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lunes 9, febrero 2026

Asturias con Gaza

Gaza resiste entre escombros y desplazamientos sin fin. Desde Asturias, llegan gestos que no hacen ruido, pero sostienen: voces atrapadas en los campos, ayuda directa sobre el terreno y una red civil que no se detiene. Este reportaje muestra cómo el pequeño territorio astur intenta responder a esta gran herida abierta.

“En una tienda de campaña sólo un trozo de tela te separa de la muerte”

Hamdy Abu Sido, fotógrafo gazatí
Hamdy Abu Sido / Foto cedida por H.A.S.

Para Hamdy Abu Sido, el invierno, que antes era una estación querida, se ha convertido en una amenaza diaria: “Imagina despertar y ver que tu carpa ha volado de repente”, dice. Él y su familia quedan de pronto expuestos a la lluvia, al viento, a ese frío que cala hasta los huesos. El agua se filtra por la lona y empapa las mantas, la harina, el pan. En esas noches –explica–, uno no sabe qué decisión es menos terrible: salir y enfrentarse a la tormenta o quedarse dentro, “nadando en el agua hasta el amanecer”. Lo que un día fue belleza, hoy es terror.
La vida en el campamento de Khan Younis (suroccidente de Gaza) se reduce a sobrevivir. Cada mañana comienza con una caminata larga y agotadora para cargar agua salada, la única disponible para la limpieza. Después, otra carrera para conseguir un poco de agua potable. El resto del día se va en recolectar leña, una tarea extenuante en invierno, sobre todo cuando está húmeda. Todo ese esfuerzo para poder cocinar algo o encender un fuego que apenas consigue templar el aire helado que rodea las tiendas. Mantener el ánimo es casi una hazaña. “Vivir así te empuja al colapso en cada momento”, confiesa Hamdy. Pero los adultos fingen fortaleza por los niños. Les dicen que lo mejor está por venir, los animan a jugar, a dibujar. Aun así, los pequeños ya han aprendido demasiado. “Han crecido antes de tiempo debido a los horrores de la guerra; saben que sólo intentamos tranquilizarlos, porque nada cambia a su alrededor”.

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Los más pequeños de su familia han perdido la infancia. Reconocen los tipos de misiles y el sonido de los aviones mejor que los nombres de sus juguetes. Su mundo está hecho de telas frías, de noches en vela, de un deseo tan simple como inalcanzable: dormir una sola noche sin bombardeos, sin el frío que “carcome sus pequeños cuerpos”.

La violencia es una presencia constante, incluso cuando parece que todo está en calma. Hamdy recuerda lo ocurrido hace apenas un mes: un joven del campamento fue asesinado mientras dormía. Su madre lo encontró por la mañana, cubierto de sangre. Una bala perdida se había alojado en su cuello. Murió al instante.

A ese miedo se suma el recuerdo de la hambruna, una herida que sigue abierta. “Solíamos comprar un kilo de harina por 60 dólares y dividirlo entre 13 personas”, cuenta. La experiencia lo marcó profundamente. “Es lo más horrible que he vivido. Cada vez que recuerdo cómo vivíamos entonces, lloro. Como lo estoy haciendo ahora”. La comida se convirtió en un arma. “Nos trataron como animales; de repente decidieron cortarnos la comida y obligarnos a ir a las trampas mortales a buscar harina”. Muchos murieron en ese camino, personas que él conocía. “Hay historias trágicas de ese período que, si quisiera escribirlas todas, llenarían volúmenes”.

En su voz no hay dramatización, solo la crudeza de lo vivido. Una vida suspendida entre el frío, el hambre y la violencia, sostenida únicamente por la voluntad de resistir un día más.

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Un techo para Gaza: cuando la ayuda también sostiene el alma

Sobre el terreno, una asturiana ha puesto en marcha una novedosa forma de ayudar al pueblo palestino a través de la ONG Hope Palestina.

