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sábado 15, junio 2024

Kris M. García, refugio Collado Jermoso: “La montaña saca lo mejor de ti mismo”

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La ovetense Kris M. García-San Miguel trabaja en el refugio de Collado Jermoso (vertiente leonesa de Picos de Europa). Allí ha creado una familia junto a Pablo Sedano, su pareja y guarda del refugio, y sus dos hijas Elba y Nara. Recientemente ha publicado con Ediciones Cordillera Cantábrica su primera novela, “Teko y los Picos de Europa”.

Kris es una conversadora nata. Se nota que le gusta hablar, que maneja las palabras con la soltura de quien piensa mucho y no se queda en la superficie de nada ni de nadie. Perdió a su madre en un accidente de tráfico cuando tenía diez años y ahí se dio cuenta de cuántos valores había depositado dentro de ella. Reconoce que no sería quien es si no hubiese pasado tiempo en las montañas y, entre risas, asegura que si pudiese unir en una misma persona a Cocodrilo Dundee y a Sherlock Holmes, sería brutal. “Supervivencia en estado puro sumado a querer siempre ir un poco más allá”.

Teko y los Picos de Europa es un libro que narra la aventura de un pequeño rebeco deseoso de conocer, vivir aventuras y demostrarle al mundo que él es algo más que un teteko (así es como llama su hija Elba a los rebecos). Tal y como ella misma dice, “realizará un viaje que le regalará experiencias, amistades, recuerdos, pero sobre todo grandes lecciones de vida”.

“En el refugio somos como una familia; los encargados de todo esto tienen que saber cuidar al resto del equipo”

-¿Cómo es la vida en el refugio de Collado Jermoso?
-Estamos abiertos desde el mes de mayo. El equipo lo formamos ocho personas, todos muy competentes y a los que nos gusta mucho trabajar ahí. En este sentido, los refugios de montaña son I+D en potencia, porque se tiene una convivencia intensa, se mezclan personalidades muy distintas, con un trabajo exigente en un espacio concentrado en el que no tienes para donde escapar. Es un ejercicio muy interesante. A veces es complicado encontrar gente porque te tiene que gustar estar apartado, tener habilidades sociales porque estás relacionándote con personas muy distintas todos los días, que no te importe estar tiempo sin ver a la familia o sin bajar a tomarte una cerveza con los amigos. La verdad es que somos como una familia; los encargados de todo esto tienen que saber cuidar al resto del equipo. A las personas que son válidas hay que demostrárselo. Muchas veces, a la gente que más vale, es a la que más exiges cuando, la clave, es saber mimar a quien lo está dando todo. Lógicamente, siempre hay que tener ganas de crecer personalmente y de que todo el mundo dé lo mejor de sí mismo, pero cada uno tenemos que sentirnos arropados y protegidos. El equilibrio tiene que estar entre “exigir” siempre un poco más de sí y que a la vez te sientas valorado.

-Ese lugar, ¿es algo más que un refugio?
-Sí, es un estilo de vida. Siempre digo que, en realidad, este lugar no deja de ser un montón de piedras apiladas, pero lo importante es todo lo que hay detrás. El sitio es especial por muchísimos motivos, pero uno de ellos es que la humanidad que pasa por allí así lo ha hecho. Esto se suma a que la montaña saca lo mejor de ti mismo. Por ejemplo, el año pasado tuvimos muchos episodios de golpes de calor y, en concreto, tuvimos uno de un chaval que se puso muy mal. Era de noche, el helicóptero no podía venir a buscarlo y se empezó a deshidratar a gran velocidad. Hubo que ponerle una vía, dormimos en un saco a su lado para cuidarle y cambiarle los sueros pero, lo mejor, es que, de repente, aparecieron para atenderlo siete personas que eran sanitarios. No le conocían de nada y todos ellos, que estaban de vacaciones, descansando y que puede que lo último que les apeteciera fuese cuidar a alguien, ahí estaban supervolcados en que el chico estuviese bien, en medicarlo y en darle información precisa al 112. Esa calidad humana, la conoces sólo en momentos extremos. Cuando tu identidad y tus estructuras se rompen, aflora lo que de verdad eres. Surge esa energía que tenemos dentro de ayudarnos unos a otros, de ser una red y cumplir la función por la que hemos venido a este mundo. Yo esto lo vivo aquí a unos niveles salvajes y te das cuenta de que no es por hacerse la foto ni por el postureo. Es por ayudar y velar por la otra persona. No la conoces, ni la estás juzgando, ni te has parado a pensar si te cae bien o mal. Lo haces desde el cariño que es lo que sale de ti.

