque lleva treinta años en la Cofradía: «El principal problema es la falta de relevo generacional. Ahora hay poco más de veinte marineros en activo, y es difícil arrancar en esta profesión porque cada día te ponen más inconvenientes. Te piden un montón de papeleo, titulaciones, cursillos… lo mismo para un barco grande que para una pequeña embarcación».
El colectivo de pescadores ha instalado ya en el exterior de su sede un antiguo barómetro de mercurio que se ha restaurado con la financiación del Centro de Desarrollo Oscos-Eo (con cargo a fondos europeos). También con estos fondos se ha financiado recientemente un taller sobre redes de pesca. El curso tuvo lugar el pasado mes de septiembre, contó con ocho participantes y «fue muy positivo. La mayoría de los asistentes eran marineros de Figueras y de Tapia que querían aprender a arreglar sus redes y montar nuevos aparejos», cuenta el secretario de la Cofradía.

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