Yolanda Lobo Arranz. Movimiento Cincuenter. “Si no puedes tú sola, aquí estamos las demás”

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Yolando Lobo Arranz
Yolando Lobo Arranz / Fotos cedidas por Y. Lobo
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Fue el alma mater de La Santa Sebe, un local de copas pionero de la movida de los años 80 en Oviedo. Yolanda Lobo Arranz es hoy en día una mujer que ha aprendido a vivir de día y que se ha reencontrado con ella misma tras tener que transformar su vida. Ahora está al frente de “Cincuenter”, un movimiento que quiere inspirar, conectar y ayudar a mujeres de más de cincuenta años; un movimiento que establece vínculos entre mujeres y que pretende ser un punto de encuentro para todas aquellas que quieren seguir dando guerra.

Estudió Historia pero nunca llegó a ejercer porque su verdadero deseo era ser periodista, aunque para eso tenía que haberse ido a Madrid y en su casa le dijeron que no. Así que se quedó en Oviedo y acabó regentando La Santa Sebe en un momento en el que las mujeres no hacían esas cosas. «La Santa» fue un espacio en el que se respiró libertad; para muchos era una vía de escape, para otros una isla en la que ser uno mismo sin tener que aguantar miradas indiscretas o sentirse juzgado. Durante casi treinta años, se convirtió en el epicentro de la movida ovetense y por sus noches pasaron todo tipo de artistas de las disciplinas más variadas. “Fue una inconsciencia y supuso un cambio muy radical -recuerda Yolanda-. Veníamos de un ambiente universitario, éramos más de militancia política y de pronto te ves en la noche. Creíamos que podíamos con todo”. ¡Y vaya si pudieron!

Tras echar el cierre en el 2014, su vida se desestabilizó y tocó pararse para preguntarse una y otra vez qué hacer, hacia dónde dirigirse y sobre todo encontrar algo que otorgase un sentido a toda su experiencia de vida. Así surgió Cincuenter.

-¿En qué se convirtió ese espacio?
-Si eres muy moderno y coges un local puedes convertirlo en algo así, pero nosotras veníamos del mundo de la militancia. Esa fue la herencia que nos dejaron y creo que hubo una fusión natural que hizo que La Santa se convirtiera en un espacio muy especial porque hacías fiestas solidarias que deberían ser más típicas de otros lugares, y esto se alternaba con cosas más modernas. Esta fue la buena mezcla de La Santa, junto con que tu propia militancia feminista y política en general te llevaba a exigir unos comportamientos. Sobre todo de respeto a todo, y esto marcaba otra diferencia. No era el típico bar donde se servían copas, bailabas y te ibas. También dejabas que la gente creara y facilitabas ese aspecto allí, todo era como una evolución natural de nuestras propias cabezas; gente que no se comportaba la echabas del local, no primaba el cuánto vendo sino cómo lo hago. Ahí éramos muy inflexibles y eso nos costó disgustos.

“A La Santa Sebe, las mujeres venían solas porque era un espacio donde sabían que estaban seguras. Podía haber una chica en la barra disfrutando de una copa sin necesidad de estar esperando a un baboso”

-Un local diferente regentado por mujeres…
-Ya era punto y aparte que fuésemos nosotras las que estábamos al frente de un local como este. Mujeres que les decían a los porteros cómo tenían que hacer su trabajo, que negociaban con proveedores que siempre preguntaban por el dueño, que echaban a la gente del bar o ponían firme a quien hiciese falta. Siempre había guerras, pero eran muy satisfactorias porque ibas ganando pequeñas batallas cada día. Piensa que teníamos 25 años, había gente trabajando para nosotras, familias a nuestro cargo, así que todo eran responsabilidades que asumías.
A La Santa, las mujeres venían solas porque era un espacio donde sabían que estaban seguras. Podía haber una chica en la barra disfrutando de una copa sin necesidad de estar esperando a un baboso. Venían muchos a los que les gustaba estar solos y no querían llamar la atención. A mí esa gente me gustaba muchísimo porque los veías muy tranquilos. Además, por las noches siempre pasaba algo: cuando no había una actuación, uno acababa de sacar un disco o un libro y montaban allí la tertulia. Y los lunes, que era el día del espectador, la gente venía del cine y comentaban allí la película. Yo creo que este tipo de cosas es muy difícil que pasen ahora. Esas noches ya no existen.

