La educación ambiental, siempre con perspectiva social

La necesidad de cuidar el planeta y educar ecosocialmente a las nuevas generaciones es el eje central del trabajo que Teachers for Future Asturias realiza a lo largo del año. Pero este mes de octubre, la comunidad de profesores tiene una labor extra, la de ser anfitriones para sus compañeros de toda España en el Congreso Tejiendo redes ecosociales que se celebrará en Gijón.

Los docentes convocados vienen dispuestos a compartir sus experiencias y proyectos, a la vez que aprender y nutrirse con las propuestas de otros. Todo cabe en un encuentro que se realizará en La Laboral el 24 de octubre y que también acoge talleres en el Jardín Botánico. El IV Congreso de Teachers for Future Spain nace con la intención de visibilizar el trabajo que realiza este colectivo en toda España, porque si algo tienen muy claro es que el planeta no espera y tampoco los alumnos con los que trabajan día a día.

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Clara Rosa Rodríguez (dcha.) representante de Teachers for Future en Asturias, junto con otra componente de la organización.
Clara Rosa Rodríguez (dcha.) representante de Teachers for Future en Asturias, junto con otra componente de la organización.

Clara Rosa Rodríguez es la representante de Teachers for Future en Asturias, una delegación joven que apenas lleva cinco años desde que empezó a dar sus primeros pasos y que agrupa a un centenar de profesores. Ella y el resto de compañeros realizan un trabajo completamente voluntario en diferentes centros escolares, y en estas fechas están un poco más atareados al sumarse la organización del Congreso que se celebrará en el marco de La Laboral el próximo 24 de octubre. A pesar del reto que afrontan, la profesora del IES Rosario Acuña saca un hueco para hablarnos sobre la importancia de la educación ambiental y las importantes carencias existentes en nuestra comunidad.

-Vamos al grano, ¿suspende la educación medioambiental en Asturias?
-Si nos ponemos dramáticos, habría que decir que prácticamente no existe. En otras comunidades tienen un programa estable, como por ejemplo en Cantabria, con un centro de educación ambiental que coordina actividades, hace propuestas y está en contacto con las consejerías implicadas. Es un sitio de referencia y nosotros nos conformaríamos con algo así, sabiendo que somos parecidos en tamaño y que no sería difícil de replicar.
En Asturias, desde hace muchos años, hay un programa bastante potente que está ligado fundamentalmente al reciclaje, el programa Red de Escuelas por la Circularidad de Cogersa, normalmente apoyado por las consejerías de medioambiente y educación. Pero claro, no es un programa de educación ambiental como el que vemos en otros sitios y en el que los escolares hacen actividades gratuitas ligadas al conocimiento del entorno, las especies y los ecosistemas. Y la RENA, la Red Natural de Espacios Protegidos no ofrece actividades económicamente sostenibles para los centros porque, aunque tienen carácter gratuito, el transporte depende de los centros, lo cual es un hándicap grandísimo para ellos.

-¿Hay diferencias para los chavales según donde estén ubicados los centros escolares?
-Claro, yo, por ejemplo, que estoy en un instituto de Gijón, puedo elegir muchas actividades y a muchas de ellas nos podemos desplazar andando, pero también trabajé en Navelgas (Tineo) y si desde allí quieres ir a visitar el Centro de Interpretación de la Ría de Villaviciosa para conocer las especies de aves marinas o el Centro de los Picos de Europa, lo tienes más complicado porque el viaje te lo tienes que pagar tú. Y hay muchos centros educativos que no disponen de esos recursos. Sin embargo, en comunidades como Andalucía y Castilla y León, donde aparentemente no tienen ahora mismo un gobierno muy proambiental, todos los cursos de los colegios pasan un par de días por un centro de educación ambiental y hacen actividades en parques naturales, parques nacionales… Creemos que eso es imprescindible para que los adolescentes y los estudiantes conozcan el medio natural y aprendan a disfrutar de él.

