Alfombrando las calles

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Alfombras realizadas con sal por el grupo El Muelle.
Alfombras realizadas con sal por el grupo El Muelle./ Foto: Fusión Asturias
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Una de las más bellas postales tapiegas es ver cómo la procesión de la Virgen del Carmen camina sobre vistosas alfombras de sal teñida, realizadas a mano por los vecinos con mucha entrega y esfuerzo.

La costumbre de preparar alfombras nace al colocar en el muelle un bote adornado con redes y flores, para que los marineros que llevan a la Virgen la posen en él. Mientras se canta la Salve Marinera y se hace una oración. Allí hay siempre una alfombra floral o de sal.
Mari Cruz García Fernández, nacida en Mántaras, lleva haciendo estas alfombras desde hace veinte años con el grupo El Muelle.
Lo primero que hicieron fue una composición en la zona conocida como “el Pouso”. Pusieron una red y en poliespán recortaron las letras ‘Te queremos, madre’, que cubrieron de claveles. “Más tarde se adornó toda la explanada -indica Mari Cruz- y ahora hacemos más de doscientos metros de alfombra. Empezamos en el muelle hasta la punta, para terminar en el edificio de La Marina”.
Otro grupo alfombra el entorno de la iglesia. Como quedaba la zona de El Pilón con el suelo libre, Mari Cruz habló con los vecinos de ese barrio, animándolos a hacer alfombras para ese lugar, que es el principio de la calle de la Procesión. También los mayores del Centro de Día colaboran en la elaboración de alfombras para completar esa misma calle.
Al llegar al Cuartel, la Guardia Civil hace una pequeña alfombra en honor a la Virgen. Y un poco más allá, en la Plaza Vieja, este año habrá también una alfombra elaborada por las mujeres que están realizando un curso socio-sanitario.
El proceso que se sigue en Tapia de Casariego para elaborar las alfombras se inicia en Semana Santa, y comienza con recortar y dibujar papeles con el ancho y largo deseados, una vez que tienen las medidas de la calle. El grupo del muelle los hace de 3 metros de largo y 1,25 de ancho -posteriormente los colocará en el suelo con un metro de separación entre sí para que pase la gente sin tener que pisar los motivos-. Una vez realizados los dibujos, se perfilan con macarrón de caracolillo o del largo, que luego colorean. Este año el color elegido es el dorado.

“Nuestro grupo realiza más de doscientos metros de alfombra. Empezamos en el muelle hasta la punta, para terminar en La Marina”

Aunque algún grupo rellena el interior con lenteja y arroz y lleva las alfombras ya listas para colocar, el grupo del muelle sigue otro proceso, como indica Mari Cruz García: “La madrugada del día de la procesión, a las cinco de la mañana ya estamos en las calles que vamos a preparar. Ese día nos ayuda mucha gente: hijos, nueras, vienen chicos jóvenes, vecinos del pueblo… El ambiente es muy bueno. Un camión nos trae los papeles con las alfombras, así que lo primero que hacemos es distribuirlas y asegurarnos de que quedan bien colocadas. A continuación las rellenamos con sal tintada de diferentes colores, ramas de ciprés para el color verde, borras de café para el marrón… no empleamos pétalos de flores porque además de ser muy caros, en la zona del puerto en la que estamos la más leve brisa los mezcla entre sí o se los lleva. El momento de más agobio es cuando aún no hemos organizado la tarea y todo el mundo a la vez te pregunta qué puede hacer. Pero enseguida repartimos la sal y disfrutamos del trabajo”. Al terminar, todos los participantes se van a desayunar juntos a la cafetería La Marina. Y más tarde asisten a misa y a la procesión que pasará sobre su obra de arte. Está claro que ese día es especialmente intenso: “Además de madrugar y del trabajo hecho, ese es el día de la fiesta y siempre hay 14 ó 17 invitados en casa. Es mucho trabajo, pero con organización se puede hacer”.
Aunque los materiales los financia el Ayuntamiento de Tapia de Casariego, todos los participantes ponen muchas ganas, esfuerzo, creatividad e ilusión en embellecer su villa.

Amigos de la ProcesiónCuatro hombres y dos mujeres comenzaron a colaborar juntos en agosto de 2010, al sentir que la Procesión de la Virgen del Carmen iba a menos y perdía solemnidad. Para recuperarla y darle más suntuosidad, pensaron en traer una buena megafonía y también instalar un arco bajo el que pasara la Virgen. Para lograr ambos proyectos, organizaron diversos actos que les permitieran conseguir el dinero necesario, como la venta de lotería, entradas de teatro o rifar una gran cesta elaborada gracias a las donaciones de los comerciantes y hosteleros de Tapia. Gracias a ellos, este año la procesión estará más cuidada que nunca.

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