-¿Cómo fue el tránsito de vivir de noche a hacerlo de día?
-Terrible, fue como quedarse sin suelo. Además de convivir con un problema de alteración del sueño, tuve que cambiar mis hábitos en todos los sentidos. Entraba en casa a horas en las que antes salía y era como un trastorno mental. Los fines de semana, que era cuando más trabajaba, los tenía libres y podía hacer planes con la gente. También supuso un cambio profesional porque yo no era una hostelera típica. Esto me hizo plantearme a dónde iba y qué quería hacer. Supuso muchas horas de reflexión, de hacerme preguntas, porque tampoco me podía permitir quedarme con los brazos cruzados.
A mí siempre me gustó la programación cultural, la organización de eventos, y a base de quitar paja, me encontré. Pensando en lo que podía ofrecer, me di cuenta de que era una mujer de más de cincuenta que llegaba a esa edad con muchas cosas. Supuso comprender que muchas de nosotras no nos conformamos, ni rendimos, que buscamos nuestro espacio, que es el que habíamos conquistado.

“Durante La República fuimos la vanguardia de Europa y ahí te das cuenta de que si las que vivieron antes que nosotras no hubieran hecho todo ese proceso de lucha feminista, no estaríamos aquí ahora”

Yolanda Lobo Arranz

-¿Qué es Cincuenter?
-Es un movimiento multidisciplinar que tiene como objetivo inspirar, conectar y ayudar a las mujeres de más de cincuenta años. Trabajamos en proyectos artísticos, eventos y contenido editorial. Vamos a tener el segundo encuentro para poder compartir lo que hicimos durante todo el año y proyectos que queremos poner en marcha. Ahí queremos invitar a mujeres que nos cuenten lo que han hecho y lo que van a hacer, juntarnos y compartirlo. ¡Es guapísimo!
Cincuenter está teniendo un feedback estupendo, están encantadas porque se sienten muy identificadas. Igual que antes La Santa era un sitio donde la gente entraba y creaba, con Cincuenter estoy logrando lo mismo en una cosa más etérea.
También puse en marcha la marca Muy Santa. Quería que fuese un paraguas para acoger todo lo que se hacía en local, pero ha quedado ahí como una cosa más especial, reservada y con proyectos muy guapos que tengo ahí.

“Hay una obligación moral de reivindicar y agradecer a las que vinieron antes lo que hicieron y las cincuenter tenemos que pasar ese relevo, ser el referente y ese punto al que se puedan dirigir otras mujeres”

-¿Cómo sería la sociedad actual sin todas esas mujeres que dieron un paso al frente?
-Creo que sería una sociedad muy anclada en el blanco y negro. Hay un documental que quiero traer a Cincuenter que se titula Por ser mujer, de Julia León y Luisa Postigo. Lo que se cuenta ahí nos pasó a muchas mujeres: piensas que si tú eres más moderna que tu madre, tu madre tendría que ser más moderna que tu abuela. Pero luego te dabas cuenta de que tenías más afinidad con tu abuela, porque la generación que vivió el franquismo dio un paso atrás tremendo con respecto a la de La República. Ellas se desarrollaron en una sociedad muy avanzada. Acuérdate que teníamos ley del divorcio, del aborto, se intentaba alfabetizar a todo el mundo, había mejoras salariales… Durante La República fuimos la vanguardia de Europa y ahí te das cuenta de que, si las que vivieron antes que nosotras no hubieran hecho todo ese proceso de lucha feminista, no estaríamos aquí ahora. Y utilizo la palabra feminista porque parece que ahora te miran raro si la usas y sí, es lo que somos. Tú estás trabajando gracias a ellas porque si no estarías en casa, aguantarías malos tratos, no te podrías separar porque estaría prohibido, tendríamos todavía la ley de adulterio… Ahora nos quejamos de cosas, pero hay que pensar que yo tenía que pedir permiso para abrir una cuenta en el banco y no hace tanto de esto. Los derechos no caen del cielo, los avances vienen porque estás empujando, pero en cuanto crees que los tienes ganados y te pones a bailar, los pierdes. ¡Cuidado con confiarse! En España estábamos viviendo en La República y quién les iba a decir que los que celebraron con euforia su llegada, al poco tiempo, iban a estar viviendo una Guerra Civil con tanta sangre, retroceso y tantos años de silencio y sometimiento.

