Alfredo Ojanguren: “Lo que se nos viene encima es un meteorito”

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Alfredo Ojanguren, científico
Alfredo Ojanguren / Foto cedida por Geotrupes
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Es uno de los muchos científicos que ven con preocupación cómo nuestro planeta sufre un fallo multiorgánico sin que el mensaje de urgencia medioambiental cale en los políticos. Desde su posición, Alfredo Ojanguren, profesor de zoología de la Universidad de Oviedo, insta a subir el tono para conseguir resultados, a sabiendas de que la ciencia está siendo ignorada.

Hace apenas un par de semanas, el mundo entero asistió a una rebelión de científicos que salieron a las calles para alertar de las consecuencias del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y muchas otras amenazas a nuestra forma de vida en este planeta. Muchos de ellos hacían alusión a la película protagonizada por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence No mires arriba, una caricatura de la realidad que muestra el pasotismo generalizado de la sociedad ante la inminente llegada de un meteorito de considerables dimensiones.
Para el biólogo de la Asociación Geotrupes, el meteorito ya está llegando materializado, no en forma de una única roca, pero sí a través de diferentes indicadores que muestran cómo los ecosistemas naturales empiezan a colapsar.

-¿Hay un antes y un después en el rol de los científicos tras la rebelión?
-Yo quiero creer que sí porque vamos llegando en muchos aspectos, tanto ecológicos como políticos, a puntos de no retorno en cosas en las que una vez que pasamos un umbral ya no se puede volver atrás porque se van desencadenando otras. Hay gente que ya lleva tiempo hablando de esto, pero como ocurre en la famosa peli No mires arriba, a los científicos no se nos toma totalmente en serio, por parte de los políticos y del público en general.
Estamos diciendo que los ecosistemas van a colapsar y que, si esto ocurre, va a haber crisis alimentarias, que la gente va a pasar hambre y que en el primer mundo también vamos a tener problemas, pero como no lo decimos llorando o chillando, no se nos escucha. Lo decimos tranquilamente, enseñando un gráfico con nuestros datos, y con una forma de comunicación basada en hechos, en cosas frías y desapasionadas, y es lo que hace que no esté funcionando.

Stop crisis climatica

“Estamos diciendo que los ecosistemas van a colapsar y que si esto ocurre va a haber crisis alimentarias pero como no lo decimos llorando o chillando, no se nos escucha”

-¿Es por eso que hacía falta una rebelión?
-Claro, a mí me pareció buena cosa. En Gran Bretaña vimos a catedráticos con su barba blanca y su bata de laboratorio que se pegaron con Super Glue a las puertas de unas oficinas y se lo pusieron difícil a la policía cuando llegó. No hay por qué pelearse con la policía porque somos científicos, pero sí que hay que hacer acciones de desobediencia civil, y a mí me desazona mucho que aquí no haya nada de eso. Yo fui a la que organizó la Universidad de Oviedo preparado para todo, pero luego todo se quedó en una charla de unos muy buenos científicos con datos que ya conocemos relativos al carbono, a la temperatura, etc. Se acabó la charla y todos nos fuimos; eso no es una rebelión, eso ya lo estábamos haciendo antes. Hay que subir el tono y agitar las cosas porque lo que se nos viene encima es un meteorito.

-La afirmación de Peter Kalmus, el científico de la NASA, de que lo que está ocurriendo ya es peor que la película de No mires arriba pone los pelos de punta. ¿Son los políticos los que tienen que tomar las riendas del problema?
-George Monbiot, un zoólogo activista británico que escribe en The Guardian, tiene un análisis en siete puntos conectando lo que está pasando en la guerra de Ucrania con el cambio climático, y una de las patas de su análisis es el poder oligárquico, el poder económico que ostentan grandes empresas, y eso es lo que yo creo que hay que cambiar. Y los únicos que lo pueden hacer son los políticos, pero ¿los políticos tienen tanto poder como ellos? No lo sé.

Parque eólico
La energía eólica gana seguidores como una de las fuentes de energía renovable a potenciar, el debate sobre cómo llevar a cabo su implantación está abierto.

