Más conocido como @_elasturiano_, Adrián González encontró en las redes sociales una manera de crear contenido de forma diferente. Con casi 60.900 seguidores en Instagram en la actualidad, no sólo busca continuar creciendo a nivel profesional, sino parecerse a referentes sociales que ayudan a transformar la vida de muchas personas.
Adrián es un chaval de barrio. Sin más. Pero él hace que esto signifique todo. Además de crear contenido en redes, trabaja por las noches en una casa de acogida de niños con diversidad funcional. Sonríe todo el rato y no porque a su vida no lleguen experiencias de las que duelen y ponen todo patas arriba, sino porque ha convertido ese acto en una revolución silenciosa que lo transforma y lo llena de energía positiva. No entiende los días sin sus amigos, su familia ni su perro Piqué, apoyos que han estado ahí desde el principio y le ayudan a mantenerse anclado a tierra. No le gustaría marcharse de este mundo sin dejar una huella positiva y haber ayudado a todos aquellos que se han cruzado en su camino. A día de hoy, lo está consiguiendo.
-¿Quién eres cuando cierras la puerta de casa y te quedas solo?
-Pues un chaval supercariñoso, cercano, familiar, que ama los animales; me gusta estar con mi perro, desconectar y hacer planes que no enseño porque forman parte de mi espacio personal. Cuando tenía la moto me encantaba ir a Luanco de noche y estar en el mar. Volvía a casa nuevo. También estar en casa con mi familia que, aunque somos muy diferentes, tengo una conexión muy buena con ellos y me han aportado valores que me hacen tirar para adelante. Son el apoyo que necesito. En esta familia incluyo también a amistades importantes que me proporcionan un entorno sano. Soy muy inocente, no me paro a pensar en las cosas malas y ellos me hacen ver la realidad.
-¿Integrador social y creador de contenido?
-Cuando me propusieron trabajar en la casa de acogida con niños con diversidad funcional dije sí. No soy una persona de hábitos nocturnos y, cuando supe que era de noche, dudé de cómo lo llevaría. La primera semana lo pasé mal porque me obligó a cambiar todas mis rutinas de vida. Pero, con el tiempo, me he ido amoldando muy bien y ahora mismo, las rotaciones que tengo me permiten llegar de trabajar y dormir en casa, tengo mis tardes libres o días de descanso y puedo hacer muchos planes. Me ha permitido tener mucha libertad en mi vida personal.
«Cuando me propusieron trabajar en la casa de acogida con niños con diversidad funcional dije sí (…). Con ellos aprendí a tener empatía, a quererme más a mí mismo y demostrárselo a los demás. Me he dado cuenta que me encanta querer a la gente»
-¿En quién te ha convertido trabajar con estos niños?
-Yo diría que te convierte en una persona que a lo mejor no pensabas que eras en el sentido de que te hace reflexionar sobre muchas cosas; te das cuenta, por ejemplo, que las cosas muy sencillas te hacen superfeliz. Los mínimos pasos que logran gracias a ti y a los trabajadores que están día tras día con ellos, te llenan de una manera que no consigue hacerlo ninguna otra cosa. Me han enseñado, sobre todo, a disfrutar del ahora, a aprovechar el momento. El día de mañana te puede llegar una enfermedad y es ahí cuando empiezas a replantearte tu vida, así que, ¿por qué no hacerlo cuando estás sano y puedes disfrutar? Con ellos aprendí a tener empatía, a quererme más a mí mismo y demostrárselo a los demás. Me he dado cuenta que me encanta querer a la gente.
-¿Qué no te enseñaron a ti y te gustaría que ellos aprendieran?
-Pues que en esta vida no existen diversidades funcionales y enfermedades que pongan un obstáculo a determinadas personas. Que pudieran tener los mismos privilegios que tenemos cualquiera. Muchas veces nos quejamos por tonterías cuando somos auténticos privilegiados. Me gustaría que nos diésemos cuenta de que, con voluntad, no existe ningún problema que no pueda tener un enfoque diferente. También te digo que ser así los convierte en personas muy especiales. Estos niños o personas con diversidad funcional, son puro amor. La mayor parte de las veces, es la propia sociedad la que crea juicios de valor sobre ellos. Todos somos iguales porque, ¿quién no tiene sus cosas especiales o diferentes?
-Lo que haces, ¿te hace sentir bien?
