La fiesta continua. Laviana. XLIII Descenso Folklórico del Nalón

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Carroza de Los Barettini en el Descenso Folklórico del Nalón
Carroza de Los Barettini. Foto: Eduardo Garcia Rodriguez.
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Por el Nalón han navegado cuádrigas romanas, vagonetas de carbón, barcos piratas, elefantes, tanques, Mortadelo y Filemón disfrazados de asturianos… Todo artilugio capaz de flotar sirve para participar en el Descenso Folklórico del Nalón, una fiesta declarada de Interés Turístico Regional.

Llega la hora, el día más esperado del año para los amantes de la folixa y las fiestas más tradicionales: el XLIII Descenso Folklórico del Nalón. Este descenso, que se enmarca dentro de las fiestas dedicadas a Nuestra Señora del Otero, comienza con un desfile de todos los participantes, que avanzan con sus embarcaciones por las calles de La Pola hasta el Puente del Arco. En este punto toca continuar la travesía por las aguas del río Nalón.
Puede el novato pensar que descender el kilómetro y medio que separa el Puente de Arco del Puente La Chalana es tarea fácil. Gran equivocación. Todo buen navegante del Nalón sabe que en las distancias cortas es donde se mide la profesionalidad y la clase, así que no puede uno confiarse. Todos están invitados a participar pero para ello hay que tener a mano el manual de buenas prácticas.
La primera norma que nadie debe obviar es aprenderse la canción del Chalaneru. Es el himno por excelencia del Descenso y debe ser entonado al inicio con la solemnidad que se merece sabiendo que, como bien dice su letra, “…si La Chalana muere, muere el llugarín entero”. Después comienzan las emociones fuertes: los patronos de las embarcaciones, que han estado trabajando en ellas durante los días previos al descenso, luchan a brazo partido por mantener a flote sus “buques”, los que bajan a pelo mantienen su particular cuerpo a cuerpo con el río, los de las colchonetas, ruedas gigantes y demás artilugios flotantes bastante tendrán para combinar el aguante de la risa con la flotabilidad y los diferentes ataques que recibirán de sus compañeros de folixa.
Los participantes en el concurso optan a ganar la tradicional Sopera. Por eso, hasta el día del descenso la mayoría mantiene en secreto cuál será el motivo de inspiración de su carroza. El año pasado el primer premio, que consiguió La Sopera y 1.000 € en metálico, fue para la Peña Los Barettini con su barco escocés, que disparaba petardos por cañonazos y tenía como vigía a un gaitero. Como dice Eduardo Begega, miembro de La Peña, “llevábamos muchos años intentando ganar y decidimos hacer un barco porque sabíamos que así teníamos más posibilidades. Al final lo conseguimos, pero de verdad que lo que más nos gusta es pasarlo bien”. Cien personas participaron en la elaboración de esta carroza que con el lema ‘Los Barettini y el pueblu escocés, a la caza del monstruo del Lago Ness’ se hizo merecedora del mejor premio y el más alto reconocimiento.

Los participantes en el concurso optan a ganar la tradicional Sopera. Por eso, hasta el día del Descenso la mayoría mantiene en secreto cuál será el motivo de inspiración de su carroza.

En ocasiones participan pueblos enteros confeccionando las embarcaciones. Es el caso de las carrozas de Ribota o de Boroñes, que tienen detrás el trabajo de muchos de sus habitantes. El descenso se convierte así en una fiesta de colaboración que nadie quiere perderse y hay trabajo para todos.
Los de Ribota consiguieron en 2009 el segundo premio (“Con la mula y el vagón, baxamos pol Nalón”), mientras que el tercer premio fue para “Los Piratas de Boroñes”. Participar es una tradición que se va transmitiendo de generación en generación. Marcos González, que pertenece al pueblo de Boroñes, reconoce que hace unos años la fiesta se “desmadró” un poco, pero que son las peñas las que están manteniendo el auténtico sentido de la fiesta a base de trabajar muchas horas e invertir dinero del propio bolsillo. “Nosotros somos una peña intentando divertirnos -comenta Marcos- pero debe ser el Ayuntamiento el que se mueva y cuide esta fiesta para el pueblo”.
Está claro que es un día grande ya no sólo para los que deciden participar, sino también para los cientos de personas que se acercan a Laviana en este día en el que es obligado participar con risas, vítores y, por qué no, unos cuantos culines de sidra.

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