Amaya Ferrer, fundadora de Hope Palestina
Amaya Ferrer, fundadora de Hope Palestina / Foto: Amaya Ferrer

Hamdy Abu Sido habla desde una tienda que no detiene el frío ni las balas. Dice que conoció a Hope Palestina y a su directora, la asturiana Amaya Ferrer, “por casualidad, o quizás por destino”. Desde entonces, la organización se ha convertido en un punto de apoyo en medio del caos. “Nos han dado una voz en un mundo que parecía habernos olvidado. Nos han devuelto la sensación de que no solo somos números”.

Ese es el origen de “Un techo para Gaza”, la campaña que Amaya impulsa desde Andorra que es donde reside en la actualidad. No busca adhesiones políticas. Busca que se entienda algo básico: en Gaza, miles de familias viven bajo lonas que no protegen de nada. “La mayoría está en tiendas improvisadas, estructuras inestables que no ofrecen ninguna protección real”, explica. El invierno convierte esas tiendas en lugares donde el agua entra, las mantas se empapan y las pertenencias desaparecen con cada tormenta. “Desde Hope Palestina les ayudamos a alquilar una habitación o una vivienda para que puedan vivir dignamente y rehacer sus vidas. No hablamos de casos aislados, sino de una realidad cotidiana. Para sufragar estos alquileres necesitamos a personas que se comprometan a ayudar económicamente con lo que puedan. La especulación -debido a la escasez de locales- ha elevado mucho el precio de los alquileres”, lamenta Ferrer. Quien quiera colaborar puede hacerlo a través de su web: hopepalestina.com

La campaña intenta ofrecer lo mínimo: un techo digno. Para Hamdy, ese cambio sería una frontera. “Sentiría que recupero mi humanidad. Una tienda no se puede embellecer; un hogar es protección y dignidad”. Hace unos días encontró una bala incrustada en el tanque junto a su carpa. “En una tienda, solo un trozo de tela delgada te separa de la muerte”.

Imagen aérea de la destrucción que asola Gaza
Imagen aérea de la destrucción que asola Gaza / Foto: H.A.S.

El programa de apadrinamiento asigna a cada persona una familia concreta. El contacto directo es opcional. El apoyo permite mejorar el refugio, conseguir mantas térmicas, ropa de abrigo, alimentos o atención médica básica. Pero también ofrece algo que no se ve: continuidad. La certeza de que alguien está ahí.

Ahí es donde Hope Palestina se diferencia. “La red que hemos creado no se limita a la ayuda física”, dice Amaya. Meses viviendo en tiendas, bajo frío extremo y pérdidas constantes dejan heridas profundas. “Muchas familias lo expresan así: ‘Lo peor no es el frío, es sentir que nadie se acuerda de nosotros’”.

El acompañamiento emocional es parte del trabajo. Amaya recibe llamadas en momentos límite. “Me han llamado para despedirse: ‘No sobrevivimos, está el ejército aquí’”. En esos instantes, su tarea es sostener, guiar a la persona para que vuelva al presente. Con Hamdy, ese vínculo se ha vuelto cotidiano. A veces hablan de películas o libros. Otras, él le envía fotos de pájaros. Antes de la guerra era fotógrafo; sigue buscando belleza en medio del ruido.

Amaya utiliza técnicas de anclaje: pedirle que describa lo que ve, que nombre un detalle, que se aferre a algo concreto mientras los disparos suenan fuera. “No solo es poner el cuerpo a salvo; también la cabeza, el corazón y el espíritu”. Para eso escribió un manual de 60 páginas, traducido al árabe, con herramientas para gestionar crisis, duelos y ataques de pánico durante los bombardeos.

“Al final somos la misma familia”, dice. Y en Gaza, donde una tienda puede volar con el viento o ser atravesada por una bala, esa red humana es, a veces, el único refugio que queda.

Uniovi por Palestina: cuando una universidad decide mirarse al espejo

Las formas de ayudar a la población son muchas. Un grupo desde la Universidad ha decidido plantar cara a la tibieza y el doble rasero de la institución, al tiempo que colaboran con otros colectivos que luchan por la misma causa.

