Desde 2003, cada 28 de abril, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) impulsa la celebración del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. El objetivo del evento es promover la prevención de accidentes y enfermedades laborales, fomentando una cultura de seguridad compartida a nivel mundial.
Esta declaración deja claro que la Seguridad y la Salud son derechos universales de todas las personas, independientemente del nivel de desarrollo económico del país.
El derecho a un entorno de trabajo seguro y saludable ha sido incluido dentro de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, en una decisión histórica de la OIT en el año 2022. Estos valores consagran los derechos humanos universales y han sido reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Siendo la responsabilidad de generar ese entorno laboral seguro y saludable, una acción compartida entre empresarios y sindicatos, esta responsabilidad es diferente y en cualquier caso asimétrica, afirma la OIT.
Hasta aquí, mucho que celebrar y un buen momento para reivindicar un enfoque de Seguridad laboral adaptado al siglo que vivimos. Un nuevo enfoque, definido por la OIT, como proactivo, integrado y digital, que prioriza la salud mental, la ergonomía y el bienestar integral. Algunas claves fundamentales, para renovar el enfoque, incluyen el uso de la IA y el internet de las cosas (IoT), la adaptación a nuevos riesgos, la cultura preventiva, y el liderazgo comprometido.
La aportación revolucionaria de la IA y la IoT nos permite anticiparnos, más que nunca, en la predicción y prevención de accidentes (laborales, medioambientales, deportivos…) a través de los dispositivos electrónicos inteligentes que aportan estas tecnologías, pudiendo monitorizar en tiempo real variables biométricas, ambientales o de maquinaria, detectando los llamados riesgos invisibles (fatiga, caídas, fallos mecánicos…), y enviando alertas de inmediato.
Nos encontramos en un buen momento para reivindicar un enfoque de Seguridad laboral adaptado al siglo que vivimos. Un nuevo enfoque, definido por la OIT, como proactivo, integrado y digital, que prioriza la salud mental, la ergonomía y el bienestar integral.
La salud integral debe poner su punto de mira en aspectos psicosociales tan relevantes en el actual mundo laboral, como son el estrés, el burnout, el acoso, etc. El trabajo debe adaptarse a nuevas formas, como son el teletrabajo o los modelos funcionales híbridos. La salud integral debe considerar el concepto de bienestar emocional, la ergonomía avanzada y la desconexión digital, tanto en entornos digitales como de producción industrial. Sin olvidar la formación continua del personal y su capacitación en protocolos de salud y seguridad.
Pero para aplicar estas cuestiones de la mejor manera posible, debemos ser conscientes de la importancia de sostener el sistema en una sólida Cultura de Seguridad, y de esto vamos escasos. Seguimos anclados, en el día a día y en todos los sectores, en una seguridad reactiva, un modelo que solo actúa una vez que la amenaza se ha materializado, cuando el daño ya se ha producido.
Y es que la Cultura de Seguridad Laboral, de Protección Civil o de Seguridad en Montaña, son eso, CULTURA, ese conjunto de elementos y características propias de una determinada comunidad humana, de sus costumbres, tradiciones, normas, conocimientos, grado de desarrollo y hasta el modo que tiene un colectivo de pensarse a sí mismo, de comunicarse y de construir una sociedad… casi nada el factor cultural.
Desde hace años, la Curva de Bradley es el indicador más extendido para diagnosticar la seguridad de una organización. La famosa curva analiza la tasa de accidentalidad con la evolución progresiva de la cultura de seguridad del colectivo, demostrando que la accidentalidad es inferior en las organizaciones en las que la seguridad se convierte en un valor intrínseco, compartido a todos los niveles y en las que genera una acción proactiva.
Si empleamos la Curva de Bradley en las diferentes empresas, entidades o asociaciones, organizaciones en las que vivimos las diferentes facetas de nuestra vida (ciudadana, profesional, deportiva…), ¿dónde estaríamos? Yo creo que, en general, estaríamos en sus niveles más bajos, en los que la seguridad es más instintiva, reactiva, subordinada, relegada…
Y así parece que es, ya que, aunque los accidentes laborales en España han disminuido en el 2025, todavía superamos los 600.000 con baja. Los accidentes en actividades recreativas y deportivas de montaña han aumentado, los ahogamientos en espacios acuáticos también, y España es el octavo país del mundo con más muertes por eventos climáticos extremos en los últimos treinta años.
