Lulu… Cuando la esperanza te elige entre los escombros

Allí, en el corazón de nuestra casa destruida en Gaza, donde convives con el dolor y compartes el espacio con las piedras y el silencio, a veces descubres que la calma se asoma por las rendijas más estrechas. Hace dos meses, Lulu no era para mí más que una pequeña gatita callejera que buscaba un rincón para protegerse del miedo. En el momento en que la tomé en mis brazos, no me di cuenta de que no solo estaba salvando a un alma fatigada, sino que también estaba abriendo paso a una luz tenue para que entrara en mi vida y transformara cada detalle de ella.

Su presencia empezó a vibrar con responsabilidad y belleza, convirtiéndose en una hijita a la que cuido día tras día. A pesar de las asfixiantes circunstancias económicas y la batalla cotidiana por asegurar nuestras necesidades diarias, me descubro empeñado en conseguirle todo lo que necesita, como si cuidarla se hubiera convertido en mi manera espontánea de aferrarme a la humanidad y a la vida. Se ha transformado en un miembro más de la familia, un integrante entrañable por cuyo afecto todos competimos.

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Lulu, gata de Hamdy Abu Sido (ciudadano de Gaza)
Lulu.

Lulu es una gata muy inteligente y traviesa; por eso, de vez en cuando, se escapa entre los escombros para entregarse a su pasatiempo favorito de jugar entre las piedras antiguas o para conquistarse unas horas de íntima serenidad. Cuando me acerco y la sostengo entre mis manos, siento como si intentara revivir aquel primer instante: el momento en que la encontré, o tal vez el momento en que me encontré a mí mismo de nuevo en medio de toda esta ruina.

Cuando el bombardeo repentino retumba por todas partes, Lulu corre aterrorizada buscando un escondite bajo una silla vieja o entre los pliegues de la ropa. Corro hacia ella, la abrazo y siento cómo su pequeño corazón acelera sus latidos como un tambor. Sigo acariciándola con dulzura hasta que se calma.
Luego se tumba sobre mi pecho y empieza a ronronear, ese sonido rítmico y cálido que se asemeja a una sinfonía musical de ensueño, inundándome de una felicidad tranquila y profunda que la lengua es incapaz de traducir en palabras.

Darle tu amor a un gato es un gesto hermoso que demuestra la ternura de tu corazón. Pero que un gato te ame a ti, que se vuelva hacia ti en medio de toda esta desesperanza para verte como su único refugio y su último amparo en el mundo… eso es lo que puede darle sentido a tu vida en multitud de ocasiones.

Al final, quienes habitamos las ciudades en guerra sabemos que los refugios no son paredes ni techos; los refugios pueden ser, a veces, un pequeño corazón que late sobre tu pecho, diciéndote sin palabras que, a pesar de todo el destrozo que te rodea, sigues siendo el mundo entero para alguien.

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Nosotros, en Gaza, no hemos perdido nuestra brújula humana. A pesar de todo, nuestros corazones siguen siendo capaces de dar amor y de recibirlo con total fluidez y transparencia. Quizá este sea uno de los objetivos no declarados de la guerra que no han conseguido alcanzar y que jamás conseguirán.

Hamdy Abu Sido, ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional Por Hamdy Abu Sido, fotógrafo profesional y coordinador en Gaza de Hope Palestina

Xana… cuando es el amor el que te elige entre los escombros de la pérdida

A través de la historia de Lulu, Hamdy escribe una frase que se me queda dentro: quizá, al encontrarla entre los escombros de su casa destruida, también se encontró a sí mismo.

Entiendo profundamente lo que quiere decir. A mí me ha ocurrido lo mismo con mis animales.
Hay vínculos que no solo nos acompañan; nos revelan. Nos llevan hasta lugares de nosotros mismos a los que quizá nunca habríamos llegado solos. En la entrega, en el cuidado, en la fragilidad compartida, vamos reconociendo quiénes somos.
Nos encontramos a nosotros mismos a través de ellos. Así es como me ha ocurrido a mí.

Hamdy encontró a Lulu en Gaza, en medio de una realidad atravesada por la guerra. Yo escribo desde España mientras Xana está enferma y atravieso con ella un duelo anticipado: ese territorio extraño en el que el ser que amas todavía respira a tu lado, pero el miedo ya ha empezado a dibujar su ausencia. Entonces, el cuerpo aprende otra forma de mirar.

Una caricia deja de ser un gesto automático. El olor se vuelve memoria antes de tiempo. El peso de su cabeza sobre mí adquiere una gravedad nueva. Empiezo a guardar detalles que antes parecían eternos: la textura de su pelo, la cadencia de su respiración, la forma en que su cuerpo encuentra el mío.