Beatriz Fernández, miembro de la plataforma Uniovi por Palestina
Beatriz Fernández, miembro de la plataforma Uniovi por Palestina / Foto: Uniovi por Palestina

La iniciativa nació en 2024, unos seis meses después del 7 de octubre. En la Universidad de Oviedo, estudiantes, profesorado y personal de administración llevaban tiempo participando en plataformas externas, pero dentro del campus no había un movimiento propio. La chispa llegó con una noticia publicada en Nortes: la Universidad participaba en el Proyecto Tiche, un programa de investigación vinculado a la mayor empresa israelí de defensa. “No sabíamos nada”, recuerda la profesora universitaria Beatriz Fernández, miembro de la plataforma. Aquello aceleró lo que ya venía gestándose: “Dijimos: tenemos que organizarnos”.

La primera reunión reunió a perfiles muy distintos: alumnado, docentes y personal técnico. De ahí surgió Uniovi por Palestina con un objetivo inmediato: que la Universidad abandonara ese proyecto. No lo han logrado. En 2025, el Consejo de Gobierno votó continuar. “No es tanto por el dinero —unos 300.000 euros— como por lo simbólico”, explica Beatriz. Habla de un doble rasero institucional: comunicados tibios, gestos puntuales y, al mismo tiempo, colaboración con una empresa armamentística implicada en la guerra. “En la fachada del edificio histórico hay una frase de Gandhi: ‘No hay camino para la paz, la paz es el camino’. Y luego está esto”.

El grupo comenzó con concentraciones semanales en todos los campus. Con el tiempo, el cansancio obligó a ajustar el ritmo: ahora se concentran el último miércoles de cada mes. Además, organizan charlas, debates y participan en actos convocados por otras plataformas. El primer acto que organizaron fue una conexión en directo con una conferencia de Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas para los territorios palestinos. El Aula Magna se llenó. Allí mismo presentaron el colectivo y dio su testimonio una mujer palestina recién llegada a Asturias con sus hijos, evacuados por España.

Desde entonces, Uniovi por Palestina ha traído a especialistas como la arabista Luz Gómez o el investigador Jorge Ramos Tolosa, y ha acompañado jornadas completas dedicadas a Palestina en facultades de Oviedo y Gijón. También participan en las manifestaciones regionales convocadas por la Asamblea por Palestina. La conexión con Palestina se ha ido ampliando: hace unos días participaron en un encuentro con el embajador palestino en España, organizado por el Partido Comunista de Asturias, Izquierda Unida y CCOO. El acto se celebró en la Universidad y Uniovi por Palestina actuó como enlace. “El embajador es muy buen comunicador, muy pedagógico. El aula estaba llena”.

El colectivo mantiene relación con prácticamente todas las organizaciones asturianas que trabajan por los derechos humanos en Palestina. “Estamos conectadas con todos los movimientos sociales que ahora mismo están apoyando a Palestina”. En un campus donde conviven discursos institucionales y silencios incómodos, Uniovi por Palestina funciona como un recordatorio: la Universidad también es un lugar desde el que se puede —y se debe— mirar el mundo.

Manifestación contra el genocidio en Gaza de la Plataforma Uniovi por Palestina
Manifestación contra el genocidio en Gaza de la Plataforma Uniovi por Palestina / Foto: P. Uniovi por Palestina

Cuando se pregunta por el grado de implicación dentro de la Universidad de Oviedo, Beatriz Fernández no duda: “Es la parte más triste”. Uniovi por Palestina tiene más de 150 personas en su lista de correo, pero la participación real es pequeña para una institución con miles de estudiantes y trabajadores.

En Mieres, quienes sostienen la protesta semana tras semana no son estudiantes, sino pensionistas del concejo. “Vienen todos los miércoles. Ahí están, apoyándonos”. En la Universidad, la implicación es mínima. Aun así, el grupo no se detiene, pero es que el contexto tampoco ayuda: el militarismo y el rearme han entrado en los campus con normalidad creciente.  En los primeros días de febrero, en Mieres y en Gijón, la empresa de defensa Indra ofreció una charla para captar estudiantes. Para Uniovi por Palestina, esto choca frontalmente con los estatutos de la propia Universidad. Beatriz cita el texto: “la institución no financiará ni participará en líneas de investigación relacionadas con fines bélicos y se inspirará su actuación en el humanismo, la paz, la libertad, el fomento del diálogo, de la mediación y la resolución pacífica de conflictos”. “Si tenemos en cuenta esto, el hecho de que una empresa de defensa vaya a la Universidad a hacer publicidad choca frontalmente con la tarea que tiene la institución dentro de la sociedad”.

