Hay días que no se olvidan. No porque ocurran cosas extraordinarias, sino porque nos recuerdan quiénes somos cuando nos juntamos. El 6 de agosto, en el Anfiteatro del Recinto Ferial Luis Adaro, ocurrió exactamente eso: las mujeres de Asturias se miraron, se reconocieron y se celebraron. Y con ese gesto tan sencillo, se llenó el aire de una emoción que no cabía en las butacas.
La tercera edición de los Distintivos Mujer Prestosa, impulsados por Mujeres de Empresa Asturias, no fue una ceremonia. Fue un abrazo colectivo, un acto de reconocimiento. Una forma de decir “estamos aquí, hacemos mucho más de lo que se ve y no vamos a dejar de hacerlo”. «Escuchamos muchas veces que una empresa ya funciona, pero nuestro reto es ayudar a que crezca y se multiplique», dijo la presidenta de la asociación, Elvira Pérez Rodríguez, con esa mezcla de firmeza y ternura que solo tienen las mujeres que llevan años sosteniendo proyectos sin perder la humanidad. Y en esa frase se condensó el espíritu del encuentro: no basta con sobrevivir, toca florecer.
Cada edición de Mujer Prestosa es un mapa emocional de Asturias. Este año, ese mapa tiene tres nombres: Elena Arnaiz Ecker en la categoría Autónoma, Yolanda Lobo Arranz en la categoría Empresaria e Isabel Viña Olay en la categoría Profesional. Tres trayectorias que reflejan alguno de los desafíos de la Asturias actual: atraer y desarrollar talento, emprender y reinventarse desde la empresa y generar conocimiento y liderazgo desde la universidad. Sus caminos no solo hablan de éxito sino de resistencia, de intuición, de valentía y de esa capacidad tan femenina de transformar lo vivido en impulso.
Elena Arnaiz Ecker
Elena tiene algo que no se enseña: la habilidad de mirar a las personas y ver lo que aún no se atreven a decir. Psicóloga, consultora, escritora… pero, sobre todo, acompañante. Su concepto de Talentocentrismo es una llamada a poner a las personas en el centro, a dejar de tratarlas como recursos y empezar a verlas como motores. El jurado destacó “su talento y la creación de metodologías, indicaciones y acciones formativas de referencia en su ámbito”. Pero quienes la conocen saben que su verdadero mérito es otro: hacer que la gente vuelva a creer en sí misma.
Mujer Prestosa no es un premio. Es una forma de decir que el liderazgo femenino no es una excepción, sino una fuerza que sostiene la economía, la cultura, la universidad y la vida comunitaria.
Yolanda Lobo Arranz
Durante tres décadas, Yolanda convirtió La Santa Sebe en un refugio para quienes buscaban música, conversación, arte o simplemente un lugar donde ser. Después, cuando tocó reinventarse, lo hizo con la misma fuerza con la que se vive una nueva juventud. Su proyecto Cincuenter es una revolución silenciosa: mujeres mayores de 50 años que no aceptan ser invisibles y reivindican su talento y su experiencia como un tesoro. El jurado reconoció “su capacidad sostenida para impulsar iniciativas con amplia repercusión pública y comunitaria”. Yolanda lo dijo con ese humor que la caracteriza: «Es verdad que invertí más en las personas que en las cuentas y hoy he comprendido que ésa ha sido la mejor inversión de mi vida». Y tenía razón. Porque ella no solo crea proyectos: crea comunidad.
Isabel Viña Olay
Ingeniera de Minas, profesora titular, investigadora, Defensora Universitaria… Isabel ha caminado durante décadas por pasillos donde las mujeres eran pocas y las expectativas, enormes. El jurado subrayó “su sólida y reconocida trayectoria académica, docente e institucional” y su papel como referente femenino en un ámbito tradicionalmente masculinizado. Cuando recibió el galardón, dijo: «Esto para mí es un fin de fiesta –se jubila en septiembre– y, por lo tanto, no se puede estar más agradecida». Pero quienes la escuchamos sabemos que no era un final: era una celebración de todo lo que ha construido y de todo lo que deja para quienes vienen detrás. Porque Isabel no solo abrió puertas: las ha dejado abiertas.
El relevo entre las galardonadas de 2025 y las de 2026 fue uno de esos momentos más simbólicos. Teté Costales (Mujer Prestosa’25 categoría Autónoma) y Raquel Baeza (Mujer Prestosa’25 categoría Empresaria) entregaron los distintivos con una mezcla de orgullo y cariño que solo se ve entre mujeres que se reconocen en la otra. Ante la ausencia por razones familiares de Rosa Menéndez (Mujer Prestosa’25 en la categoría Profesional) fue Julia Fiestas, presidenta del Jurado, la que entregó el galardón a Isabel Viña Olay. Y después, el coloquio. Un espacio íntimo, cálido, lleno de humor y complicidad que sólo se vio interrumpido en algunas ocasiones por los aplausos del público. Un lugar donde Elena, Yolanda e Isabel dejaron de ser las galardonadas para convertirse en tres mujeres que hablaban de la vida, de los miedos, de las alegrías, de lo que cuesta salir adelante y de lo que merece la pena en la vida. Todo ello en un ambiente de cercanía, gratitud, humor y complicidad con el público.
Con esta tercera edición los Distintivos Mujer Prestosa se consolidan como una cita de referencia para reconocer el liderazgo femenino y el talento empresarial de la región.
Mujer Prestosa no es un premio. Es una herramienta, una forma de decir que el liderazgo femenino no es una excepción, sino una fuerza que sostiene la economía, la cultura, la universidad y la vida comunitaria. Es también una forma de recordar que sin mujeres no hay futuro, y que reconocerlas no es un gesto simbólico, es una inversión en el desarrollo de Asturias.
Con esta tercera edición, el respaldo institucional y el Anfiteatro de la FIDMA lleno, los Distintivos Mujer Prestosa se consolidan como una cita de referencia para reconocer el liderazgo femenino y el talento empresarial en la región.