Cada bala mata a muchos: vidas que no caben en estadísticas ni en retóricas semánticas

“Las estadísticas de guerra están totalmente equivocadas:
cada bala mata a dos”

Comienzo con esta cita del poeta Federico García Lorca, porque es la descripción más fiel de lo que significa la pérdida en los conflictos. Pero quizás, me atrevería a añadir algo más a lo que dijo Lorca: aquí, cada bala mata a muchísimos más.

Para que puedan entender bien la imagen, deben saber que Gaza es una de las zonas con mayor densidad de población en el mundo. Más de dos millones y medio de personas viven en apenas 365 kilómetros cuadrados. Somos una sociedad profundamente conectada; nos unen lazos de sangre, de amistad y de parentesco. Puedes preguntar en el extremo norte por alguien del extremo sur y te sorprenderá que lo conocen bien, o que incluso comparten un vínculo familiar. Esta unión hace que cada pérdida aquí sea múltiple y que el dolor sea mucho más profundo.

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Una de las múltiples zonas de Gaza destruidas

Cuando recibí la noticia del martirio de mi amigo Basel, de Rafah, en la primera semana de la guerra, yo estaba esperando el coche que me sacaría de mi hogar como desplazado. Se juntaron en mí dos dolores: el dolor del desplazamiento y el dolor de la pérdida. Basel se fue junto a toda su familia. Era una persona bondadosa y cercana, con amistades que cruzaban las fronteras de Gaza. Decenas de amigos y familiares, dentro y fuera, lloraron su partida con un vacío inmenso.

Después de Basel, mi camino con la pérdida continuó. He perdido a seres queridos, a personas con las que estuve apenas unos instantes antes de su partida. Todos dejaron atrás hijos, amigos y personas que sienten que su ausencia es irreemplazable.
Por eso, bajo ninguna circunstancia se debe tratar a los fallecidos en Gaza como simples números. Eran personas con sueños por cumplir, con seres amados que encontraban consuelo en ellos; tenían una vida que les fue arrebatada por las manos de la cobardía y la traición.

En Gaza hay historias que aún no se han contado. Quizás necesitemos años y años para narrar el dolor del genocidio más atroz de la historia moderna. Un genocidio que ocurrió ante los ojos del mundo, grabado en cámaras 4K y transmitido en vivo por televisión. Nadie podrá negar lo que sucedió aquí; es más claro que la luz del sol al mediodía para quien tenga ojos y, sobre todo, un corazón para ver la verdad.
Por eso, confiamos en quienes tienen un corazón y una conciencia viva, en las voces libres que le contarán al mundo la historia de un pueblo que lo único que deseaba en este mundo era, simplemente, vivir con dignidad.

Hamdy Abu Sido, ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional Por Hamdy Abu Sido

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El debate semántico como cortina de humo

No se puede maquillar la muerte con retórica.
No se puede convertir el estruendo de una explosión en un “daño colateral”.
No se puede transformar el hambre en una “crisis logística”.
No se puede hablar de “conflicto” cuando, para quien lo vive, significa la demolición sistemática de su mundo.

Nuestra organización no habla desde la distancia ni desde un análisis cómodo de titulares. Tenemos voluntarios en Gaza. Estamos conectados con ellos y con familias civiles día y noche. Hemos acompañado llamadas telefónicas mientras caían bombas. Hemos sentido explosiones interrumpiendo conversaciones. Hemos vivido el silencio posterior, ese segundo suspendido en el que no sabes si la persona al otro lado sigue respirando.

No somos una entidad desconectada de la realidad sobre el terreno. Contamos con testimonios directos, registros y material audiovisual suficiente para quien quiera documentarse. Aunque, a estas alturas, no debería hacer falta. Organismos internacionales, agencias de Naciones Unidas, corresponsales y tribunales han emitido informes y advertencias públicas. Hoy nadie puede decir que no sabía lo que estaba pasando.

Sabemos que en Gaza salir a cargar un teléfono puede convertirse en una sentencia de muerte. Que salir a buscar un saco de harina puede ser lo último que hagas. Que dormir en una tienda de campaña bajo la hostilidad del invierno no garantiza ver el amanecer. Que el zumbido constante de drones no es solo un sonido: es un desgaste psicológico continuado. Es tortura física y psicológica sostenida. Un trauma que ningún sistema nervioso puede soportar indefinidamente.

También sabemos —porque los testimonios lo explican y las imágenes lo muestran— que muchas muertes de civiles se producen por bombardeos ejecutados desde el aire, mediante tecnología operada a distancia, donde un botón o un “joystick” pueden hacer desaparecer en pocos segundos una tienda de campaña y a la familia que dormía dentro. Familias enteras borradas del mapa mientras el invierno se filtra entre lonas improvisadas.
Y ahora, con el inicio del bombardeo de Irán por parte de los EE. UU. e Israel el pasado 28 de febrero de 2026, que ha extendido el conflicto a toda la región, las condiciones para la población civil en Gaza empeoran aún más, por lo que volveremos a solicitar formalmente la evacuación de algunas de las familias amparadas por Hope Palestina que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad y riesgo vital, una petición que ya habíamos presentado meses atrás, porque no hablamos de números sino de vidas que cada día corren un peligro insoportable.

