Semana Mundial del Agua 2026.
En la antigua escuela indiana de Bres, Taramundi, hoy reconvertida en la “Casa del Agua”, se puede leer el fragmento de un poema de Alberto Calvín, nuestro poeta labriego, hablando del sencillo placer de beber el agua en la fuente del pueblo, pero también de un derecho universal que jamás debería ser tratado como mercancía. Dice así: “[…] a miña bebida, /a que eu prefiero/éche esa auguiña/da fonte do pueblo./Ademais de boa/non costa diñeiro/e sábeme a gloria/cada vez que bebo”.
En Taramundi, como en el resto de Asturias, el agua siempre ha estado muy ligada a la identidad del territorio: se usaba para regar los prados, para lavar en regatos y lavaderos, para templar el acero de las navajas y cuchillos artesanales, para bendecir las fincas y para poner en movimiento los múltiples ingenios hidráulicos que salpican el paisaje. También el agua ha dejado su huella en el lenguaje: en nuestra zona, palabras como ougueiro, barruzo, choupaina, saluxa, trapear o presas dos prados forman parte de esa manera propia de nombrar el agua y todo lo que sucede alrededor de ella.
La relación tradicional entre el agua y la vida cotidiana es precisamente la que ha contado hasta ahora la Casa del Agua de Bres: un museo municipal dedicado a los ingenios hidráulicos y a los usos del agua a través del tiempo. Pero el agua de Taramundi no se acaba en los molinos, las fraguas, los lavaderos, los pozos, las fuentes o los riachuelos. También está en las tuberías que llegan hoy a las casas, en las antiguas traídas vecinales y en una red municipal de abastecimiento que hace posible algo que damos por hecho: abrir el grifo y disponer de agua potable.
No hace tanto que nuestras madres y abuelas tenían que cargar con calderos y sellas sobre sus cabezas para traer el agua a las casas. Según la ONU, alrededor de 2.100 millones de personas en el mundo todavía carecen de acceso al agua potable cerca de sus hogares. Y en dos de cada tres de estos hogares, son las mujeres y niñas quienes acarrean el agua, como sucedía en Asturias hace tan solo unas décadas.
No hace tanto que nuestras madres y abuelas tenían que cargar con calderos y sellas sobre sus cabezas para traer el agua a las casas. Según la ONU, alrededor de 2.100 millones de personas en el mundo todavía carecen de acceso al agua potable cerca de sus hogares.
Los museos públicos no solo deben conservar y contar el pasado; también deben generar conocimiento, democratizar el acceso a la información y fomentar el pensamiento crítico. Por eso, la Casa del Agua incorpora ahora una mirada más actual sobre un recurso que sigue siendo esencial y está en el centro de muchos conflictos. Gracias al proyecto apoyado por la convocatoria de Acciones para el impulso de la Agenda 2030 del Principado de Asturias, el museo ha ampliado sus contenidos en torno al ODS 6: Agua limpia y saneamiento, para explicar cómo gestionamos hoy el agua y abrir preguntas sobre los retos que plantea su futuro.
Conocer desde cuándo existe la red municipal, dónde se capta y dónde y cómo se depura el agua es información que debería estar fácilmente accesible para toda la población.
Un museo rural también puede abrir esa ventana al mundo y explicar dónde se concentra el agua dulce, cómo ha aumentado su consumo, qué actividades utilizan más agua y cuáles son las principales amenazas para su disponibilidad y calidad. Y, sobre todo, puede plantear qué podemos hacer: gestionar mejor los recursos, reutilizar el agua o mejorar el tratamiento de las aguas residuales.
Ese salto, de lo local a lo universal, es una de las claves de los nuevos contenidos de la Casa del Agua. No se trata solo de ofrecer respuestas, sino de poner información al alcance de todos para que cada visitante pueda hacerse sus propias preguntas: ¿Cuánta agua consumimos realmente?, ¿qué consecuencias tiene nuestra forma de consumirla?, ¿qué responsabilidad tenemos en su conservación? Incluso algo tan cercano y actual como la inteligencia artificial permite introducir una pregunta que quizá no nos habíamos hecho: ¿cuánta agua gastamos cada vez que le hacemos una pregunta a Chat GPT?
Así, la Casa del Agua deja de mirar únicamente al agua que ha marcado la historia de Taramundi para conectar esa historia con los grandes desafíos actuales. Porque entender cómo gestionamos el agua aquí nos ayuda a comprender que, aunque la escala sea diferente, el problema es común. El agua es un derecho universal y su gestión no puede quedar nunca subordinada al beneficio económico. Porque quien controla el agua controla un recurso esencial para la vida y, en buena medida, también el territorio y las posibilidades de quienes lo habitan.