Luis Laria, director del Parque de la Vida: «La educación medioambiental tiene que ser un pilar absoluto»

El naturalista asturiano y fundador del CEPESMA Luis Laria tiene las ideas claras y una firme convicción que contagia. Y tan pronto lo encontramos recogiendo un extraño ejemplar de tiburón en la costa asturiana como impulsando un taller de gestión del miedo en el Parque de la Vida, el equipamiento museístico de 32.000 m2 que dirige en La Mata, Valdés.

-Hace unos meses recogisteis en la playa de Luarca un insólito ejemplar, un tiburón foca que se hallaba varado. Su hallazgo despertó el interés de toda la comunidad científica internacional.
-Sí, y descubrimos cosas muy interesantes de él que no se conocían. El Centroscymnus coelolepis es un tiburón que puede vivir hasta 3.700 metros de profundidad y pasa la inmensa mayoría de su vida posado en el fondo. Esto lo sabemos ahora por sus rasgos anatómicos, tiene un vientre completamente plano y unos espiráculos, unos agujeros en la parte superior, que le permiten respirar sin tener que abrir la boca. Es muy inusual encontrar este tipo de tiburones. Se pescaron mucho por los años 70, hasta el punto de llegar casi a la extinción. Entonces no se les daba ningún valor, a excepción del hígado que proporcionalmente es muy grande y tenía interés comercial. Los pescaban, les sacaban el hígado, lo metían en bidones y el resto del tiburón lo tiraban al mar. Ahora ya no se pesca ninguno y es muy raro encontrarlos.

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Ejemplar de tiburón foca recogido en las costas de Luarca
Ejemplar de tiburón foca recogido en las costas de Luarca / Fotos: Luis Laria

-¿Qué fue lo que más llamó la atención?
-Al hacerle la necropsia, pudimos ver que estaba en una etapa de gestación muy avanzada. Son animales ovovivíparos, los huevos eclosionan en el interior del animal y luego la hembra expulsa las crías vivas. El tiburón medía 1,45 m y tenía en su interior varios huevos del tamaño de pelotas de tenis, es algo que me llamó mucho la atención porque no había información sobre ellos a nivel científico. Nos contactaron de varios sitios, hasta de EEUU, preguntando sobre lo que habíamos observado durante la necropsia.
Creemos que su muerte se produjo debido a las heridas que le produjo un anzuelo, del que luego consiguió liberarse.

-También habéis encontrado focas jóvenes que llegan exhaustas a nuestras costas.
-Ocurre en algunas temporadas, imagino que también tendrá que ver con las condiciones del mar y el tiempo. No vienen todos los años y cuando aparecen este tipo de focas aquí son ejemplares juveniles que no tienen más de 3 ó 3 meses y medio de edad. Llegan de forma errática porque coincide que hay ciertos temporales en sus áreas de origen, generalmente Irlanda, la zona de donde más proceden. A los 20 o 25 días de su nacimiento las madres las destetan, las apartan, y se quedan en pequeños grupos. Tienen reservas porque han mamado muchísimo y están muy gordas, pero ninguna picardía, y si se alejan un poco más de la cuenta de la costa, la incidencia de estas tormentas hace que vayan erráticas a mar abierto. Este año llevamos varios temporales importantísimos y por eso terminan apareciendo en zonas como puede ser Galicia, Asturias, País Vasco y Cantabria. A nosotros muchas veces nos llaman cuando las encuentran.

-¿Qué hay que hacer cuando encuentras una de ellas en una playa?
-Un particular no debe acercarse, y bajo ningún concepto podemos permitir que haya perros sueltos donde esté la foca, y tampoco si hay aves, como está ocurriendo estos días con los frailecillos comunes que también están apareciendo en nuestras costas. Es ridículo lo que estamos viendo, que haya gente que pasea a sus perros de cualquier manera y no les importa que se acerquen a aves o focas, incluso que las ataquen. Lo primero que tienen que hacer es llamar al 112 diciendo dónde fue localizada la foca y después, la autoridad competente o las asociaciones con experiencia en estos casos, actuarán en consecuencia. Observarán en qué estado se encuentra y según cómo esté se decide si es necesario recogerla, porque en los casos en los que está bien o medianamente bien es mejor dejarla sola.

