Pandemia, instrucciones de uso

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El Rincón de Teobaldo
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Se ha muerto Sean Connery, a quien recuerdo como Rey Arturo o como escocés militante por la independencia de su país, antes que como James Bond. Alguien me dice que también protagonizó “El nombre de la rosa”, siendo aquel Guillermo de Baskerville que despejaba asesinatos de gente enclaustrada; le valió, entre otros premios, un BAFTA al mejor actor. Esto me recuerda que recientemente leí una obra menor de Umberto Eco (1932-2016), pero no por ello menos interesante que la mencionada, Cómo viajar con un salmón, una colección seleccionada por él mismo, de los artículos que publicaba en la última página de la revista L’Espresso.

A la par que todo esto, Don Adrián Barbón salía muy serio en la tele diciendo que nos amenaza otra vez el peligro, con la nueva oleada del virus y había que enclaustrarse; bien sea por ley o por responsabilidad personal. Recurro a las instrucciones del sabio italiano, que en la página 45 nos orienta, “Cómo evitar las enfermedades contagiosas”.

Recomienda a los profesionales: No frecuentar teatros de vanguardia en Nueva York: es notorio que, por causas fonéticas, los actores anglosajones escupen muchísimo… De ser diputado, no mantener relaciones con mafiosos, para no verse en situación de tener que besarle la mano al padrino… Quien intente una carrera política a través del Opus deberá evitar, con todo, la comunión, que transmite gérmenes de boca en boca a través de las yemas del celebrante, por no hablar de los peligros de la confesión auricular.

Sugiere a los obreros y otros ciudadanos de a pie: Evitar el paro, porque uno pasa todo el día comiéndose las uñas. Llevar cuidado de no ser secuestrados por pastores sardos o por terroristas: los secuestradores usan normalmente la misma capucha para más de un secuestrado… Evitar encontrarse en zonas atacadas por cabezas nucleares: ante la visión del hongo atómico tiende uno a llevarse las manos a la boca (¡sin habérselas lavado!), murmurando “¡Dios mío!”.

Están, además, en situación de alto riesgo los moribundos que besan el crucifijo; los condenados a muerte (allá donde la cuchilla de la guillotina no haya sido oportunamente desinfectada antes de usarla); los niños de orfanatos y hospicios, a los que la monja mala obliga a lamer el suelo, después de haberlos atado al camastro por un pie.

Para terminar, quisiera hacer la promesa de que, después de mostrar el siguiente documento, no haría más humor negro, pese a que tengo llenas las carpetas de recortes; pero me parece que Mister Trump no me va a permitir cumplir tal deseo. No obstante, hago llegar a ustedes algunas instrucciones sanitarias de la Xunta de Galicia; no merece la pena comentarlas.

Instrucciones sanitarias de la Xunta de Galicia

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