Han sido asesinados civiles. Han sido asesinados periodistas. Han sido asesinados médicos. Han sido asesinados trabajadores de Naciones Unidas. Y mientras esto sucede, aquí seguimos debatiendo qué palabra utilizar.
No es lo mismo hablar de “muertes” que hablar de “personas asesinadas”. La palabra “muerte” puede diluir la causa, puede sugerir una fatalidad inevitable o un daño colateral entre dos bandos que luchan en igualdad de condiciones. “Asesinato” implica acción, implica responsabilidad, implica que ha habido una decisión humana que ha provocado ese resultado.
No son daños colaterales de una guerra simétrica. Son asesinatos en contextos en los que la población civil no tiene refugio, ni evacuación segura, ni capacidad real de defensa.

866 días.
76.230 personas asesinadas.
21.424 niños.
Al menos 600 víctimas desde el alto el fuego.
Estas son las cifras registradas en el momento en que se escribe este artículo. Cuando se publique, probablemente hayan aumentado. Y cuando alguien lo lea días o semanas después, quizás sean aún mayores. Porque mientras el debate continúa, la realidad no se detiene.

No son “muertes” en abstracto. Son asesinatos en forma de hambre. Asesinatos en forma de frío. En forma de metralla. En forma de bombas. En forma de un asedio prolongado que convierte la supervivencia en una lotería diaria.
Son cifras oficiales difundidas por autoridades locales y organismos humanitarios. Cifras que, más allá de debates políticos, representan vidas truncadas. Y, aun así, estas cifras podrían no reflejar la dimensión real de la tragedia.

Francesca Albanese, relatora especial de Naciones Unidas sobre la situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados, ha advertido públicamente que varios expertos consideran que el número real de víctimas podría ser mucho mayor que el oficialmente registrado. Esto se debe a los cuerpos que aún están bajo los escombros, personas desaparecidas y muertes indirectas derivadas del hambre y la destrucción del sistema sanitario.
En este sentido, es especialmente lúcida la reflexión de la investigadora e ingeniera Julia Bueno, quien escribió: “Parte del genocidio es la negación del genocidio”.

Negar, minimizar o diluir lo que ocurre no es un ejercicio neutral. Las palabras son importantes porque determinan la respuesta internacional, la urgencia de las medidas que se adoptan y la memoria futura.
Condenar los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 (algo que nunca debería haber sucedido) no obliga a guardar silencio respecto a la devastación posterior. El dolor histórico del pueblo judío no puede convertirse en coartada para ignorar el sufrimiento masivo de otro pueblo. El derecho internacional humanitario no es opcional ni selectivo.
Y si alguien aún no sabe qué son los crímenes de lesa humanidad o en qué consiste el derecho internacional humanitario, es urgente que se documente. No son consignas ideológicas. Son categorías jurídicas creadas precisamente para limitar la barbarie y proteger a la población civil en tiempos de guerra.

Esto no es una cuestión de opiniones. Es una cuestión de hechos documentados. Se puede tener la ideología que se quiera. Lo que no se puede hacer es diluir la realidad con eufemismos ni ocultarla detrás de discursos repetidos hasta el agotamiento. Repetir argumentos no cambia lo que ocurre sobre el terreno. Cambiar la terminología no cambia los cuerpos. Discutir la palabra no detiene la metralla.

La historia no es una alfombra bajo la cual se puedan esconder los escombros. La verdad no es plastilina que se pueda moldear según convenga. La conciencia no es un interruptor que se apaga cuando incomoda.
Y, en este contexto, también es legítimo esperar que el periodismo cumpla su función esencial. No se trata solo de las preguntas que se hacen, sino que a veces las más importantes son las que no se hacen.
Cuando el lenguaje se emplea como cortina de humo, la devastación no desaparece: se acumula. Y cada ambigüedad calculada, cada fórmula diplomática que evita mencionar el sufrimiento, también construye responsabilidad.

No es un debate académico. No es una cuestión de matices lingüísticos. No es semántica. Es sufrimiento humano.

Amaya Ferrer González, especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.
Por Amaya Ferrer González

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Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy Abu Sido y Amaya Ferrer González
Hamdy A. H. Abu Sido es ciudadano de Gaza y fotógrafo profesional. Licenciado en Lengua Árabe con especialización en Medios y Comunicación por la Facultad de Artes y Ciencias Humanas de la Universidad Al-Azhar de Gaza. Amaya Ferrer González es especialista en duelo y fundadora de Hope Palestina.

2 COMENTARIOS

  1. No sólo lo q vemos en TVE nos tiene q servir ( pues todo no es verdad) la visión de las personas q están en primera linea es más auténtica. Gracias.

    • ¡Gracias por tu comentario María Rosa!
      Tienes toda la razón. Las noticias, muchas veces, se quedan cortas y no reflejan la realidad de las personas que viven y sufren el conflicto en primera línea. Por eso es tan importante darles voz a ellos y a todos los que han decidido ayudarles. Nadie mejor para contar lo que pasa de verdad.
      Te animamos a que nos sigas para conocer su verdad a través de los artículos que escriben.
      Un saludo,

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