-Parece que en el Principado experimentáis más decepciones que alegrías.
-Desde luego, otra muy grande que llevamos este año fue que la Consejería de Educación, que solía incluir entre sus objetivos institucionales de principio de curso algo relacionado con el desarrollo sostenible y la Agenda 2030, no lo hizo este año. Es la primera vez que ocurre, algo que nos parece muy preocupante y nadie nos explicó por qué desapareció.
Por otro lado, sabemos que la situación ambiental en Asturias no es muy boyante, no estamos viendo la mejor temporada para el respeto a los ecosistemas en Asturias, así que todo encaja. Nunca habían desaparecido estos criterios medioambientales, de educación natural y ecosocial de los centros educativos asturianos. Esperemos que sean capaces de dar marcha atrás y de entender que estos contenidos, no solo no pueden desaparecer, sino que tienen que estar cada vez más presentes.
También es indicativo que hay una estructura creada en todas las comunidades de España que se llama la Estrategia de Educación Ambiental, y una de las tres que no la tienen todavía aprobada, desarrollada y en marcha es Asturias. La están empezando a valorar ahora.

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-¿La única solución pasa por concienciar a las generaciones jóvenes, de forma que adquieran la responsabilidad que no se está asumiendo actualmente?
-Sí, de hecho, nosotros, cuando nació Teachers for Future, seguimos la estela de Greta Thunberg y de Fridays for Future (los viernes por el futuro) ; era lo que se estaba sembrando en 2019 y parecía que todos teníamos claro que ese era el camino a seguir. Evidentemente, ahora ya no estamos pensando en la solución para el planeta, pensamos en no empeorar la situación. No digo que vayamos a solucionar nada de hoy para mañana, pero las generaciones que se están formando en este momento no pueden seguir viendo cómo dañamos el planeta con el mismo tipo de explotación, con el mismo crecimiento desmesurado. Está demostradísimo que ese camino no se puede seguir, es como ir por un túnel oscuro hacia el precipicio. Por eso, pretender sacar esta perspectiva de la ecuación, esta manera de ver el respeto por la naturaleza, es muy necio.
No puedes decirle a la gente joven: sigue explotando esto hasta que rompa, tienes que intentar que la vida en el planeta sea sostenible, solamente eso.

-¿Cómo orientáis a los centros educativos en ese sentido?
-En nuestra página web proponemos dos programas para trabajar en los centros de España durante todo el año, uno es 28.000 por el clima y el otro, Recreos residuos cero. Ambos van en el sentido de que las actividades vayan hacia consumos responsables para trabajar a favor de reducir el cambio climático, no de incrementarlo.
Además, se proponen una serie de actividades de diversa índole, no solo en la vertiente ambiental. También facilitamos un calendario ecosocial, y somos la primera comunidad que opta por imprimirlo en físico para poder trabajarlo directamente con el profesorado en los centros. Es un recurso gratuito gracias a la colaboración con la Dirección General de Agenda 2030 y ha tenido una buena acogida. Y ese me parece que es el camino, el de la colaboración, el de sacar adelante cada vez más proyectos y más acciones respetuosas y sostenibles.

-Una de las propuestas que planteáis es el uso de ecocomedores, ¿por qué?
-Los ecocomedores surgieron en centros que tenían huerto escolar, una actividad estrella que se suele hacer en los centros de educación ambiental, o en otros que tienen productores de kilómetro cero en su entorno. Frente a la corriente que imperó hace unos años, en los que se utilizaba el catering y la comida venía envasada desde lugares lejanos, lo que se propone es trabajar de otra manera y no dejar de lado la calidad de la comida por el hecho de que los menús sean lo más económicos posibles. Y gracias a programas de desarrollo rural, va habiendo cada vez más productores locales, ecológicos y de calidad, que, en la medida de lo posible, se implementan en los centros. Los ecocomedores reúnen un poco la filosofía de Teachers for future, porque no solo hay que tener en cuenta el aspecto nutricional, también realizan una función de convivencia y en muchos casos de apoyo social.
En ellos se busca que no se produzcan residuos, que la comida sea de calidad y de un entorno lo más cercano posible y sin abusar de la carne, porque ya sabemos que la Organización Mundial de la Salud dirige el consumo hacia una dieta más mediterránea y más basada en la proteína vegetal natural.

