Pelayo Gayol: “Somos lo que entrenamos”

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Inspector Pelayo Gayol
Inspector Pelayo Gayol / Foto: Pepe Latas y Plataforma Cultural Bribones
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Es ante todo un hombre de valores. Nacido y forjado en el norte, el Inspector Pelayo Gayol se ha dado a conocer por su participación en la docu serie G.E.O. Más allá del límite en la que se muestra la formación intensiva a la que se someten los Policías Nacionales que aspiran a formar parte de este cuerpo de élite.

De mente analítica y fría, dice que el mar le da paz. Se reconoce más curioso que hablador y huye del foco mediático y de los grandes calificativos. Todo lo que es y tiene lo ha conseguido a base de esfuerzo, trabajo, exigencia y también de desterrar excusas y aceptar su realidad, fuese la que fuese en cada momento. “Somos lo que entrenamos”. Ni más, ni menos. No le gusta usar el singular y alude constantemente al equipo como el mejor medio para conseguir cualquier objetivo.

Del 3 de abril de 2004 (día del atentado yihadista de Leganés en el que murió su amigo y compañero Javier Torronteras), asegura que no quiere olvidar nada ni a nadie. Y que cuando la vida gira y te sorprende con un golpe que no esperabas “te vuelves a levantar con la mayor dignidad posible y continúas. No queda otra”. Pero, obviamente, la forma en la que valoras las cosas cambia de manera inevitable.

-Ni en tu familia ni en tu círculo cercano hay nadie que sea policía o similar. ¿Qué te llamó la atención para querer dedicarte a esto?
-Tuvo que ser eso que llaman “vocación”, no encuentro otra explicación. Desde edad temprana siempre me llamó mucho la atención cualquier oficio que mezclase el servicio público con una buena dosis de aventura. Podría haber acabado siendo militar, bombero o reportero de guerra, pero a los 17 años se cruzó en mi camino un reportaje coleccionable que se llamaba “Cuerpos de Élite” en el que hablaban del G.E.O. Vi claro mi futuro.

Inspector Pelayo Gayol

“Desde edad temprana siempre me llamó mucho la atención cualquier oficio que mezclase el servicio público con una buena dosis de aventura”

-En el documental hablas de tu padre y lo defines como alguien serio, dedicado totalmente a su ganadería y a su familia, trabajador. Gracias a lo que él te enseñó ¿eres hoy la persona que eres?
-Es curioso: tras lo que dije en la serie sobre mi padre, mucha gente del norte me ha comentado que ellos veían reflejado también a su padre con mi descripción. Es el carácter puro del norte, de personas que vivieron tiempos duros en una España de postguerra, con una educación no tan proteccionista como la que le damos a nuestros hijos hoy en día. Gente dura que trabajó para crear un futuro mejor para los suyos. No les podemos reprochar nada.
De pequeño era (y sigo siendo) muy curioso; siempre estaba con mi padre bombardeándolo a preguntas de todo tipo, esos aprendizajes se quedan grabados en lo más profundo para toda la vida. Creo que puedo desmontar un tractor Ebro de memoria…
Lo mío son las preguntas y no lo hago por quedar bien, es porque me interesa mucho más lo que puedo aprender. En este sentido Google me ha facilitado mucho la vida. Soy incapaz de acostarme con algo en la cabeza que no entienda o que no haya entendido cómo funciona. Me pasa con todo y no me da ninguna vergüenza que alguien piense que no tengo ni idea de cualquier cosa.

-¿Qué heredaste de él y de tu madre?
-De mi padre la templanza, la constancia en el trabajo. De mi madre, la inteligencia de las mujeres rurales, que son las que llevan realmente las riendas del hogar.

-¿Qué te gustaría que tus hijos heredasen de ti?
-Ufff, no sé… Solo les pido que sean buenas personas y que trabajen duro. Con esta receta, todo lo demás llegará tarde o temprano.

-¿Cuáles son los pilares que consideras fundamentales en su educación?
-Predicar con el ejemplo. De nada sirven los mensajes vacíos si lo que ven es diferente o incongruente, lo tengo más que comprobado. También es necesario hablar mucho con ellos, a veces con un lenguaje crudo, real; pero que nunca falte un buen abrazo.