“La calidad humana la conoces sólo en momentos extremos. Cuando tu identidad y tus estructuras se rompen, aflora lo que de verdad eres”

-¿Es vital que alguien te diga de vez en cuando que eres importante?
-Yo siempre lo digo respecto a Jermoso, pero creo que pasa en todos los refugios. El nuestro es de los pocos trabajos que yo conozca en los que, todos los días, alguien nos premia por el esfuerzo que hacemos. Siempre recibimos algún reconocimiento por el trato o por los servicios que damos. La gente queda asustada de que podamos tener ahí arriba todo lo que tenemos. En muchos momentos hay alguien que te dice algo especial y constantemente recibimos halagos y esto me parece un privilegio porque tú, cuando ves al panadero por la mañana, no le reconoces lo bien que le quedó el pan ese día o, si te cruzas con el barrendero, no le dices que dejó muy limpia la calle. Más bien hacemos todo lo contrario, nos quejamos de todo y esto no te hace sentir realizado ni motivado para mejorar.

-Si tú cambias, ¿todo cambia?
-Creo que las personas somos energía, es pura física, y, dependiendo de la frecuencia en la que yo esté, atraigo unas ondas u otras. Cuando tengo un día con una frecuencia baja, es normal que pueda acabar chocando con alguien. Si por el contario, llega una persona que tiene un mal día, pero nosotros estamos serenos, empáticos y positivos, esa persona recibe una buena vibración y no se siente atacada. Se relaja y todo cambia. También hay que contar que al refugio se llega con el agotamiento que produce la montaña sumado a que psicológicamente, el camino, es muy duro. A mí, por ejemplo, me encanta dar los desayunos porque es cuando la gente ya ha descansado, se ha duchado, están tranquilos y relajados. Ahí es donde puedes llegar a ver la esencia de las personas. La gente cambia mucho de cuando llega el primer día a cuando se van. También creo que es clave tener cierta humildad y saber que, cuando hemos hecho algo que ha podido molestar u ofender, disculparnos. Yo más de una vez me he ido a buscar a un cliente para hacerlo. En mi casa siempre intentaron enseñarme a no perder las formas o la buena educación. Y es verdad que, muchas veces, cuando tú intentas estar sereno, aunque la otra persona no pueda estarlo en ese momento, la respuesta suele ser positiva. Al final, cuando te muestras frente a alguien tal como eres y sin ponerte a la defensiva, es cuando te das cuenta de que no somos tan distintos.

“Me encanta la humanidad y soy una enamorada del ser humano, pero sí que es verdad que me cuesta entender las dinámicas sociales”

-Has dicho que eres una “humanista antisocial”. ¿Me lo explicas?
-Me encanta la humanidad y soy una enamorada del ser humano, pero sí que es verdad que me cuesta entender las dinámicas sociales. Es una de las cosas que más me encantan de este trabajo. Momentos en los que la gente viene a contarnos cosas de su vida o de cómo ha ido su día. Creo que todos, de alguna forma, necesitamos calmar nuestra alma y conectar con otras personas para buscar esa comprensión y entendimiento. Es una manera más, ya sea yendo a la montaña, a una peluquería o a un bar. Muchas veces la gente al refugio llega cansada, blandita o se echan a llorar porque para ellos ha sido una experiencia muy intensa llegar hasta allí o porque era un sueño hecho realidad, lo han conseguido y el enorme esfuerzo ha merecido la pena.

-La montaña, ¿pone a cada uno en su sitio?
-Esa es una de las cosas que más me gusta de ella. Te quita las tonterías de golpe. El ser humano tiene mucho ego y en muchas ocasiones está más pendiente del postureo que de cualquier otra cosa, a todos nos gusta sentir que le gustamos a los demás y, quien más o quien menos, está con la enorme necesidad de ser visto. De ahí la adicción que vivimos con las redes sociales. Pero cuando llegas a la montaña, te sumerges en ella y estáis sólo los dos, a ella no le importa que hayas hecho ochomiles o que seas un alto directivo. Te coloca en tu sitio de manera inamovible. En ese sentido, te baja mucho los humos. Creo que pasa lo mismo con el mar. No es raro ver en un marinero o un pescador una cierta serenidad que llega a ser maravillosamente contagiosa si dejas que lo sea. Yo creo que es porque el mar es un lugar que, como la montaña, nos centra y nos hace estar mejor posicionados en nuestra vida.