Pero pasa lo mismo con las energías renovables, casi todo el mundo está de acuerdo en que necesitamos la energía solar y la eólica básicamente, que son las que no liberan carbono a la atmósfera, pero ¿cómo lo hacemos? ¿Utilizamos la lógica del beneficio de las grandes empresas?, que es poner mega molinos eólicos en los sitios donde son más rentables y donde van a ganar más dinero. A lo mejor es preferible para la gente poner molinos más pequeños en otros lugares y que no prime la rentabilidad de estas empresas. Que también podamos invertir en que las casas estén bien aisladas, que el dinero vaya a las viviendas de la gente para un menor consumo energético y no darle millones a Capital Energy para que llene todos los cordales del suroccidente de molinos enormes.

“Que el Ministro de Agricultura del Gobierno de España o que el Consejero de Medio Rural del Principado salgan diciendo que la caza es buena para la biodiversidad tiene el mismo nivel de anti ciencia que decir que hay que beber desinfectante”

-¿La única rama que tenemos los ciudadanos es presionar a los políticos para que a su vez pongan freno a los lobbies?
-Sí, pero todo el tiempo estamos viendo las puertas giratorias. Si ves los consejos de administración de las empresas eléctricas de este país ya vemos quienes son, y en el Principado de Asturias no están mucho más lejos. Hay empresarios que pasan de la industria a la dirección general y de la dirección general de vuelta a la industria, esto está pasando en el Gobierno de Asturias.
Los ciudadanos tendríamos algo que decir y yo creo que los políticos sí que son sensibles a lo que piensa la gente, otra cosa es el nivel de convencimiento o de manipulación de la gente. Lo que me preocupa es que no hay ningún partido político en el arco parlamentario que, por ejemplo, hable de incendios en serio. Sin embargo, tenemos un Comisionado para el Reto Demográfico y estamos invirtiendo millones porque hay menos gente en Asturias. En 1900 éramos 600.000 personas y en 1980 se llegó al pico de un millón doscientas mil, se multiplicó por dos en cien años, fue un crecimiento exponencial porque vino gente a vivir a aquí. Ahora está pasando otra cosa, pero yo no veo ningún drama, creo que es bueno. En Asturias cada vez hay menos gente, pero es que en el planeta cada vez hay más, y si el planeta se va al carajo, Asturias se va al carajo con el resto del planeta.

-El cambio climático está en boca de todos, pero los indicadores de lo que se nos viene encima aparecen por muchos otros sectores.
-Sí, tan peligroso como el cambio climático es la crisis de biodiversidad. En los últimos 50 años han desaparecido el 70% de los animales vertebrados salvajes, no de especies sino de número de animales. Estamos al borde del colapso y es un problema global.
Y por ejemplo, en Asturias, permitimos que se cacen las codornices cuando apenas quedan porque alguien piensa que eso da más votos. Algo que observo mucho es el agrotrumpismo, la negación de la ciencia, como cuando Donald Trump decía que había que beber desinfectante para combatir el Covid. Es algo completamente acientífico, pero que el ministro de Agricultura o el consejero de Medio Rural del Principado salgan diciendo que la caza es buena para la biodiversidad porque equilibra ecosistemas tiene el mismo nivel de anti ciencia que decir que hay que beber desinfectante. Cualquier libro de ecología te dirá que la caza tiene unas consecuencias que pueden ser tolerables o admisibles pero no es buena para la biodiversidad. Es una burrada muy gorda. Lo que pasa es que los que nos dedicamos a la ciencia no tenemos diente, no tenemos colmillo y es culpa nuestra. La ciencia es irrelevante, esto mismo pasa en la película de Leonardo DiCaprio, que es buenísima. Cuenta la realidad tal cual solo que lo hace con mucho sentido del humor, pero da un poco de miedo porque la realidad es cruel.

“La película ‘No mires arriba’ es buenísima. Cuenta la realidad tal cual solo que lo hace con mucho sentido del humor, pero da un poco de miedo porque la realidad es cruel”

-¿Se podría pensar que el planeta Tierra presenta un fallo multiorgánico?
-Yo creo que ya estamos ahí. Hay varios indicadores como el de la defaunación, como el de la gente que está midiendo el hielo, los que están midiendo el permafrost o los de la gente que mide la pesca en los océanos. Todos los modelos indican que no va a haber pesquerías comerciales en 2048 o 2050 porque están colapsando todas una detrás de otra. Y respecto al cambio climático, todos los modelos que se han hecho en el tiempo -llevamos 30 años estudiándolo-, están acertando todo lo previsto para el peor de los escenarios.