Plataforma Solidaria Asturies con Palestina

Son muchas las asociaciones, entidades y personas que desde Asturias colaboran con Palestina; hay una especie de paraguas que aglutina movimientos y suma fuerzas.

La Plataforma debe su creación a la actividad del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, con una larga trayectoria en proyectos de cooperación con Palestina, en materia de salud, educación, memoria histórica, etc. “Desde hace un año tenemos una parte orientada a la sensibilización respecto al problema que se está viviendo allí y en otros pueblos árabes. Y cuando nació el conflicto de Gaza decidimos crear la Plataforma”, explica Miguel San Miguel, coordinador de proyectos dentro de este colectivo y miembro del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

Entre las diferentes organizaciones que integran la Plataforma se encuentran la Universidad de Oviedo, sindicatos y varios partidos políticos. Y las manifestaciones que este colectivo organiza en diferentes localidades asturianas no pasan desapercibidas. En la última, el domingo 1 de febrero en la Plaza de España en Avilés, los participantes exigieron con música, pancartas y poemas, el cese de la violencia en Palestina, y una vez más, la concentración discurrió de manera pacífica. “En esto insistimos muchísimo, porque no queremos que de ninguna manera nos identifiquen con gente violenta. La violencia la ejerce el estado genocida de Israel, y frente a la fuerza de la violencia queremos poner la fuerza de la paz, de la resistencia pacífica”, –añade el profesor, ahora jubilado– mientras apunta otras de las acciones emprendidas. “También tenemos movilizaciones para promover el boicot y las sanciones a aquellas empresas que están involucradas en el genocidio palestino, como la israelí Teba u otras como Carrefour o McDonald’s”.

Manifestación en Gijón, el pasado mes de octubre, convocada por la Plataforma Solidaria Asturies con Palestina.
Manifestación en Gijón, el pasado mes de octubre, convocada por la Plataforma Solidaria Asturies con Palestina / Foto: P. Solidaria Asturies con Palestina

La defensa de los derechos históricos del pueblo palestino y la defensa de la legalidad y del derecho internacional son los objetivos de quienes integran la Plataforma. Una causa a todas luces necesaria para San Miguel que ve “cómo se lo están saltando todo por los aires, tanto el Estado de Israel como su patrón, EEUU que, como vemos estos días, invade y amenaza a quien le da la gana y maltrata al que sea diferente, no hace falta que sea palestino”.

Y aunque buena parte de sus actividades se desarrollan en las principales ciudades asturianas, la Plataforma también participa en otros puntos de la comunidad con proyectos como la Exposición Artistas con Palestina, que recorre prácticamente toda la geografía asturiana. “Es una muestra que está teniendo mucho eco; las mortajas y la lectura de los nombres de los 18.000 niños asesinados impacta y hay mucha sensibilidad con Palestina, aunque –evidentemente– también hay gente que está de acuerdo con los matones. Esto pasa en todos los sitios”.

A pesar de las voces contrarias, San Miguel posiciona a Asturias como una de las comunidades más solidarias de España “siempre lo ha sido y lo ha demostrado a lo largo de la historia. Por ejemplo, cuando hace bastantes años vino la Selección Nacional de Fútbol de Israel a jugar aquí hubo una movilización muy activa, con grandes manifestaciones. Una de ellas reunió a más de 35.000 personas en Gijón”.

Pintadas realizadas en el concejo de Lena contra la participación del equipo de Israel en La Vuelta 2025
Pintadas realizadas en el concejo de Lena contra la participación del equipo de Israel en La Vuelta 2025 / Foto: P. Solidaria Asturies con Palestina

Las protestas asturianas en el marco de la Vuelta Ciclista a España también han sido impulsadas desde la Plataforma. “Pudimos mostrar así nuestro rechazo a la presencia de equipos israelíes porque no se puede permitir la participación en los eventos del tipo que sea, de gente implicada en un genocidio. Y que quede claro, que de ninguna manera la nuestra es una posición antijudía porque, aunque Netanyahu dice que los representa a todos, eso es mentira”.