-¿Os ha tocado recoger varias?
-Sí, yo llevo recuperando focas desde el año 2002, posiblemente aquí es donde más ejemplares se recuperaron de España. Y no solamente la foca gris (Halichoerus grypus), que es la que estamos viendo ahora, también la foca de casco (Cystophora cristata). Incluso asistí a un nacimiento de una foca común (Phoca vitulina), las más extraña que se ve en la Península, en un pedrero en la costa. Tuve que sacar a la recién nacida de una zona donde estaba metida y dársela a la madre, que todavía estaba sangrando.
Este año han aparecido varias grises por esta zona, de hecho, aún hubo cierta polémica por la recogida de una de ellas.

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-¿Y eso por qué?
-Porque hubo gente que me vio tirado en la arena hablándole a una foca. Obviamente, si tú si eres una persona particular no tienes que acercarte a la foca de ninguna manera porque ella no gana nada contigo al lado y hay que evitar que tenga estrés. Pero si eres la persona con conocimientos en el tema que va a recogerla o evaluar cómo está, puedes hablarle porque, aunque parezca increíble, si lo haces, le quitas el estrés y el agobio. Nosotros, antes, para poder coger una foca en mal estado le tirábamos una manta encima para que no nos mordiese, pero vimos que para el animal suponía mucho estrés, e incluso podían darse casos de ejemplares infartados. Y comprobé que, si te acercas, te tiras en el suelo y hablas con ella, en unos minutos puedes cogerla con la mano sin problemas porque ella distingue perfectamente que no eres un depredador.
Ahora bien, una vez que empieza la fase de recuperación ya no es adecuado hablarle, más bien todo lo contrario, deben percibirte casi como si fueses un poco “enemigo”, sobre todo cuando los alimentas, porque no nos interesa humanizar a ese animal. Si no, el día que la sueltes irá detrás de las personas o llegará a un puerto buscando que alguien le dé de comer.

Luis Laria con una foca varada en una zona de la costa asturiana
Luis Laria con una foca varada en una zona de la costa asturiana / Foto CEPESMA

-Pero vamos, que lo de hablar con un animal no es tan extraño.
-La gente cree que con los animales no se habla, pero yo creo que una persona que tiene un perro en casa y no le habla, es mucho más ignorante que el perro. Los animales no son tontos, tienen unas percepciones muy superiores a lo que nosotros pensamos.
Como ocurrió en el nacimiento de la foca, los animales obran en consecuencia según obremos nosotros, y esto pasa con cualquier animal. Si ves que está mal, tienes que intentar minimizar el impacto que puedas tener sobre él en ese momento. Por desgracia, los humanos somos chulescos y no hay la sensibilidad necesaria.

-Durante muchos años, y como fundador de CEPESMA, vuestra actividad principal fue la recogida y recuperación de fauna salvaje. Ahora, aunque seguís teniendo las puertas abiertas a algún ejemplar, os centráis en la formación y educación ambiental. ¿Es, con mucho, la asignatura pendiente de las administraciones?
-La educación medioambiental tiene que ser un pilar absoluto para que realmente se genere conciencia, y sepamos la realidad de lo que es nuestro entorno natural. Por desgracia, cada vez la dejamos más de lado. Ciertamente, yo llevo ya 30 años haciendo recuperación de especies, comencé con especies marinas, después especies silvestres, y después de muchas vicisitudes me metí en otra opción que era la de crear conciencia. Sin conciencia no somos absolutamente nada. Por desgracia, vemos cómo la sociedad, por imperativo legal, lo que quiere tener es poder. Y a las administraciones públicas, las que tienen el poder que realmente puede generar cambios sociales, no les importa absolutamente nada la educación medioambiental.
Lo que es curioso es que acotamos zonas de bajas emisiones en las ciudades y quitamos los coches, pero en realidad se están multiplicando esas emisiones. Es lo que está pasando en Avilés, que no van a permitir que ciertos vehículos anden por la zona centro, pero su periferia cada vez contamina más.

