Centro Asturiano de Lausanne: un refugio cultural en plena Europa

Con la colaboración de Cajastur

En el corazón de Suiza, donde el lago Lemán refleja montañas y silencios, late también un pedazo de Asturias. Emilio Álvarez Sánchez, presidente del Centro Asturiano de Lausanne, custodia la historia de quienes cruzaron fronteras con la maleta llena de esperanza y la morriña a cuestas. Con él conversamos sobre raíces, gastronomía, la necesidad urgente de preservar una memoria que se desvanece y el futuro de una comunidad que sigue tejiendo identidad lejos de casa.

-¿Cómo nace el Centro Asturiano de Lausanne?
-La emigración asturiana hacia Suiza comenzó alrededor del año 1965 y se prolongó hasta los años 80, que fue cuando se produjo un auténtico boom migratorio, sobre todo de gente procedente del oriente de Asturias. Muchos llegaron con una idea muy clara: trabajar unos años, ahorrar algo de dinero y regresar cuanto antes para comprarse un piso o lo que fuera necesario. Con el tiempo, unos volvieron pronto y otros se quedaron aquí, formaron familias, tuvieron hijos y hasta nietos.
Quienes permanecieron empezaron a sentir la morriña, y como en el oriente el baile está tan arraigado, comenzaron a reunirse en un local. Entre varias personas decidieron fundar un Centro Asturiano para transmitir nuestra cultura a sus hijos y evitar que se perdiera.

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-En Suiza existen varios centros asturianos, pero el de Lausanne aparece a menudo como un punto de referencia. ¿Qué historia hay detrás de esa relevancia?
-Ahora mismo solo quedan dos centros en Suiza: el de Ginebra y el de Lausanne. En su día también hubo en Basilea y Zúrich. Ten en cuenta que la comunidad asturiana aquí no es tan numerosa; quienes sí son muy abundantes son los gallegos.
Más que una referencia, diría que el Centro de Lausanne es especial por las iniciativas que hemos desarrollado para dar a conocer nuestra cultura y, sobre todo, nuestra gastronomía. Además, estamos relativamente cerca de Asturias si nos comparamos con los centros de América. Eso es una ventaja, pero también un inconveniente, porque la gente puede desplazarse allí con facilidad.

-¿Qué tipo de actividades organizáis?
-Durante años celebramos el Festival Intercéltico, al que invitábamos a grupos de Asturias, de Francia y de todo el Arco Atlántico para compartir con el público suizo la cultura celta tradicional. El festival incluía conciertos de folk, música celta, gaita, grupos tradicionales y, por supuesto, degustaciones de gastronomía asturiana. Lo organizábamos en una plaza pública muy cercana al lago Lemán, un entorno precioso que atraía a mucha gente: asturianos, suizos y visitantes de muchos otros lugares. Pudimos celebrarlo durante cuatro años. Es muy complicado organizar un evento así, requiere mucho trabajo y una inversión económica importante.
Con el tiempo, la gente que colaboraba estrechamente con el Centro empezó a regresar a Asturias u otros destinos, y los asturianos que llegan ahora tienen inquietudes distintas. Son jóvenes con estudios superiores, profesiones importantes y otros objetivos.
También tuvimos equipo de fútbol y un grupo de baile. Llegamos a desplazarnos a París y a Bruselas para actuar, y mantuvimos una colaboración muy activa con otros centros europeos. La gente disfrutaba muchísimo con todo lo que hacíamos. Ahora, como centro, estamos en una etapa más tranquila.

Emilio Álvarez Sánchez, presidente del Centro Asturiano de Lausanne (Suiza)
Emilio Álvarez Sánchez, presidente del Centro Asturiano de Lausanne.

-¿Habéis encontrado ya un nuevo local para el Centro?
-Sí, lo encontramos el año pasado. Estuvimos cinco años cerrados y, finalmente, con mucho esfuerzo y muchas negociaciones —aquí los alquileres son muy elevados— conseguimos un local muy majo. Poco a poco intentaremos recuperar esos años de vacío.

