Los riesgos asociados a la dieta cetogénica o keto

Como se ha mencionado anteriormente, la dieta cetogénica se basa en un régimen alimenticio de muy baja ingesta de carbohidratos y muy alta en grasas. Aunque una dieta cetogénica no tiene una composición de macronutrientes estrictamente definida, cuando se utiliza como tratamiento para la epilepsia suele prescribirse inicialmente con una proporción de 4:1, es decir, 4 g de grasa por cada gramo de carbohidratos o proteínas, lo que equivale aproximadamente a que el 90% de las calorías procedan de las grasas. Esto es así porque las grasas, en promedio, tienen más del doble de calorías por gramo que carbohidratos y proteínas (9 kilocalorías/gramo (kcal/g) las grasas, 4 kcal/g los carbohidratos y 4 kcal/g las proteínas).

Lo cierto es que en los últimos años esta dieta ha ganado mucha popularidad pues induce una pérdida de peso apreciable. Como hemos visto anteriormente, la baja ingesta de carbohidratos reduce los niveles de insulina en sangre y esto hace que se movilicen las grasas del cuerpo para producir energía. Esto ocurre además en dos vertientes. Se usan los ácidos grasos para conseguir el ATP (adenosín trifosfato) que las células necesitan y, por otro lado, se utilizan las grasas (glicerol) para producir la cantidad mínima de glucosa que necesitamos mediante la gluconeogénesis. Entonces, a priori, parece que esta dieta solo ofrece ventajas. Pero quedaba una pregunta por resolver: ¿qué pasa si sigo la dieta cetogénica durante un periodo prolongado de tiempo? Lo cierto es que los efectos de esta dieta a largo plazo sobre la salud metabólica eran desconocidos.

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Sin embargo, un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Science Advances arroja luz sobre el asunto. La investigación, llevada a cabo por científicos de la Universidad de Utah y del Centro de Investigación en Diabetes y Metabolismo de Utah, ambos en Salt Lake City (Utah, EE. UU.), revela que, en ratones macho y hembra, una dieta cetogénica induce la pérdida de peso, pero con el tiempo conduce al desarrollo de ciertos efectos negativos sobre la salud.

Los ratones macho y hembra del estudio fueron alimentados durante casi un año con cuatro tipos de dieta diferentes: una dieta estándar baja en grasas (10% de grasa, 70% carbohidratos y 20% proteína), una dieta baja en grasas y con ingesta moderada de proteína (10% de grasa, 80% carbohidratos y 10% proteína, igualando la cantidad de proteína ingerida en la dieta cetogénica), una dieta rica en grasas (60% grasa, 20% carbohidratos, 20% proteína) y una dieta cetogénica con aproximadamente un 90% de grasas (90% grasa y 10% proteína). Las dos dietas bajas en grasa se introdujeron para comparar los posibles efectos de la reducción de proteínas. Por otro lado, la dieta rica en grasas al 60% se utilizó porque es la típica dieta que induce la obesidad y para la cual las alteraciones metabólicas están bien descritas. La inclusión de ratones de ambos sexos permitió también analizar en detenimiento la interacción dieta-sexo.

Los resultados al analizar los cambios de peso de los ratones son interesantes. Partiendo de un mismo peso inicial, los ratones que más peso fueron ganando a lo largo de las semanas fueron los que estaban bajo una dieta rica en grasa, seguidos de los que estaban en dieta cetogénica. Los ratones bajo dietas bajas en grasas fueron los que menos peso ganaron, siendo un poco más bajo el peso de los que consumieron un 20% de proteína en vez de un 10%. Este mismo orden se observa al analizar la masa ganada en grasa. De nuevo, la dieta rica en grasa induce una mayor ganancia de masa grasa, seguida de la dieta cetogénica y de las dietas bajas en grasa. La masa magra (la que no viene de la grasa) ganada sigue siendo mayor en la dieta rica en grasa, pero al comparar la dieta cetogénica con las bajas en grasas, no se observan casi diferencias. Las tendencias en los ratones macho o hembra son las mismas, no se observan cambios relevantes.

Otro resultado curioso fue la medición de la pérdida de peso al cambiar de la dieta rica en grasa, la que más aumento de peso induce, a la dieta cetogénica o a las dietas bajas en grasas. Los resultados indican que la dieta cetogénica fue menos efectiva que las dietas estándar para inducir la pérdida de peso, ya que los ratones que iniciaron dietas bajas en grasas perdieron más del doble de peso que los ratones que siguieron la dieta cetogénica. De hecho, los ratones bajo dieta cetogénica sufrieron un estancamiento en la pérdida de peso tras unas pocas semanas, mientras que los otras siguieron bajando de peso paulatinamente. Otra cosa que se estudió fue qué pasaba si, después de la pérdida de peso con estas dietas, se empezaba una dieta rica en grasa. Los resultados revelaron que tanto después de una dieta baja en grasa, como después de una dieta cetogénica, si se comienza una dieta rica en grasa, se recupera el peso inicial e incluso se aumenta. 