-En 2016 me comentabas que o el ser humano tomaba una alternativa a la dejadez y falta de sensatez o en unas décadas acabaríamos comiendo pienso, como los animales, ante el agotamiento de recursos. Han pasado diez años ¿seguimos caminando hacia ese futuro?
-El ser humano camina hacia una extinción por algunas circunstancias que pueden ser catastróficas, pero esa extinción está supeditada a que cada vez tenemos más interés en la materia, en la economía, en todo aquello que es símbolo de poder, de tenencia, pero no de vivencia. La verdad es que cuando esas sociedades tienen opulencia, poder, cada vez tienen menos apego a la sensibilidad de la naturaleza. Eso es triste. Y vamos directamente hacia una crisis mundial absoluta, solo tenemos que ver a mandatarios como el señor Trump. ¿Qué está ocurriendo? Pues que el día menos pensado cualquier loco que tiene ese poder espectacular, lo que va a hacer es llevarse por delante todo, y tras la primera y la segunda pueda haber una Tercera Guerra Mundial, el caos absoluto.

-Levantaste el Parque de la Vida, también el Museo del Calamar, y me consta que tras muchos sacrificios y esfuerzo continúa todo en marcha. ¿Sientes que con tu vida estás cumpliendo una especie de propósito?
-Te diré que soy inmensamente feliz, aunque tenga días en los que noto frustraciones porque no alcanzo el nivel que quiero en llegar a la sensibilidad de alguien. Es una lucha intestina constante en la que tienes que buscar la alternativa de que algo te siga manteniendo y no te hunda, porque ves una sociedad que no cumple los objetivos que tendríamos que cumplir.
No somos exclusivos, vivimos en un mundo, en un planeta, en el que tenemos que conjugar con todo. Yo creé el Centro del Calamar Gigante porque me pareció totalmente absurdo que en una comunidad como la asturiana no tuviéramos un punto esencial de presencia del Kraken (Architeutis dux), el calamar gigante y que los ejemplares encontrados se tirasen y no se conservasen. Me di cuenta que no se conservaban en ninguna otra parte del mundo y quise buscar una herramienta para poder tener un impacto y llegar a la sociedad.

Exposición Cefalópodos del mundo en el Parque de la Vida (Luarca)
Exposición Cefalópodos del mundo en el Parque de la Vida / Foto: Fusión Asturias

-¿Los calamares gigantes fueron el gancho?
-Sí, porque, aunque no era posible recuperarlos y mantenerlos con vida, eran esa herramienta necesaria, ese gancho de información que generaba interés social. De forma soslayada, quería dar a conocer que tenemos que mantener la vida en el planeta Tierra, y el escaparate de los calamares gigantes funcionó muy bien. Fue una etapa importantísima y en la que fructificaron muchos otros contenidos como la divulgación, la educación medioambiental, el reconocimiento de qué hacer con el mar y que había que luchar por él, pero después de aquello un temporal inmenso destrozó el Centro que teníamos en Luarca, y a partir de ahí no me quedó más remedio que meterme en un emprendimiento que me costó muchísimo dinero. Estuve en una etapa en la que casi quise tirarlo todo porque no podía con ello y había que invertir de 300 a 350 mil euros. Poco a poco, a pesar de no tener ningún tipo de ayuda, pude ir saliendo delante; el Parque de la Vida asumió, en un primer momento, la conservación de los calamares gigantes. Aunque después me ofrecieron mucho dinero por ellos desde otros lugares, dado que pertenecían a CEPESMA, preferí donarlos al Ayuntamiento de Valdés, al pueblo de Luarca, y no trasladarlos fuera. Ahora están en un pequeño museo, y mantuve todos esos parámetros de educación medioambiental, conocimiento, conciencia y divulgación en el Parque de la Vida, que fructificó.