“Si hay un valor que rige especialmente mi vida ese sería la lealtad. Saber que una persona puede tener cientos de defectos pero que, a la hora de la verdad, cuando todo se ponga feo, esa persona seguirá ahí apoyando incondicionalmente”

-Hablas constantemente de valores y aseguras que son lo que nos definen como especie. ¿Cuáles son los que te rigen a ti?
-Si hay un valor que rige especialmente mi vida ese sería la lealtad. Saber que una persona puede tener cientos de defectos pero que, a la hora de la verdad, cuando todo se ponga feo, esa persona seguirá ahí apoyando incondicionalmente; creo que es de un peso específico enorme en la escala de valores. El inconveniente de esto es que en el día a día, normalmente, estas personas no destacan porque, gracias a Dios, no están pasando cosas graves a diario. Suelen subir bastantes enteros cuando truena.

-“En la vida tienes que saber lo que es importante y lo que no”. ¿Qué es importante para ti?
-Los tuyos, tu familia en un sentido amplio. También es importante el poder acostarte cada día sin cargos de conciencia, sabiendo que has hecho las cosas de la mejor forma posible en ese momento.

-¿Cómo definirías el concepto familia?
-Es más abarcante que tu mujer, tus hijos, tu padre y tu madre. Al final todos tenemos un amigo que es más familia que tu hermano o primo. La familia es ese conjunto, ese diagrama de Venn sin el cual tú no te sientes tan fuerte. Y ahí, mete lo que quieras. Es tu fortaleza, es decir: sin esta persona me siento peor. Esto es para mí la familia.

Inspector Pelayo Gayol
Foto cedida por P. Gayol

-Y a esas personas ¿las eliges o llegan?
-Yo creo que las estás esperando. Tienes una predisposición a que lleguen, tienes un vacío como la pieza del puzle que de pronto encaja y cubre el hueco. Estaba ahí para ti, y has tenido la suerte de que llegase. También es cierto que hay momentos en la vida en los que no facilitas las cosas a los que podían haber encajado contigo.

-Mente – Cuerpo. ¿Dónde se encuentran las mayores debilidades?
-¡En la mente, sin duda! Es curioso ver cómo desde la E.G.B. los niños tienen educación física como asignatura, pero prácticamente en ningún caso existe algo similar a una “educación mental”. Lo más importante de nuestra existencia es el cerebro como órgano y nadie nos enseña su comportamiento básico ante las emociones. Por curiosidad, leo muchas cosas relacionadas con la neurociencia y sé que hay un montón de sucesos que pasan en el cerebro y que no son voluntarios: pensamientos, acciones, miedos… Sabemos que todo esto se gesta ahí, pero nadie nos explica nunca cómo son esos procesos mentales y qué tienes que hacer con ellos.

-¿Debería formar parte de la educación?
-Se trata de explicar qué está pasando cuando sientes cosas. Y que sepas que eso que está pasando en tu cabeza, no es verdad. Es tu cerebro interpretando una situación. Cuando tienes un pensamiento de miedo o de que no puedes conseguir algo, la cabeza te empieza a machacar. El cerebro es una máquina de opciones y no para hasta que escoges una. A partir de ahí te empieza a bombardear a tope porque se da cuenta de que te gusta. Pero es importante saber que eso es tu cabeza, no eres tú. No puedes evitar que te venga esa idea, pero sí puedes verla venir y no obcecarte o focalizarte en ella. Además, suelen ser siempre miedos o inseguridades. Aunque no se haya empezado hasta ahora, en algún momento hay que hacerlo. Hasta la fecha se enseña que dentro de la cabeza hay un cerebro y se pasa a la siguiente página; cierto que sabemos poco de él, pero lo que se sabe pongámoslo sobre la mesa.

