La dieta cetogénica: origen, evolución y cómo el cuerpo obtiene energía sin carbohidratos

Las dietas cetogénicas (también llamadas “keto”) son un tipo especial de alimentación que se caracteriza por una reducción drástica de ingesta de hidratos de carbono acompañada de un aumento significativo del consumo de grasas. Este tipo de dieta, aunque se conoce desde hace más un siglo, ha crecido en popularidad en los últimos años, sobre todo, como una dieta eficaz para perder peso, pero también para controlar la diabetes o mejorar algunos desordenes metabólicos. Sin embargo, pese a que existe mucha literatura sobre esta dieta (la mayoría proveniente de fuentes, al menos, cuestionables) remarcando los beneficios de ésta, pocos estudios se han realizado sobre las consecuencias a largo plazo de su uso. Y, en base a un estudio recientemente publicado, no es oro todo lo que reluce. Pero comencemos por el principio y veamos cual es el origen y cómo funciona la dieta cetogénica.

Desde finales del siglo XIX y principios del XX se conocían los beneficios del ayuno para reducir las crisis en pacientes, sobre todo niños, con epilepsia. Pero el ayuno, durante el cual la persona se abstiene de forma voluntaria de ingerir alimentos, es muy difícil de mantener, sobre todo si hablamos de niños, pues requiere de una gran fuerza de voluntad y autocontrol. Por ello, la generalización de esta terapia contra la epilepsia era muy complicada. Para solucionar este problema, los médicos se propusieron imitar los efectos del ayuno con una dieta. Durante los primeros años del siglo XIX se realizaron ensayos buscando diferentes combinaciones de alimentos que resultaran en los efectos deseados. Pero no fue hasta la década de 1920, concretamente en el año 1921, cuando Russell M. Wilder de la Clínica Mayo (Mayo Clinic, en inglés) de Rochester (Minnesota, EE. UU.) utiliza por primera vez el término “dieta cetogénica” para describir y proponer un tratamiento nutricional para la epilepsia que “engaña” al organismo haciéndole creer que está en ayuno. Esta dieta se basaba en ingerir entre un 70% y un 90% de las calorías procedentes de la grasa y cantidades muy limitadas de carbohidratos y proteínas. Wilder aseguraba que la dieta era tan eficaz como el ayuno en el tratamiento de la epilepsia y sus colegas de la Clínica Mayo empezaron a utilizarla con sus pacientes jóvenes y adultos con resultados muy satisfactorios. A partir de entonces, la dieta cetogénica es ampliamente utilizada por otras instituciones en EE. UU., incluyendo hospitales de gran prestigio como el Hospital John Hopkins, en Baltimore (Maryland, EE. UU.).

- PUBLICIDAD -

Durante los siguientes años, la dieta se fue estandarizando y extendiéndose poco a poco. Se establecieron proporciones como la clásica 4:1 (grasa: proteína+carbohidrato) y se siguieron observando resultados satisfactorios. Sin embargo, en la década de los 30, con la llegada de los fármacos antiepilépticos este remedio contra la enfermedad pasa a un segundo plano. El problema es que la adherencia de los pacientes a este tratamiento no era la ideal. Es una dieta muy restrictiva, que limita mucho los alimentos que se pueden ingerir y que, por lo tanto, es difícil de mantener en el tiempo y más en aquella época. Además, era un tratamiento que necesitaba de seguimiento médico continuado, cosa que requería de un esfuerzo extra. Por ello, con la llegada de fármacos como el “Phenytoin”, descubierto en 1938 y que controlaba las crisis sin sedación fuerte (a diferencia de fármacos anteriores), que se pueden administrar de forma mucho más fácil, el uso de la dieta cetogénica perdió mucho protagonismo.

El interés por esta dieta resurge con fuerza en los años 90, pues se comienza a estudiar de nuevo como alternativa para tratar lo que se conoce como epilepsia resistente, aquella que no responde a los fármacos. Esto hace que la dieta vuelva a ser propuesta como terapia alternativa válida. Una vez entrado el siglo XXI, la popularidad no decrece, más bien al contrario, pues se promociona como una alternativa para la pérdida de peso, la corrección de algunos desajustes metabólicos y también se empieza a utilizar para realizar investigaciones sobre el cáncer y otras enfermedades. En estos años comienzan a proliferar la literatura y la divulgación sobre los beneficios de esta dieta y esto, unido al crecimiento de la cultura fitness y a la explosión de las redes sociales, hace que la dieta cetogénica sea hoy en día muy conocida. Pero ¿por qué esta dieta es capaz de imitar los efectos del ayuno? ¿Cómo lo consigue? Para responder a estas preguntas, primero hay que entender muy bien cómo consiguen energía las células de nuestro cuerpo.