-Tengo 28 años y, desde que empecé a trabajar en la casa de acogida hace tres y a centrarme como creador de contenido, estoy superbien. Ahora mismo, podría decir que, tanto en lo personal como en lo profesional, son los años más felices de mi vida. He madurado y aprendido muchas cosas con el tiempo.
Desde pequeño, siempre fui un desastre estudiando. Lo fui sacando con esfuerzo, pero sé que hay obstáculos que me quedaron sin superar, como una oposición que intenté porque me hacía mucha ilusión. Al final encontré lo que realmente me llena y por eso estudié integrador social. Paso tiempo con esos niños y me reparan todos los males, dejo toda la energía negativa de ese día. Encontré lo que mucha gente busca que es disfrutar del trabajo, sentir ilusión y pasión por lo que haces.
«Soy consciente de que si paso una tarde con uno de estos niños, son ellos los que me están ayudando a mí. Por eso siempre procuro transmitirlo a otras personas, para intentar devolver lo que recibo»
-En una vida en la que, aparentemente, todo es fuera, ¿qué te recarga?
-Reconozco que despegarte de la tecnología es muy difícil. Yo, que me dedico a crear contenido, al final, estoy pegado a un teléfono 24/7. Pero también es verdad que, cuando coges el coche, te vas con un amigo, con tu perro o solo y estas fuera dos horas sin tocar el móvil, sientes de nuevo esa luz. Vivimos intoxicados. Puede que me veas disfrutando de mil planes que publico, cosas superbonitas pero, después de hacerlas, tengo que llegar a casa, editar, publicar y no puedes dedicar tiempo a tu familia, pareja, amigos, mascota o a ti mismo. Por eso desconectar con planes y gente sencilla me hacen la vida mejor.
-Lo que persigues, ¿merece la pena?
-La vida son experiencias. Pienso que cada persona se construye a base de las cosas que vive. Unas veces son buenas y, las malas, tienes que aprender a convertirlas en constructivas para hacerte más fuerte. Al final, a lo que siempre llego es a que tengo que sonreír día a día. La felicidad es un trabajo constante del que tienes que preocuparte. Soy consciente de que si paso una tarde con uno de estos niños, son ellos los que me están ayudando a mí. Por eso siempre procuro transmitirlo a otras personas, para intentar devolver lo que recibo. Yo me alegro por lo bueno que le pasa a todo el mundo, tener la suerte de poder ayudar, es lo más importante para mí. Esto no es trabajo. No es ni por dinero, ni seguidores. Muchas veces, lo mejor no es lo que publico en redes sino lo que experimento estando con ellos, los aprendizajes y las puertas que te abren a que reflexiones sobre cómo vives o haces las cosas.
-¿Qué tipo de persona te gustaría llegar a ser?
-Me encantaría poder marcharme de este mundo sabiendo que hice las cosas bien y ayudé a mucha gente. He conocido a personas que me han ayudado a tener otra forma de ver la vida, he tenido conversaciones de calidad con personas que agradezco enormemente porque te están dedicando su tiempo y eso es lo más valioso que alguien te puede dar. También me gustaría conocer a más gente en un futuro cercano. Tengo pendiente quedar un día con Santi, el Spiderman del HUCA. Me parece que hace una labor increíble y es una persona a la que quiero parecerme. Me maravilla la sensibilidad que hay que tener para acercarte a ellos, no desvelarles nada y arrancarles una sonrisa.
«Anteponer el bienestar de una persona al tuyo propio, te recarga y te hace el triple de feliz. Se establecen contactos que te enriquecen mucho»
-¿Por todas estas razones dices que “creas contenido que conecta”?
-Anteponer el bienestar de una persona al tuyo propio, te recarga y te hace el triple de feliz. Se establecen contactos que te enriquecen mucho. Cada persona es un mundo y cuando vas a esos sitios, te encuentras con todo tipo de críos. Lo que tengo muy claro es que los niños te eligen. Antes de trabajar en la casa acogida, me dedicaba a cuidar dos niños con diversidad funcional en Gijón. Los padres dijeron que, por su casa, habían pasado varias personas que no habían sido capaces de conectar con ellos. Mi objetivo era que ellos sonrieran, que lo pasaran bien y eso es lo que percibían.
-Hay un vídeo en el que dices que antes eras creyente y dejaste de serlo. ¿Qué pasó?