“Cuando entiendes que el que tienes al lado no es tu competidor y que sus virtudes, mejores que las tuyas en ciertos aspectos, solo pueden ser un aliciente de auto superación, ese grupo se convierte en una roca”

-Dices que el grupo te da confianza. ¿Qué significa el grupo para ti?
-Todas las grandes hazañas se consiguen gracias a un equipo, que a veces no es adecuadamente reconocido. Los líderes son lo que son gracias a un equipo, muchas veces a la sombra. Somos una especie grupal, hemos sobrevivido a la evolución porque hemos sabido construir (y a veces destruir) juntos.

-¿Cuáles son las características y sobre qué debe estar levantado ese grupo para que tal y como dices “sea prácticamente invencible”?
-Que cada individuo sea consciente de sus virtudes y sus carencias, sin mentiras y dominando los egos tóxicos individuales. Cuando entiendes que el que tienes al lado no es tu competidor y que sus virtudes, mejores que las tuyas en ciertos aspectos, solo pueden ser un aliciente de auto superación, ese grupo se convierte en una roca.

-¿La fortaleza la tiene siempre el grupo y nunca el individuo?
-La fortaleza del reloj, ¿son las agujas o el engranaje más pequeño?

“Yo aprendí que los límites propios solo los limita el cuánto estás dispuesto a sacrificar de tu vida para conseguir el objetivo”

Inspector Pelayo Gayol
Foto: Pepe Latas y Plataforma Cultural Bribones

-Aseguras que la formación necesaria para afrontar un trabajo como el que desempeñas enseña mucho de uno mismo. Cuando tú iniciaste esa formación, ¿qué aprendiste de ti que desconocías?
-En un estado basal, en zona de confort, es imposible conocerte. Cuando saltas al vacío en cualquier aspecto vital es cuando las sinapsis creadas hasta ese momento entran en conflicto y el cerebro, superviviente por definición, suelta lastre desaferrándose de lo que ya no le está ayudando a la nueva situación.
Yo aprendí que los límites propios solo los limita el cuánto estás dispuesto a sacrificar de tu vida para conseguir el objetivo. Realmente me di cuenta de que cuando algo sale mal, automáticamente intentamos completar el relato para que sea creíble y no nos cause un daño/conflicto moral; es un acto reflejo del cerebro, no es voluntario. Cuesta trabajo desterrar las excusas y aceptar la realidad, sea buena o mala para ti en ese momento. En este sentido el GEO es un aprendizaje brutal. No es cómodo y tampoco digo que sea la mejor forma de aprender, pero se basa en la selección natural. Al final te das cuenta de que, si te adaptas a ese sistema, puedes ofrecer mucho más de lo que tú creías al principio. Tienes que estar dispuesto a hacer una crítica constructiva sobre ti mismo y a escuchar lo que te tengan que decir los demás. Pensar en la opción que tomaste y darte cuenta de que hay muchas más que no contemplaste, pero eso tampoco te puede hundir. Te vas a equivocar muchas veces, pero tienes que remontar.

-“La obediencia bien entendida es muy útil. No podemos entenderla como un tema peyorativo. La obediencia bien entendida, es confianza”. ¿Cómo se debe entender la obediencia para que sea confianza?
-Si una persona no te ha fallado nunca, siempre ha tenido en cuenta tu opinión y sabes que jamás te haría daño voluntariamente, pero llega el momento de decidir un camino y la decisión no se puede eternizar porque prima el tiempo de ejecución, ¿eso qué sería? ¿Obediencia o confianza? La línea de separación no existe, la creamos nosotros cuando le damos un sentido peyorativo al aceptar que otro que no soy yo pueda decidir. Esto tiene un cierto tufillo a egos…

“¿Obediencia o confianza? La línea de separación no existe, la creamos nosotros cuando le damos un sentido peyorativo al aceptar que otro que no soy yo pueda decidir”

-¿Cuál es la frontera entre la confianza y el ego?
-Tener una personalidad fuerte, pensar que puedes hacer grandes cosas y afrontarlas puede dar la sensación de que es ego, pero es bueno. La cuestión está en que esto no te puede cegar, no eres dios. La frontera es muy sutil. Teniendo la mentalidad de la que hablamos, las cosas van a salirte bien y ahí hay que tener cuidado porque te puedes subir. No sé dónde leí que los emperadores romanos llevaban a alguien a lado que de vez en cuando les decía: “no se olvide de que es mortal”. Yo, cuando veo que voy por ese camino pienso en esta frase y me digo “ojo Pelayo, que no eres nadie”. Y si tú no eres capaz de decírtela, es importante que tengas a alguien a tu lado que lo haga. Si te rodeas de gente que no hace más que auparte, la ostia puede ser muy grande. Además, te pueden decir que haces algo bien, pero ¿qué es bien?

