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domingo 8, febrero 2026

CANpañía. La compañía perruna, el mejor antídoto contra la soledad no deseada

Nuevamente, Asturias se afianza como la comunidad autónoma más envejecida de España, con más de un 28% de su población mayor de 65 años. Este envejecimiento poblacional acarrea una serie de desafíos, ya no solo en lo relativo a la intensificación de los servicios de salud y sistemas de pensiones, sino también en lo que viene considerándose por muchos expertos y expertas en la materia, la gran epidemia silenciosa de este siglo, que no es otra que la lucha contra la soledad no deseada. En la Estrategia Asturiana sobre Soledad no Deseada 2025-2030, se indica que una de cada cuatro personas mayores de 65 años la padece de forma persistente.

Alrededor de 70.000 personas mayores de 65 años viven solas en Asturias, intensificándose el porcentaje en los municipios más grandes como Oviedo. También se da una gran ocupación en las residencias con un superávit de más de 1.200 plazas sobre la ratio de 5 por cada 100.
Con relación a las personas mayores institucionalizadas, estudios revelan que en torno al 27% no reciben visitas nunca o casi nunca, situación que se agrava en los meses de verano, hasta un 85%, lo que produce un aislamiento continuado de este colectivo.
En este sentido, desde la ONGD MASPAZ (Movimiento Asturiano por la Paz) venimos desarrollando desde hace más de dos años un programa de intervención socioeducativa muy novedoso, donde el perro se convierte en el canalizador perfecto capaz de crear condiciones personales y sociales que favorecen el bienestar de las personas mayores, contribuyendo a detectar y mitigar situaciones de soledad y aislamiento.

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#CANpañía es un programa de intervención asistida con perros que se desarrolla en varias residencias y centros de día ubicados en Asturias y que tiene como objeto principal la promoción del envejecimiento activo y saludable en las personas mayores a través de intervenciones asistidas con perros, mitigando la soledad no deseada en dicho colectivo.
En la actualidad, el programa se implementa en tres centros de personas mayores (una residencia, una vivienda tutelada y un centro de día), dos de ellos asentados en Cudillero y un tercero en Oviedo; participan en el mismo 42 personas mayores con edades comprendidas entre los 65 y los 92 años, de las que un 62% son mujeres frente a un 38% de hombres.

En nuestras intervenciones, el perro forma parte del proceso de rehabilitación, reeducación, integración y socialización de las personas mayores; destacando en este punto el trabajo con perros rescatados que han sufrido maltrato, abandono y/o han sido utilizados solo para procrear. Estos animales han seguido un proceso de reeducación y curativo por parte de la coordinación del programa que incluye la creación de un entorno seguro, el refuerzo positivo, la atención veterinaria, la socialización gradual y la consulta con expertos y expertas en comportamiento canino. Una vez que el perro ha logrado recuperar su confianza y se encuentra feliz, se inicia el proceso de entrenamiento que se requiere para llevar a cabo de manera óptima las sesiones del programa.

El entrenamiento incluye socialización, obediencia y habilidades de apoyo. Nuestros perros dominan la obediencia básica permaneciendo en posiciones, sentados, tumbados, de forma relajada y por tiempo prolongado, y dan la pata cuando se les pide. También manejan habilidades específicas atendiendo al tipo de persona usuaria. En el caso de personas mayores con movilidad reducida, abren puertas, buscan y traen objetos, etc. En el caso de apoyo psicológico, calman y tranquilizan a las personas usuarias a través de caricias, lametazos y acompañamiento. Además, nuestros perros de tamaño pequeño resultan ideales por su accesibilidad y manejo para las personas mayores con movilidad reducida y encamadas, en el caso de estas últimas, reduce la ansiedad, la soledad y el estrés, humanizando el espacio y mejorando significativamente la calidad de vida. 

Las sesiones tienen un carácter semanal y están diseñadas ad hoc, con el objetivo de mejorar el funcionamiento cognitivo, físico y social, complementando las terapias e intervenciones que las personas usuarias reciben a diario.

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En las sesiones trabajamos cuatro áreas fundamentales:

1. Física: paseos, caricias, cepillado… Acciones para trabajar la motricidad fina y gruesa que fomentan la actividad física y en consecuencia la salud cardiovascular, disminuyendo los niveles de estrés.