-Con eso tengo que corregir un error porque me expresé mal y mucha gente lo está interpretando como no es. Cuando hablo de “mi propia religión” o “mi propia fe”, no me refiero a que la gente tiene que creer en mí y que yo voy a solucionar sus problemas. Lo que quiero decir es que cada persona crea en sí misma porque eso supone un poder increíble. Después, puedes decidir apoyarte en la religión, en familiares que ya estén ahí arriba, amuletos, ángeles o lo que tú quieras. Si no confías en ti y no tienes la voluntad de tirar para adelante, estás acabado. La fuerza no sale de ningún otro sitio que no seas tú mismo. Por eso dejé de ser católico, porque me refugié en otras espiritualidades.
-¿Qué fue lo que te hizo dar ese giro?
-La religión es muy tradicional y la sociedad ha evolucionado. Yo llegué a través de una reflexión interna sobre mí y decidí refugiarme en personas cercanas que ya no están y son mis ángeles; mis amigos, mi perra Laika que ya nos dejó, mi perro Piqué que ahora mismo lo puedo disfrutar y me aporta mucho… Es en estos apoyos donde encuentro la salvación y la fuerza. Otros lo ven en la religión, en un dios concreto y me parece perfecto y tremendamente respetable. Yo practiqué mucho a través del psicólogo con el mindfulness y me dio otra visión de la vida. Yo siempre fui un chico muy nervioso. Cuando jugaba en el Sporting vivía mucha presión y el psicólogo fue quien me dijo que tenía que trabajar esos estados de ánimo a través de la meditación. Descubrí cosas muy sencillas como, por ejemplo, estar comiendo y centrarte en disfrutar ese plato. Yo no era capaz de poner el foco en disfrutar de un momento concreto. He aprendido a valorar el estudio interno de mí mismo, controlar cosas que me angustian o gestionar frustraciones que tenía desde hace tiempo.
«La fuerza no sale de ningún otro sitio que no seas tú mismo. Por eso dejé de ser católico, porque me refugié en otras espiritualidades»
-¿Solo y sin miedo al silencio?
-Desde pequeño, la soledad para mí era muy difícil. Siempre he sido una persona muy sociable, rodeado de familia, amigos o conociendo gente. Ahora, valoro mucho más esos ratos en los que desconecto, estoy con mi perro o dedico tiempo a reflexionar y llegar a respuestas que suponen un alivio increíble. Es fundamental pararse, dedicarse tiempos a uno y pedir ayuda. Nunca tiene que darte miedo hacerlo porque no vas a ser peor persona ni más débil por ello. Si hay que llorar se llora, no pasa nada. Hay veces que lo único que necesitas es que alguien te escuche.
-¿Sabemos pedir ayuda?
-No. Muchas veces tenemos esos miedos de que, a lo mejor, me van a ayudar por pena, me van a juzgar o voy a molestar. Todos, en algún momento, vamos a necesitar que nos ayuden. El psicólogo es un recurso muy bueno, pienso que debería estar en nuestra vida desde pequeños. Las herramientas que te proporciona son recursos que, en el futuro, te van a acompañar en cada paso. Muchas veces nos refugiamos en amistades o en la familia y nos dan su opinión desde el cariño o lo que ellos harían, pero no de una manera profesional. A mí me ha ayudado mucho y pienso que cuidar la salud mental es fundamental. Es algo que se debería sumar a la educación que se da en la ESO o institutos.
«Es fundamental pararse, dedicarse tiempos a uno y pedir ayuda. Nunca tiene que darte miedo hacerlo porque no vas a ser peor persona ni más débil por ello»
-¿Es vital creer en algo?
-Sí. Creer te da esperanza y eso es algo que nunca debes perder. Da igual lo que sea. Siempre hay una salida. Puedes estar viviendo un bache tremendo y parecerte que no vas a salir jamás de ahí, pero sí se puede. Hay que poner toda la fuerza en ello y tener un entorno que te apoye. En esos momentos te sientes muy solo y es fundamental tener a alguien que te ayude.
-¿En qué crees tú?
-Pues te diría que mi mayor creencia ahora mismo es luchar por ser feliz. Aunque haya días malos, que siempre pueda disfrutar de los trabajos, las experiencias, los encuentros con la gente, de los niños…
Otra cosa en la que creo mucho es en sonreír. Una sonrisa te da vida. ¡Es una locura el poder que tiene! Ese simple gesto te cambia la actitud de una manera radical. La sociedad está diseñada para sufrir todo el rato. Contando con que la vida va a ser así, yo creo que lo que tiene que ser diferente es el enfoque. ¿Qué me da la felicidad? Pues voy a luchar por ello. Ser proactivos es convertirse en alguien resiliente al que le llega un problema y es capaz de solucionarlo.
