Santalla, un feminismo libre de etiquetas

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En Santalla, una pequeña localidad enclavada en el ala más occidental de Asturias, habita un feminismo en auge, que no conoce de prejuicios y que sabe adaptarse a las condiciones que plantea la población del lugar.

Santa Eulalia de Oscos, el concejo que todos los vecinos conocen como Santalla, es un territorio eminentemente rural, de baja densidad poblacional y que linda con Galicia. Tan solo 430 vecinos y vecinas conforman la población de este concejo, cuya capital lleva el mismo nombre.

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Allí, entre vacas, cultivos y casas de turismo rural hay una creciente actividad por la igualdad que puede sorprender a quien llega a un enclave aislado y con una población envejecida. Además, por si fuera poco, la población se encuentra distribuida en varios núcleos dispersos. Pero, en ciertas ocasiones, lo que es menos puede llegar a ser más, y si se somete a escrutinio a este reducto de ruralidad se puede comprobar que la circunstancia de “pocos y bien avenidos” puede derivar en una comunidad con fuertes lazos de vecindad.

La presencia del colectivo Foro Mujeres del Occidente Asturiano en el territorio tiene mucho que decir en el movimiento por la mujer y la igualdad que está latente en el concejo a lo largo del año. No son muchas sus integrantes, pero bastantes para hacer el “ruido” suficiente, generar contenidos, provocar reflexiones y organizar eventos atractivos para mujeres, pero también para aquellos hombres que se animan a asistir y no se sienten amenazados por una mayoritaria participación femenina.

El Ayuntamiento de Santalla también hace los deberes en materia de igualdad. Desde el Consistorio, reconocen que en un municipio como este escasean los recursos para programar actividades, pero lo que hay en abundancia es una actitud positiva y de apoyo al colectivo y a otras organizaciones que necesiten de su ayuda. Ana Rubio, presidenta del Foro de Mujeres de Occidente explica que «todas nosotras somos de Los Oscos, y en particular, Santalla es la zona en la que encontramos más apoyo y apertura para hacer cosas. Es más receptiva, y es todo mucho más sencillo, tanto por parte del Ayuntamiento, como por parte de las y los vecinos».

El pasado 25N la localidad dio la campanada con una actividad que recorrió los titulares de la prensa asturiana. El día amaneció lluvioso y con una pátina gris acorde con el tema de la campaña elegida por el colectivo feminista en homenaje a todas las mujeres fallecidas a causa de la violencia machista. En esa jornada, la tranquila aldea se convirtió en una muestra de esquelas necrológicas, tantas como mujeres asesinadas a lo largo del año.

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Actos del pasado 25N en la localidad de Santalla.
Actos del pasado 25N en la localidad.

«Empapelamos el pueblo con las esquelas de todas las víctimas y luego hicimos una procesión, desde la escultura Servanda, que es nuestra figura representativa de la mujer en Santalla, hasta el Ayuntamiento. Allí colocamos también zapatos de mujer y de niña y niño en representación de todas las víctimas de violencia machista –explica la presidenta del Foro–.

A la manifestación vino bastante más gente que en otras ocasiones e hicimos una especie de manifiesto en la Plaza del Ayuntamiento. Se leyeron todos los nombres de las víctimas y allí, bajo la lluvia, se creó un espacio de silencio y dimos las gracias porque la acogida del acto fue maravillosa».

«Preparar la muestra fue un trabajo arduo –añade Ángela Rodríguez, periodista en el occidente e integrante del Foro– porque queríamos que estuvieran presentes las esquelas de todas las víctimas de violencia machista, incluso las que no figuran como tales en los listados oficiales, y eso requirió un importante trabajo de indagación».

La colocación de las esquelas fue el motivo de conversación en los bares del pueblo, provocando reacciones en la gente de lo más diverso. «Les resultó algo chocante, porque aquí hay mucha gente que no está acostumbrada a este tipo de prácticas, y hasta lo más sencillo llama bastante la atención. La experiencia despertó mucha curiosidad, y yo creo que es la forma de poder hacer las cosas en lugares como este –añade la periodista– en los que no hay tantos medios a nuestro alcance».

