Lucio Ibáñez. Alma de médico

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Lucio Ibáñez. médico
Foto cedida por Ana Espinosa
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El pasado nueve de febrero, muchos riosellanos sintieron una extraña sensación de orfandad. Don Lucio, ese médico llegado desde tierras castellanas hace cuarenta y cuatro años, fallecía discretamente a sus 83 años. Se marchaba este gran profesional de la medicina que también supo ser amigo de sus pacientes.


Llegó a Ribadesella en el año 73 desde su Palencia natal, y su juventud fue todo un balón de oxígeno para Don Serafín y Don Luis, médicos que seguían ejerciendo a pesar de su edad -más de setenta años-. Don Lucio era el ‘nuevo’ al que todo el mundo llamaba. La mayor parte del tiempo lo pasaba haciendo visitas domiciliarias, lo que le obligaba a coger el coche a cualquier hora, ir caminando a las aldeas o cruzar bosques, siempre cargado con el maletín lleno de instrumental.
Jubilado desde los sesenta y seis años, seguía conservando esos bonitos ojos verdes que le caracterizaron siempre y que tanto le sirvieron para el ejercicio de su profesión. Ese ‘ojo clínico’ que le permitía observar al paciente y hacer un diagnostico certero a falta de pruebas como existen ahora, adelantándose en muchas ocasiones a los resultados, ya que en aquellos momentos, solicitar una radiografía o unos análisis eran cosas casi extraordinarias y tardaban en llegar. Era cordial, cercano al enfermo y tenía esa gran cualidad de saber explicar de manera sencilla cualquier duda sobre un tratamiento, una intervención o dolencia para que el paciente pudiera entenderlo: era un buen comunicador.
No había móviles y muchas veces ni teléfono, así que en aquel maletín que transportaba a todos los lados y tanto pesaba, Don Lucio llevaba un compendio de todas las especialidades para lo que pudiera hacer falta.

«Le gustaba ir a los domicilios a visitar al enfermo, sentarse en la cama, hablar con ellos. Practicaba una medicina cercana que le permitía conocer a los pacientes y a sus familias»

Formaba parte de esa generación de médicos comprometidos que estaban las veinticuatro horas de servicio y curaban cuerpos y almas al mismo tiempo, porque eran personas entregadas a su vocación. «Le gustaba ir a los domicilios a visitar al enfermo, sentarse en la cama, hablar con ellos. Practicaba una medicina cercana que le permitía conocer a los pacientes y a sus familias, pero también implicaba dureza», recuerda Ana su mujer. Solo llegar hasta donde estaba el enfermo era una tarea complicada porque no había los medios de comunicación que ahora existen. «Por aquel entonces no había carreteras para ir a los pueblos y recuerdo que Lucio tenía que subir casi a gatas por las cuestas de Sardeu, otros como Don Serafín -uno de sus compañeros de más edad- iban a caballo. En los últimos tiempos veía cómo había cambiado la medicina: se había avanzado en ciencia pero se había perdido tiempo para dedicar a los pacientes, decía».
Lucio Ibáñez terminó la carrera de medicina en el 59. «Tras ocho años de ejercer de médico rural, en la provincia de Palencia, decide con otros compañeros hacer la especialidad de cardiología en Valladolid. Tras dos años de ir y venir diariamente desde el pueblo a la ciudad, se da cuenta de que su vocación es la de médico de pueblo. Así que salió el concurso, pidió para el Cantábrico porque le encantaba el mar, surgió la plaza de Ribadesella y nos vinimos» recuerda Ana.
Muchas generaciones pasaron por su consulta. Gente sencilla, de la calle, la de todos los días, esa que te encuentras en cualquier sitio. Esos mismos que a veces interrumpían su café en el bar mientras se fumaba ese puro que tanto le gustaba, para contarle sus cosas o le paraban por la calle para hablar de temas de salud. Era el médico de todos, de los enfermos, los sanos, quienes le respetaban y también de quienes le criticaban. Porque un médico es un ciudadano de a pie que cumple con su deber, que puede cometer errores pero que por encima de todo, ejerce su vocación volcándose en los demás, abierto a lo que necesitan.
Se ha ido un buen hombre, de alma grande, generosa y de trato cercano. Su cuerpo se fue discretamente, pero su esencia permanecerá enraizada en lo más profundo de todos los que con cariño, le recordamos. ¡Gracias por todo! Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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