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sábado 15, junio 2024

Comunidad Kendra. Mujeres empoderadas a través del deporte

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“Sentir el rugido de las olas, el repiqueteo del material de escalada, el aire gélido de la montaña, el dolor de pies y de manos. Alcanzar momentos de gran concentración en situaciones de riesgo y caer. Caer para levantarse y seguir, transformar los lugares más inhóspitos en nuestro hogar”. Esta es la primera declaración de intenciones de Comunidad Kendra, que no tiene una ubicación física concreta, es un espacio que está dentro de cada mujer, “en todas las mujeres que no pertenecen a nadie, ni a ninguna parte”. Ana Lys Simón, cofundadora junto a Rocío Lovera de esta iniciativa, invita a “descubrir hasta dónde somos capaces de llegar juntas las mujeres”.

Ana Lys Simón, cofundadora de Comunidad Kendra
Ana Lys Simón

En una sociedad condicionada por los estereotipos de género, el deporte juega un importante papel en el empoderamiento de la mujer. “El deporte nos ayuda a querernos, es un estímulo positivo que nos hace sacar lo mejor de nosotras, ayuda a reforzar nuestra confianza y a relacionarnos sin miedo unas con otras”, explica Ana Lys Simón. Kendra, un interesante proyecto con sello asturiano, tiene muchas vertientes y cuenta ya con más de cuatrocientas seguidoras.

La iniciativa, aunque sólo tiene un año de vida, la acaban de presentar al concurso Iberdrola Supera Difusión -dar visibilidad del deporte practicado por mujeres- y Supera Social -ayudar a la integración de la mujer a través de la práctica deportiva-. “Queremos dar visibilidad a lo que estamos haciendo e invitar a todas las mujeres que se sientan interesadas a participar”, comenta Simón.

“El deporte nos ayuda a querernos, es un estímulo positivo que nos hace sacar lo mejor de nosotras, ayuda a reforzar nuestra confianza y a relacionarnos sin miedo unas con otras”

-Ponme un poco en antecedentes, ¿quién es y a qué se dedica Ana Lys?
-Desde pequeña empecé a hacer montaña con mis padres en la zona de Cangas de Onís, en concreto en un pueblo que se llama Sotu L’Ensertal. Allí me crie entre pastores y ganaderos. Iba con mi padre y dormíamos en una cabaña que tenía mi tía abuela en los Lagos de Covadonga. En ese entorno me fui enamorando de la naturaleza y de Asturias. Me imaginaba vivir de esa forma algún día. Hoy soy guía de montaña y trabajo con la empresa de aventuras Naturaller, creada por mujeres y con más de diez años de experiencia. La verdad es que les va muy bien y me dan mucha libertad para proponer rutas, marcar fechas… estoy a gusto y creo que es mutuo. También practico surf… todo lo que sea naturaleza y deporte me apunto.

-¿Cómo nace el proyecto Comunidad Kendra? ¿Por qué ese nombre?
-Todo empezó en un grupo de wasap de amigas de la zona que quedábamos para salir a escalar. Nos dimos cuenta de lo a gusto que estábamos juntas haciendo deporte, motivándonos, apoyándonos, sin esa presión de la competitividad o ego que muchas veces envuelve al deporte. El grupo empezó a crecer y vi que eso podía ayudar a muchas mujeres a sentirse más cómodas, a conseguir más progresos y a dar más visibilidad al deporte femenino que hace tanta falta a día de hoy. Junto con mi amiga Rocío, que trabaja en marketing y fotografía, decidimos lanzar este proyecto.
La idea primigenia era unir a mujeres en torno al deporte y practicarlo juntas, pero fuimos viendo que había muchas chicas que no lo habían hecho antes y les apetecía experimentar otras cosas. Eso derivó en algo que definiría como un proyecto social de apoyo mutuo en general, a través del deporte, pero que también generaba una dinámica grupal muy de apoyo. Las chicas salían de allí con unas sensaciones muy buenas que luego les servían para su día a día.
Kendra es un nombre celta que significa “la gran campeona” como reconocimiento al espíritu de campeonas que todas llevamos dentro.

“Kendra es un nombre celta que significa ‘la gran campeona’ como reconocimiento al espíritu de campeonas que todas llevamos dentro”

Ana Lys Simón (en primer plano) y Rocío Lovera, fundadoras de Comunidad Kendra
Ana Lys Simón (en primer plano) y Rocío Lovera

-¿Qué tipo de deportes practicáis?
-Hacemos surf, escalada, rutas de montaña… también hemos hecho barranquismo con otras empresas, yoga en la naturaleza, hemos realizado actividades ecologistas con otros grupos para recoger basura en playas o en montaña. El pasado año, por ejemplo, organizamos una actividad de fin de semana en la playa de La Espasa, en la Terraza Playa Madre: un día subimos a Picu Pienzu, luego hicimos una mesa redonda en esa terraza con todo lo vivido durante la jornada y al día siguiente nos fuimos a hacer surf a La Espasa.

