Aprender es divertido

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Marlijn Ploegmakers, a la izquierda, junto a miembros del equipo del Atelier en su taller de ocio.
Marlijn Ploegmakers, a la izquierda, junto a miembros del equipo del Atelier en su taller de ocio. /Foto: Fusión Asturias
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Comienza un nuevo curso escolar, y con él nace un proyecto educativo pionero en Tol, una pequeña aldea de Castropol. Una iniciativa que persigue que los niños -y los mayores que quieran participar- puedan adquirir conocimientos jugando.


El alma de este proyecto es Marlijn Ploegmakers, una profesora de nacionalidad holandesa que un buen día se enamoró de Asturias y años más tarde ha decidido levantar aquí un proyecto diferente, que ya está generando una buena respuesta. Las antiguas escuelas de Tol son el lugar elegido por la Asociación Arte Aladín para comenzar con los talleres de ocio y apoyo al aprendizaje. Mar, como se la conoce habitualmente, explica que «damos clases particulares de las distintas asignaturas de primaria y secundaria y también clases de apoyo a los niños con necesidades especiales». Las clases de inglés, por ejemplo, están abiertas a todo el núcleo familiar ya que si los niños participan con sus padres, el aprendizaje -a través de juegos- será mucho más rápido.
La idea principal es que se pueden aprender todo tipo de materias mediante juegos y material educativo que resulte de interés a los más pequeños.

«El material didáctico está creado para que los niños se sientan motivados»

El Atelier de Aladín es además un espacio pensado para despertar la creatividad de los niños, con diferentes rincones en los que éstos pueden interactuar y desarrollar sus propios proyectos. Tienen el rincón de la naturaleza, el de ciencia y tecnología, uno dedicado a expresión corporal, otro a las manualidades, un rincón digital y un rincón para la lectura. «Los niños tienen distintos intereses, a unos les encanta disfrazarse, a otros investigar y explorar… Cuando llegan les preguntamos qué es lo que les gustaría hacer y plantean un pequeño compromiso, diseñan un proyecto que empiezan y terminan, y nosotros estamos aquí para ayudarles en su desarrollo. Cuando lo tienen, ellos mismos hacen luego la presentación de su proyecto».
La inauguración oficial del Atelier fue en septiembre, pero el espacio ya se puso en marcha previamente, a través de una escuela de verano. «La experiencia estuvo muy bien», cuenta Mar. «Tuvimos mucha participación, aunque la mayor parte de niños no eran de la zona, por eso ahora el reto es darnos a conocer en el occidente».
El equipo del Atelier está formado por cinco personas: una estudiante de filología inglesa, un estudiante de electrónica, una profesora de magisterio especializada en orientación, una logopeda y una pedagoga. Juntos han puesto en marcha este nuevo espacio educativo que busca hacer realidad su lema: «Es imposible que luzcamos por igual, pero sí podemos hacer que cada uno brille a su manera».

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