-Un indicador que seguro conoces más de mano es la alarmante pérdida de insectos. ¿Qué va a pasar cuando se produzca el colapso?
-Es escalofriante, pero estamos hablando de colapso de ecosistemas enteros. Miguel Delibes, el hijo del escritor, es un gran comunicador y siempre ponía de ejemplo de ecosistema a un lavavajillas que funciona bien, pero un día al barrer la cocina encuentras un tornillo en el suelo que no sabes de dónde ha salido. Como el lavavajillas sigue funcionando tú sigues usándolo, otro día encuentras una chapita, otro día un trozo de una goma, pero sigue funcionando hasta que un día empieza a echar el agua fuera y te inunda la cocina. Esto mismo ocurre en los ecosistemas, pueden ir perdiendo piezas y aguantan muchos impactos, pero llega un momento en el que ya no pueden más y se colapsan. Ya hay muchos ecosistemas que están colapsando y lo que se predice es que va a haber muchos más, con lo cual dejaremos de recibir los servicios que nos dan. Uno de ellos es la polinización, fundamental en nuestro sistema de producción de alimentos. Lo que va a pasar es que las cosechas cada vez irán peor y empezará a haber hambrunas. Y no creo que haya que esperar a la época de mis nietos, nosotros las veremos, ya se están viendo. Esto va a generar conflictos entre humanos.

Polinización
La acción combinada de cambio climático y actividad agrícola está reduciendo drásticamente las poblaciones de insectos, fundamentales en la polinización.

-¿Qué se puede hacer frente a esto?
-Siempre se puede hacer algo a nivel local, desde luego no remar en dirección contraria. El asunto de las pesquerías, por ejemplo, me parece tremendo. Vemos que en Japón están pescando atún y se paga muchísimo por él, pero es que en Asturias estamos pescando angula que está en peligro de extinción en todos los listados internacionales. Nosotros estamos capturando las larvas cuando la única posibilidad de reproducirse son esas angulas que entran en los ríos. Lo siento porque es algo muy tradicional y a mi güela le gustaban mucho, pero no podemos seguir pescándolas.

-¿Qué opinas de la evolución del salmón en Asturias?
-Los números dicen que el salmón podría estar en todos los listados de especie amenazada y aquí seguimos pescándolos a todo lo que da. Los pescadores se quejan de las restricciones, pero si multiplicas el número de licencias por el número de capturas que puede hacer cada pescador salen más salmones que los que se pescaron nunca en Asturias. Hay 50.000 licencias y cada pescador puede coger 3 o 4 al año. Al final, se pescan todos los salmones que se pueden pescar y luego los que no se pescan se sacan del río para coger los huevos y llevarlos a una piscifactoría que gestionan los pescadores. Y es un horror porque el Principado ha cedido la gestión a los pescadores, pero ¿dónde está la ciencia? En la Universidad hay muchos estudios sobre salmones, truchas… y se ignoran totalmente.

“Los pescadores se quejan de las restricciones, pero si multiplicas el número de licencias por el número de capturas que puede hacer cada pescador salen más salmones que los que se pescaron nunca en Asturias”

-¿El control de depredadores como el cormorán o la suelta de alevines tampoco son una solución?
-En estos años les han disparado a miles de cormoranes y se han soltado millones de alevines de salmón y los números de salmones siguen bajando. Si lees los artículos, verás que eso no funciona, pero en Asturias reinventamos la rueda todo el tiempo. Es humano echar las culpas fuera, a los cormoranes, y no querer pensar que tú tienes la responsabilidad por la forma de hacer las cosas. A los políticos hay que pedirles honestidad: que analicen el problema y vean qué medidas hay que tomar.
Hay que pensar que estamos matando a los individuos que van a reproducirse, justo a los que han logrado sobrevivir a todo el ciclo. Los que han ido al mar del Norte a engordar, luego han vuelto, han remontado el río y ya están preparados para reproducirse, a esos son los que nosotros pescamos y nos cargamos. Vamos a dejar de pescarlos un tiempo, cinco años, que es lo que dura más o menos un ciclo entero y a ver qué pasa, a lo mejor luego se llena otra vez el río de salmón.

-¿Se antepone lo local a la visión global del ecosistema en conjunto?
-Claro, esa idea es básica pero probablemente no la estamos comunicando bien porque no funciona. Pensar en los temas globales y actuar en lo local es la forma de comportarse; lo contrario es la definición del paletismo, de no ver más allá de tu pueblo. A un político hay que exigirle más pero no veo a ningún partido político exigiendo estas cosas en nada. Es una visión cortoplacista, supongo que es lo normal en alguien que tiene que renovar cada cuatro años.

