Pelayo Fernández (Golosolandia). Las recetas que siempre salen

Lo que comenzó siendo un hobby, se convirtió en su forma de vida. Y para ello tuvo que arriesgar. El asturiano Pelayo Fernández, informático, ha creado dos canales de cocina (Golosolandia y Saladolandia) en los que hay una cosa asegurada: sus recetas siempre tienen un buen final.
Tanto en YouTube como desde sus redes sociales, Pelayo entra en tu cocina de la mejor forma: ofreciendo recetas variadas de una manera divertida que convierten en fácil lo que para muchos puede ser misión imposible.

Ingredientes que tienes en casa, una explicación sencilla y un resultado de 10, tres elementos imprescindibles con los que este asturiano evidencia que cocinar y comer bien no es incompatible con el ritmo de vida que llevamos. Sólo hay que saber organizarse y atreverse con recetas como las suyas. ¡Tienes el éxito asegurado!

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-¿Cómo llegas a la cocina y a redes?
-Siempre me gustó hacer cosas de todo tipo y ahí se incluía la cocina. Las cosas que no se hacían en mi casa y que a mí me gustaban, me apetecía hacerlas. Ya de chaval, cuando empiezas a tener tu grupo de amigos, te juntas para celebraciones, cumpleaños, cenas. Al principio lo comprábamos todo hasta que un día, con la que ahora es mi mujer, hicimos una tarta de queso. Buscamos una receta e intentamos que quedase lo más curiosa posible. No queríamos arriesgar demasiado. La siguiente ya nos animamos con una empanada y una tarta de chocolate. Cuando me di cuenta, llevaba dos años en los que en todos los eventos era yo el responsable del postre. 

-¿Pero tenías algún vínculo profesional o familiar con la gastronomía?
-Yo tenía una tienda de informática y un amiguete me empezó a decir que por qué no creaba un blog, que era lo que se hacía en aquella época. No le encontraba mayor interés hasta que me di cuenta de que había hecho unas veinte tartas diferentes y no me acordaba de las recetas. Cogí papel y boli para apuntar y me dije, “mejor en el ordenador que tengo una letra muy chunga”. Ahí ya pensé que, si lo hacía en el ordenador, ¿por qué no en un blog? Era como un juego, pero la gente empezó a entrar y entonces ya me planteé si sería posible sacar algo. “Si consigo un euro, es que es real”.
Después de unos meses, llegó el primer euro y, poco a poco, fui creando una estrategia. La cosa fue cogiendo volumen, así que me lo empecé a tomar más en serio; te planteas una continuidad y te exiges más, que para mí es la clave. Después pasamos al vídeo, que se estaba viendo que era el futuro, y abrimos el canal de YouTube. Mantenía mi trabajo de informático y, a la vez, grababa, editaba, preparaba las recetas… Llegó un punto en el que todo esto ya era lo suficientemente grande como para hacer sombra a la tienda y tuve que decidir.

-¿Desde cuándo tenías la tienda?
-La tenía en Vallobín desde hacía 19 años. Llevaba ya cinco años en redes, más otros cinco con el blog e identificaba perfectamente que esto llevaba una línea creciente con una pendiente suave y la otra parte era plana. La realidad es que el barrio cambió mucho, la media de edad de la gente que se quedó en él es mayor que cuando empecé y la informática también pegó un par de volantazos importantes. Riesgos había en las dos partes, pero tomé la decisión que creí más apropiada.

-Tu entorno, ¿lo entendió?
-Ahí afrontas una duda que nadie entiende. Si le dedicas tiempo y amor a una cosa, no puedes estar fresco para la otra. Si sigues con las dos, ambas van a ir flojas. Al final opté por esta porque le veía más futuro y menos problemas. También es más agradable porque, en la tienda, no dejas de ser un solucionador de problemas. Está bien, pero llega un momento en el que te cansas. Esto es diferente porque tratas con gente a la que le estás regalando algo agradable y, anímicamente, mola más. Además, empiezas a crear una familia y, aunque el tiempo de trabajo lo vas a tener que dedicar igual, esto te permite poder adaptar horarios, llevar a los niños al cole, extraescolares, al médico si están malos… Esa flexibilidad la aprovecho mucho. Yo siempre digo que, cuando necesites algo, aprovecha lo que tengas a favor. Que no te de vergüenza.