-¿Cómo ayuda el deporte a empoderar a la mujer?
-Siempre he defendido el efecto Pigmalion. Creo que siempre se ha empoderado el deporte masculino, es el que más vende, el más espectacular, el que consigue las mejores marcas. A nosotras nos ha generado dudas, inseguridades, ese afán de competir con ellos… la realidad es que nosotras vamos creando nuestra propia historia de lo que es el deporte que no tiene nada que ver con la de los hombres. Necesitábamos un espacio no mixto donde nosotras hablemos de nuestras experiencias, poner nuestras normas, sentirnos libres de juicios y presiones, y apoyarnos unas a otras para ir paliando esas inseguridades que el propio sistema genera. ¡No valemos menos, tenemos otras cualidades! ¡No somos menos, ni peores, si no distintas…! Queremos disfrutar con el deporte e impulsar un cambio de valores en este ámbito.

“Nosotras vamos creando nuestra propia historia de lo que es el deporte que no tiene nada que ver con la de los hombres. Queremos impulsar un cambio de valores en este ámbito”

Chicas de la Comunidad Kendra en la montaña

-¿Qué ha hecho el deporte por ti y qué te aporta?
-Todo lo que hago en el deporte lo extrapolo a mi vida. Sé cómo estoy mentalmente cuando me veo escalando o surfeando en las olas. Soy irregular en cuanto a rendimiento deportivo, al final te das cuenta de que cómo tengas tú la cabeza, o cómo estén tus procesos hormonales, influyen en lo que haces. Se producen desequilibrios y ese es un hándicap con el que hay que saber jugar. Todas las fortalezas que vas adquiriendo al enfrentarte a esos miedos e inseguridades te hacen más fuerte y te hacen tirar para adelante con todo. Y luego, la parte del ejercicio propiamente dicho te ayuda a estar ágil y eso te ayuda a disfrutar de la vida a todos los niveles.

“Necesitábamos un espacio no mixto donde nosotras hablemos de nuestras experiencias, sentirnos libres de juicios y apoyarnos unas a otras para ir paliando esas inseguridades que el propio sistema genera”

-Dices que siempre has sentido dentro de ti a una mujer salvaje… ¿Cómo es esa mujer?
-Yo desde pequeña no encajé en los estereotipos de lo que se consideraba una niña, bueno, más bien, de lo que nos venden que es una niña. Me gustaba jugar en barro, subirme a los árboles, bañarme desnuda en el río, disfrutar de la naturaleza en todos sus aspectos. Luego, llega la adolescencia y me dicen que dónde voy así, que no soy una mujer normal y que parezco un marimacho. En esa etapa intenté adaptarme un poco a eso que en teoría se esperaba de mí por ser mujer, pero me di cuenta de que no era así. Tengo dentro de mí a una mujer salvaje que es feliz en la naturaleza, siendo como soy y expresándome con libertad. Creo que todas la llevamos dentro. Leyendo sobre la quema de las brujas te das cuenta de que eso siempre estuvo ahí, es inherente a la mujer, aunque como no estaba bien visto se ocultaba: la unidad con la naturaleza, el conocimiento de las plantas, el cuidarnos entre nosotras, el disfrutar bailando… Afortunadamente, ahora no hay que ocultar nada, podemos volver a nuestra esencia, descubrir a esa mujer que huye de la domesticación, de los cercos que intentan vetar su libertad y por eso animo a todas las mujeres a descubrirlo.

-Y en ese camino de descubrimiento encontraste a otras mujeres que pensaban como tú…
-Sabía que existían mujeres que pensaran como yo, al fin y al cabo, una no es nada especial ni único. Descubrí que la sinergia que creamos entre nosotras es brutal, es como sentirse en casa. Las actividades que realizamos juntas las disfrutamos mucho. Son, por decírtelo de alguna manera, como mágicas.

“Tengo dentro de mí a una mujer salvaje que es feliz en la naturaleza, siendo como soy y expresándome con libertad. Creo que todas la llevamos dentro”

-“Todas las mujeres somos diferentes y respetar y valorar el poder de cada una hace más fuertes a las demás”, has dicho. ¿Cómo desarrolláis esa idea en la Comunidad Kendra?
-En Kendra, como en la vida, hay mujeres de todo tipo: distintas ideologías, amantes de diferentes deportes… te diría que lo más importante que vivimos en Kendra es abogar por el no juicio y desde ahí surgen cosas preciosas. Todas se sienten a gusto para aportar sus sentimientos, pensamientos, reflexiones… porque no se ven juzgadas, y eso hace que lo que hacemos sea muy productivo para todas. Estamos abiertas a escuchar, a debatir de forma sana y compartir.

