Ortiguera (Coaña). Unión al mar

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Faro de San Agustín en Ortiguera
Faro de San Agustín, en Ortiguera / Foto: Fusión Asturias
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Este pequeño pueblo marinero lleva impreso el mar en cada una de las piedras que lo componen, desde el faro antiguo en el cabo de San Agustín hasta su pequeño puerto.

Entre acantilados cincelados en la roca, el Cantábrico se abre paso a través de una pequeña grieta para posarse a los pies de la villa marinera de Ortiguera. El estrecho paso aminora la furia del mar y lo remansa, convirtiendo la localidad en puerto seguro. El pequeño tamaño del lugar condiciona la existencia de una limitada flota pesquera que todavía sigue faenando frente a las costas occidentales. El pueblo parió cientos de marineros y sobre todo marinos mercantes que han paseado el nombre de Ortiguera por otros lugares, y esa unión al mar ha quedado grabada en los genes.
Alrededor de su puerto de aguas verdes, se han ido construyendo a lo largo de los años pequeñas casas, escalando riscos y poniendo a prueba la resistencia física de sus habitantes a fuerza de subir empinadas cuestas. Abrazando el puerto han crecido los barrios de El Campo, El Ribeiro y A Cabana, y existe una antigua conservera en ruinas, fiel testimonio de la abundancia pesquera de antaño.
Ortiguera se ha extendido también tierra adentro, combinando sencillas viviendas con casonas indianas como la de Don Fernando Jardón Perissé, cuya familia donó a Ortiguera las escuelas del Rabeirón y un parque.
En la punta más saliente del pueblo, el cabo de San Agustín, se alzan dos faros: uno antiguo, pequeño, de piedra, con un banco que lo rodea, y el nuevo que le ha sustituido en sus funciones. La mirada desde aquí se extiende hasta tropezar con el único límite del horizonte marino. El lugar se completa con la ermita de San Agustín, y a pocos metros se abre paso un sendero adoquinado, que desciende hasta la arenosa playa de Arnelles, apta para el baño y la pesca.
A sus atractivos turísticos, que no son pocos, hay que sumar la actividad cultural y deportiva en torno a la Biblioteca Gonzalo Anes Alvarez, el Centro Social y la Casa de Cultura. Gracias a estas infraestructuras, los vecinos se han agrupado y revitalizado el pueblo.

Ortiguera, desde mi punto de vistaJosé Manuel Méndez.
Presidente de la Asociación de Vecinos de Ortiguera (AVO)

“Mi niñez coincidió con el fin de la Guerra Civil y entonces este era un pueblo eminentemente marino mercante. Pescadores también había, pero pocos. En mi casa, casi todos los hombres fuimos marinos mercantes. Yo empecé a navegar en 1951, en un barquín que hacia la ruta entre Gijón, Bilbao, A Coruña, Vigo… y acabé mis andanzas allá por el 64, que me quedé en Bilbao, en el puerto.
La marina mercante se extinguió prácticamente en España, y consecuentemente en Ortiguera. Antes, en todos los puertos importantes había cuatro o cinco armadores muy fuertes. Pero eso murió porque ahora los armadores tienen abanderados los barcos en Mauritania y países donde hay que pagar muy poco.
Todos los marinos mercantes luchamos para que nuestros hijos no navegaran, porque era una vida durísima: teníamos vacaciones una vez al año, si tenías un hijo lo conocías cuando te quedabas en tierra, los barcos entonces eran madreñas… Socialmente no existe el marino, es una figura de novela.
Por todo ello en la década de los 60 hubo una evasión total. Dejamos el pueblo vacío y se fue muriendo. Sin embargo, cuando era chaval, este era el centro neurálgico de la zona. Había dos salones, once bares que estaban siempre llenos, a los bailes venían los jóvenes desde Ribadeo en bicicleta. Había orquestas de las de entonces. Ortiguera tenía dos fábricas de conserva, aquí venían todos los pesqueros desde Foz a Cudillero a traer pescado para enlatar. Todo eso desapareció y el pueblo se resintió mucho. Así que cuando volví aquí al jubilarme, vi que esto se moría y fundamos la asociación, cuyo objetivo es que la gente participe y el pueblo se mueva.
Sin embargo, este lugar es mucho más rico que antes, el nivel de vida ha subido mucho en Ortiguera. Además hay mucho silencio, no se oye más que los mirlos cantando fuera; ves un caballo y lo puedes admirar en toda su expresión, esto es gozar. Si necesitas comprar vas a Navia, a Ribadeo, a Coruña y Oviedo. Pasas el día y luego te vuelves a este lugar maravilloso”.

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