La asociación también quiso recuperar una tradición perdida que algunas vecinas recordaban con nostalgia, las reuniones en El Cabildo de la Iglesia donde las mujeres se reunían para charlar. Y qué mejor que elegir el Día de la Mujer Rural para poner en marcha una reunión de costureras para ganchillar y disfrutar juntas de una merienda. La primera de las quedadas obtuvo mucho éxito y contó con la asistencia de mujeres, hombres, niños e incluso costureras de municipios cercanos.

Ángela, una de las componentes más jóvenes del Foro, reconoce que el éxito de lo que organiza el colectivo tiene mucho que ver con que son actividades enraizadas al territorio. «Nos encantaría, por ejemplo, hacer un taller sobre salud sexual, pero quizá hay todavía que desterrar antes muchos prejuicios sobre este tema. Así que, si al final las mujeres que ese día no iban a salir de casa, lo hacen por ir a ganchillar juntas, me doy por compensada totalmente con esta actividad. El ambiente era muy bueno, al terminar, la gente preguntaba cuándo sería la siguiente reunión y nosotras quedamos contentísimas».

Merienda ganchillera de las mujeres en Santalla, el pasado 15 de octubre.
Merienda ganchillera de las mujeres en Santalla, el pasado 15 de octubre.

Hay que tener en cuenta, que en rincones como este, el feminismo tiene mucho que ver con la creación de redes entre mujeres, pero también con la propia convivencia vecinal que, al final, abre las puertas de unos a otros y redunda en una mayor calidad de vida. «Este tipo de actos contribuyen a quitar un poco la lacra que hay sobre la palabra feminista o sobre el hecho que seamos una asociación de mujeres, pero que las mujeres de aquí nos juntemos, que tengamos un espacio donde podamos hablar tranquilas y nos contemos cosas también es feminismo», añade Rubio.

El encuentro organizado el año anterior con motivo de la Mujer Rural tampoco pasó desapercibido, aunque en esa ocasión la actividad tenía como protagonistas a las fotografías que traían las mujeres. «Se trataba de que cada una recordase algo de su infancia –explica Ana Rubio–, a veces a partir de un objeto de su vida narraban su propia historia y a quienes recordaban. Casualmente casi todas acababan yendo a la figura de su madre, abuela y a los cantos que recordaban, fue una jornada preciosa».

Poco a poco, acto tras acto, los y las vecinas ya empiezan a acostumbrarse a las llamativas iniciativas que plantea el Foro de Mujeres en diferentes momentos del año en colaboración con el Ayuntamiento con el objetivo de abrir espacios para la reflexión.

La celebración del 8M 2025 también causó sensación, porque a los hogares de Santalla llegó una carta explicativa de la remuneración que correspondería a las mujeres por las tareas que realizan habitualmente en casa, cuidando a familiares o ayudando en otras labores. «Era la manera de que las mujeres pudiesen hacer un cálculo del sueldo que les correspondería por todo lo que hacen –explica Rubio–. Luego hicimos un vermú en los bares del pueblo y una proyección relativa al tiempo que se dedican a los cuidados. Fue muy divertido, porque con esto también causó desconcierto y dio lugar a muchas conversaciones. Pero ese es un objetivo del Foro, conseguir que se hablen de cosas que generalmente no se tocan».

Este año, conjuntamente con el Ayuntamiento, el Foro ha decidido dejar libre la agenda de actos en el 8M con la intención de poder sumar fuerzas a la marea feminista que se manifestará en Villaviciosa, el próximo domingo. Las y los asistentes podrán trasladarse hasta la capital maliaya en un autobús que parte desde Navia. «En esta ocasión, –comenta la presidenta– queremos, en vez de estar coeducando y organizando actos, disfrutar y compartir con otras mujeres, soltarnos la melena».

Y la realidad es que no estarán de brazos cruzados mucho tiempo, porque desde el Foro ya contemplan empezar este mes de marzo unas jornadas dirigidas a los escolares con la intención de trabajar por la igualdad, pero desde enfoques relacionados con la creatividad, la salud y la literatura. «Trabajaremos en las aulas sobre aspectos importantes de las relaciones y la convivencia, el no juzgar y ponerte en el lugar del otro, el respeto a los espacios y saber leer lo que ocurre a través de los comportamientos físicos de los demás. Se trata de realizar un trabajo transversal para la igualdad y para evitar los conflictos de género que se dan en adolescentes», continúa explicando Rubio, que también prevé trabajar en paralelo con las familias, aunque las fechas están por concretar.

