19 de agosto: DÍA INTERNACIONAL DE LA FOTOGRAFÍA
El 19 de agosto de 1839, la Academia de Ciencias de Francia hizo pública en París la invención de Louis Daguerre: el daguerrotipo, un proceso químico capaz de fijar una imagen sobre una placa de cobre recubierta de plata. El Estado francés decidió poner el procedimiento a disposición del mundo y aquella fecha quedó marcada como uno de los momentos fundacionales de la historia de la fotografía.
Casi dos siglos después seguimos celebrando aquel descubrimiento, pero, con todos los cambios tecnológicos que hemos vivido en los últimos años, cabe preguntarse: ¿qué es hoy la fotografía?
Para quienes ejercemos el fotoperiodismo, la fotografía tiene mucho que ver con estar allí, con ser testigos.
Me viene a la mente una imagen de Constantino Suárez. En ella, dos milicianos se refugian en el interior de un tonel de sidra cerca de San Esteban de las Cruces en 1937. La miro y casi puedo sentir la humedad, el olor a madera, el cansancio, la espera… Me emociona sentir cómo un momento ocurrido hace noventa años vuelve a mí.
Con todos los cambios tecnológicos que hemos vivido en los últimos años, cabe preguntarse: ¿qué es hoy la fotografía? Para quienes ejercemos el fotoperiodismo, la fotografía tiene mucho que ver con estar allí, con ser testigos.
Gracias al archivo fotográfico sabemos que Constantino Suárez compartió espacio y tiempo con David Seymour; ambos documentaron aquella Asturias de la Guerra Civil. Seymour acabaría siendo, años después, uno de los fundadores de la agencia Magnum. La trayectoria de Constantino, sin embargo, quedó truncada, fue perseguido, encarcelado y condenado. Sus historias nos hablan de memoria, de silencios y de quién decide qué permanece.
El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha expedido una Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal a favor de Constantino Suárez Fernández. Según el expediente 26DGMD-0253, Suárez Fernández ingresó el 21 de enero de 1940 en la Prisión Celular de Partido de Gijón, acusado de auxilio a la rebelión militar. El 11 de octubre de ese mismo año, el Consejo de Guerra de la Plaza de Asturias lo condenó a seis meses y un día de prisión menor.
La declaración, firmada el 3 de junio de 2026 por el ministro Ángel Víctor Torres Pérez, declara ilegal e ilegítimo el tribunal que lo juzgó, así como nula la condena dictada en su contra, al amparo de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática.
Este reconocimiento llega quince años después de que la Asociación de Fotoperiodistas Asturianos le devolviera su carné profesional, un gesto simbólico con el que el colectivo ya había restituido entonces la identidad y la dignidad profesional de Suárez Fernández como fotógrafo. Con esta declaración oficial, el Estado cierra formalmente una herida abierta durante más de ocho décadas, sumándose al reconocimiento que la profesión ya le había tributado, y reafirma el compromiso institucional con la verdad, la justicia y la memoria de quienes sufrieron represión por sus ideas.
La fotografía no es objetiva. Siempre hay alguien detrás de la cámara que decide dónde colocarse, qué encuadrar, qué dejar fuera y qué momento detener. En el fotoperiodismo esa mirada no puede ser arbitraria: está atravesada por la responsabilidad y por la honestidad de quien sabe que está construyendo un relato.
Los más de 9.000 negativos de Constantino tienen una existencia física que hoy podemos recuperar, estudiar y compartir. En cambio, hoy almacenamos millones de fotografías en teléfonos, discos duros y nubes. Parece que están a salvo, pero dependen de servidores, formatos, empresas y tecnologías que quizá dentro de unos años ya no existan.
En la actualidad, cuando podemos fabricar imágenes que nunca han sucedido — imágenes sin acontecimiento—, necesitamos reivindicar esa subjetividad humana que cuenta una realidad sin traicionarla.
Los más de 9.000 negativos de Constantino tienen una existencia física que hoy podemos recuperar, estudiar y compartir. En cambio, hoy almacenamos millones de fotografías en teléfonos, discos duros y nubes. Parece que están a salvo, pero dependen de servidores, formatos, empresas y tecnologías que quizá dentro de unos años ya no existan. Nunca habíamos hecho tantas imágenes y nunca habíamos tenido un archivo tan vulnerable.
Por eso, hablar de fotografía es también hablar de cuidados: cuidar las fotografías, cuidar los archivos, cuidar nuestro patrimonio y, por supuesto, cuidar a los fotógrafos.
Constantino y Seymour probablemente no necesitaban un marco teórico para hacer su trabajo. Necesitaban una cámara, conocer su oficio, esperar, caminar, mirar e involucrarse en la realidad para poder transmitirla.
Quizá ese siga siendo hoy el verdadero poder de la fotografía: que alguien haga una foto y que, noventa años después, otra persona pueda volver a mirarla y sentir que, de alguna manera, también estuvo allí. Que aquello fue real. Que sucedió. Pero para que esto ocurra, necesitamos proteger el mejor oficio del mundo: el fotoperiodismo.
Cuidemos la fotografía.