Expulsados del sistema bancario

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Pareja de ancianos haciendo una gestión a través de la banca digital
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“Antes te saludaban por tu nombre y conocían casi de memoria los movimientos de tu cuenta, las transferencias que tenías que hacer, tus ingresos… Ahora cada vez te ponen más trabas y te dicen que hagas las gestiones por internet y que pidas cita por teléfono si quieres hacer alguna consulta”, decía una señora mayor al joven que espera primero en la cola que se estaba formando al lado del cajero. Estaba pasando un mal rato después de intentar varias veces, sin éxito, teclear un número de cuenta para hacer un ingreso. “Yo no entiendo estos telares”, reclamaba la pobre mujer en lo que parecía ser su último intento en esa lucha infructuosa con la tecnología. “¡Vaya dentro y proteste!, ¡que la atiendan en ventanilla!”, decía la gente.

La señora tenía razón. Los mayores parece que se han convertido en personas non gratas para las entidades bancarias: con sus prácticas les están echando fuera de las oficinas. ¿Cómo se les puede exigir que se entiendan con un cajero, que ingresen la mensualidad del alquiler o paguen un recibo si ni siquiera saben manejar el móvil para llamar a los nietos? Una vida entera ingresando sus dineros y confiando en la entidad bancaria de toda la vida merece un respeto y una consideración.

El Banco Santander plantea cerrar el 45,7% de sus oficinas en la región. CaixaBank, después de haber absorbido Bankia, plantea el cierre de 250 oficinas en el Principado, País Vasco, Cantabria y Galicia. El BBVA cerrará 59 en la zona noroeste (Galicia, Asturias y Castilla y León). Banco Sabadell Herrero, que en el Principado tiene más de 600 empleados y algo más de un centenar de oficinas, prevé despedir al 12% de esta plantilla en los próximos meses.

La crisis no es nueva, se arrastra desde 2008. Desde entonces se han sucedido el cierre de sucursales acompañado de recortes en las plantillas. El pinchazo de la burbuja del crédito, las medidas del BCE para estimular la economía, hicieron que los bancos redujesen considerablemente su margen de beneficios. El coronavirus ha sido la estocada para el sector bancario acostumbrado a grandes ganancias durante años.
Como salida, primero, han intentado subir las comisiones, cobrar por servicios que antes eran gratuitos, y eso, además de no ser suficiente, ha hecho que muchos clientes trasladasen sus cuentas a la banca online que ofrecía mejores condiciones.

En un intento de unir fuerzas y reducir gastos llegaron las fusiones, pero la sangría continuó. En esta serie de recortes hubiera sido lógico que también hubiera afectado a los altos directivos de las entidades bancarias, como exigían los sindicatos, algo que no llegó a ocurrir en la mayoría de los casos. “Nos parecen inaceptables los sueldos y bonus pagados a los directivos de las entidades financieras. Son remuneraciones que no se corresponden con la situación económica de nuestro país y menos en aquellas entidades que están anunciando fuertes recortes de personal y cierre de oficinas”, denunciaba la pasada semana la vicepresidenta segunda y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. Declaraciones que, por cierto, levantaron ampollas en el sector bancario.

Así las cosas, además del cierre y los despidos que van a tener un grave coste social, la banca para sobrevivir está digitalizando todos sus servicios para reducir aún más los costes. Una transformación que le exigirá una fuerte inversión en los próximos años. Sin embargo, no todo el mundo va a salir beneficiado con esta medida que a priori está dejando de lado a las personas mayores, un colectivo excluido por sus limitaciones en el uso de las tecnologías. ¿Quiere decir esto que quedan expulsados del sistema? ¿Tantos años de fidelidad con su entidad bancaria no son suficientes para que sean tenidos en cuenta?

Las personas mayores constituyen casi el 25% de la población asturiana y ni bancos, ni por supuesto nuestra sociedad, puede permitir que más de 250.00 ciudadanos queden en el olvido. Que, puestos a recordar, son los pequeños clientes de toda la vida, esos que durante años han sido la base del negocio bancario español.

Así que, señores, además de las ganancias económicas, están las razones sociales y éticas, están las personas. Somos el 99%. ¡No lo olviden!

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