“Tenemos mucho que decir pero desde la serenidad, la experiencia y las ganas de vivir”

Beatriz Rico y Minerva Piquero en uno de los encuentros Cincuenter
Beatriz Rico y Minerva Piquero en uno de los encuentros Cincuenter

-¿Las Cincuenter son o deberían ser los referentes de las generaciones que vienen?
-Tengo muy claro que sí. Hay una obligación moral de reivindicar y agradecer a las que vinieron antes lo que hicieron y las cincuenter tenemos que pasar ese relevo, ser el referente y ese punto al que se puedan dirigir otras mujeres. También tenemos una responsabilidad muy grande con las post cincuenter con lo que se está viviendo ahora en relación con las fake news y toda la intoxicación informativa que hay. Nuestras madres son de las de “lo dijeron en la radio, lo vi en la tele y eso es verdad”. Es muy exagerado porque pones algo en las redes, lo repites mil veces y eso se acaba convirtiendo en una verdad. Tenemos mucho que hacer, sobre todo porque estamos activas, algunas al frente de medios de comunicación, empresas o negocios. Estamos en un momento en el que tenemos mucha influencia.

-¿Qué tienes a los cincuenta que no tienes a otras edades?
-Tienes serenidad por mucho que digan que estas alterada. Me puedo calentar los primeros diez minutos, pero como tengo muchas más herramientas resuelvo las cosas o las relativizo. Tengo otra forma de afrontar la vida. Es verdad que físicamente puedes estar un poco peor, tienes achaques distintos, pero, por ejemplo, ya no tenemos la regla y las que lo pasábamos mal porque eran dolorosas estamos felices. Yo me puse muy contenta cuando tuve la menopausia y no viví ese trauma que te meten en la cabeza. Tomémoslo como lo que es: una liberación.
Llegas a esta fase muy orgullosa y te das cuenta de que no estamos amortizadas. ¿Pueden permitirse el lujo de no utilizarnos? ¿Todo lo que tenemos no lo quieren? Pues nosotras sí lo queremos, queremos nuestro sitio y nos vamos a quedar ahí para enriquecer a la sociedad. Que lo vayan entendiendo para lo bueno y para lo malo. Tenemos mucho que decir, pero desde la serenidad, la experiencia y las ganas de vivir.

“Ahora me atrevo a hacer casi todo y me estoy quitando lastres de cosas que no hice por miedo”

Yolanda Lobo Arranz
Foto: Beatriz Montes Photographer

-¿Qué te atreves a hacer ahora que no hacías con veinte o treinta?
-Ahora me atrevo a hacer casi todo y me estoy quitando lastres de cosas que no hice por miedo. La verdad es que siempre fui una mujer miedosa para las cosas cotidianas. Podía estar dando la cara por la noche en bar y en algo doméstico me arrugaba. Ahora me digo que de eso nada, tiro para adelante. ¡Claro que puedo! Me he dado cuenta de que soy capaz y de que ya me lo demostré mil veces a mí misma, que es a quien se lo tengo que demostrar.
Además, otro mensaje que queremos mandar la cincuenter, es que si no puedes tú sola, aquí estamos las demás. Tira de nosotras.

-¿La fuerza se encuentra en el yo o en el nosotras?
-Podemos hacer mucho juntas porque hay experiencia para ello y, si tú no puedes o no te atreves sola, estamos contigo para hacerlo. Ahora somos nosotras las que lo podemos hacer, además bien y con mucha justicia, siempre tirando hacia delante. Es lo que siempre se dice de tejer redes. Los hombres lo hicieron y por eso todo les favoreció más.
En la web y en la app que estamos preparando, lo que queremos es que cualquier mujer pueda escribir el proyecto o la circunstancia que tenga y seguro que va a encontrar, sobre todo, referentes que le muestren el camino. No hay que tener miedo porque estamos en el mejor momento de nuestra vida y quien no lo sienta así es muy libre, pero que no nos vendan la moto y nos digan que por tener cincuenta años ya no valemos. El mejor momento de tu vida es el que estás viviendo, porque es único e irrepetible. Yo me encuentro con una vida detrás que me respalda y me enriquece.

