El cansancio invisible

Recuerdo muy bien el primer momento en que abandoné mi hogar como desplazado; yo, que nunca soporté la idea de alejarme de él ni por un día. La casa no eran solo paredes para dormir o descansar; era mucho más profundo que eso… era un vínculo espiritual con un lugar donde grabé mis recuerdos en cada rincón y en cada esquina. Allí, me desconectaba del ruido del mundo para encontrar mi propio universo, uno que se parecía a mí y me brindaba una paz que no hallaba en ningún otro lugar.

Pero ahora, he perdido mi mundo y he pasado a vivir en mundos extraños que no se me parecen, en los que no puedo sembrar nuevos recuerdos. Primero, porque no son permanentes, después de haber sido desplazado más de quince veces; y segundo, porque esta guerra no nos ha dejado ni un solo recuerdo bueno que valga la pena conservar. De ahí nació el «agotamiento invisible»… el cansancio del alma.

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El cuerpo se ha desgastado mucho: de cargar baldes de agua por largas distancias, de esperar horas en filas para conseguir comida, de buscar leña y encender fuego con cualquier cosa disponible —incluso con nuestra propia ropa, la única que nos queda—, y de correr hacia trampas de muerte por un puñado de harina. Pero el cuerpo, al final, dormita un poco para robar instantes de descanso; sin embargo, el alma agotada no duerme. Todo lo que mi alma conoció y amó se ha desvanecido: mi ciudad, mi casa, muchos de mis amigos y familiares… todos eran pedazos de mi alma, y con cada ausencia, mi alma perdía una parte de sí misma.

Pero a pesar de toda esta oscuridad, no tenemos más opción que continuar. Estamos obligados a levantarnos sin importar el peso del cansancio, pues no poseemos el lujo de derrumbarnos; porque si caemos, no caeremos solos. Quizás este sea el mayor motor para luchar en estas condiciones tan inhumanas.
Reconocer este cansancio no es debilidad, sino el primer paso para recuperar el ser. Nuestras almas en Gaza no están hechas de acero; son almas frágiles que la espera ha consumido y las distancias han agotado.

Por eso, a veces necesitamos gritar con todas nuestras fuerzas: «Estoy cansado… no es mi cuerpo, sino esa parte que habita en mi interior». Porque detrás de cada cuerpo que camina por nuestras calles destruidas, hay un alma que anhela una larga postración de paz, lejos del estruendo del deber y del pesado fardo de la supervivencia.

Hamdy Abu Sido, ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional Por Hamdy Abu Sido, fotógrafo profesional y coordinador en Gaza de Hope Palestina

El cansancio invisible (II):
Lo que permanece cuando todo se ha ido

Hay algo en el cansancio invisible que no tiene que ver solo con lo que se ha perdido… sino con lo que ya no encuentra dónde existir.
Cuando alguien es arrancado tantas veces de sus lugares, de sus ritmos, de su forma de habitar el mundo, no solo pierde referencias externas. Pierde también ese espejo cotidiano que le devolvía quién era sin necesidad de preguntárselo.

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Y entonces aparece algo muy difícil de explicar:
no es solo dolor… es desorientación del ser.
Porque la identidad, tal y como la conocemos, necesita apoyos. Necesita espacios donde desplegarse, vínculos donde reconocerse, pequeños gestos donde confirmarse cada día.

Cuando todo eso desaparece, no es que la identidad deje de existir…
es que deja de tener dónde apoyarse.
Y eso genera un tipo de cansancio que no se puede medir.
No es el cansancio del esfuerzo.
Es el cansancio de sostener algo que no encuentra forma de expresarse.
Es el cansancio de seguir siendo… sin poder vivir plenamente ese ser.
Por eso no basta con hablar de resistencia. Porque resistir no siempre es una elección consciente ni una cualidad admirable en el sentido en que se suele nombrar.
A veces, resistir es simplemente no tener alternativa.

Y ahí es donde desde fuera solemos equivocarnos.
Cuando se habla de fuerza, de esperanza, de “todo pasará”, muchas veces no se está acompañando… se está interpretando desde una distancia que no conoce ese tipo de agotamiento.
No todo necesita ser transformado en mensaje positivo.
No todo necesita tener un sentido inmediato.
Hay experiencias que necesitan ser reconocidas en su crudeza, sin ser suavizadas.
Porque en ese reconocimiento hay algo profundamente reparador:
darle existencia a lo que no se ve.

El cansancio invisible no es una metáfora.
Es una realidad concreta.
Es ese momento en el que el cuerpo se detiene unos minutos… pero la mente no descansa.
El alma no descansa.
Es vivir habiendo sido desplazado una y otra vez, sin poder construir nada que permanezca, sin poder guardar un recuerdo que no esté atravesado por la guerra.
Es haber perdido la casa, la ciudad, las personas… y seguir caminando con la sensación de que cada ausencia se ha llevado una parte de ti.
Es levantarse cada día no porque haya fuerza, sino porque no existe la posibilidad de no hacerlo.
Y aquí estamos…
nombrándolo.

Quizás algún día este agotamiento llegue a su fin…
y podamos mirar hacia atrás sin todavía creernos lo que hemos atravesado, y seguir vivos, sin habernos perdido por el camino.
Eso sí es resistencia.
Dándole forma a lo que no se ve, abriendo un espacio donde ese cansancio pueda existir sin tener que justificarse.
Porque hay cosas que no necesitan ser explicadas para ser comprendidas.
Solo necesitan no ser ignoradas.
El cansancio invisible… ha dejado de ser sombra.
Tiene nombre,
tiene forma,
tiene voz…
y ya no se puede silenciar.

Ahora puedes reconocerlo.
Ahora puedes verlo.
Ahora puedes escucharlo.

Amaya Ferrer González, especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina. Por Amaya Ferrer González (España). Fundadora de Hope Palestina

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Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy A. H. Abu Sido es ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional. Licenciado en Lengua Árabe con especialización en Medios y Comunicación por la Facultad de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Al-Azhar de Gaza. Amaya Ferrer González es especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.

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Hamdy A. H. Abu Sido es ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional. Licenciado en Lengua Árabe con especialización en Medios y Comunicación por la Facultad de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Al-Azhar de Gaza. Amaya Ferrer González es especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.

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