En mi patria hay una frase que todo el mundo recuerda cuando emigra, «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» y la ruta que yo seguí hace cinco años me llevó a la cera o ella me encontró a mí.
Todo empezó en la pandemia. Me había quedado sin trabajo y me dediqué a hacer algunas velas con la cera que tenía en casa, sobre todo por diversión. Quién iba a pensar que pasaría de ser mi pasión a lo que me rescató económicamente en aquel momento, y que hoy, en medio de la transición, en un país y una ciudad nueva, me rescata a diario.
Lucy’s Luz fue el nombre que elegí para mi proyecto, tanto es así que el mío, el de verdad, se ha perdido y todo el mundo me dice Lucy.
Tenía que ser nombre de mujer, corto y que significase luz, por eso Lucy nació en una madrugada de febrero 2022 cuando decidí que yo sería cerera y que lo que estaba empezando iba a en serio.
Hoy sigo fiel a mi cera de abeja, que escogí desde el principio y que me hizo enamorarme de ella, por su olor e historia; hoy sigo creando velas por temporadas, tengo cuatro colecciones diferentes y más de 50 velas en el catálogo.
Me enfrento a nuevos retos, como el de poder crear en cera velas que representen la historia de Asturias y su minería, que pueden encontrar en el MUMI. Tengo una colección que pasó de ser un afán a convertirse en más de 15 velas que representan la huerta. Y sigo creando, e intentando que una vez más Lucy’s Luz se convierta en las velas favoritas de muchos.