“Podemos hacer mucho porque hay experiencia para ello y si tú no puedes o no te atreves sola, estamos contigo para hacerlo”

-He leído que tú a la vida no le echas cojones sino tacones. ¿Se llega más lejos así?
-¡Claro que sí! Fíjate que gesto tan guapo, efectista y con tanto poderío fue cuando las mujeres se quitaron los tacones en la alfombra roja. Ahora te pones los tacones cuando te da la gana, pero no porque te lo impongan. ¿Has visto a las mujeres mayores qué felices van con sus playeros? Si te gustan los tacones, póntelos, pero no estés esclava de ellos y llegues llorando a casa del dolor de pies porque tienes la obligación de llevarlos. Yo me los pongo y se los echo a la vida, pero la pisada la hago yo como quiera. Fue un gesto simbólico, igual que cuando comenzaron a quitarse las vestimentas supresoras, aquellos corsés o faldas que impedían el movimiento y hacer muchas cosas que hacían los hombres. Cuando las mujeres empezaron a ponerse pantalones y a liberarse de todo aquello, comenzaron a tener acceso a más cosas.
Las canas son otro símbolo. Muchas mujeres se las dejan porque les da la gana y porque les representan. Quien se quiera teñir que lo haga, pero quien no lo quiera hacer, que se sienta libre de no tener que ir constantemente a la peluquería porque la sociedad se lo impone. Las llevas y con todo el orgullo del mundo.

-¿Deberíamos educar en la libertad de ser?
-Sin ninguna duda. ¿Sabes cómo se solucionan todos los problemas? Con educación. Si tuviéramos claro este principio tendríamos una sociedad mucho más sana. Que tú crezcas viendo a tu abuela, tu madre, tus tías o tus referentes femeninos viviendo liberadas cambia mucho las cosas.

“El mejor momento de tu vida es el que estás viviendo, porque es único e irrepetible”

-¿Es más importante tu libertad que lo que piensen los demás?
-Que los demás piensen lo que les dé la gana. Nunca vas a hacer las cosas a gusto de todo el mundo y además ¿por qué tienes que hacerlo? Mientras no hagas daño a nadie haz lo que tú consideres que debes hacer, pero siempre desde el respeto. Siempre estamos con el mantra de “qué va a decir la gente”. En realidad, ¿tú qué sabes lo que está viviendo cada uno, lo que sucede dentro de cada persona para juzgar lo que hace? ¿Tienes todos los datos para poder opinar?

-¿Estamos preparados para la diferencia?
-Deberíamos estarlo, tendría que ser una asignatura obligatoria. Tenemos que tener los mismos derechos, las mismas oportunidades, pero no somos uniformes; no hay un pensamiento ni una forma de vida única. Existen diferencias evidentes, pero hay otras internas tan importantes y determinantes como las que vemos. Hay que educar en la diferencia, en la variedad, en los colores, en las formas… todas enriquecen y para todas hay espacio siempre que haya respeto y valores. No vale decir ‘estoy aquí y lo mío es lo mejor’.

“Hay que educar en la diferencia, en la variedad, en los colores, en las formas…”

-Con todo lo que está pasando últimamente, ¿avanzamos o retrocedemos?
-Existe un retroceso evidente, pero no general. Hay un movimiento pendular, pero hay que estar muy atentos y no relajarse. Ya se emiten series de gays, hay presentadoras lesbianas o a tu médico le preguntas por su marido, pero ahora que se consiguió visibilizar las diferencias, hay una parte de la sociedad que, tristemente, canaliza su frustración por esa vía. Siempre dije eso de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Existe mucha gente gay y personas que visibilizaron muy decentemente su condición sexual, pero también hay un sector, que no sé ni como definirlo ideológicamente, que es frente al que hay que posicionarse y decir no.
Es importante destacar la importancia de la cultura en este momento que estamos viviendo. Te lo dice todo el mundo y es palpable que una sociedad, cuanto más culta sea, menos problemas tendrá.

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