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-Una decisión arriesgada en una época en la que las redes no eran lo que son ahora…
-Yo tuve un poco de suerte en el sentido de que ya no era ni la primera generación, ni la segunda que nos empezábamos a dedicar a ello. Fue raro. Notaba las caras de la gente, incluso amiguetes de mi edad que me preguntaban si estaba realmente seguro porque mi negocio ya tenía un nombre y me iba bien. Que lo vieran claro y me dijesen “adelante”, sólo tres. Me extrañó mi padre. Toda su vida trabajó en el tema de neumáticos y la tecnología y él no son grandes amigos. Pero un día, cuando estábamos en casa hablando con mi madre él se metió y dijo: “¿Te acuerdas cuando hace muchos años salió la moda de los neumáticos recauchutados? Mucha gente que vendía ruedas para camiones dijo que eso iba a ser un producto de serie B. Quien no se quiso adaptar no vendió una rueda en seis años. Si tú lo ves, tienes que adaptarte”.

Tarta de galleta, crema y chocolate de Golosolandia.
Tarta de galleta, crema y chocolate.
Tarta helada de verano de Golosolandia.
Tarta helada de verano.

-¿Volverías a tomar la misma decisión?
-Sí. Primero, porque me va razonablemente bien. Segundo, por la flexibilidad de vida que me permite. También es verdad que empecé haciendo algo que me gusta mucho y que, de manera gratuita, ofertas a la gente. No estás convenciendo a nadie de nada. La parte comercial te la quitas de en medio y te puedes dedicar solamente al producto. Empecé con Golosolandia por el tema de las tartas, pero, cuando me lancé de manera profesional, creé Saladolandia para complementar. Soy más de dulce, pero hay veces que te apetece comer algo salado. Aunque, si lo pienso bien, me debe gustar más un punto medio porque jamás me canso de comer pan. ¡Me encanta y está a medio camino entre una cosa y otra!

-¿Cómo fue ponerse por primera vez delante de la cámara y darle al “on”?
-En los primeros vídeos parezco un robot. Luego, ya voy mejorando. Empecé a currar detrás de un mostrador a los diecinueve años y eso también me daba un montón de corte. En cierto modo era volver a una sensación familiar. Al principio tocó repetir y repetir hasta que las tomas quedaban lo mejor posible. Una vez que lo subo, no lo vuelvo a cambiar. Si quedó mal, para la próxima lo intentaré hacer mejor. Si le das demasiadas vueltas, te pasas la vida mirando hacia atrás y eso no puede ser.

-Llama la atención lo bien que están explicadas las recetas que haces.
-Lo he comentado varias veces con otros creadores de contenido y vemos que con esto pasa una cosa. Si yo fuese profesional del sector o profesor de una escuela de cocina, las explicaciones serían diferentes. Yo lo hago enfocado para mí, es decir, que si yo tuviese que seguir mi propia receta, no me liase. Aunque sea feo, siempre pongo el mismo ejemplo: si haces una chuleta para copiar en un examen, tienes que ser muy claro. Muchas veces la gente me pregunta: ¿por qué las recetas tuyas me salen y las que veo en otros canales no? La respuesta es muy sencilla: porque me salen a mí cuando las hago. Parto de la base de que no soy experto en el tema, no tengo un máster, ni a nadie que me vaya traduciendo las cosas.

-Además los ingredientes son los que tienes en casa. Cosa que se agradece mucho…
-Cuando empecé a hacer cosas tenía un conocido que trabajaba en una tienda de repostería y varias veces fui allí a comprar ingredientes, pero me quedaba bastante lejos de casa. Yo pensaba: a mucha gente le pasará esto y habrá otra que no viva en una ciudad o que sea del extranjero y no tengan las mismas cosas que nosotros. Entonces, lo que hago, es dar unas pautas estándar para que lo adapten a lo que estén acostumbrados. Si yo te digo que hace falta un horno de leña para hacer una receta, ya te estoy excluyendo y no todo el mundo tiene los mismos recursos en casa. Después hay cosas que vas aprendiendo sobre la marcha y que incorporas para facilitar lo máximo posible a todo el mundo. Por ejemplo, a la nata en muchos sitios la llaman crema de leche; en Argentina a las fresas las llaman frutillas, así que voy sumando estas cosas para que todo el mundo lo entienda y sea sencillo.