-En lo que es la educación ambiental del alumnado ¿qué parte de responsabilidad tiene la familia y cuál los docentes?
-Yo lo tengo muy claro, porque a esto le damos muchas vueltas. Evidentemente, la educación puede hacer mucho más, hay materias de cultura científica que se eliminaron del currículo para introducir otras, a lo mejor más tecnológicas, y todavía estamos valorando si ese impacto va a ser bueno o malo. Pero donde creo que falla el clic es fuera de la escuela. En los colegios los niños están mucho más convencidos, pero luego cuando se hacen adolescentes miran a su alrededor y no ven respeto por el entorno, no ven un comportamiento sostenible.
Desde Teachers enviamos un documento a la Consejería indicando varios puntos por los que pensamos que sería importante modificar el currículo para que contenga más educación ambiental y que los centros coordinen más proyectos relacionados con esta materia. Hablamos de proyectos que puedan traspasar a su alrededor, con un impacto en la vida real. Que lleguen a las familias, a los barrios, para que no ocurra que en el cole los niños reciclan, pero luego resulta que en su casa o en el barrio no lo hagan, o que vean que se puede producir energía con placas solares, pero no haya ninguno de estos sistemas implementados en su entorno.

-¿Se aprecia el compromiso de la administración en este sentido?
-Desde las administraciones y desde el entorno más cercano a los barrios sí que vemos preocupación porque los barrios sean cada vez más cómodos para la población, más acogedores, con más posibilidad de interaccionar y de establecer redes. Es verdad que quieren desarrollar acciones que sean visibles, pero luego no van hasta el fondo para que esas actividades prendan en la población y realmente las acojan. Ahí te queda siempre la duda de si es la población la que flojea o es la administración que no insiste bastante.
Por una o por otra cosa, veo que mis alumnos, cuando quieren buscar reflejo en lo que se hace alrededor, no encuentran suficientes oportunidades para seguir la pequeña senda que puedan haber creado. Y no nos vamos a engañar, actualmente tienen muchísimos estímulos en otras direcciones y están cada vez un poco más alejados de la naturaleza.

-¿Qué tipo de acciones se pueden hacer desde el ámbito local?
-Nosotros, desde el IES Rosario de Acuña, trabajamos mucho con el barrio y con otros coles en actividades. Y una de las cosas que promovemos es la idea de implementar huertos escolares por los barrios porque, aunque no vayas a cultivar lo que comes, estás creando un sitio donde pasar un rato compartiendo con amigos, con personas de otras generaciones o simplemente un lugar donde adquirir el hábito de cuidar un huerto. Si esto fuera medrando, tendríamos huertos comunitarios como los que tienen en Alemania o en Suecia, y parece difícil entender que ellos tengan más que nosotros cuando nuestro clima es ideal para esta actividad.

-¿Recuperar la conexión de la juventud con la naturaleza es una de las tareas pendientes?
-Claro, pero esa conexión, una vez se pierde, es muy difícil volver a establecerla. Aquí, en Asturias, muchos de mi generación tuvimos pueblo, tuvimos contacto con la naturaleza, con la fauna salvaje… Todavía tenemos ese recuerdo, pero según van llegando las nuevas generaciones ese contacto cada vez es menor porque ya hay mucha más gente en las ciudades. Y hay muy pocos adolescentes que no entiendan lo bueno que es ese contacto con la naturaleza si los llevas un día de monte, pero esto es muy difícil si no lo hace su familia.

