Juegos Píticos (III)

Estos juegos tuvieron su máximo esplendor en el siglo V a.C., probablemente por el decisivo papel que tuvo Delfos tanto durante –y tras– las Guerras Médicas como en los años previos a la Guerra del Peloponeso (no suele haber casualidades) y a lo largo de los treinta y un años que duró tal guerra.

Los delfios se los tomaban muy en serio. Enviaban a sus “theoroi”, o embajadores, por rutas habituales a las ciudades donde había posibles participantes y con bastante antelación a las celebraciones: seis meses. Ofrecían a los dioses más de cien animales en sacrificio previo al comienzo y luego repartían su carne asada entre los ciudadanos (a veces era la única carne que comían en meses).

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El primer día, como ya hemos comentado, se celebraban los sacrificios y una rememoración de la lucha entre Apolo y la serpiente. Luego venían los banquetes en comuna; el tercero la música y el cuarto las competiciones atléticas propiamente dichas para finalizar el quinto con las carreras de carros, a las que Píndaro dedica innumerables odas. Eran la Fórmula 1 actual.

Las carreras a pie y en los carros, se celebraban en la llanura y no en el santuario debido a la inclinación de las laderas y mientras que las primeras se acabaron celebrando en el estadio construido en el gimnasio, las de carros se celebraron siempre en la llanura.

Debido a las odas del tebano sabemos que durante los Juegos también había un apartado dedicado a Neoptólemo, el hijo de Aquiles. Píndaro nos habla de la muerte del guerrero en Delfos, sobre la que existen dos versiones. En una fue asesinado por Orestes al saber que se había desposado con su prometida Hermione. En la otra resultó ejecutado por Maquereo de Fócida por haber incendiado el templo de Delfos.

Euquidas de Platea, un corredor de larga distancia
Euquidas de Platea, un corredor de larga distancia.

En el 487 a.C., una vez que se retiraron los persas de Grecia, varias ciudades griegas se dirigieron a Delfos para ver de qué manera se podía honrar a los dioses por haberles ayudado en la victoria sobre aquel impresionante ejército que había mancillado sus santuarios y arrasado varias “polis”. Entonces aparece un corredor del que hay constancia fehaciente de su existencia por un epitafio en el santuario platense (batalla de Platea, la siguiente a Salamina de las guerras Médicas) de Artemisa Euclea (de la buena reputación). La Pitia les contestó a los delegados que no sacrificaran en sus santuarios hasta que no tuvieran fuego sagrado en los altares que habrían de erigir y dedicar a Zeus Eleuterio (libertador). Aquí surge Euquidas de Platea ofreciéndose para ir corriendo hasta Delfos y traer la llama sacra. Se recorrió los doscientos kilómetros que separaban ambas ciudades en un día y el pobre “hemerodromos” fallece al llegar a su ciudad. Michael Scott (Delfos. Historia del mundo antiguo. Ed. Ariel 2015). 

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Herodoto, el gran Historiador
Herodoto, el gran Historiador.

Heródoto nos había hablado de Filípides en su Historia, y de la gesta realizada por el ateniense, pero en ningún momento nos dice o narra su fallecimiento. Hemos de considerar que Heródoto había nacido en el 485 a.C. y sus relatos no son contemporáneas a los hechos, mientras que los platenses si lo hacen, por lo que la muerte debida a la carrera de Euquidas tiene mayores visos de verosimilitud.                  

En el 484 a.C. se incorpora la carrera con armamento al completo: la hoplitodromos. A mitad de siglo se agrega un concurso de pintura para complementar al de música que siempre había formado parte de sus juegos. Más tarde se incrementarían otros concursos como la danza, el teatro y el mimo.

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