Mujer deportista con ensalada de dieta cetogénica o keto.

La obtención de energía por parte de las células

Durante la digestión, los alimentos que comemos se descomponen gracias a la acción de ciertas enzimas en nuestro intestino y, finalmente, terminan como moléculas (nutrientes) en nuestro torrente sanguíneo. Centrémonos, para empezar, en los nutrientes que se extraen de los carbohidratos, los monosacáridos (conocidos también como azucares simples, pues encajan en la definición química de azúcar) y, sobre todo, en la glucosa. Los alimentos que llamamos carbohidratos o hidratos de carbono, en particular los azúcares y los granos refinados (harinas blancas y arroz como ejemplos más representativos), se descomponen principalmente en glucosa, que es el nutriente que nuestras células utilizan preferentemente para obtener energía. Pero para poder utilizar esta glucosa, hay otro actor que debe entrar en juego que es una de las hormonas más famosas: la insulina. Al ingerir alimentos e iniciarse la digestión, el páncreas genera insulina. Una vez se ha absorbido la glucosa de estos alimentos en el intestino delgado, ésta empieza a circular por el torrente sanguíneo y empieza a repartirse por todas las células de organismo. Sin embargo, en muchas células del cuerpo, como las que forman parte de los músculos y los huesos y las del tejido adiposo (grasa), para que esta glucosa pueda penetrar y pueda ser usada como fuente de energía, necesita estar acompañada de la insulina. Sin insulina, muy poca glucosa podría penetrar las células y ser usada y, por lo tanto, esta empezaría a acumularse en la sangre causando lo que se conoce como hiperglicemia (la famosa hiperglicemia que afecta a los diabéticos y que tantos trastornos puede causar). Ahora bien, una vez las células han tomado toda la glucosa que necesitaban, el excedente se va a depositar, mediante la acción de la insulina, en forma de glucógeno en el hígado y en los músculos, y en forma de grasa en las células grasas. Y este proceso continúa mientras haya determinados niveles de insulina en sangre.

Sin embargo, cuando dejamos de comer y pasa un tiempo, nuestros niveles de insulina bajan. En ese momento, comienza el proceso inverso. Al no haber insulina y seguir necesitando energía las células, el cuerpo entra en “emergencia energética” y se empieza a liberar la glucosa almacenada en el hígado. Pero, como hemos dicho, esta glucosa sin insulina no puede ser utilizada por músculos y huesos y entonces, en este caso, sirve para alimentar principalmente al cerebro y a los glóbulos rojos. ¿Y qué combustible usan entonces los músculos? Pues en ausencia de glucosa, primeramente, los músculos comienzan a utilizar ácidos grasos (los nutrientes que se extraen de las grasas), y es en este momento cuando empezamos a “quemar grasa”. Es decir, que perdemos peso quemando grasa cuando dejamos que nuestros niveles de insulina bajen.

- PUBLICIDAD -

Ahora bien, en el contexto de una dieta cetogénica mantenida en el tiempo, la ingesta de carbohidratos es muy pequeña y nos encontraríamos con un déficit significativo y constante de glucosa. En este caso, ¿cómo obtendrían energía las células? La clave para responder a esta pregunta es que las células no utilizan la glucosa directamente como combustible, sino que utilizan el adenosín trifosfato, el famoso ATP. Lo que ocurre es que las células procesan la glucosa para generar el ATP, que es lo que realmente consumen para generar energía. Pero el ATP no solo se puede conseguir de la glucosa. Con una alimentación en la que la ingesta de carbohidratos es “normal” (queriendo decir “normal” no reducida por estar en una dieta especial), la glucosa en sangre va a estar en niveles normales y la mayoría de las células del cuerpo preferirán usar la glucosa para obtener el ATP frente a otras alternativas (esto no siempre es así, ya que incluso en presencia de glucosa hay células que priorizarán otro tipo de combustible como, por ejemplo, las células del corazón que “prefieren” usar ácidos grasos). Pero si, como decimos, la ingesta de carbohidratos se reduce a la mínima expresión y no hay glucosa disponible, hay más opciones para conseguir ATP.