-¿Cómo sabes escoger qué es lo que merece la pena?
-Pues en esto sí que estoy perdido. No sé distinguir cuando se acercan a mí por buena o por mala fe. Soy un niño de barrio que le echó cara a la vida, empezó a crear contenido y a la gente le gustó. Es triste, pero muchas veces pienso, ¿quién estará ahí de verdad? No tengo dudas sobre los que están desde el principio, pero con gente nueva o algunos del pasado que, de repente, vuelven, me cuesta mucho identificarlo. Es algo en lo que estoy trabajando, pero lo tengo complicado porque soy de ver buenas “vibras” en todo el mundo. Tampoco quiero pensar mal de antemano. Muchas veces me dicen cosas de gente que no conozco y no me gusta la sensación de encontrármelas un día y tenerlas prejuzgadas en mi cabeza. A lo mejor, para mí, resulta que acaba siendo una bellísima persona.
«De pequeño sufrí bullying en mi colegio de toda la vida. Mis padres no se enteraron hasta sexto de primaria porque me lo guardé para mí y, aunque sé que no es lo mejor, me hizo fuerte. Lo conté por primera vez en un programa de la TPA porque quiero darle voz en redes»
-Para alguien tan expuesto, ¿qué nivel de importancia tiene la intimidad?
-Es algo fundamental. Muchas veces me dicen que estoy sonriendo todo el rato en redes, pero, a veces, estoy triste y no lo enseño porque la gente te acribilla y no es lo que necesitas en ese momento. Yo me refugio en mis amigos y mi familia que son los que me aguantan permanentemente. Lo que siempre intento es, si estoy triste por la mañana, cambiar la mentalidad y llegar a la tarde o a la noche con otra actitud. También creo que es importante contar las cosas que te pasan cuando sientas que estás preparado. De pequeño sufrí bullying en mi colegio de toda la vida, en Lugones. Mis padres no se enteraron hasta sexto de primaria porque me lo guardé para mí y, aunque sé que no es lo mejor, me hizo fuerte. Lo conté por primera vez en un programa de la TPA porque quiero darle voz en redes. A raíz de ello, me puse en contacto con diferentes fundaciones y, si gracias a hablarlo hay niños que les sirve para sentir que no están solos y que sepan que de estas cosas se sale, me doy por satisfecho.
-A día de hoy, ¿distingues lo que haces bien de lo que haces mal?
-Creo que sí. A veces las que hago mal son porque digo las cosas sin pensar. Me parece que no van a hacer daño y, después, cuando veo lo que sucede o yo mismo le doy vueltas, me doy cuenta de que no era lo acertado. Cometo errores por ser tan echado para adelante y tan nervioso. Pero para esto valen las reflexiones constructivas. También es cierto que hago muchas cosas bien así que se trata de seguir aprendiendo y pedir perdón si hace falta.
«Me gustaría darle las gracias a mi entorno por aguantarme. (…) Son ellos los que me han ayudado a construirme como soy, a darme valores, educación y me recuerdan siempre que nací en un barrio y sigo siendo de él»
-¿Te cuesta pedir perdón?
-No. Si lo siento de verdad, no me cuesta decírselo a quien sea y como sea. Hacerlo es liberador porque tienes ahí esa preocupación o remordimiento que te mata poco a poco. Cuando pides perdón a alguien, también te perdonas a ti mismo y zanjas las frustraciones que te puedan quedar dentro. Lo que tampoco hago es ser falso y pedirlo sin estar convencido.
-¿Hasta qué punto es vital para el control del ego hacer autocrítica?
-Hay que tener siempre una hoja en la que vayas apuntando lo que haces bien o mal. Ver las diferencias de las cosas, comparar y reflexionar mucho. Sentarte a hacerlo es complicado porque cuesta mirar hacia ahí, pero, hacerlo, es un trabajo bueno y muy constructivo para ti mismo. Yo lo estoy trabajando y me ayuda a anclar los pies a tierra.
-¿Algo más que sea importante para ti?
-Me gustaría darle las gracias a mi entorno por aguantarme. Sé que muchas veces soy muy complicado y valoro a todos los que están ahí desde el principio. Son ellos los que me han ayudado a construirme como soy, a darme valores, educación y me recuerdan siempre que nací en un barrio y sigo siendo de él. A los que llegan nuevos, espero estar preparado para darles el 200% de mí porque estoy muy agradecido de que les guste mi contenido y me apoyen. Lo que quiero es que mi esencia no se pierda nunca.