-¿Qué se puede hacer en las ciudades?
-A lo mejor las ciudades tienen que ofertar este contacto. Muy rápidamente las convertimos en explanadas grises y tendríamos que haber dejado el verde por el medio para que no se nos olvidara que en el fondo dependemos de ello. Nos equivocamos, pensamos que podíamos levantar ciudades en las que hubiera oferta de todo tipo, pero desligándonos completamente de estar al aire, de tener zonas donde caminar, donde poder ir a escuchar los pájaros, ver el agua correr y tener contacto real con espacios naturales, sanos y cuidados, no solo parques creados artificialmente. Y claro, una vez desmontado todo esto, volver a crearlo es difícil porque lleva mucho esfuerzo y dinero; tienes que conseguir que la gente vea que eso le sienta bien.
Ahora hay una corriente centrada en volver a lo verde, y más allá de que también tiene detractores, nosotros sabemos que a todos los que le ofrecemos talleres de este estilo quieren repetirlos.

-¿Asturias tiene condiciones para ello?
-Sí, tiene muchas posibilidades de hacerlo bien porque todavía somos muy verdes, tenemos mucho contacto con la naturaleza y las ciudades que tenemos no son gigantes. Hay muchas ciudades en el mundo en las que caminas diez minutos y ya sales a una zona verde, natural. O coges el autobús y enseguida tienes una zona. Hace poco visitamos la ciudad de Victoria y en ese sentido, está muy bien distribuida. Habría que intentar integrar esta convivencia con la naturaleza desde todos los ámbitos, en el escolar y en el de los adultos.

-¿De ahí también vuestra propuesta de renaturalizar de los centros?
-Sí, claro. Aunque aquí no tenemos el problema grandísimo que tienen en el sur con las temperaturas, se agradece que los centros sean cada vez más verdes, porque es un seguro para no pasar tanto calor. No produce la misma bajada de temperatura una lona o una cubierta metálica que la sombra del arbolado. Y a la reverdificación de los centros hay que añadir que los caminos que van a ellos sean lo más amables posible, sin tráfico o mediante transporte con bicicleta, para que tanto familias como alumnos puedan ir al centro caminando o en un transporte respetuoso. Durante unos años se dijo que el progreso era llevar a los niños en el coche, que no pasen frío… pero lo que no puede ser es que los críos corran peligro porque delante de la entrada del colegio o del instituto tengan que estar esquivando los coches de los otros padres que llegan con prisa para dejar a sus hijos. Y esas son imágenes que se ven todos los días.

Simulación proyecto "Colecaminos" en Gijón
Foto: Magnific / pressfoto

-¿Por eso surge la figura del colecaminos?
-Sí, aquí en Asturias, en Gijón, hay un proyecto muy chulo de familias que acompañan a los niños al colegio en bici por las mañanas y que hacen el recorrido por la ciudad llevando a los niños al cole. Son iniciativas que surgen de padres involucrados o de profesores que quieren acompañar a sus hijos de esa manera, y qué bonito sería que en todos los sitios se crearan esas rutas. Sería una manera de mejorar la movilidad y también contribuir a reducir la contaminación.

-Si tuvieras una varita mágica con la que pudieras hacer y deshacer a tu gusto, ¿qué asignaturas incluirías para la gente joven?
-Volvería a incluir asignaturas como las Ciencias de la Tierra que hubo en su momento, una asignatura de segundo de bachillerato que estaba orientada a compatibilizar ecología, geología y biología. Reunía todo lo que es el planeta, cómo funciona y cómo podíamos convivir con ello desde el respeto; la corriente que se está siguiendo ahora es la de ver todo lo que podemos sacar del entorno, cuanto más mejor.
También incluiría cada año alguna asignatura que enseñase realmente cómo los ecosistemas ofrecen y realizan funciones que son fundamentales para nosotros, porque no sabemos cuánto daño les hacemos con algunas de nuestras acciones que consideramos normales.
Y de paso, estaría bien que ciertos proyectos que se hacen en un sitio, que sabes que funcionaron y produjeron una riqueza, se pudieran aplicar en otros centros. No digo que todos nuestros centros estén mal, pero sí están muy encorsetados en unas dinámicas que son difíciles de modificar.

