Manuel De Barros, presidente de la Federación Internacional de Centros Asturianos. Embajadores de nuestra tierra

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Manuel De Barros. Presidente de la Federación Internacional de Centros Asturianos
Manuel De Barros / Foto: FICA
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Más de cien asociaciones, centros y casas de Asturias están activos en todo el mundo. Desde hace más de un siglo contribuyen a la difusión y preservación de nuestra cultura, valores y patrimonio allí donde están. Hoy pretenden seguir siendo un punto de encuentro para la nueva emigración. “La participación de los jóvenes es muy importante para dar continuidad a los centros asturianos”, comenta De Barros.

La emigración forma parte de la historia de esta tierra. Desde el siglo XIX, por razones económicas, políticas y familiares, miles de asturianos se ven obligados a abandonar su hogar. En esta diáspora, unos van ayudando a otros y se crean espacios comunes para el encuentro e integración de los recién llegados. Nacen los Centros Asturianos.
Manuel De Barros lleva media vida trabajando por esta causa. Por un lado es presidente del Centro Asturiano de Alicante y desde hace tres años, también preside la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA). Su objetivo: rejuvenecer los Centros Asturianos de todo el mundo e incrementar la presencia de las mujeres en las juntas directivas.
-¿Qué papel juega una entidad como la que usted preside?
-La FICA es una entidad que sirve de nexo de unión entre todos los asturianos repartidos por el mundo, tenemos muy buena relación con el Gobierno de Asturias: somos los interlocutores con el resto de centros. Peleamos mucho porque la emigración de ahora es muy globalizada en el sentido de que la gente igual está en París que en Buenos Aires, se mueve mucho y la cultura asturiana es la que está sirviendo de nexo de unión. Sigue seduciendo la cultura del tambor y la gaita tradicional, y en este sentido la Escuela de Asturianía ha cogido auge. Fíjate que antes el día de la Santina, teníamos que traer a grupos de Asturias y ahora, gracias a la Escuela de Verano de Asturianía, los tenemos nosotros.

“En la Escuela de Asturianía los jóvenes se forman como monitores de cultura asturiana para luego ser profesores en su lugar de origen”

-¿Qué labor se lleva a cabo en dicha Escuela?
-Es un programa formativo dependiente del Principado en el que participan jóvenes descendientes de emigrantes asturianos que residen en otras comunidades autónomas u otros países. Tiene como objetivo formar a estos jóvenes como monitores en cultura asturiana en las especialidades de cultura, música y baile tradicional para que luego ellos puedan convertirse en profesores de estas disciplinas en su lugar de origen.
-El 23 de marzo del pasado año se aprobó, por unanimidad en el Parlamento asturiano la Ley de Asturianía. Una norma que ustedes llevaban reclamando hace tiempo. ¿Qué novedades introduce?
-Sobre todo en materia de representación y participación. Nosotros trabajamos mucho por esa ley, presentamos enmiendas al texto original y tengo que decir que en este proceso fue esencial la labor de Paz González Felgueroso. Ella negoció con todos los grupos políticos y consiguió que la Junta General del Principado aprobara por unanimidad la Ley, algo inusual en Asturias. Esta norma impulsa los derechos de las comunidades asturianas, otorga una mayor participación y establece por ley realizar un Congreso Mundial de Asturianía cada cuatro años y la convocatoria anual de la Escuela de Asturianía, entre otras cosas. Ahora queda pendiente el desarrollo de dicha norma que espero que se apruebe antes de que haya nuevo Gobierno.

“Cuando se oye una gaita o un tambor fuera de Asturias a la gente se le pone la piel de gallina”

-¿Cuáles son los mayores problemas a los que se enfrentan en la actualidad los Centros Asturianos en el exterior?
-Como dicen en términos futbolísticos: la cantera. Los jóvenes son el gran problema que tenemos porque los Centros Asturianos están envejecidos. Desde la Federación demandamos una mayor participación de gente joven en las juntas directivas así como de mujeres. Llevo tres años peleando e intentando que las juntas directivas sean paritarias o como mínimo con una representación de un 30% de mujeres. La solución pasa porque la gente se sienta partícipe del proyecto y ahí juega un papel muy importante la Escuela de Asturianía, ya que los que participan en ella se acaban convirtiendo en referentes en los distintos centros.
También colaboramos con el proyecto Compromiso Asturias XXI. Son empresarios, gente que se dedica a la investigación relacionada con la Universidad y que se unen a través de las redes sociales porque no tienen sitios físicos. Yo les animo a que ese trabajo que hacen on line lo hagan físicamente en nuestros centros asturianos. Hemos realizado un par de actividades en Madrid y tenemos más proyectos.