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Por otra parte, a pesar de haber aumentado menos de peso que los ratones alimentados con una dieta rica en grasas, los machos y hembras con dieta cetogénica son los que tenían los valores más altos de triglicéridos y los ácidos grasos no esterificados (también conocidos como NEFA o ácidos grasos libres, los ácidos grasos no esterificados son moléculas de grasa circulando en sangre que principalmente se utilizan como fuente de energía). Los machos alimentados con dieta cetogénica también muestran esteatosis hepática. La esteatosis hepática es lo que comúnmente se conoce como “hígado graso”. Es una condición en la que se acumula un exceso de grasa dentro de las células del hígado (principalmente triglicéridos). Básicamente significa que el hígado empieza a almacenar grasa donde normalmente no debería y se empieza a acumular dentro de los hepatocitos (células hepáticas). En una fase inicial no es una condición muy grave, pero si progresa puede dar lugar a inflamación (esteatohepatitis), fibrosis (las células normales del hígado se dañan o mueren y el cuerpo las “repara” formando tejido cicatricial -fibroso-, tejido que no funciona igual que el tejido hepático normal) y cirrosis (daño hepático permanente). Por otro lado, se observa también un aumento de la actividad plasmática de ALT, que implica que la enzima ALT (alanina aminotransferasa), que normalmente se encuentra principalmente dentro de las células del hígado, se escapa al torrente sanguíneo. Esto ocurre por algún daño en las células hepáticas que suele estar asociado con hígado graso, alcoholismo, hepatitis, algunos fármacos o estrés metabólico. Ambas condiciones sugieren una disfunción hepática. Estos hallazgos concuerdan con la mayoría de los demás estudios sobre la dieta cetogénica. Dado el aumento de la prevalencia de la esteatohepatitis, especialmente en personas con obesidad, el potencial de la dieta cetogénica para causar o empeorar la disfunción hepática preexistente se ha de tener muy en cuenta. Sorprendentemente, las hembras bajo dieta cetogénica no mostraron los mismos signos de disfunción hepática que los machos. Este hecho habla de una diferencia asociada al sexo que debe ser analizada en próximos estudios.

Ratón de laboratorio

Otro de los efectos negativos que el uso de la dieta cetogénica tuvo fue el desarrollo de hiperlipidemia. La hiperlipidemia es lo que comúnmente conocemos como “colesterol alto” y/o “triglicéridos altos”. En general, se trata de una condición en la que hay niveles elevados de grasas (lípidos) en la sangre. Esto no es de extrañar, pues al aumento significativo de ingesta de grasas, se suma la movilización y transporte de grasa para su uso como fuente de energía y para generar glucosa.

Por último, a diferencia de los ratones alimentados con una dieta convencional rica en grasas, los ratones que siguieron una dieta cetogénica presentan alteraciones en la secreción de insulina. En particular, lo que se observó fue que los niveles de insulina en ratones que siguieron la dieta cetogénica fueron bajos en general. Si bien esto a menudo se considera un efecto positivo (bajo nivel de insulina implica bajo nivel de glucosa y más movilización de las grasas), en este caso los investigadores señalaron una disfunción de las células β como causante de estos bajos valores. Las células β del páncreas son las células encargadas de producir y secretar insulina. Se encuentran en los islotes de Langerhans, que son pequeños grupos de células dentro del páncreas. Al ingerir alimentos, la glucosa en sangre sube y son las células β las que detectan este aumento y fabrican y liberan insulina a la sangre. Un mal funcionamiento de estas células implicará una desregularización de la secreción de insulina y la posible aparición de problemas metabólicos. Pero ¿por qué una dieta cetogénica puede alterar el correcto funcionamiento de estas células?

Lo que concluye el estudio es que esta dieta rica en grasa (lípidos) implica una exposición crónica de las células β a un ambiente muy alto en lípidos. Este ambiente genera lo que se conoce como lipotoxicidad, que es el daño que sufren las células cuando están expuestas durante mucho tiempo a niveles elevados de grasas (especialmente ácidos grasos). El daño se produce porque un ambiente con demasiados ácidos grasos produce, sobre todo, alteraciones en las membranas celulares, disfunción de algunos de los orgánulos de las células (partes especializadas de las células que se encargan de tareas concretas) y estrés oxidativo. Los orgánulos que más sufren en este ambiente son el retículo endoplasmático y el aparato de Golgi (no todas las células del cuerpo los tienen, pero la mayoría sí). Estos dos juegan un papel fundamental en el correcto funcionamiento de las células: mientras que el retículo endoplasmático fabrica proteínas (como la insulina) y las empieza a “plegar” (plegar en este contexto significa adoptar la forma tridimensional correcta para funcionar) correctamente (sería algo así como “línea de producción” de las proteínas), el aparato de Golgi recibe las proteínas del retículo y las termina de adecuar, las empaqueta en vesículas y las envía a su destino (sería algo así como “centro de empaquetado y distribución”). Pues bien, en los ratones que siguieron la dieta cetogénica, tanto el retículo endoplasmático como el aparato de Golgi presentan disfunciones claras. El retículo endoplasmático no era capaz de generar insulina bien plegada y al llegar ésta en estas condiciones al aparato de Golgi causaba su dilatación y fragmentación en pequeñas vesículas.