Hay algo profundamente desgarrador en intentar recordar aquello que todavía está presente.

Por eso, cuando leo a Hamdy describiendo cómo Lulu corre aterrorizada con el estruendo de los bombardeos y cómo él la recoge entre sus brazos hasta que su corazón se calma, conecto con esa escena desde un lugar muy íntimo. No porque nuestras circunstancias puedan compararse. No pueden. Pero el cuerpo reconoce ciertos lenguajes antes que la razón. Reconoce el temblor, el miedo, la necesidad de proteger, la impotencia de no poder mantener a salvo todo aquello que amamos. Y ahí se abre una conexión.

Gaza corre el riesgo de convertirse, vista desde lejos, en una sucesión de cifras, mapas, imágenes y titulares. Pero nadie vive dentro de una cifra.
Se vive dentro de un cuerpo.
Dentro de una casa o de lo que queda de ella.
Dentro de un abrazo.
Dentro del hambre, del cansancio, del miedo.
Dentro de la necesidad de saber si alguien ha regresado.
Dentro de unas manos que, aun entre ruinas, siguen buscando a una pequeña gata para comprobar que está viva.

Lulu devuelve esa escala. Nos acerca. Nos obliga a mirar de otro modo. Ya no vemos únicamente un territorio herido. Vemos a alguien intentando preservar un pequeño espacio de ternura dentro de la devastación.

Y quizá conectar sea precisamente eso: dejar de mirar el sufrimiento del otro desde la distancia segura de las palabras y permitir que, por un instante, nos alcance el cuerpo.

Xana, gata de Amaya Ferrer, fundadora de Hope Palestina.
Xana.

Yo miro a Xana y conozco el miedo de perder. Hamdy mira a Lulu y conoce el miedo de no poder proteger.
Entre ambas vidas hay una distancia inmensa, pero el vínculo abre un lugar de reconocimiento.

Con Xana también me he encontrado a mí misma. Y ahora, con su enfermedad, estoy descubriendo otra dimensión del amor: la de permanecer junto a alguien mientras una parte de ti empieza a sentir el vértigo de su posible ausencia.

El duelo anticipado vuelve denso el tiempo.
Una tarde pesa más.
Una respiración tranquila importa más.
Una mirada dura un poco más de lo que duraba antes.
No porque amemos más, sino porque el cuerpo empieza a comprender que todo lo amado es finito.

Quizá por eso la historia de Hamdy me conmueve tanto. Porque Lulu no nos pide que entendamos Gaza como una abstracción. Nos invita a acercarnos a una vida concreta. A unas manos, a un pecho donde un animal asustado encuentra refugio. Y, desde ahí, quizá sea más difícil permanecer indiferentes.

El sufrimiento nos vuelve vulnerables, pero también puede volvernos permeables al dolor ajeno. Nos recuerda que cualquiera puede necesitar ayuda, que cualquiera puede temer una pérdida, que cualquiera puede buscar un cuerpo donde sentirse a salvo.

Y, sin embargo, incluso ahí, queda la esperanza. No como una idea luminosa o ingenua.
Como un gesto.
Como unas manos que todavía acarician.
Como alguien que comparte lo poco que tiene.
Como el cuerpo de una gata que, después del miedo, vuelve a relajarse sobre un pecho.

Hamdy encontró a Lulu entre los escombros de Gaza. Yo acompaño a Xana mientras aprendo a convivir con los escombros anticipados de la pérdida. Y quizá ambas historias se encuentran ahí: en ese lugar donde el dolor nos despoja de casi todo y, aun así, permanece la capacidad de cuidar.

Tal vez eso sea lo que más nos une como seres humanos. No solo que sufrimos, sino que, incluso heridos, seguimos ofreciendo refugio.

Y mientras un ser vivo pueda descansar confiado sobre el cuerpo de otro, todavía habrá un lugar por donde pueda entrar la esperanza.

Amaya Ferrer González (España). Fundadora de Hope Palestina Por Amaya Ferrer González (España). Fundadora de Hope Palestina

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Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy A. H. Abu Sido es ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional. Licenciado en Lengua Árabe con especialización en Medios y Comunicación por la Facultad de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Al-Azhar de Gaza. Amaya Ferrer González es especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.

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Hamdy A. H. Abu Sido es ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional. Licenciado en Lengua Árabe con especialización en Medios y Comunicación por la Facultad de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Al-Azhar de Gaza. Amaya Ferrer González es especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.

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