Miembros de la Escuela de Asturianía con sus diplomas
Miembros de la Escuela de Asturianía con sus diplomas / Foto: Dirección General de Emigración

-El fenómeno de la migración ha ido variando. Ahora son muchos los jóvenes que tienen que abandonar Asturias para buscar trabajo fuera. ¿Ha cambiado el sentimiento de pertenencia de estas nuevas generaciones?
-Sí, ha cambiado mucho sobre todo por la globalización. Estamos en un mundo más amplio y más de redes. He viajado alguna vez a América y ves que aquella gente siente nostalgia, el sentimiento por Asturias se sigue manteniendo pero de otra manera. Cuando se oye una gaita o un tambor fuera de Asturias a la gente se le pone la piel de gallina. No es lo mismo oírlo en Oviedo que oírlo fuera. Es como cantar el Asturias Patria Querida en la Feria de Sevilla cuando lo que suenan son sevillanas por todos los lados.
-¿En qué países hay más presencia de emigración asturiana?
-En Argentina están en activo unos veinte centros muy potentes. También hay un centro asturiano en México que es muy fuerte y tiene miles de socios. En Europa desgraciadamente están en decadencia. Hay centros en Bruselas, Suiza y en París. En España tenemos muchos. En la zona de Madrid hay cinco, en Levante hay otros cinco, en Sevilla, Salamanca o Valladolid, que tiene un centro guapísimo en una finca a las afueras de la ciudad que incluye un hórreo. Lo han comprado ellos y es patrimonio de Asturias porque en la mayor parte de nuestros estatutos pone que, en caso de disolución, lo que tenemos pasa a ser patrimonio de Asturias. Estas son cosas que los asturianos no saben y yo muchas veces explico. Somos gente que pelea pero que no recibe nada a cambio. Las subvenciones deberían subir bastante porque no alcanzan para cubrir los objetivos.

“Me indignan esos brotes xenófobos que se escuchan. Hemos sido emigrantes y nos han recibido con los brazos abiertos en casi todos los lugares. ¿Cómo no vamos nosotros a hacer lo mismo?”

-La solidaridad, un valor por el que han sido reconocidos como institución, es imprescindible para comprender la emigración. ¿Qué opinión le merecen esos mensajes xenófobos, esa cultura de levantar muros que se está colando cada vez más en los discursos?
-Siento vergüenza ajena. La historia de Asturias hay que leerla y está escrito que hemos sido los mayores inmigrantes de España junto con los gallegos. Hemos estado en toda América del Sur, Estados Unidos, Bruselas, Suiza… Hemos sido emigrantes y nos han recibido con los brazos abiertos en casi todos los lugares. ¿Cómo no vamos nosotros a hacer lo mismo? Me indignan esos brotes xenófobos que se escuchan. Yo creo que los asturianos no somos así, somos gente acogedora por naturaleza porque hemos sido emigrantes siempre. Creo que es necesaria una regulación pero insisto en una tolerancia cero con la discriminación. Por ejemplo, el Presidente del Centro Asturiano de Buenos Aires que es de Caso se fue con diecisiete años sin nada y ahora tiene allí un negocio impresionante. Él ahora se siente parte de ese país y nadie lo trató mal, con lo cual yo me opongo y estoy radicalmente en contra de estos discursos.
-¿Cree que el cariño y apego del asturiano por su tierra forma parte de su ADN?
-No soy antropólogo pero creo que algo habrá. Es un sentimiento que no lo tiene todo el mundo. Creo que asturianos y gallegos tenemos un sentido de pertenencia muy parecido. Es raro que haya una ciudad en España que no tenga un centro asturiano y eso no es común en otras comunidades. Y hay otra cosa curiosa y es que la gente, a medida que se hace mayor, se vuelve más de su tierra, la añora y quiere regresar. En este sentido el Gobierno del Principado ha puesto en marcha el Programa de Añoranza que promueve el encuentro de personas emigradas hace cuarenta o cincuenta años que por falta de recursos económicos llevan años sin retornar a su tierra, para que puedan volver y encontrarse con sus familiares. Es algo muy bonito y emotivo.

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