El Premio Servanda, el reconocimiento a las mujeres rurales de Santalla

De lo que no hay duda es que en esta localidad las mujeres, no solo son pilares fundamentales dentro de la estructura familiar con sus tareas dentro y fuera de casa (explotaciones ganaderas, emprendimientos de turismo rural, etc.) también sostienen un importante movimiento cultural, en ocasiones poco visible, pero que sin duda afianza y sostiene un territorio.

Nieves de Millarado, II Premio Servanda, con Anita das Poceiras, galardonada en la edición anterior.
Nieves de Millarado (izda.), II Premio Servanda, con Anita das Poceiras, galardonada en la edición anterior.

Precisamente, por la labor tan importante que realizan y su papel en la comunidad, el Ayuntamiento ha instituido el Premio Servanda, que este año ha cumplido su segunda edición. «Éste gobierno local tiene claro que la promoción de la igualdad entre vecinos y vecinas y la incorporación de políticas feministas es un pilar de la acción municipal -explica Francisco López, alcalde de Santalla-. Junto al mantenimiento y refuerzo de los servicios públicos y el fomento de la cultura y el deporte, por supuesto.

Cuando se habla de cohesión social es indispensable integrar la perspectiva feminista para asegurar una representación real de las mujeres. La mitad de la población. Por eso, para juntarnos, celebrarnos y reivindicar nuestra identidad como pueblo –añade el primer edil- creamos el Premio Servanda y, honestamente, no pudo tener mejor acogida».

La mujer que se alzó con más votos entre las seis candidaturas propuestas fue Nieves Iglesias, conocida como Nieves de Millarado. El resto de candidatas, Maruja de la Panadería, Mari de Casa Pedro, Marín Piedralba, Maruja de Manolete y Olga de Caraduxe participaron también en el acto homenaje que tuvo lugar el pasado 18 de octubre en la Casa de Cultura.  Acompañando

El acto, que contó con grandes dosis de emoción, reunió a muchos vecinos y vecinas que quisieron acompañar a la premiada, entre ella Anita das Poceiras, la primera premio Servanda, y una figura reconocible y muy querida en el concejo porque regentó durante décadas Casa Rodil, haciendo sentir en casa a todos cuantos paraban allí con sus comidas llenas de sabor y esmero. A pesar de ser una de las santallesas más longevas, Anita sigue implicada en actividades sociales, y no duda en mostrar el oficio de filandeira cuando se la necesita.

Entrega a Nieves de Millarado del Premio Servanda a manos del alcalde Fran López.
Entrega del II Premio Servanda a manos del alcalde de Santa Eulalia de Oscos, Francisco López.

Entregada por el alcalde y a ritmo de ranchera, Nieves de Millarado recogió el pasado día 18 de octubre la estatuilla que reproduce la escultura de la Servanda, un diseño de dos vecinas, la Ferreira Paz Prieto y la artista Olga Busom. La II Premio Servanda lo hizo «con una emoción muy grande –confiesa-, porque no lo me esperaba. Había personas que a mí me parecía que podían tenerlo más que yo, que soy gallega, y por eso me hizo mucha ilusión».

Nieves es un ejemplo de lo mucho que trabajan las mujeres en Santalla. Además de llevar una casa con sus tareas habituales, ayuda en la explotación ganadera familiar y lo compagina con atender una huerta. Lleva 43 años en el concejo, al que llegó tras contraer matrimonio con Julio, ahora fallecido. «Mi primer trabajo fue en una fábrica de quesos, luego en un restaurante estuve de camarera, luego emigré a Londres donde trabajé durante cinco años en casa de una familia, lo siguiente fue limpiar en un hospital y, en los últimos años, en un hotel. Luego conocí al que sería mi marido y ya me quedé en Santalla».

A sus 72 años, no ha perdido la sonrisa que la caracteriza y tampoco su carácter abierto que la han llevado a ser tan popular. Y a pesar de todo lo que ya ha hecho, no se imagina la vida sin seguir trabajando, aunque eso suponga estar ordeñando a las vacas a las 8 de la mañana. Yo estoy jubilada, pero hay que echar una mano –añade– además pienso que se llega con mejor físico y se viven más años si estás en actividad, y yo no soy de estar mirando para la televisión».

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