El exprofesor, que viajó en la II Flotilla de la Libertad a bordo del Guernica, recuerda que el Ayuntamiento de Gijón, durante la visita del alcalde de Belén (Palestina) a la ciudad en abril de 2006, firmó un protocolo en el que se establecía mantener lazos permanentes entre ambos ayuntamientos. “A raíz de esta relación y durante dos años seguidos, vinieron a Asturias muchos niños procedentes de Cisjordania y también de los campamentos de Siria, Líbano y Jordania. Visitaron las instituciones, compartieron tiempos con los chicos del Instituto Arroces, tuvimos experiencias muy bonitas con ellos, y a algunos de estos chicos seguimos viéndolos en viajes que hicimos a Siria y Palestina. Pero hoy la realidad es bien distinta, ya que el actual Ayuntamiento no sabe dónde está ese protocolo, lo ha ignorado completamente”.

Santalla se vuelca con Palestina con Libros contra la barbarie

Una pequeña localidad rural del Occidente de Asturias, Santa Eulalia de Oscos, muestra su faceta más solidaria sumándose a la campaña internacional Libros contra la Barbarie.

Santalla d’Ozcos, como se conoce habitualmente a esta localidad en eonaviego, no llega a los 500 vecinos, pero esto no es impedimento para que en este territorio se lleven a cabo grandes acciones. Como muestra, la jornada solidaria Libros contra la Barbarie celebrada el pasado mes de noviembre con el objetivo de apoyar a dos organizaciones no gubernamentales que trabajan en Gaza: Médicos Sin Fronteras y UNRWA.

Campaña internacional Libros contra la Barbarie en Santa Eulalia de Oscos
Campaña internacional Libros contra la Barbarie en Santa Eulalia de Oscos / Foto cedida por Librería La Chula

“Empezamos pidiendo libros a editoriales e ilustraciones a diferentes artistas –explica Ana Rubio, promotora de la jornada junto a Bárbara Megía– pero luego surgió la posibilidad de ofrecer música e incluso hacer una subasta de las obras de arte que nos cedieron”. Lo que se inició bajo el paraguas de una iniciativa literaria fue creciendo hasta convertirse en una fiesta de la cultura. “Un artista plástico, que vino de Madrid y se acaba de instalar en la zona, ofreció un cuadro; los ferreiros de Mazonovo y otros artistas trajeron también esculturas y además de la subasta y la venta de libros, hubo un concierto de música, poesía y una actuación teatral”.

La comarca del occidente asturiano recogió la llamada a la solidaridad y la participación en la jornada fue todo un éxito, asistiendo no solo personas de la localidad sino de otras más alejadas. La recolecta alcanzó los 2.200 euros, una cifra que no está nada mal dado el ámbito rural en el que se encuentran y que se complementó con lo recogido de forma simultánea en Gijón.

Y no será lo último que estas vecinas emprendedoras organicen para apoyar esta causa, ya que en mayo pretenden celebrar un vermú literario sobre Palestina protagonizado por el título literario Un detalle menor. La recaudación tendrá de nuevo fines solidarios.

Otras iniciativas de Asturias con Gaza

El Principado, a través de la Agencia de Cooperación al Desarrollo, mantiene un compromiso de envío anual de 200.000€ a la franja de Gaza para proyectos centrados en la rehabilitación de viviendas y la recuperación de suelos afectados por la contaminación. Desde 2019, la solidaridad asturiana ha aportado más de 1,7 millones de euros a la causa.

-Quince menores palestinos con problemas de salud graves derivados de la ofensiva israelí en la Franja llegaron a España en 2025 para ser atendidos en diversos hospitales, dos de ellos ingresaron en pediatría del HUCA. En 2024 se realizó este mismo operativo con éxito.

-La plantación de olivos en Asturias como símbolo de solidaridad con Palestina es una iniciativa impulsada por la Plataforma Asturies con Palestina y diversas ONG. Estos olivos plantados en espacios públicos representan resistencia (sumud), paz y conexión con la tierra.

Temas relacionados: Solidaridad en Asturias

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