-“Nadie confiará en ti antes de que tú confíes en ti mismo”. Desarrolla el planteamiento…
-Todos hemos tenido inseguridades que hemos superado, lo cual quiere decir que esa inseguridad se puede trabajar sin problema, llegando a mejorar o a desaparecer directamente.
También sabemos lo peligroso que es trabajar o convivir con personas inseguras. Es sólo una situación de bloqueo mental que con entrenamiento personal y siendo ayudados por el grupo cercano se puede corregir. Tienes que entender que tú eres más pequeño que el grupo y que una inseguridad mía posiblemente sea sustituida por una capacidad tuya y los dos juntos podemos ser más fuertes. Todos tenemos inseguridades, la cuestión es entenderlas y superarlas. Cuando empecé a bucear tuve algún susto y ciertos miedos a que pasasen cosas. Puedes pasar y no meterte más porque veas que las cosas son peligrosas o continuar. Rodéate de gente que te ayude y tú mismo te das cuenta de que esas inseguridades las vas venciendo. Una inseguridad es una falta de trabajo en esa parte. Mucha gente se construye su vida en base a los noes y es importante que se sepa que hay formas distintas de afrontar este tipo de cosas. Los límites te los pones tú siendo siempre consciente de la realidad que tienes.

“Si te rodeas de gente que no hace más que auparte, la ostia puede ser muy grande. Además, te pueden decir que haces algo bien, pero ¿qué es bien?”

Inspector Pelayo Gayol
Foto cedida por P. Gayol

-¿Qué hace falta para tener las cosas tan claras que nunca se te pasase por la cabeza la opción de abandonar?
-Clarificar tus objetivos, saber qué es lo que deseas de verdad. A veces nos equivocamos en nuestras decisiones y con el tiempo vemos que aquello que anhelábamos no era realmente nuestro objetivo. No conozco a nadie plenamente convencido de algo que haya abandonado, salvo causas de fuerza mayor. Hay que ser coherente con uno mismo, escuchar tu voz interior, sin influencias externas.

-Las pequeñas dudas, ¿se convierten en peligros potenciales?
-Las malas hierbas se arrancan antes de que las raíces arraiguen. Cuidado con acumular muchas pequeñas dudas, porque tienen tendencia a agruparse en una gran duda.

“Errar es de humanos, pero no quiero. En una operación sé que mucha gente depende de mí y no puedo fallar”

-¿Cuáles son los “demonios interiores” que asaltan al Inspector Pelayo Gayol?
-El miedo a fallar. Errar es de humanos, pero no quiero. En una operación sé que mucha gente depende de mí y no puedo fallar. Llámalo auto exigencia, pero me pasa con todo, cuando voy a pescar no me gusta salir de vacío. El no fallar es un estado mental, una forma de vida.

-Cuándo sucede, ¿cómo lo gestionas?
-Apretando los dientes, estando jodido y analizando qué ha pasado. También te digo que cada vez lo llevo mejor, debe ser de lo poco bueno que tiene cumplir años. Estoy empezando a saber apuntar y pasar página. Antes apuntaba y me quedaba ahí leyéndolo una y otra vez. He aprendido a seguir, de vez en cuando vuelvo a leerlo, pero ya soy capaz de distanciarme.

-“El miedo es una sensación subjetiva, se aprende a gestionar. Cuando llega, ya la conozco y me ayuda a estar despejado, a pensar. Si algo existe y no puedes hacer que desaparezca, manéjalo”. ¿Cuál es tu proceso mental para convertir el miedo en un compañero que te permite mantenerte despejado?
-Conocerlo, detectar su llegada. Es un mecanismo mental muy útil, ni podemos ni queremos eliminarlo de nuestras emociones. Las emociones no se etiquetan como buenas o malas: existen y punto, cumplen su función adaptativa. El miedo nos mantiene con vida, despiertos. También nos desencadena reacciones químicas en el cuerpo inevitables que tenemos que reconocer y saber gestionar: midriasis, disminución de habilidad motora fina, etc. Por eso le doy tanta importancia al conocimiento del funcionamiento cerebral involuntario (la mayoría).