“Cuando llegas a la montaña, te sumerges en ella y estáis sólo los dos, a ella no le importa que hayas hecho ochomiles o que seas un alto directivo. Te coloca en tu sitio de manera inamovible”

-Sin la montaña, ¿serías a día de hoy la persona que eres?
-Mi padre siempre dice una cosa que a mí me gusta mucho y es que “una bellota no necesita que nadie le explique que va a ser un roble”. Las respuestas las llevas dentro. Me lo dijo por primera vez cuando mi madre murió en un accidente de tráfico, cuando yo tan solo tenía diez años y un enorme terror a una vida sin ella. Para mí, la edad de los diez a los doce es un momento complicado y me enternece mucho porque estás dejando de ser niño, te empiezas a dar cuenta de lo que se va poniendo por delante y como es normal estás un poco asustado. A mí, en ese momento, me embargaban muchas dudas y, cuando escuchaba esa frase, me tranquilizaba un montón. Esa semilla va a necesitar que llueva de una manera determinada, caer en un terreno fértil, que alguien la cuide, pero ella, en su código, ya sabe lo que va a ser. Yo creo que, en esta vida, todos llevamos nuestras respuestas dentro y el mundo nos agita para sacarlas. Cuando tienes inquietudes, cualquier estado te puede sacar todo eso que llevas en tu interior, pero la montaña es uno muy saludable y, a mí, me las ha ido sacando de dentro poco a poco.

-¿Qué es lo que más valoras de todo lo que te ha enseñado?
-Una de las cosas que más me gusta de la montaña es la parte “primitiva” que tiene. De alguna forma te hace activar el ingenio y es muy saludable porque el ser humano lo necesita. Estamos en una sociedad en la que, cada vez, nuestro cerebro creativo está más anulado. La montaña, de alguna forma, te despierta: si te has quedado sin agua te obliga a pensar cómo la puedes encontrar, si te has perdido, cómo puedes hacer para orientarte… Te obliga a ser de todo y, cuando se activa esa parte del cerebro, remueve muchas cosas de dentro que estaban dormidas. Es como cuando estás tú solo. A mí me encanta caminar sola porque, por lo general, si la persona con la que voy sabe más que yo, me relajo y voy detrás de ella sin pensar. Acomodarse no está mal, pero, de vez en cuando, romper esa comodidad es como que te hace volver a conectar contigo y activas el niño que llevas dentro que es el ingenioso y el creativo. Lo llevamos de serie.

“Una bellota no necesita que nadie le explique que va a ser un roble. Las respuestas las llevas dentro”

-En cierto modo, ¿activa el código de supervivencia que todos llevamos dentro?
-Es maravilloso porque ves que, cuando las cosas dependen de ti, descubres partes que no sabías que tenías dentro. El ser humano es impresionante y, muchas veces, somos nuestro peor enemigo. Una cosa que siempre le digo a la gente en la montaña es que, cuando están cansados, todavía les queda más del 50% de energía. Están agotados psicológicamente porque les ha entrado miedo, porque ya han recorrido la ruta un montón de veces en su cabeza y piensan que no van a poder. Cuando estás constantemente mandándote a ti mismo mensajes negativos, te agotas.
Hay una cosa que me da mucho miedo con mis hijas y que intento no hacerlo nunca y es ponerles etiquetas. Puede que un día estés haciendo una cosa determinada, pero tú no eres eso. Si yo te lo repito a diario, voy a meterte ese código en el cerebro, vas a vivir constantemente con ello y te va a condicionar. A medida que cumples años, a veces te das cuenta de que toda tu vida has sido de una manera y, realmente, ni te sientes realizado con eso, ni te gusta.