-Cuéntanos algún ejemplo de proyecto digno de exportar que recuerdes.
-En Vitoria fuimos a visitar un centro, que estaba ligado a la universidad, y en el que tenían un huerto escolar completamente desarrollado. El huerto estaba creado por un consorcio con el Ayuntamiento y todos los escolares podían pasar por allí y aprovecharlo.
Y en un centro de Valencia, una profesora y sus alumnos de secundaria, hicieron un estudio de investigación para reducir el ruido en el instituto. Una vez hecho, el Ayuntamiento les pidió a los estudiantes que fueran a los lugares donde se reunía gente para enseñarles cómo podían reducir el ruido, sobre todo por su salud. Son ejemplos en los que trabajan integradamente el barrio, los ayuntamientos y los centros educativos, pero son proyectos puntuales de centros o ayuntamientos muy concienciados que van creando las situaciones para que se trabaje en ese sentido.

-Como el lema del próximo Congreso, Tejiendo redes ecosociales, ¿la educación ambiental y la perspectiva social siempre tienen que ir de la mano?
-Es que en realidad está todo interconectado. Si trabajas en conseguir un entorno más verde, con ello estás mejorando la salud, mejorando tus sensaciones y, por lo tanto, tu bienestar que se relaciona con tu salud mental. Un problema que estamos teniendo, que parece irresoluble, en el fondo está siempre conectado con otro. Por ejemplo, para que mejore el problema de la vivienda tiene que mejorar el de la explotación laboral.
Nosotros participamos en varios movimientos y, ahora mismo, también estamos viendo cómo todo lo que representa Teachers for Future casi se mimetiza con el movimiento de Asturias por el Decrecer, una plataforma que defiende el decrecimiento como alternativa al modelo capitalista actual. Y nosotros, desde Teachers, con nuestro pequeño granito de arena, queremos que se vea que no es tan difícil. Hay veces que es simplemente parar un poco, volver atrás y decir: uy, esto que hicimos en su momento lo teníamos que haber hecho de otra manera.

-¿Lo complica especialmente el ritmo frenético de vida que impera?
-Claro, es que el ritmo es parte de todo. Porque nos damos cuenta cada vez que queremos meter más cosas en el día y todo no entra. Y a lo mejor, en el fondo, lo que tenemos que pensar es saber de todo esto qué queremos meter realmente, qué es lo que necesitamos.
En un mundo en el que nos están ofreciendo tanto continuamente, tenemos que ser capaces de regularnos y decir que a todo no llegamos. El hecho de que estés continuamente viendo pantallas en las que la gente hace cosas que parecen muy guay, no quiere decir que tú las vayas a poder hacer, ni que a lo mejor sean deseables para ti. Entonces, seamos conscientes de que está muy bien que tengamos este sistema que nos ofrece de todo, pero todo no lo podemos coger.
Es lo que ocurre con las actividades extraescolares de los críos, tienen todas las tardes llenas y están de aquí para allá, que si inglés, judo, natación…una locura para los padres y para los hijos. Y al final estamos corriendo para no llegar a ninguna parte.

-El aumento de las pantallas está contribuyendo a que haya mucha menos relación entre las personas.
-Y eso, por ejemplo, se ve en las maneras de relacionarse. Tanta pantalla, tanta inteligencia artificial y tan poca humanidad no parece que vayan en alguna dirección. Pero tampoco hay mucha reflexión sobre si seguimos para adelante o nos paramos un poco a ver si esto va a funcionar. No, aquí siempre vamos para adelante hasta que ya caemos.
Es triste que en los medios de gran difusión no salgan personas que te hagan pensar, que te hagan recapacitar, y en su lugar lo que te ofrecen todo el rato es: ven aquí, haz esto, ¡mira que guay! Es verdad que tenemos solo una vida, pero tú mira a ver lo que vas a hacer con ella, porque a todos los sitios no puedes llegar.
Y, aunque te lo parezca, no puedes vivir y hacer lo mismo que una estrella del fútbol. La mayor parte de mis alumnos están todo el rato mirando las redes sociales, viendo cómo se comporta gente que vive en un nivel que no es el suyo. Eso les tiene que generar muchísima frustración. A lo mejor ahora no se dan cuenta, pero cuando vayan viendo por dónde va la vida de cada uno… A mí esto me da que pensar.