“Tienes que entender que tú eres más pequeño que el grupo y que una inseguridad mía posiblemente sea sustituida por una capacidad tuya y los dos juntos podemos ser más fuertes”

-¿El miedo lo disipa la formación o preparación?
-¡Desde luego que sí! Por eso entrenamos tan duro y ambientamos situaciones lo más parecido posible a una realidad con un potencial peligroso. Somos lo que entrenamos; el miedo también se entrena. Cuando sales de tu zona segura es cuando empieza el follón y es ahí donde te empiezas a conocer. Sale todo lo bueno y todo lo malo y eso es lo que hay que ver. Lo que haces bien ya está a la vista, pero ¿qué más hay? Con las pruebas que haces te llegas a conocer a ti mismo y te das cuenta de lo que te creías y de lo que es verdad. Se te quita toda la tontería, bajas a un estado basal y resurges de nuevo como alguien diferente.

-¿Eras uno al empezar y eres otro ahora?
-Sí, te cambia. Haces una introspección y te das cuenta de muchas cosas que no sabías de ti mismo. Me gusto más ahora que antes porque a lo que te obliga esta formación es a potenciar lo bueno y eliminar las debilidades o tus complejos que es otra cosa que afecta mucho. En el fondo son tonterías, pero te hacen muchísimo daño.

Inspector Pelayo Gayol

-“Tienes que bajar esos escalones, llegar a la zona reptiliana y eso es duro (…). Es ahí donde empiezan a aflorar las cosas reales a las que te tienes que enfrentar”. ¿Hay que empezar a construirse a uno mismo desde ese punto para poder afrontar después todo lo que venga?
-Son los cimientos de una casa. Nadie en su sano juicio construiría sobre arena. Pero antes de empezar a construir tenemos que cavar, más o menos hondo, dependiendo de la persona. Esto es lo que se busca en cualquier periodo formativo serio: buscar el firme de una persona, quitando las capas superficiales que tapan la realidad de nosotros mismos, llegando a confundirnos.

-Aseguras que siempre te han gustado las grandes exigencias, los grandes desafíos. ¿Qué te gusta de ellos?
-Que te ilusionan, te mantienen vivo. Recuerdo un eslogan de la cadena Euronews, allá por el año 1993, que decía “está pasando, lo estás viendo”. Siempre quise ser parte de la historia, no un espectador. Para eso hay que aceptar retos…

-¿Qué significa para ti lo difícil?
-Si oigo esa palabra inmediatamente mi curiosidad se pone en modo ON. Para mi difícil significa motivación, reto, ilusión…

“Uno de los inputs positivos que me llegan de la docu serie que realizamos es la transmisión de valores básicos, cosas que dudábamos fuesen interesantes para el público por su simpleza. Dábamos por hecho que todo el mundo reconoce su valor”

-¿Cuál es tu posicionamiento mental cuando sabes que un minuto puede ser la diferencia entre la vida o la muerte?
-Confiar en todo el trabajo previo, tanto tuyo como de tu equipo, para afrontar esa situación y aceptar que estás donde tienes que estar en ese momento, donde quieres estar realmente, con los tuyos. Saber que no hay plan B para suplirte y que la vida, como bien más preciado que tiene el ser humano, a veces está supeditado a un objetivo aún mayor.

-Explícame esta frase que también repites mucho: “Somos lo que entrenamos”.
-Un reloj averiado acierta la hora dos veces al día sin esfuerzo… El resto de mortales, necesitamos repetir y repetir acciones hasta automatizarlas, limando los mínimos detalles técnicos si queremos llegar a la excelencia. Nadie hace las cosas bien sin entrenamiento adecuado, salvo la casualidad del reloj…

-Todo lo que no tienes (y no me refiero solo a un nivel físico), ¿se consigue a base de trabajo?
-Una vez escuché a alguien decir que las cunetas están llenas de personas con talento que no supieron o quisieron trabajarlo. Es un sacrilegio nacer con un don y tirarlo a la basura por falta de constancia. Yo no soy nada más que trabajo constante.