-¿Qué les agradecerás por siempre a tus padres?
-Muchas cosas. Ahora me estoy dando cuenta de que la filosofía que mi madre siempre intentó transmitirme, era un estilo de vida basado en el conócete a ti misma, quiérete, intenta encontrar lo que te hace sentirte realizada en la vida, no te aferres a una cosa sin más, no te sientas mal por lo que los demás piensen. Siéntete viva porque vida, sólo hay una. De mi madre tengo muchos recuerdos, incluso guardo frases. Mi padre es un filósofo en potencia. Un provocador nato, de los que les gusta tensar mucho la cuerda. Era de los que decía que los hijos no son tuyos, que son del mundo y que tú los tienes que dejar. Si vuelven, bien y, sino, pues así debe ser.
En mi casa la vida era algo que se salía un poco de la norma, una familia totalmente atípica porque ambos eran personas muy pasionales, románticas, a los que les encantaba dibujar, la cultura y el arte. Por supuesto, había momentos difíciles, como en cualquier casa. Mi padre siempre dice que la familia es lo que más te quiere y lo que más te puede destruir. Al final todos arrastramos genes y patrones y, hasta que no maduran, los hijos no se dan cuenta de que sus padres también eran personas, que se enamoraron, que pasaron momentos agradables y desagradables, que tomaron decisiones de las que se arrepintieron y que la paternidad les quedó enorme muchas veces. De alguna manera, si soy sincera conmigo misma, uno de mis motivos para ser madre fue pensar que podía demostrarle a mis padres que llegaría a ser mejor que ellos y me he caído con todo el equipo. Somos muy arrogantes y pensamos que todo lo podemos hacer mejor que los demás, y no es así.

“Mi padre Era de los que decía que los hijos no son tuyos, que son del mundo y que tú los tienes que dejar. Si vuelven, bien y, sino, pues así debe ser”

Hijas de Kris M. García San Miguel

-¿Qué te gustaría que te agradecieran ellas el día de mañana?
-Yo adoro a mis hijas, pero siempre me ha costado ser una madre clásica. Pienso que lo único que tiene que agradecer un hijo a sus padres, es haberle dado el regalo de vivir. Nada más. Los padres traen al mundo a sus hijos y, de alguna manera, vuelcan en ellos sus expectativas y frustraciones. No te das cuenta de que lo que muchas veces necesitan es que confíes en ellos y a veces, por no decir siempre, necesitan ver las cosas solos, aunque les cueste un fuerte golpe, para luego aprender y tomar decisiones por sí mismos. Necesitan romperse para aprender. Yo las tengo que educar, porque es mi función de madre y, de alguna manera, puedo ser una guía o un apoyo, pero, al final, la vida la van a vivir ellas. Y lo van a hacer con lo que tienen en su cabeza y yo no puedo hacer nada, puedo estar. Muchas veces les digo que no las puedo querer más, pero yo no sabía ser madre y no sé si sabría ser mejor a día de hoy. Soy la madre que soy, estoy aprendiendo y lo hago junto a ellas. Cometo muchos errores y sólo espero que tengamos siempre la humildad de sentarnos y entendernos.

“Pienso que lo único que tiene que agradecer un hijo a sus padres es haberle dado el regalo de vivir. Nada más”

-Una de las reflexiones que reflejas en el libro es que un joven tiene muchas ganas de experimentar pero, para una madre, aprender a soltar y confiar nunca es fácil. ¿Lo es para ti?
-Creo mucho en la autosuficiencia. Mi madre me la enseñó y, cuando ella murió, no la eché de menos en el sentido práctico de la vida. Por supuesto que no hay día que emocionalmente no me falte y no me acuerde de ella. Pero yo, con diez años, sabía ir a comprar, cocinaba ciertas cosas, hacía mi cama, me vestía… A mis hijas les digo que, no porque yo les haga todo las quiero más o menos. Me encanta que consigan las cosas por ellas mismas porque considero que, ese regalo, no se lo va a dar nadie.
Las personas, muchas veces, nos sentimos vacías y lo superficial está genial y es muy necesario, pero no puedes confundir los términos. Los vacíos existenciales o humanos, no se llenan con cosas fáciles. Se llenan con esfuerzo, con conocimiento personal, con vivir situaciones de supervivencia, con la calidad que tienes dentro, con el amor hacia otras personas y con lo que ellas te transmiten. Lo demás es atrezo, pero el guion, la parte fuerte de la obra de teatro, la llevas dentro. Cuando era pequeña, pensaba que mi madre no me quería porque yo tenía que esforzarme mucho más que el resto de las niñas que conocía para tener lo que necesitaba o quería. Cuando faltó, entendí que era todo lo contrario. Ahora me doy cuenta de que me enseñaron a pensar por mí misma y no quedarme con lo primero que se me ocurría. Me decían: contrasta, respétate a ti misma, a todo lo que te rodea y no des todo por sentado.