2. Psicológica: combatiendo la soledad y disfrutando de la compañía del perro que provoca efectos tranquilizadores. El perro ayuda a relajar y a calmar los cuadros de estrés y/o violencia, reduce la depresión y mejora el estado anímico. Además, potencia la autoestima y desinhibe a la persona usuaria.

3. Cognitiva: ejercicios de memoria, concentración, inteligencia espacial y orientación, dirigidos a prevenir enfermedades neurodegenerativas, mejorar la retención y el aprendizaje, aumentar la agudeza mental y mejorar la resolución de problemas cotidianos.

4. Social: mejorando las relaciones y habilidades sociales e interpersonales, estimulando la iniciativa de participación y fomentando el sentido de responsabilidad y el trabajo en equipo. El perro favorece la comunicación verbal y no verbal, así como la expresión de emociones y sentimientos, generando temas de conversación comunes que facilitan que las personas mayores interactúen entre sí, trabajen las habilidades sociales a la vez que refuerzan vínculos entre ellas y generan un ambiente positivo, amigable y relajado.

En las sesiones, nuestros perros transmiten emociones, calor y generan empatía. El contacto con el perro permite a las personas mayores expresar sus sentimientos, conocer los sentimientos de las demás, sentir empatía y respetar a otro ser vivo, favoreciendo comportamientos prosociales. Todo ello favorece las habilidades sociales y, por tanto, fomenta y beneficia la integración en el grupo, en ese microcosmos que son los centros residenciales y de día.
Trabajamos la empatía a través del perro, y generalizando ese comportamiento, obtenemos personas con mayor conexión, con mayores intereses compartidos con sus pares, creando un ambiente positivo favorecedor de las relaciones sociales. El perro actúa como fuente de contacto físico, como elemento transicional, catalizador de emociones y facilitador social.

Es evidente que estamos asistiendo a una etapa de conocimiento y reconocimiento de las intervenciones asistidas con animales, tanto en el ámbito doméstico-privado como en los centros residenciales, pues cada día aumentan los estudios que acreditan sus efectos beneficiosos en las personas mayores, incrementando su calidad de vida y autonomía.

#CANpañía nace en el convencimiento de que el envejecimiento de la población no solo representa un desafío estructural para las sociedades, sino que impacta profundamente en la vida diaria de las personas mayores. Por ello, proporcionar un apoyo efectivo a las estas personas es esencial para afrontar estos retos y garantizar que puedan vivir con dignidad y bienestar.
Este tipo de programas, además de mejorar su calidad de vida previniendo la soledad, empodera al colectivo, promoviendo las conductas prosociales en fomento de su autonomía e inclusión social; evitando así situaciones de exclusión y/o empobrecimiento.

Noemí Rodríguez (izda.), presidenta de MASPAZ acompañada de Malgorzata Zakrzewka, coordinadora de programas y rescatista de perros.
Noemí Rodríguez (izda.), presidenta de MASPAZ acompañada de Malgorzata Zakrzewka, coordinadora de programas y rescatista de perros.

Para que iniciativas como #CANpañía y otras estrategias de combate a la soledad no deseada escalen y perduren, la implicación de las administraciones públicas resulta fundamental. Son las políticas públicas las que deben garantizar la dotación presupuestaria y la estabilidad de los programas que han demostrado su eficacia, facilitando su replicación en el conjunto del territorio.

Asimismo, es responsabilidad de los entes gubernamentales articular marcos de colaboración estable entre las organizaciones del tercer sector, los centros de atención a personas mayores y los servicios sociales, asegurando una red de apoyo integral y accesible. Es vital que este compromiso institucional posea un fuerte carácter preventivo, diseñando e implementando medidas que actúen tempranamente en la vida de las personas para evitar el desarrollo de situaciones de aislamiento, y no solo paliar sus consecuencias. Únicamente a través de un compromiso firme y sostenido desde las instituciones se podrá transitar desde la consideración de la soledad no deseada como una “epidemia silenciosa” a una prioridad social resuelta mediante la inversión y la coordinación efectiva, promoviendo el bienestar y la dignidad de todas las personas en su etapa de envejecimiento.

Temas relacionados: Salud y bienestar

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ONG MASPAZ
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Noemí Rodríguez Fernández, Malgorzata Zakrzewka, José Enrique Fernández González y Mario López García, de la ONGD MASPAZ, son los autores de este artículo.

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