Tomaron consistencia y forma después de una de las múltiples guerras entre polis, en este caso entre los délficos ayudados por los anfictiones contra los pobladores de la vecina Cirra que deseaba hacerse con los “tesoros” de los primeros. A esta se le denominó Primera Guerra Sagrada y a partir del 590 a.C, los anfictiones pasaron a controlar el santuario y ser jueces en los agones deportivos.
Estos “tesoros” consistían en pequeños monumentos donde se depositaban verdaderas fortunas en el sentido actual de la palabra, que eran aportadas por las ciudades y particulares que acudían al Ónfalos a por un designio que luego era interpretado según las conveniencias de cada cual y de la manera más favorable, pero que siempre fue una predicción tortuosa y muchas veces indescifrable. A lo largo del tiempo se demostró que los sacerdotes se dejaban comprar con bastante facilidad y que se provocaron otras “guerras sagradas”. Cuatro en total.
El premio de estos Juegos consistía en una corona de laurel (laureados, como en la actualidad) en memoria del árbol consagrado a Apolo, siendo los tres primeros vencedores: Crisótemis hijo de Carmanor de Creta, Filamón y Támiris. (Pausanias, Descripción de Grecia…), pero unos ocho años antes tuvo lugar una competición “crematística” con premios de gran valor, procedentes de botín de guerra, según la Crónica de Paros.
Allá por el año 582 a.C se marca como el comienzo “oficial” de estos juegos con la inclusión de las pruebas atléticas y las hípicas, así como el premio de la mencionada Corona, y su celebración pasa a ser cada cuatro años durante el mes Boukatios (agosto-septiembre actual), en el tercer año de Olimpia. Tenían una duración de ocho días debido al añadido de la competición musical. El programa de pruebas deportivas se inspiró en el de Olimpia y perduró durante casi mil años (Las Olimpiadas Griegas. Ramón Teja. Ed. Santillana, pág. 23).
El gimnasio de Delfos se construyó en el año 330 a.C entre dos espacios llanos: uno superior de unos doscientos metros de longitud y otro, el inferior, de sesenta. En el superior existía una especie de Stoa: Xistós, con ochenta y tres columnas, donde se cobijaban los atletas para realizar sus entrenamientos en caso de mal tiempo. En la época de Adriano – que también hubo emperadores españoles inmejorables – se sustituyeron las calizas de las columnas por mármol blanco. Y delante del Xistós se hallaba el estadio del siglo V a.C: “paradromis” de 178,35 metros, remodelado en el siglo II d.C. por Herodes Ático (el mismo que construyó el Odeón, que lleva su nombre, a los pies de la Acrópolis de Atenas).
Al lado de la pista inferior se encontraba la palestra, que incluía un patio cuadrangular con soportales y salidas a los lugares de entrenamiento y de culto a Hermes (dios de los gimnasios y los deportistas). También encontramos una alberca circular para el baño de los atletas, con diez pilas pequeñas o lavabos.
Las pruebas puramente deportivas se celebraban al cuarto día, donde la carrera del estadio medía 178 metros, catorce menos que la celebrada en Olimpia. Pero también se llevaban a cabo el diaulos, salto de longitud, pancracio, pugilato, pentatlón y hoplitodromos cuyo primer vencedor fue Timéneto de Fliunte ya en la 23ª Pitiada. Famosas fueron sus carreras de carros en todo el orbe y una estatua lo atestigua: El Auriga de Delfos, siendo el primer vencedor de estas pruebas Clístenes de Siracusa. Polizelos, hermano de Gelón de Siracusa, fue otro de los vencedores y el que encargó el famoso auriga.
Los nombres de los vencedores en los juegos: pitiónicos (pythionikai), se compilaban de la misma manera que en Olimpia (la verdad que copiaron muchas cosas de los “originales”) pero un terremoto los destruyó en el año 373 a.C y se le encargó a Aristóteles su compilación, tarea que acometió con su sobrino y discípulo Calístenes.
A manera de “pequeña historia” de los Juegos Pitios diremos que se celebraban en el mes de Bucation que viene a ser mitad de agosto a mitad de septiembre de la actualidad e iniciándose el séptimo día de tal mes porque era el día del cumpleaños de Apolo.