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domingo 19, mayo 2024

Rutas en la naturaleza

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Los cuatro elementos se reúnen en Coaña, tentándonos a conocer el municipio de su mano.

La costa de Coaña se recorta de modo irregular, formando acantilados que hunden sus rocas afiladas en las profundidades del mar. Desde arriba, los prados verdes llegan hasta el borde de este tajo de piedra que ofrece vistas impresionantes. Pero de vez en cuando, la piedra se suaviza, pierde altura lentamente y forma un recodo que se llena de arena o de cantos rodados. El agua atenúa su fuerza y llega mansa hasta esta piscina natural, hasta las playas de Coaña, como la Playa de Armazá, la Playa del Barco, la Playa de Torbas en Loza, la Playa de Arnelles o la Playa de Foxos. Sin embargo, en este paisaje virgen hay diminutas calas donde el agua se vuelve turquesa, inaccesibles, que sólo pueden verse desde arriba y permanecen inalteradas por la mano del hombre. En ellas sólo interviene la propia naturaleza: el aire, las mareas, la vegetación…
Para conocer el concejo sirviéndonos de nuestros pies, hay varias rutas señalizadas entre las que destacan El Cordal de Coaña y la Senda Costera, a su paso por aquí. La primera parte del Mirador de Bustabernego y nos lleva al Castro de Coaña, para lo cual caminaremos casi quince kilómetros. El punto de partida ya es para quedarse un rato contemplando las montañas, que reconoceremos con facilidad con ayuda del relieve ubicado en el mirador. Tras saciar nuestra curiosidad y orientarnos, nos disponemos a subir al Alto de Orbaelle, y luego a Seya Fermosa. El paseo discurre entre bosque, dejando diversos pueblos a la izquierda, pasa por la Casa da Braña, Coaña y Busnovo y aterriza en el Castro.

En este paisaje virgen hay diminutas calas donde el agua se vuelve turquesa, inaccesibles, que permanecen inalteradas por el hombre.

Ésta es una senda de interior, mientras que la Senda Costera recorre acantilados y playas. La ruta parte de la zona alta de Ortiguera un pequeño pueblo marinero de belleza tranquila. Merece la pena recorrer sus calles empinadas, acercarse al recogido puerto, ver el antiguo faro y darse un chapuzón en la playa de Arnelles, antes de continuar hacia el acantilado de A Figueira, el pueblo de Loza, la Ensenada de Torbas, Salías, Acibús, la Playa D’Armazá y el pueblo de San Cristóbal.
De todos modos, los caminos son múltiples y nuestros pies pueden contribuir a marcarlos un poco más en la tierra. Muchos vecinos todavía van de un pueblo a otro caminando, así que preguntando podemos recorrer esos emblemáticos caminos vecinales y de paso conocer nuevos rincones a la orilla del río, un lavadero, un hórreo, ver plantaciones de fabas… Las posibilidades que se ofrecen son infinitas. §

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