-Parece que caminamos hacia un callejón sin salida.
-Y asusta un poco porque viendo por dónde van las tornas del poder adquisitivo de la población, no parece congruente. No parece congruente esta demanda cada vez mayor de productos, cuando en el fondo la gente tiene que trabajar muchísimas horas para poder pagarlos. No lo reflexionan mucho, en el fondo también están metidos en su propia vorágine, en su propia historia sacada de las series o influencers que ven, de las modas que van poniendo. Puede llegar a ser peligroso para algunos jóvenes, porque como lo dimensionan todo tantísimo, se pueden agobiar mucho. Por otra parte, tampoco puedes ser muy cruda con ellos, hay que buscar actividades que sean positivas. Y aunque no les hables mucho de lo difícil que está la cosa, de lo que está por venir, hay alguno que lo oye en su casa, a su familia, y se preocupa y lo comparte. Hay muchos que no, que siguen a lo suyo y no se dan cuenta de que no ven lo que pasa a su alrededor, piensan que estás un poco chiflada si les cuentas ciertas cosas.

-¿Un mayor conocimiento científico ayudaría a contrarrestar esto, al menos, en determinados casos?
-Recuerdo haber leído algún artículo sobre cómo la cultura científica de la población es mucho mayor en otros países. Saber qué consecuencias tiene lo que tú haces, conocer el impacto que generas en el planeta, hay gente que lo tiene como cultura básica y nosotros aquí no. Y, en el fondo, debería ser de conocimiento público. Que la población sepa, por ejemplo, que si tiras el aceite en un curso de agua generas problemas para todos los bichos que vayan a encontrarlo de ahí en adelante. Y no sé quién nos convenció de que podemos sobrevivir si nos cargamos todo el entorno natural, pero claramente eso no es así.


El Congreso que teje redes ecosociales

IV Congreso Teachers for Future en Gijón

Ya lo dice la propia Asociación en sus redes sociales, el Congreso del 24 de octubre en La Laboral, Gijón, servirá para “recordar que somos muchas, que llevamos años sembrando y que lo que hacemos importa”. Este no es un encuentro al uso. Para los docentes que lidian con la falta de compromiso institucional y las dificultades para llegar a la población joven, es una fecha para renovar energías y cargar las pilas. También para conseguir herramientas reales que permitan seguir adelante con el trabajo en la comunidad.

El programa llega completo en horario de mañana y, tras las correspondientes inauguraciones, diferentes ponentes apuntarán a la construcción de nuevas sociedades, al ecofeminismo en clave educativa, a la contaminación atmosférica en los entornos escolares, al problema de los microplásticos y al estado de la educación ambiental en Asturias. Los proyectos educativos, propuestas y recursos del colectivo Teachers for Future en distintas comunidades también estarán presentes en esta jornada.

La tarde tendrá un enfoque más práctico, con talleres en el Jardín Botánico Atlántico de Gijón. Teatro, cocina circular, la confección de haikus y hasta cómo cuidar un huerto serán algunas de las iniciativas previstas antes de la puesta en común y las reflexiones finales que cristalizan en un manifiesto por la educación ambiental y ecosocial en las aulas de los centros educativos.

Para cuidar a los participantes que vengan a pasar el fin de semana, los anfitriones tienen previsto un calendario extraoficial opcional que contempla una recepción y una cena informal en Les Cigarreres de Gijón. Y el domingo, una visita guiada por Gijón o por Avilés a cargo de compañeros docentes.

Más información en teachersforfuturespain.org 
Apresúrate a inscribirte (hasta el 10 de octubre), el aforo es limitado.

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Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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