-¿Realmente todo se puede conseguir?
-Tenemos que ser realistas también: un poni no puede saltar los setos del Grand National. Pero ni nos imaginamos de lo que podemos ser capaces dadas ciertas situaciones.

Inspector Pelayo Gayol
Foto cedida por P. Gayol

“Las emociones no se etiquetan como buenas o malas: existen y punto, cumplen su función adaptativa. El miedo nos mantiene con vida, despiertos”

-¿Qué va a ser lo que más eches de menos cuando dejes el GEO?
-Sobre todo, lo que más me gusta, es no saber qué va a pasar con mi vida dentro de una hora. Es lo que me engancha. El pensar que tengo mi vida solucionada a seis meses vista, no lo llevo. La incertidumbre de decir ¿qué va a surgir? Además, es muy bonito porque tú estás aquí ahora, coges el coche para irte para casa, recibes una llamada y de pronto apareces en un avión con rumbo a algún sitio. La vida te domina, nunca es al revés.

-Sacrificio, trabajo, humildad, integridad, lealtad, equipo… son valores fundamentales a los que haces referencia constantemente. ¿En qué punto del camino los hemos perdido a nivel social?
-Uno de los inputs positivos que me llegan de la docu serie que realizamos es la transmisión de valores básicos, cosas que dudábamos fuesen interesantes para el público por su simpleza. Dábamos por hecho que todo el mundo reconoce su valor. Profesores de Primaria me comentaban la necesidad de inculcar estos valores básicos en la infancia, cosa que yo daba por hecha. ¿En qué momento se han perdido? Yo no quiero pensar que se hayan perdido; prefiero pensar que se han “relajado”. Los padres no tienen tiempo para hablar con sus hijos y los vacíos de poder son ocupados, no siempre, por el mejor educador (cada cual que llegue a sus conclusiones). Nos falta más charla alrededor de la hoguera. Yo a los míos les meto unas chapas tremendas sobre cualquier tema, aunque siempre les digo: ojo, esto es mi opinión y no hay verdades absolutas. Escuchadme, yo os cuento lo que pienso y ahora tú me rebates o me llevas la contraria.

“En mi casa bendecimos la mesa y no porque yo sea muy cristiano, sino porque tenemos que darnos cuenta de que tú tienes un plato de comida caliente delante y hay mucha gente que no sabe lo que es eso”

-Volvemos a la educación…
-Todo es cuestión de eso, no hay más. Ahora, estamos saliendo de una etapa de gente muy dura que se forjó pasándolo muy mal y estamos educando a nuestros hijos con un nivel de proteccionismo brutal. Todo son garantías, derechos y lo que sale de ahí no es bueno. Por ejemplo, algo que yo siempre les he dicho a los míos, es que con la comida no se juega. Es sagrada y lo que tenemos aquí es un lujo. En mi casa bendecimos la mesa y no porque yo sea muy cristiano, sino porque tenemos que darnos cuenta de que tú tienes un plato de comida caliente delante y hay mucha gente que no sabe lo que es eso. No tenemos ni idea de lo mal que se puede pasar cuando llegas a la mesa y no hay nada. Me parece vital hablar de estas cosas y esto no está reñido con que después los abraces, te apoltrones en el sofá y te rías.

-¿Qué es para ti sagrado?
-Si lo pudiese definir como algo concreto serían mis cimientos. Quizá para mí no sea lo mismo que para ti, pero si fuésemos una sociedad fuerte, mi sagrado no debería ser muy diferente del tuyo. Para mí una cosa sagrada es a los míos, a esa familia que definía antes, no hacerles daño, no fallarles. Es la base, si no la tengo ¿cómo tiro para delante? ¿Desde dónde empiezo? ¿Desde una idea? ¿Desde un título colgado en una pared? El saber qué eres o de dónde vienes es sagrado.