-¿Conservas el primer calamar gigante de tu colección?
-Sí, de aquellas me costó 70.000 pesetas, se lo compré a una pescadería de Avilés. Fue el primero de todos y, efectivamente, fui muy atrevido porque me reté a hacer algo que no había conseguido nadie en ningún sitio del mundo: conservar un calamar gigante. El Instituto Smithsonian de Washington lo había intentado con uno, pero empezó a descomponerse y tuvieron que retirarlo del acceso al público. Curiosamente, esa misma entidad me pidió que les hiciese allí una exposición de calamar gigante que está desde el año 2008. Yo me quedé con el primero para dejar constancia de que, si no fracasa este, no van a fracasar los demás, y es posible verlo en el Parque de la Vida.

-Cuántas veces habrás tenido ganas de tirar la toalla y, sin embargo, seguiste adelante… ¿Satisfecho de seguir en este camino?
-Bueno, estoy satisfecho en parte, porque casi siempre quiero más. Pero estoy satisfecho en la parte que corresponde a aportar un estímulo, un interés, una ilusión… y que hay muchas personas que están conmigo, con la naturaleza, y están básicamente en las mismas condiciones que tenían en aquel primer momento. Sigo manteniendo esa pauta, aunque está claro que en muchas ocasiones me apetece tirarlo todo y me digo a mí mismo que tengo que vivir, que tengo que pensar más en mí y no tanto en el conjunto. Pero creo que, si dejase de hacer lo que hago, me sentiría estéril, y a pesar de toda una vida dedicada a ello, sentiría un vacío.

-En el Parque de la Vida hacéis una labor importante, ayudando a jóvenes y niños a encontrar su vocación. ¿Por qué es tan necesaria?
-La vocación es un factor determinante para la salud emocional, para la salud mental. La persona que tiene vocación tiene un antídoto para la frustración, para el sinsentido de tener que trabajar en algo que le agobia, que le amarga. Y date cuenta que en Asturias lideramos los problemas de salud mental existentes en la comunidad juvenil española. Y España lidera los problemas de salud mental de Europa.
En Asturias tenemos 2,2 casos de suicidios semanales y los intentos, que se sepan, son alrededor de 20, a lo que hay que sumar los casos de autolesiones en pre-adolescentes entre 8 y 12 años y las depresiones.

-¿En qué deberíamos trabajar para combatir esta lacra?
-Para que esa persona pueda ser un poco más feliz en el futuro, o incluso en su infancia, tendríamos que incidir en la idea de que la belleza no es un factor primordial. Cuando hablas con los pre-adolescentes de un centro educativo ves que para ellos eso es el sumo. Y, claro, quien en un momento determinado tiene algo que aparentemente no va a favor de esa belleza fantástica y de ese canon establecido, de modelo, ya tiene un problema. Y a veces el resto de compañeros se ríen de él o de ella.
Nosotros, cuando vienen al Parque, les hacemos un regalo y les preguntamos si quieren un fósil o un mineral, y te contestan: un mineral que brille. Y esto ya está indicando que algo falla en su casa. Hay que educarlos para que realmente entiendan los valores fundamentales de las cosas y de las personas.

-¿Qué ejemplos ponéis a padres y niños en el Parque de la Vida para que lo entiendan?
-Les enseñamos dos piedras que son únicas, pero que aparentemente no llaman la atención, piedras que por su aspecto exterior ninguno se agacharía a coger si las encontrasen en un camino. A una de ellas, una geoda, si le pegamos una patada y la rompemos, vemos cómo es por dentro, una cristalización de cuarzo que tiene un interés interior extraordinario. A la otra, una magnetita, le acercamos algún tipo de metal y podemos observar la fuerza con que lo atrae, tanto que resulta difícil separarlas. Ambos minerales tienen dentro de sí algo que gusta y llama mucho la atención, y con las personas ocurre lo mismo.
Este tipo de cosas, a través de imágenes que se quedan, consiguen que nos demos cuenta de que a veces aquello que no nos despierta ningún tipo de interés inicial después tiene un estímulo extraordinario. Y, sin embargo, lo que genera un impacto de primeras puede ser que después no sirva para nada. Estos ejemplos tienen un impacto tremendo, sobre todo en aquellas personas que están viendo que les está ocurriendo algo parecido.