-¿Y esa frase tan manida de que el peor enemigo de una mujer es otra mujer…?
-Ese mensaje de que somos malas entre nosotras, envidiosas, ha sido generado precisamente para que no nos juntemos ni nos descubramos. El patriarcado nos ha lanzado esta idea para que nos sintamos competidoras de una manera extraña entre nosotras, no ya en el terreno deportivo sino en general, en la vida. Mira, uno de los mejores sitios donde he trabajado a nivel grupal, no empresarial, ha sido en Primark porque éramos casi todas mujeres. Fui feliz con mis compañeras, teníamos un ambiente de grupo increíble y lo disfruté y eso que previamente me habían metido el miedo en el cuerpo. Creo que juntas generamos cosas muy peligrosas para el patriarcado. Nos inculcan miedo bajo capas de educación, nos imprimen temor a aventurarnos, probar cosas nuevas, a no ser perfectas, a expresarnos.

“Ese mensaje de que somos malas entre nosotras, envidiosas, ha sido generado precisamente para que no nos juntemos ni nos descubramos. El patriarcado nos ha lanzado esta idea para que nos sintamos competidoras entre nosotras de una manera extraña (…) Creo que juntas generamos cosas muy peligrosas para el patriarcado”

Chicas de la Comunidad Kendra en una jornada de surf

-Con lo que me comentas del miedo, ¿crees que detrás de él se encuentran también nuestros sueños?
-¡Claro que sí! Cuando siento que hay una barrera, para mí lo más importante es ver qué hay detrás y descubrir dónde me lleva, en qué me va a hacer crecer. Porque si permaneces en la parte cómoda, en tu zona de confort, ahí te quedas. Gracias a saltar esas barreras hoy puedo decir que tengo más mecanismos emocionales para superar cosas que me pasan en la vida, también gracias al deporte. Los sueños están tras las barreras.
Quiero preparar las oposiciones para bombero y sé que me enfrento a un abismo de dificultades, soy madre y trabajo, además el día de la prueba para mí será un reto a vencer al ver a tantas personas observándome, examinando cada cosa que hago, es algo que me pone nerviosa… casi tanto como hablar en público. Pero son cosas que quiero hacer porque son las que me hacen crecer tanto a nivel espiritual como humano.

“Cuando siento que hay una barrera, para mí lo más importante es ver qué hay detrás y descubrir dónde me lleva, en qué me va a hacer crecer”

-¿Qué pensaba de la vida aquella niña que corría por el monte y qué piensa, Ana Lys, ahora?
-Al principio cuando empecé primaria todo era muy divertido, luego la cosa se fue complicando. Fui muy buena estudiante, con poco esfuerzo sacaba muy buenas notas. Por razones de trabajo de mi padre, nos trasladamos al piso de Pola de Siero y allí me pasaba el día haciendo deberes y estudiando y sólo deseaba que llegara el fin de semana para ir al pueblo y coger la bici, ¡aquello sí que era vida! Durante la semana me daba cuenta de que sobrevivía, aquello me agobiaba hasta el punto de que en cuanto había un descanso entre clase y clase bajaba a tomar aire y respirar profundo. Pasada la adolescencia, como te decía, recuperé todo aquello y hoy puedo decir que soy la niña que fui.

-¿Cómo mantienes vivos esos valores?
-Hace poco estuve estudiando educadora infantil en Gijón, sobre todo pensando en dar una educación distinta para mi hijo y la verdad es que no aprendí tanto como esperaba a nivel de educación alternativa. Luego hice las prácticas en el colegio Currusquinos, un espacio de pedagogía Montessori que es una pasada, tiene muy buena metodología, funciona muy bien, y aunque pasaba tiempo fuera del aula me seguía sintiendo encerrada, necesitaba otra cosa. Así que como me seguían llamando las montañas, me busqué la vida por ahí. Acabo de hacer el TD1, tengo el título de Guía, quiero hacer el TD2 de montaña y en un futuro la especialidad de escalada, mi idea es guiar en la escalada clásica.

“Ahora no hay que ocultar nada, podemos volver a nuestra esencia, descubrir a esa mujer que huye de la domesticación, de los cercos que intentan vetar su libertad, y por eso animo a todas las mujeres a descubrirlo”

-¿Cuáles son tus proyectos de futuro?
-Kendra es un proyecto de futuro, porque a día de hoy -mi compañera Rocío y yo-, aún estamos intentando darle la forma legal necesaria para poder desarrollar todas las actividades que tenemos pensadas. Ahora tenemos todo un poco parado hasta tener cobertura legal para todo el tema de los seguros y demás, pero el wasap sigue funcionando.

-¿La comunidad Kendra funciona sólo a nivel de Asturias?
-Digamos que el mayor número de mujeres son asturianas, somos cuatrocientas, pero también es verdad que se han formado grupos en Castilla y León, País Vasco, Madrid, Cataluña y Cantabria. A veces quedan y hacen cosas, pero más bien a nivel individual. La idea es que cuando tengamos esa estructura legal, se abra Kendra a otras comunidades y allí lo lleven otras mujeres. Fíjate que todo esto lo hemos construido en apenas un año.

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