-¿Y a ti? ¿Qué te llevó a Suiza?
-Mis padres emigraron cuando yo tenía tres años, primero a París y luego a Suiza. Ya sabes que en Asturias hubo épocas de mucho trabajo y otras de mucho paro. En el año 86 yo estaba en una de esas malas rachas, así que llamé a mi madre para preguntarle cómo estaban las cosas por aquí a nivel laboral. A la semana ya me había conseguido un contrato.
Pero yo tenía novia, así que decidimos que me marcharía yo primero; ella prepararía la boda, yo regresaría, nos casaríamos e iríamos para allí juntos. Nuestra hija nació en Suiza y ahora tenemos dos nietos.

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-¿Os sentís a gusto allí?
-Sí. Suiza es un país al que quizá le falte un poco de alegría, de ganas de hacer cosas juntos, de carisma. Pero también es un país muy serio, acogedor, con una economía muy sana. Quien quiere trabajar aquí, normalmente no tiene problemas.

-La gastronomía parece jugar un papel importante en este intercambio cultural. ¿Cómo se vive ese encuentro entre la cocina asturiana y la helvética?
-Es fundamental. Aquí gusta mucho nuestra comida, aunque hay que servir raciones más pequeñas; no son tan “glotones” como nosotros (risas). La gastronomía es otra forma de darnos a conocer, porque a Asturias no la tenían muy ubicada.
Cada año invitamos a los cocineros de un restaurante asturiano para que elaboren aquí un menú que degustan entre 170 y 200 comensales. Y, por supuesto, no falta la música asturiana. El certamen se llama Sabores de Asturias y este año celebraremos la quinta edición. Tiene mucho éxito y, como estamos cerca, muchos toman nota para luego viajar a Asturias a comer allí.

-Has comentado que las redes sociales han sustituido en los jóvenes cierta cercanía personal. ¿Qué cosas crees que nunca podrán reemplazar?
-Creo que el diálogo y el contacto entre las personas nunca podrán sustituirse. El ser humano nació así: necesita encontrarse con los demás. Las redes sociales sirven para muchas cosas y hoy se utilizan para todo, pero siguen siendo un elemento muy frío. Personalmente prefiero a las personas, claro está, aunque reconozco que los jóvenes se mueven así ahora.

-¿Cuáles son vuestros proyectos más inmediatos?
-El más inmediato es preparar la quinta edición de Sabores de Asturias. Entre medias queremos organizar una promoción de productos asturianos y nos gustaría contar con la presencia de gente que trabaja con conservas, quesos o sidra. Es otra forma de promocionar nuestra tierra y animar a la gente a visitarla y consumir allí. La pena es que quitaron el vuelo directo, y ahora estoy luchando para que la administración asturiana lo recupere.

-Decís que el futuro de los centros asturianos no pasa por volver al pasado, sino por perpetuar la historia que los sostiene. ¿Estáis trabajando en alguna recopilación o estudio en ese sentido?
-Podemos recopilar fotos y documentos, pero no tenemos capacidad para hacer algo más completo porque carecemos de conocimientos, experiencia y medios. Creo que debería ser el Gobierno de Asturias quien nos apoyara en esta tarea, enviando personal para hacerla posible. Luego, una vez recogido ese material, podrían crear algo parecido al Archivo de Indianos en Colombres (Ribadedeva) que recoge la huella de los asturianos en América, en este caso sería dedicado a Europa.
El Viejo Continente tiene una historia de migración asturiana muy importante, distinta a la de América porque tuvieron lugar en contextos muy diferentes y eso no se puede perder. Quienes vengan detrás deben saber por lo que pasaron aquellos primeros emigrantes de mediados del siglo XX. No todo fueron alegrías: hubo momentos muy duros, desde no conocer el idioma hasta enfrentarse a una cultura y una gastronomía distintas, a ello hay que sumar la nostalgia de estar lejos de su lugar de origen. Se pasó muy mal.
Hay centros asturianos que cerraron aquí en Suiza y lo han perdido todo, y los que siguen abiertos —Zúrich, Basilea y Berna— van camino de ello. El país helvético fue uno de los principales destinos de la emigración asturiana europea, y esto hizo que se creara una amplia red de centros asturianos que lamentablemente ha ido disminuyendo con el tiempo. La huella asturiana en Europa tiene que conocerse antes de que desaparezca.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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