-También tenéis un aula para la gestión del miedo. ¿Desde cuándo está funcionando?
-A raíz de la pandemia observé que había personas con muchísimos problemas. Y por eso, igual que hace 30 años creé CEPESMA, decidí crear un grupo de salud emocional que, de alguna manera, estimule a las personas que lo están pasando mal. A veces es debido a tonterías, a pequeñeces, pero que influyen de una forma increíble. Llevamos desde la pandemia haciendo talleres y vemos que tienen un porvenir extraordinario y que podemos hacer un poco más.
Y te cuento el caso de un señor de 84 años, de Cangas del Narcea, que vino al Parque con dos nietas y con su hija. En el momento en que se entera de que vamos a tocar serpientes, se levanta y se quiere marchar, pero las dos nietas lo cogen y le dicen: “Abuelito, espera, no las toques, pero espera”. El hombre, aunque pasándolo mal, termina tocando las serpientes, y esa misma noche, a la una de la madrugada, picó a la puerta de la habitación de su hija y le pidió que bajase con él al portal. Una vez allí, se subió al ascensor, abrazó a su hija y tocó el botón del ascensor para subir. Era la primera vez que lo hacía porque con 84 años nunca había podido entrar en un ascensor, hasta el punto de que una vez en un hospital en el que tenían que intervenirlo, lo tuvieron que sedar para poder meterlo en el ascensor. ¿Te imaginas?

-¿Qué fue lo que cambió?
-El mero hecho de haberse retado con las serpientes y de darse cuenta que el miedo que les tenía era un error, le hizo ver que le ocurría lo mismo con el ascensor. El ser humano es complejo y se establecen conexiones entre las fobias.

-A pesar de que existen todavía sectores negacionistas, están produciéndose cambios en nuestras costas que apuntan al cambio climático. ¿Qué ocurrirá de aquí a unos años?
-No se puede negar, es un problema evidente. El hecho de que esta temporada lloviese tanto aquí, como contaba en un programa de radio, se debe a la condensación, pero ¿de quién es la culpa de la condensación? Del cambio climático. ¿Y qué factor determina que podamos decir esto? Pues la incidencia térmica del océano, del mar. Estos ciclos últimos tuvimos unas corrientes oceánicas con una temperatura muy alta, (27 grados en el Cantábrico el pasado mes de julio, algo inasumible) y esto genera condensación, vaporización, la temperatura del océano redunda en el ambiente exterior en forma de lluvia. Nosotros, en Asturias, en realidad, tendríamos que tener frío en invierno y no tanta lluvia y tampoco esos vientos del sudoeste como estamos viendo. Y luego están esas precipitaciones tan agresivas que hay por ejemplo en áreas del Mediterráneo, que además van a ser mucho más frecuente.
En Asturias tenemos también una incidencia triste que es la desaparición de las algas, el ocle de toda la vida, y del que ya queda muy poco en comparación a hace 20 años. La cuestión es que, si desaparecen las algas, desaparecen una gran cantidad de especies que están sustentadas o supeditadas a esa masa.


Luis Laria es un personaje bien conocido en el Occidente de Asturias, aunque se ha dado a conocer en toda España y fuera de ella por su labor conservadora y su compromiso con el entorno; enseñó al mundo los calamares gigantes y durante años se dedicó a la recuperación de especies.
La suya ha sido siempre una lucha titánica por proteger y mostrar las maravillas que él mismo iba descubriendo en los ecosistemas marinos. Por eso, en el año 1996 creó CEPESMA. La Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas, que acaba de cumplir su treinta aniversario, consiguió de forma pionera la mayor colección de calamares gigantes que pudo exhibirse. Ahora, centra sus esfuerzos en la educación medioambiental desde su atalaya en el Parque de la Vida.

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Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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