Conversando con Ernesto en La Llorera

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Ernesto Fernández del pueblo de La Llorera
Ernesto Fernández. / Foto: Fusión Asturias
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Las mañanas de diciembre son frías en el pueblo de La Llorera. Una vez allí, localizar a Ernesto Férnandez no resulta difícil. Sólo hay que preguntar por él: ‘su casa está junto a la carretera. Verás un hórreo y si oyes la radio, es que está en casa, si no igual marchó a Santa Eulalia’, comenta un vecino.
Todos saben que, aunque ya tiene 81 años, este hombre del campo sigue manteniendo muchas de sus rutinas.
Cuando llego a su casa está doblando el espinazo frente a unas berzas. ¡Quién diría que tiene su edad! Tampoco se aprecia en la charla. Este hombre pequeño, de aspecto serio y pausada conversación, mantiene la cabeza en su sitio, sobre todo cuando se toca uno de los temas que más le motivan: la reivindicación medioambiental frente a las emisiones de la central térmica de Soto de Ribera. Y es que Ernesto es bien conocido en Morcín y en Asturias por ser el personaje que inspiró la película «Cenizas del cielo», del director José Antonio Quirós, también morciniego. El cineasta leyó una carta de Ernesto publicada en un periódico asturiano, y vio que había contenido más que suficiente para un largometraje.
La película, estrenada en el 2008, narra su particular lucha contra «la muerte que trajo el aire». Para Ernesto supuso toda una victoria que al menos su reivindicación fuese conocida, aunque a día de hoy siga viendo funcionar la central. «Según datos de La Nueva España hace cuatro años, la central echa 4.700.000 toneladas al año de CO2, y 17.000 son de ácido y 11.000 de gas nitroso», protesta.
Hablar con este hombre posibilita retroceder en el tiempo: «mucho ha cambiado la vida en estos pueblos en los últimos 20 años. Y para bien, porque empezó a llegar el agua corriente, que antes se lavaba en el río o en el lavadero, no teníamos teléfono y las carreteras eran muy precarias». Aunque es difícil llevar la plática por senderos que no tengan que ver con su mayor preocupación y enseguida añade la contrapartida: «pero también cambió para mal por culpa de la térmica. A causa de la lluvia ácida se estropearon los prados, ahora todo es matorrera que lo invade todo y la tierra ya no tien minerales. Prueba de ello es que ahora ya no tenemos grillos, y desapareció también la fruta autóctona. Ahora todo se muere y si plantas patatas te salen tantas malas hierbas que cuesta mucho tenerlas a raya. Eso no ocurría antes». Lo cuenta al tiempo que observa la central, que se divisa perfectamente desde su pueblo. Porque aunque entiende que cada vez es más difícil derrotar a un gigante que supone un alivio para la economía local, no deja de tenerla en su punto de mira. El ha conocido otra Asturias rural, más rica, y no se cansará nunca de recordarlo.Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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