La Tierra explotada por el petroleo-En la última manifestación de científicos pudimos ver muchos carteles con el lema: rebelión o extinción.
-Los humanos no nos vamos a extinguir, al menos en muchos siglos, porque somos muchos, pero lo que sí va a pasar es que, o nos rebelamos, o nuestra forma de vida va a colapsar. En el contexto de cambio climático, Antonio Turiel, un tipo muy inteligente especializado en el agotamiento del petróleo y los combustibles fósiles, dice que el decrecimiento es inevitable. Que podemos decrecer en cuanto a consumo por las buenas o por las malas, pero que vamos a decrecer seguro. La cuestión es que según va pasando el tiempo cada vez tenemos menos opciones de que esto ocurra por las buenas, y cuando colapsen los ecosistemas consumiremos menos porque habrá menos que consumir. Pero también podemos decidir que vamos a consumir menos energía, menos naturaleza. Si consumimos productos de proximidad, si consumimos menos carne y pescado y nos alimentamos más con alimentos basados en vegetales, estamos causando mucho menos impacto a la naturaleza. El problema es que uno de los objetivos ODS de la agenda 2030 habla de crecimiento económico, pero esta es una lógica equivocada. En el famoso artículo que publicamos en 2019 11.000 científicos avisando a la humanidad ya se decía que hay que dejar de medir las cosas en PIB. No hay crecimiento infinito en un planeta finito.

“A base de utilizar cantidades bestiales de fertilizantes químicos estamos matando los océanos, y pensar en buscar una tecnología milagrosa no va a funcionar porque esto es un problema de civilización”

-En la lucha contra el cambio climático también hay iniciativas como la geoingeniería solar, con propuestas novedosas como inyectar aerosoles en la estratosfera. ¿Tiene sentido utilizar la tecnología de esta forma?
-Evidentemente la tecnología puede ayudar tanto para producir como para ahorrar energía, pero no existen estas grandes soluciones milagrosas y es un peligro pensar así. Cuando Thomas Malthus decía que la población estaba creciendo muy rápido y que la producción de alimentos no podía ir tan rápido no llegábamos a mil millones de personas en el planeta, ahora ya estamos en ocho mil. La revolución verde y la tecnología de fertilizantes y pesticidas hizo que las cosechas aumentaran mucho y que no hubiera hambrunas, pero las consecuencias las estamos pagando ahora. A base de utilizar cantidades bestiales de fertilizantes químicos estamos matando los océanos, y pensar en buscar tecnologías milagrosas no va a funcionar porque esto es un problema de civilización.

-¿Un pequeño grupo de científicos podría cambiar el mundo?
-El conocimiento existe, y hay quien decía que una de las partes positivas de la pandemia global es que se demostró que la gente está dispuesta a asumir cambios importantes en su forma de vida. Estuvimos metidos en casa y mayoritariamente la gente lo aceptó muy bien. Yo creo que la sociedad cada vez está más preparada para aceptar un cambio, pero hace falta que alguien lo proponga. El conocimiento está ahí ya desde hace tiempo, es ya una cuestión política y es muy difícil cambiar un modelo económico.
En el manifiesto de la rebelión de los científicos una de las cosas que se decía es que esta transición justa hacia otro modelo va a costar mucho dinero. Y que como un 1% de la gente más rica del planeta cada vez gana más dinero, pues esa gente es la que tiene que pagar. Es un vuelco muy grande a nuestra forma de pensar, pero tiene que ir por ahí.

“Falta compromiso de verdad, pero esto es difícil, hay que tener huevos para hacerlo y los políticos no los tienen”