En resumen, lo que los investigadores del estudio concluyen es que los niveles extremadamente altos de lípidos que aparecen al seguir la dieta cetogénica provocan un mal funcionamiento de las células β, en concreto del retículo endoplasmático y el aparato de Golgi, que causa una interrupción del transporte de proteínas. Este funcionamiento defectuoso de las células β implica que la reserva de insulina disponible para ser liberada en presencia de glucosa es insuficiente para para una respuesta rápida, lo que conduce a la intolerancia a la glucosa que se observa en los ratones.

Los resultados también dejan claro que la dieta cetogénica no conduce a una pérdida de peso estable y, por lo tanto, no debe tratarse como una “cura” para la obesidad o la diabetes.

Estos resultados cambian un poco la percepción que se tenía de los efectos asociados a tener la insulina baja. En la mayoría de los estudios anteriores, se observó que la dieta cetogénica puede reducir los niveles de insulina y que esto generalmente se consideraba una señal de un mejor control glucémico y de una mejoría de la diabetes. Sin embargo, los resultados de este estudio cuestionan si los niveles bajos de insulina son seguros y si realmente indican un mejor control glucémico. La insulina es crucial no solo para la regulación de la glucosa sino también para el mantenimiento del equilibrio de los lípidos, por lo que la resistencia a la misma conlleva un aumento de la cantidad de lípidos en sangre y una acumulación de lípidos en zonas donde no deberían acumularse (fuera del tejido adiposo normal). Niveles muy bajos de insulina pueden conducir a una reducción de peso y un menor almacenamiento de grasa, pero también implica que el exceso de grasa que no se utilice para generar energía o para la gluconeogénesis no puede ser captado y almacenado de forma benigna en forma de grasa en los tejidos adiposos.

Los resultados también dejan claro que la dieta cetogénica no conduce a una pérdida de peso estable y, por lo tanto, no debe tratarse como una “cura” para la obesidad o la diabetes. Además, la observada intolerancia a la glucosa y defectuosa producción de insulina a largo plazo debe hacernos reflexionar sobre si la dieta cetogénica puede ser empleado como tratamiento para algunas enfermedades metabólicas, aunque se observen mejoras iniciales en la salud. Cierto es que la intolerancia a la glucosa observada es reversible, pero es posible que otros efectos puedan persistir. Sumado a esto, hay que decir que en ratones con obesidad inducida una dieta alta en grasas, una dieta tradicional baja en grasa y alta en carbohidratos ocasionó una mayor pérdida de peso manteniendo un buen funcionamiento metabólico asociado a la insulina. Todo esto sugiere que la dieta cetogénica no ha de seguirse por largos periodos de tiempo. La recomendación en niños con epilepsia es que no se lleve más allá de dos años e, incluso, algunos expertos recomiendan seguirla como mucho a los 6 meses.

Se necesitan más estudios en otras cepas de ratones, otros modelos animales y en humanos para determinar si las alteraciones metabólicas vinculadas a la dieta cetogénica son universales. También se ha de tener en cuenta que el uso de grasas saturadas frente a las insaturadas y las diferentes composiciones de macronutrientes pueden conducir a diferentes resultados metabólicos. Futuros estudios servirán para averiguar si el tipo de grasa y la composición de macronutrientes de la dieta cetogénica influyen o no en los resultados metabólicos, lo que servirá para diseñar variantes de la dieta cetogénica que sean más seguras para todos, incluidos aquellos que la requieren para tratar su epilepsia. A pesar de esto, los hallazgos del estudio sugieren que una dieta cetogénica utilizada como medio para bajar de peso y seguida durante un tiempo prolongado puede tener efectos perjudiciales sobre la salud metabólica, especialmente en términos de la función de las células β, los niveles de lípidos en sangre y la salud del hígado, y ponen en tela de juicio la prescripción de una dieta cetogénica para la promoción de la salud.

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Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa, Villaviciosa ConCiencia
Pablo Cayado Llosa es presidente de Villaviciosa ConCiencia y profesor e investigador del Departamento de Física de la Universidad de Oviedo.

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