A lo largo de mi vida implementando sistemas de seguridad en diferentes sectores, me he encontrado con dos problemas fundamentales: 1. La resistencia al cambio debido a la baja percepción del riesgo, ya sea cotidiano, climático, laboral o deportivo; 2. Con la falta de una visión clara del fenómeno o de responsabilidad por parte de las personas que rigen, dirigen u organizan nuestra sociedad en sus diferentes áreas… Si, así es, el Liderazgo es vital para la construcción de un sistema de seguridad, pero sobre todo para crear una cultura de seguridad. Habitualmente, el fracaso de un sistema de seguridad se debe a su liderazgo inadecuado o inexistente.
El éxito del Liderazgo en Seguridad no se mide solo por la ausencia de daños, sino por la creación de una cultura donde la seguridad y la salud son los valores fundamentales. El liderazgo es mucho más importante que las directrices políticas, pues las personas responsables, con sus acciones y decisiones, envían mensajes claramente perceptibles a todos los niveles de la organización, respecto a lo qué es importante y lo que no lo es.
Los accidentes en actividades recreativas y deportivas de montaña han aumentado, los ahogamientos en espacios acuáticos también, y España es el octavo país del mundo con más muertes por eventos climáticos extremos en los últimos treinta años.
Actualmente, siguen siendo mayoría las organizaciones en las que se promulgan políticas en las que Seguridad y Salud se presentan como pilares fundamentales, mientras que en su práctica cotidiana se adoptan decisiones que promueven lo contrario o no se verifica si las personas las aplican… es el fracaso de la seguridad por la falta de liderazgo, y estoy hablando de empresas, entidades y estados.
Debemos entender la Seguridad como un fenómeno social, una construcción moldeada por identidades, normas, percepciones colectivas y procesos discursivos. Cuando las organizaciones poseen cultura de seguridad, los planes de seguridad funcionan mejor, ya que ésta se integra en los procesos humanos más rutinarios de una manera natural, y se hace inherente al comportamiento colectivo.
La transformación de la Cultura de Seguridad del siglo XXI implica pasar de una seguridad reactiva a un modelo inteligente y preventivo, con indicadores proactivos, fomentando la convicción y el liderazgo en los valores Seguridad y Salud, construyendo una sólida responsabilidad compartida entre las organizaciones, sus líderes y todas las personas que las componen.
Integrar la Cultura de Seguridad en el currículo escolar, educar en autoprotección y gestión de riesgos, capacitar al alumnado para prevenir accidentes y actuar ante emergencias (incendios, terremotos, inundaciones, etc.), es la mejor inversión que podemos realizar. Fomentar una cultura preventiva desde la infancia, creará una sociedad adulta más eficiente en la gestión del riesgo y más resiliente en la catástrofe.
«La Seguridad o es preventiva o no lo es, es proactiva o no lo es, es cultura o no lo es».
Feliz y provechoso Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo.
Así es, Manolo Taibo. Excelente artículo que se centra en los aspectos culturales y de liderazgo. Los profesionales lo sabemos sin embargo estos temas no están ni en la agenda política (desde Vox a IU pasando por los clásicos PP , PSOE o los partidos regionales) ni en la agenda de ningún líder ciudadano, léase artísticos, ONGs de diversa índole, religiosos o intelectuales. Y por fin, ¿Qué podemos decir de las organizaciones que más implicación deberían tener? Me refiero a Sindicatos y Patronales… pues ni están ni se les espera, a no ser para discursear hipócritamente por ambos lados. Aparte de estas organizaciones podemos hablar de los trabajadores reales en las empresas reales (a veces sus organizaciones representativas no son más que sanedrines fantasmagóricos u oscurantistas lobbies o funcionarios frustrados dedicados a maniobras extractivas de los cuartos del personal). ¿Qué pasa en las empresas? un conformismo cansado, apático, donde el de abajo se lleva la peor parte. Una corrosión del carácter, una mediocridad del alma que asusta. Son los signos de los tiempos, que se pagan en sangre evitable. Y en Asturias, con grandes accidentes en grandes empresas ni una palabra más alta que otra, a no ser por el insoportable guirigay político de siempre cuando se tata de la minería. Saludos y seguir bregando Manolo
Muchas gracias por tu comentario, Arsenio y por poner en valor el trabajo de Manolo Taibo. Su enfoque en la cultura preventiva y el liderazgo es fundamental. Ha sido un ‘lujo’ contar con su colaboración, la verdad.
Coincido contigo en que los riesgos laborales son una realidad que debemos afrontar con seriedad si queremos avanzar. Solo con compromiso institucional, social y dentro de las propias empresas podremos evitar que la seguridad quede en meras declaraciones.
Gracias de nuevo por tu reflexión, Arsenio, y por animar a seguir trabajando en esta dirección. Todas la voces son pocas.