Teko y los Picos de Europa, primera novela de Kris M. García San Miguel

-En el libro, una ardilla le dice a Teko que el viaje no hay que pensarlo de una sola vez. ¿La vida también hay que pensarla paso a paso?
-Creo que sí. Cada vez tengo más claro que la atención plena es vital. Todo es mucho más sencillo de lo que pensamos y creo que hay que pensar en el día a día, aunque mañana haya que hacer cosas. Pero incluso eso, hay que hacerlo desde la presencia porque muchas veces te pones a darle vueltas a lo que tienes que hacer y nunca estás en el sitio. Es algo que los niños tienen de manera natural. Si los observas, es brutal el nivel de presencia que tienen. Cómo se concentran, disfrutan y saborean cada pequeña cosa. Eso es mucho más sano que esta ansiedad en la que nos hemos metido. Vivimos intentando llenar vacíos, y vuelvo a decir que todo lo tenemos dentro. La cuestión está en pararnos y escucharnos.

“Los vacíos existenciales o humanos no se llenan con cosas fáciles. Se llenan con esfuerzo, con conocimiento personal, con vivir situaciones de supervivencia, con la calidad que tienes dentro, con el amor hacia otras personas y con lo que ellas te transmiten”

-¿Es importante tener siempre un objetivo o un sueño hacia el que caminar?
-Tener un rumbo en la vida es muy sano, pero siempre sabiendo que, en algún momento, a lo mejor, cambia. Muchas veces, nos obsesionamos con algo y creo que hay que buscar el equilibrio entre luchar contra las adversidades y esforzarse por algo, y hacer el ejercicio de preguntarte, de vez en cuando, si de verdad eso es lo que tú quieres en la vida. Cuando te obcecas con algo no lo disfrutas y siempre es mejor el viaje que la meta.
Cuando he dado charlas en los coles, a los niños siempre les digo que lo bonito de la montaña es caminar. No es llegar a la cumbre porque, cuando lo haces, la mitad de la gente ya está pensando en cómo bajar o en la siguiente que le gustaría hacer. Otras veces, no llegas arriba y eso produce mucha frustración. A mí me da mucha pena cuando estoy en Jermoso y llegan personas malhumoradas porque se han quedado a cincuenta metros de la cumbre. ¿De verdad? ¿Y todo lo demás? ¿Las experiencias que has vivido no cuentan? ¡Es una pena! La cima no tiene tanto valor. Creo que, en esto, la montaña es muy sabia porque, cuando estas caminando, sólo tienes el paso a paso. No tienes otra cosa y el futuro se va creando según tú lo veas.

-“Da igual dónde estés, dónde vayas o cual sea el camino que vas a hacer, lo más importante siempre va contigo, y cuando creas en ello, eso será el comienzo para que todo lo demás empiece a funcionar”. ¿Qué es para ti lo más importante?
-Mi madre era la mayor de cuatro hermanas, había cuidado mucho de sus padres, tenía dos hijos y se había dejado muchas cosas pendientes. Escribía novelas, le encantaba pintar, cogía una máquina de coser y hacía patronaje de una manera impresionante. Era una mujer muy innovadora, pero creo que en el fondo tenía parte de sus alas cortadas por vivir siempre por y para cuidar a los demás. Yo la observaba y la veía luchar como un gato porque, en el fondo, tenía un lado muy salvaje, pero iba siempre muy acelerada por la vida. De pronto se murió y, cuando nos devolvieron sus cosas, en su bolso tenía una agenda. Recuerdo que la abrí y me puse a mirar desde el día del accidente en adelante todas las cosas que tenía apuntadas para hacer. Ahí me di cuenta de que nada de todo eso era importante porque ya no lo iba a hacer y el mundo iba a seguir girando, aunque ella ya no estuviera. Cuando sientes que, en el fondo, eres prescindible, sientes alivio. Te das cuenta de que las cosas no dependen de ti, con lo cual, puedes dedicarte a vivir. Y si yo vivo, me realizo e intento sacar lo mejor de mí misma, será más positivo para la gente que me rodea porque les contagiaré de esa energía tan guapa que todos tenemos dentro. Es triste ir a un hospital y encontrarte con un médico que no quería serlo, o dejar a tus niños en el cole con un profe que no quiere estar ahí. Por eso considero vital estar en el momento presente y de vez en cuando preguntarte qué esperas de la vida.