-¿Está más que comprobado que las cumbres internacionales frente al cambio climático son papel mojado?
-Claro, todo el mundo hace el paripé y dice que está comprometido pero luego, nada; es como lo que ocurre en la Universidad de Oviedo. En la rebelión de los científicos de Oviedo yo subí un poco el tono porque el que había era muy poco emotivo, como pasa siempre. Dije que podíamos seguir aburriendo a la gente dando charlas y poniendo gráficas o que podíamos ir a pedirle al rector que deje de apoyar la iniciativa de biomasa que financia Hunosa y que además lleva el escudo de la Universidad de Oviedo. Este proyecto lo que propone básicamente es que en las térmicas donde se está quemando carbón se queme biomasa, es decir, árboles. Las estimaciones indican que, en ocho años, queman Asturias entero porque no hay biomasa suficiente para una térmica. Los restos de la agricultura y de los desbroces solo dan para cinco minutos en una instalación de ese tipo. Además, no tiene ningún sentido quemar madera para producir electricidad. Liberar en un segundo el carbono que los árboles están capturando de la atmósfera es aberrante. Hay una carta de cientos de científicos a la presidenta de la UE, al presidente de EEUU y al de China diciendo que la biomasa no es la solución, porque en realidad agrava el problema. Libera carbono y además destruye ecosistemas, justo los dos problemas principales que tenemos. Pero el Principado de Asturias dedica unos cuantos miles de millones para apoyar el eje de la biomasa. ¡Señores, hay que hacer algo! Falta compromiso de verdad, pero esto es difícil y hay que tener huevos para hacerlo y los políticos no los tienen. A mí me gustan mucho los movimientos tipo Greta Thunberg, aunque me da un poco de vergüenza que con tantos años en ecologismo tengan que venir unos chavalinos a decirte ‘oye que hay que hacer algo ya’. Probablemente el futuro y la esperanza está ahí, en las generaciones que vienen, creo que tienen la cabeza mucho mejor puesta que como la teníamos nosotros.

Manifestación Friday for Future

-¿Qué hace falta para que los medios de comunicación presten más atención a vuestras palabras?
-Creo que hay dos patas, por una parte los científicos somos muy malos comunicando. ¿Cómo esperas que la prensa informe de un acto si no se entera antes de que vas a hacer algo? El periódico londinense The Guardian sí que está informando de todas estas cosas. El otro día unos cuantos activistas pararon un camión cisterna en el centro de Londres y se armó la de dios porque la zona centro se atascó. Fue una desobediencia civil, pero cuando los bajaron ya había un atasco de la leche y ellos avisaron a The Guardian para que hubiera un fotógrafo allí. Aquí a veces la comunicación falla. También es verdad que este tipo de mensajes muchas veces no interesan, a veces los medios no pueden escribir contra ciertas empresas porque les pueden cerrar el periódico, pero si armas una buena habrá medios que no lo tapen y hablarán de ti, aunque sea mal.
Predicar para los que ya están de acuerdo contigo no vale para nada. Si voy a una reunión de ecologistas y todos salimos dándonos palmadas en la espalda, no sirve para nada. A mí me gustaría poder hablar en una convención del PP, obligarles a que me escuchen. Y me vale también la FSA, la Federación Socialista Asturiana, que me escuchen, cerrar las puertas como en Malditos Bastardos de Tarantino y que me dejen hablar. Yo no los quemaba, pero sí les obligaba a escucharme durante cuarenta y cinco minutos.

“Si voy a una reunión de ecologistas y todos salimos dándonos palmadas en la espalda, no sirve para nada. A mí me gustaría poder hablar en una convención del PP, cerrar las puertas como en ‘Malditos Bastardos’ y obligarles a que me escuchen”

-Un tema espinoso del que seguro tienes algo que añadir es la gestión del urogallo.
-Esta gestión ha pasado a lo esotérico porque ya no se sabe quién la hace, igual que la del lobo. Antes la hacían las comunidades autónomas y ahora se habla del “155 del urogallo”, le quitaron la capacidad a las comunidades autónomas y los urogallos se están extinguiendo. Cada vez hay menos y lo que se propone es una gestión del siglo XIX, lo mismo que con los salmones: matar depredadores sin saber si realmente son el problema y luego crear una granja y repoblar. El problema es que las cosas que habría que hacer por el urogallo no estamos dispuestos a hacerlas. Por ejemplo, uno de los mejores hábitats del urogallo es el entorno de Muniellos, pues allí organizamos una carrera con 700 corredores que va no solo por donde camina el oso, sino que también atraviesa varios cantaderos de urogallo, pero como esto es bueno para la economía, para los hoteles, el turismo… Lo que habría que hacer es asumir que no nos importa que se extinga el urogallo, pero claro habría que tener valor para eso. Para mí, esta administración que tenemos ahora es la más radical que he visto en la ignorancia activa de la ciencia. Se hacen cosas del nivel como decir que hay que beber lejía. Es como si obviaran todo lo que tiene que ver con lo ciencia, me parece algo muy sorprendente.

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