-Sano, rico y barato. ¿Caben estas tres cosas en una receta?
-Aceptablemente bien, sí. Si te pones a mirarlo desde el punto de vista de que sea lo más sano posible, te subirá el precio, pero, adaptándolo, planificando y organizándote bien lo podrías hacer. Una vez que tengas todo estructurado lo podrías mantener invirtiendo poco tiempo y con un presupuesto aceptable. Si tú pones a cocer una pasta o un arroz sabes que vas a tener unos quince o veinte minutos. Ese rato, te puedes sentar a scrollear o aprovechar el tiempo limpiando dos ventanas. Además, somos la generación que lo tenemos más fácil porque en los supermercados hay una gran variedad de comida y la tenemos muy accesible. Hasta lo puedes encargar y te lo llevan a casa.

-¿Cambiar una receta hasta convertirla en “fit”?
-Lo que te puedo asegurar es que mis recetas no son forzadas. Si quieres comer un arroz con leche como se hizo toda la vida, pues te lo comes y no pasa nada. Si quieres hacer una versión light, sin lactosa, sin azúcar y que no engorde, pues directamente lo adaptas y haces otra versión que no se va a parecer en nada a lo que es en sí mismo un arroz con leche. Puede que este bueno, pero nunca le vas a poder poner un diez. El problema es de qué y de quién te fías con estas cosas. Hay una parte científica que es real y luego hay una zona gris que no sabes hasta qué punto puedes o no confiar. Las cosas van evolucionando y cambiando. Por supuesto que todo lo que tiene que ver con la salud hay que tenerlo en cuenta, pero no volverse loco. También hay una realidad y es que cada cuerpo es diferente y procesa las cosas de distinta manera. Así que, cada uno, tiene que conocerse y ser coherente con lo que necesita.

Pelayo Fernández,  Golosolandia

-¿Te influyen las modas de los ingredientes o las elaboraciones?
-Es como todo. Hace un tiempo se puso de moda el running y todo el mundo se lanzó a correr sin pararse a pensar si era el deporte más apropiado, si sus articulaciones estaban bien… Si un ingrediente se pone de moda y a la gente le gusta, me parece genial. Pero cuando te dicen que si lo consumes te arregla la vida, ya me genera más dudas. Si vas a hacer un cambio de costumbres en tu vida valorando el tema salud, no te digo que no lo hagas, pero dale una vuelta y párate a pensarlo cinco minutos. Tienes que planteártelo como si fuese un problema de matemáticas: escribe el enunciado, coge todos los datos, tu realidad sin hacerte trampas a ti mismo, léelo todo bien y, al día siguiente, decides. Si llegas a una conclusión antes de hacer todo esto, sesgas la idea y no va a salir bien.

-¿Qué criterio sigues a la hora de escoger una receta que acabe en tu canal?
-Tengo que ir siempre adelantando porque no domino la yincana de la vida. Trabajo a semanas vista así que, el seguir el día a día de lo que se vende en cada momento, lo pierdo. Pero sí que te influye en el sentido de que, si ves diez recetas con un determinado chocolate, al principio puedes pasar de todo, pero la realidad es que te acaba picando la curiosidad.
También influye la época del año. Voy veinte días por adelantado así que, aunque sea 20 de agosto y haga calor, a mí ya se me acabó el verano, ya estoy trabajando para septiembre. Hago lo que me gusta, pero también te debes a un público y tienes que ser consciente de que las cosa las haces para la gente. Hay que abrir la mente y darte cuenta de que, si nadie se interesa por los helados, por más que te gusten, tienes que dejar de hacer tantos porque no tienen tirón.