“Cuando sientes que, en el fondo, eres prescindible, sientes alivio. Te das cuenta de que las cosas no dependen de ti, con lo cual, puedes dedicarte a vivir”

-Como tú misma preguntas en el libro, ¿qué es la vida más que una historia de superación?
-Cuando una persona vive un drama grande como perder a un hijo o que su pareja le deje, de pronto, se le rompen las estructuras. Todo en esta vida puede cambiar, y aferrarse a algo y obsesionarse con ello yo creo que no es positivo porque toda estructura es inestable y más tarde o más temprano se va a romper y entonces llegará la sensación de vacío. Aunque también es verdad que las cosas necesitan partirse a veces para que salga esa esencia que llevamos dentro. Cuando dicen que alguien vivió algo duro y dicen que está en shock, para mí, está en atención plena porque, todo por lo que había apostado en su vida, era inestable y se le ha roto. Lo que queda, es la persona, lo de dentro. Y a partir de ahí, se volverá a construir. Hay gente que cambia totalmente su vida y sus prismas y hay otras que crean otra estructura y se aferran todavía más a ella, pero cada cual vivimos la vida como buenamente podemos o creemos saber.

-“Lo que tenemos no nos termina de llenar y parece que nos haga falta una eternidad para entender lo maravilloso que es todo lo que hay”. ¿De verdad que nos hace falta tanto tiempo para darnos cuenta?
-Una cosa que me encanta es sentarme a charlar con la gente mayor. Son personas que han vivido de todo y han tenido que reconstruir su vida constantemente. A la mayoría les ves con una serenidad y una templanza impresionantes porque ya no hay identidades ni estructuras. Ya no se aferran a tener que ser el mejor en el trabajo, ni la más guapa porque ya todo eso ha pasado a un segundo plano. Sólo están ellos. Es un poco lo que le pasa a Teko. Él inicia un viaje, pero el objetivo es equivocado. Tiene algo dentro que le está impulsando a conocer, por supuesto, pero en el fondo, él tiene que ser el mejor rebeco del mundo y demostrarlo a los demás. Siempre tiene la sensación de que se está perdiendo algo y, cuando se ve en un momento duro y ve que la cosa ya se acaba, le embarga una serenidad pasmosa. Ahí es cuando se da cuenta de que todo va dentro. En esta vida hay que saber separar el objetivo del medio porque, tenerlo mal situado, no creo que sea sano. El objetivo nunca puede ser tener dinero o el mejor teléfono, eso es un medio. El objetivo tiene que ser sentirte realizado. Saber que la vida ha merecido la pena.

“El objetivo de la vida nunca puede ser tener dinero o el mejor teléfono, eso es un medio. El objetivo tiene que ser sentirte realizado. Saber que la vida ha merecido la pena.”

-¿Hay más magia en lo que se ve o en lo que no se ve?
-Mi madre siempre decía que lo maravilloso es lo imperceptible a la vista. Era una enamorada de El Principito. Por eso digo que me encanta la humanidad y sentarme a escuchar sus vidas. Me parecen tan interesantes que es como estar leyendo novelas todo el rato. Siempre digo que tuve la suerte de nacer en una familia con gente de todas las ideologías y, de alguna manera, intento esforzarme en entenderlo casi todo. Cuando veo a la gente discutir de cosas que, por lo menos para mí, son banales, visualizo a dos dinosaurios discutiendo mientras viene un meteorito que va a hacer que el planeta reviente. Al final es el “tener razón o estar en paz”. Mi padre repite mucho que la vida es una partida de póker y la muerte la gana siempre. Pero, aun sabiéndolo, tienes que disfrutarla, tirarte tus faroles, reírte, disfrutar de las cosas y ahí está todo el aprendizaje. Si va a acabar ganando ella, por lo menos, pásalo bien. Te digo que creo firmemente en que, la gran mayoría de las veces, los golpes que nos da la vida los estamos atrayendo. Por supuesto no considero que la gente tenga lo que se merece si hablamos de una enfermedad o del drama de perder a un ser querido, por ejemplo. Me refiero a que, muchas veces, tú mismo provocas situaciones para remover. Es pura física. Al final, es como en la naturaleza: causa y efecto. Tienes que provocar lo primero para que surja lo segundo.

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