La más conocida y asociada a la dieta cetogénica es el uso de los ácidos grasos y los llamados cuerpos cetónicos como combustible para las células. En ausencia de carbohidratos, baja mucho la glucosa en sangre y, por lo tanto, baja también la insulina. Esto hace, como hemos comentado antes, que el cuerpo entre en un estado de “emergencia energética” y empiece a movilizar los recursos extras que tiene. Y lo que comienza a hacer es movilizar las grasas. Entra, por lo tanto, en un estado metabólico, denominado cetosis, en el que usa las grasas como principal fuente de energía. Las grasas empiezan a liberar ácidos grasos que llegan al hígado y son convertidos allí en los llamados cuerpos cetónicos. En estas circunstancias, las células extraen el ATP o bien directamente de los ácidos grasos (sin ser transformados en cuerpos cetónicos) o bien de los cuerpos cetónicos en aquellas células que no pueden usar bien las grasas como las del cerebro (los ácidos grasos no penetran bien la barrera hematoencefálica) o algunas musculares.

Sin embargo, hay un detalle importante que comentar. La supervivencia sin absolutamente nada de glucosa en sangre es imposible, porque hay ciertas células en nuestro cuerpo que solo y exclusivamente pueden obtener ATP de la glucosa. Las células del sistema nervioso central son ávidas consumidoras de glucosa, aunque, en su mayoría, pueden usar también cuerpos cetónicos. En condiciones de cetosis, el cerebro puede obtener el 60-70% de su energía de cuerpos cetónicos, pero sigue necesitando glucosa para obtener parte de la energía, para la síntesis de neurotransmisores y porque es necesaria en ciertas vías metabólicas. Por otro lado, las células de la retina también dependen casi exclusivamente de la glucosa. Pueden usar cuerpos cetónicos y ácidos grasos de forma limitada, pero no pueden sustituir completamente la glucosa. El caso extremo es de los glóbulos rojos que extraen el 100% de su energía de la glucosa. Esto mismo ocurre con las células de la medula renal. Entonces, en un contexto de dieta muy baja en carbohidratos, ¿de dónde sale la glucosa necesaria para que esas células obtengan energía?

Adaptación metabólica al ayuno
Adaptación metabólica al ayuno / Fuente externa

Pues se obtiene de un proceso denominado gluconeogénesis. El cuerpo está adaptado para sobrevivir en situaciones en las que la ingesta de carbohidratos es mínima o incluso si se produce un ayuno prolongado. Como siempre se va a necesitar una cantidad de glucosa, el cuerpo utiliza diferentes precursores para fabricar su propia glucosa. Estos precursores pueden ser un tipo de aminoácidos (los nutrientes que se extraen de las proteínas) denominados glucogénicos, glicerol (lo nutrientes de las grasas son los ácidos grasos que junto con el glicerol forman los triglicéridos que son la forma de almacenamiento de grasa en el cuerpo) o lactato. Este último es, de hecho, el más empleado en la generación de glucosa. El lactato se produce en los músculos y en los glóbulos rojos y es un producto del metabolismo de la glucosa. En ausencia de glucosa, puede ser utilizado directamente por los músculos como combustible o viajar al hígado para generar nueva glucosa mediante la gluconeogénesis.

Por lo tanto, en resumen, una dieta muy baja en carbohidratos o el ayuno prolongado implica una reducción de la glucosa en sangre y, por lo tanto, el uso de otros nutrientes como fuente de ATP para las células. La cantidad mínima de glucosa necesaria para el funcionamiento de las células que la requieren se obtiene de la gluconeogénesis. Siendo esto así, una dieta como la cetogénica, aunque muy baja en carbohidratos, no debería de tener ninguna contraindicación, al menos a priori. Pero ¿realmente es así?

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 4.5 / 5. Recuento de votos: 2

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa es presidente de Villaviciosa ConCiencia y profesor e investigador del Departamento de Física de la Universidad de Oviedo.

DEJA UN COMENTARIO

¡Por favor, introduce tu comentario!
Introduce aquí tu nombre


Más del autor /a

Últimos artículos

Lo más leído

Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa es presidente de Villaviciosa ConCiencia y profesor e investigador del Departamento de Física de la Universidad de Oviedo.

Más del autor /a