“En el fondo moral, todas las guerras son desencadenadas por lo mismo: el afán de poder, de dominar. Las religiones y los colores políticos solo son excusas para crear adeptos a la causa”

-Situaciones vividas como la del atentado en Madrid, ¿hizo que te replanteases cosas?
-Las experiencias traumáticas hacen que recoloques tu escala de valores, inevitablemente. En mi caso ha sido darme cuenta de que en esta vida realmente controlamos muy pocas cosas, así que de lo poco que dependa de nosotros, gestionarlo lo mejor posible y no vivir angustiado con planes o posibilidades futuras, irreales por definición: no sabemos si pasarán, no sabemos si nosotros mismos llegaremos a esas fechas.

-Has estado en diferentes conflictos bélicos, países, culturas, ideologías, pero… ¿las guerras se diferencian en algo?
-Técnicamente sí, son diferentes. No es lo mismo desde el punto de vista táctico afrontar una intervención en Costa de Marfil, en Irak o en Afganistán. Pero en el fondo moral, todas las guerras son desencadenadas por lo mismo: el afán de poder, de dominar. Las religiones y los colores políticos solo son excusas para crear adeptos a la causa.

-¿Desde algún punto de vista les encuentras alguna explicación?
-Desde que el hombre es hombre, desde los albores de la civilización, no hemos dejado de matarnos y estar en guerra. Si esto fuese una serie matemática, hasta un niño llegaría a la conclusión de que continuaremos igual en un futuro… ¿Explicación? No la tengo, pero creo que está en nuestra condición humana, en demonios que ganan la batalla por goleada.

“Lo que haces bien ya está a la vista, pero ¿qué más hay? Con las pruebas que haces te llegas a conocer a ti mismo y te das cuenta de lo que te creías y de lo que es verdad”

-¿Nos olvidamos de todo demasiado rápido?
-Olvidar es un mecanismo de defensa, nos olvidamos de lo que no nos ha gustado, de aquello que nos ha hecho daño. Abusamos de barrer y tapar con la alfombra.

-¿Con qué sensaciones regresas de una guerra que está sucediendo a la “puerta de casa”?
-Cuando regresas, el problema no ha desaparecido: allí aún siguen compañeros, amigos, población civil… Sigues pendiente de la situación, pero la vida sigue; la experiencia vital que hayas tenido en el teatro de operaciones te acompañará para siempre. También te das cuenta de que en occidente vivimos en una burbuja, una excepción a lo que pasa en el mundo. Pero no es una burbuja fuerte, es una pompa de jabón.

Inspector Pelayo Gayol
Foto: Pepe Latas y Plataforma Cultural Bribones

“El agua te saca de tu planeta y también es cierto que una vez que lo conoces, te relaja muchísimo. Es un mundo distinto al tuyo y todos los problemas que tienes en tierra, desaparecen”

-¿Qué encuentras en el norte?
-Mis raíces. Seguro que todos los de norte me entienden. Quisiera que esa tierra fuese la última que viesen mis ojos. Es duro vivir lejos de ella, aunque también enriquece vivir otras realidades, otras gentes.

-¿Qué tiene el agua que posee el poder de relajarte de una manera absoluta o de hacer aflorar todos tus miedos?
-Hace millones de años un antecesor nuestro decidió salir del agua y poblar la tierra seca. Algo se ha quedado grabado en lo profundo del cerebro reptiliano, que en mi caso cree que se equivocó. Lamentablemente ya nos hemos acostumbrado a vivir en tierra firme; cuando volvemos al agua lo percibimos instintivamente como un medio hostil que nos puede matar. Pero el agua siempre gana, para bien o para mal. Tiene el poder de sacar de ti lo mejor o lo peor. Estás en un entorno y una atmósfera distinta, con unos elementos químicos que no son compatibles con la vida y tanto tu cuerpo como tu cerebro lo saben y ahí las reacciones son mucho más fuertes que si estás al aire libre. El agua te saca de tu planeta y también es cierto que una vez que lo conoces, te relaja muchísimo. Es un mundo distinto al tuyo y todos los problemas que tienes en tierra, desaparecen. Eso es el agua, el yin y el yang.

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