Helado de chocolate "Puro vicio" de Golosolandia.
Helado de chocolate «Puro vicio»

-¿Dónde han quedado aquellas recetas de las abuelas que ponían temprano la olla al fuego?
-Ellas no medían como hacemos nosotros ahora. Tenían en la cabeza que había que echar un puñado de cada cosa y sabían exactamente qué cantidad era. Las recetas mega top de tu abuela, es imposible repetirlas por mucho que quieras. Puedes acercarte, pero nunca llegarán a ser tan buenas. Pasa lo mismo con Las Guisanderas: aunque vayas a un restaurante que tenga muchas estrellas y lo hagan muy bien, nunca será exactamente igual a la perola que te pone esa paisanina encima de la mesa. También es cierto que, con el paso del tiempo, desdibujamos las cosas. Si ellas mirasen a sus abuelas, se darían cuenta de que tampoco hacen las cosas igual y dirán lo mismo de nosotros dentro de x años. Todo cambia, desde los productos a la forma de elaborarlos.

-¿Hasta qué punto el mercado condiciona tu personalidad a la hora de publicar cosas? 
-Te tienes que adaptar al mercado. Hace un tiempo, todo lo que no era de un minuto, la gente no lo veía porque en ese momento la costumbre era: “lo quiero rápido”. Ahí te obligas a dar menos la chapa e ir más a lo concreto. Ahora es al revés. Te puedes permitir, cosa que se agradece, contar las cosas más despacio y hacer una pausa para meter unos segunditos de música. De todas formas, creo que es importante que cada uno mantenga su esencia y sea fiel a ella independientemente de lo que exija el mercado. No puedes poner a Arguiñano a hacer una crítica filosófica, él tiene que salir a pasárselo bien en la tele, hacer disfrutar a la gente con sus recetas y, si toca contar un chiste, contarlo.

-¿Algo que se te resista?
-Vengo del mundo técnico, que llaman los americanos. Allí consideran técnico a cualquiera que arregle problemas. Sea un ingeniero o un jardinero. Si algo no me sale, analizo el porqué e intento que la próxima me salga mejor. Me pueden costar más o menos, pero me acaba saliendo. Lo que no voy a hacer, porque me costaría un riñón, es que las presentaciones sean muy complicadas. Hay gente que es muy artista y hace unas elaboraciones finales alucinantes. Yo no tengo la mano tan entrenada y eso me queda lejísimos. Lograr ese nivel de perfección estética me iba a costar años de entreno y ni lo intento.

-¿Por qué crees que la gente se engancha a tu canal?
-Yo creo que gusta porque las cosas están bien explicadas y salen. Puede que no sean las mejores recetas del mundo, pero los resultados son buenos. A veces me recuerda a cuando ibas a por un Donuts a la pastelería del barrio. Era enorme y hasta feo de forma, pero no necesitabas que fuese perfecto porque estaba buenísimo. No lo cambiabas por ningún otro. Otras personas creo que se relajan viendo el vídeo un ratín y se lo pasan bien. Es como cuando te paras en un canal de ingeniería y ves cómo se hace un puente. Sabes que en la vida vas a hacer uno, pero te entretienes y conoces cosas nuevas.

-¿Tienes un entorno familiar que te facilita las cosas?
-La verdad es que sí. En casa todos tenemos clara cuál es la meta. Cuando mi mujer no tiene tiempo porque está de guardia, lo tengo yo y viceversa. Así es cómo yo entiendo que debe ser en general para que las cosas vayan bien porque si no remamos juntos y en la misma dirección, es imposible que las cosas funcionen. Mi criterio siempre es que, el más débil, es el que tiene que ser más mimado y en nuestro caso, lógicamente, ese eslabón son los niños. Ellos son los primeros que deben estar cubiertos y, a partir de ahí, el tiempo que quede se distribuye entre lo que haya que hacer.

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Marta Malde
Marta Malde
Periodista con más de 25 años de experiencia, inicié mi trayectoria profesional en Galicia, trabajando a pie de calle temas de territorio, cultura, gastronomía y vinos. Posteriormente me trasladé a Asturias, con la que mantengo un vínculo familiar, para continuar mi desarrollo profesional. Estoy especializada en entrevistas en profundidad con un enfoque basado, principalmente, en escuchar. En Fusión Asturias combino mi labor periodística con el ámbito del marketing, siendo responsable del departamento comercial de la revista.

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