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jueves 20, junio 2024

Gonzalo Rubio, promotor del Zoo y Centro de Rescate El Bosque

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Con trescientos ejemplares a los que cuidar, la familia de El Bosque sabe lo que es trabajar duro para sacar adelante un centro de rescate de animales en Oviedo. Gonzalo Rubio, junto con su mujer Ruth Gordon y otros cinco integrantes del equipo, vela para que el zoo sea, además de un centro para la conservación animal, una apuesta educativa para los visitantes.

¿Quién podría pensar que a tan solo cinco minutos del centro de Oviedo es posible encontrar un paraíso animal en el que conviven ochenta y ocho especies de animales diferentes? El proyecto que nació en 2008, en un trozo de terreno ubicado en San Esteban de las Cruces, sigue conservando el espíritu familiar y cercano con el que dio sus primeros pasos, algo irrenunciable para sus promotores.

-Me consta que habéis podido celebrar nuevos nacimientos este año. ¿Cómo ha ido aumentando la familia de El Bosque?
-Desde hace tiempo tenemos programas de cría en cautividad con fines de conservación y este año sacamos adelante a dos guacamayos bandera, una especie que está en peligro de extinción. Después de doce años, los guacamayos nos dieron la grata sorpresa de tener descendencia. Como eran primerizos y no estaban cebando bien a las crías, algo bastante habitual en las primeras crianzas, decidimos sacarlos adelante a mano, y ahí están, pero ahora tienen otra vez tres huevos y la idea es dejar que los padres puedan criar a sus pollos; veremos a ver qué pasa.
También aumentó la familia de suricatos, animales que tampoco suelen criar bien en cautividad porque, a veces, al haber visitantes les falta intimidad y tardan en adaptarse. Aquí hacemos lo que podemos, mejoramos la instalación para hacerles más escondites, les pusimos vegetación y ellos nos dieron la sorpresa. Han criado cuatro cachorros y como son animales sociales que viven en grupos que van desde los 6 hasta los 40 ejemplares, que el grupo haya crecido les beneficia para una calidad de vida óptima.

Familia de suricatas en el zoo El Bosque (Oviedo)
Familia de suricatas con las crías nacidas este 2024 en el Zoo El Bosque.

-¿Cómo es el día a día de estos animales que parecen tan divertidos?
-A veces las películas de Disney y demás hacen un poco de daño y confunden a las personas y, por desgracia, los suricatos se pusieron de moda como mascotas. Tristemente, los ejemplares progenitores que tenemos en El Bosque, en su día, lo fueron. El ser humano es muy caprichoso y no se da cuenta de que un suricato no va a estar bien en un piso, porque lo que le gusta es hacer excavaciones, cazar insectos, y al final, un piso lo destrozan. Estos animales son muy inteligentes, y si se crían desde pequeños por el ser humano, llegan a ser cariñosos, pero no podemos olvidar que genéticamente están diseñados para otras cosas más que para ser mascotas.
Ahora los pequeños ya juegan como cualquier animal que tenga un poco de capacidad para hacerlo. Se divierten con sus hermanos y desde hace tiempo ya se ponen en vigía, se ponen a tomar el sol que también les encanta, escarban y hacen cosas sorprendentes. Es divertido verlos jugar e interactuar en el grupo, es una gozada; es lo que vemos en los documentales, aunque evidentemente esto no es el Kalahari, pero la instalación está muy bien y los visitantes también disfrutan viendo estos comportamientos.

“A veces las películas de Disney y demás hacen un poco de daño y confunden a las personas y, por desgracia, los suricatos se pusieron de moda como mascotas”

-Con las especies que sacáis adelante como el guacamayo bandera ¿cómo es el proceso de reinserción en su hábitat natural?
-Estas cosas se van gestando en los diferentes países de origen. Por ejemplo, dentro del proyecto del Loro gris de cola roja, que está en peligro de extinción, nosotros ya mandamos tres ejemplares, y tras unas pruebas que se hacen en Madrid, tengo constancia de que ya volaron al Congo. Como también participan otros parques y centros de rescate se mandaron en total 37 ejemplares, y ahora están en unas instalaciones adaptándose al clima original y a un entorno donde hay más aves. Una vez adaptados, serán liberados a través de una trampilla y podrán hacer vida normal.
El problema de los proyectos de conservación es que a veces no es fácil sacarlos adelante si los gobiernos, el nuestro y el de origen, no ponen de su parte. En el caso de los guacamayos bandera, hay poblaciones en Brasil, Colombia y Venezuela donde mermaron mucho por el tráfico ilegal. Y si allí esto no se controla y además algunos indígenas lo siguen cazando por sus plumas o por su carne, es difícil que el Gobierno acceda a hacer introducciones de esta especie en origen. Si no pone cartas en el asunto, llevarlos para que luego sean cazados no tiene mucho sentido. Afortunadamente, estas cosas van cambiando y con el paso de los años se pondrán normas estrictas y habrá más proyectos de conservación, pero es difícil que en ciertos lugares de origen cambien los hábitos. En África ya se consiguió y nosotros aportamos tres ejemplares, y si los progenitores vuelven a criar volveremos a aportar todos los ejemplares que críen para que sean liberados.

 

-Parece complicado.
-Sí, pero al final se consigue, querer es poder. Hay que caminar y ver que la burocracia y la política vayan avanzando y cuando se abran estos proyectos, nosotros seremos de los primeros en colaborar con estas cosas porque nuestra base es tener animales, poder criarlos y poder devolverlos a su hábitat.

-¿Cómo se siente uno el día que deja marchar a un animal que ha criado?
-Uno se siente muy orgulloso, pero con nostalgia, porque tras cuidarlo un tiempo siempre hay un cariño y un respeto hacia ese animal. Te sientes un poco melancólico, es lo normal, pero todo eso se cura con el tiempo y sabiendo que estás haciendo una labor medioambiental estupenda. Y luego vives con ese agradecimiento que te da la Naturaleza, de poder participar así.

-Con tantas especies y ejemplares a cuidar, ¿la dedicación es absoluta?
-Sí, constante y absoluta. El compromiso que tenemos nosotros es que todo vaya bien, que los animales estén en las mejores condiciones posibles, cómodos y a gusto, a pesar de estar en entornos controlados. Y a no ser algún ejemplar con problemas psicológicos, que también los hay y son difíciles de erradicar, la mayoría de ellos viven a gusto. Están bien atendidos y alimentados.

-¿De dónde proceden los animales que están en vuestra instalación?
-Nosotros nos hicimos centro de rescate hace muchos años y al poco de abrir ya empezamos a tener propuestas de asociaciones, fundaciones, particulares, y luego también del Gobierno y del Principado de Asturias, que a veces nos ofrecen animales que ya no es posible reintroducir en un hábitat natural. Tenemos el caso de un ave zancuda, una garcilla frecuente en Asturias a la que han disparado en un ala y no puede volver a volar. Y otro, el de una garduña, una especie de mustélido al que antiguamente llamaban alimaña porque caza gallinas si tiene la posibilidad, aunque no es su alimento principal. Este animal fue criado a biberón y humanizado, y si lo sueltas en libertad, aunque esté diseñado para cazar lo hará mal porque no tiene la destreza y el aprendizaje que podía haber recibido con sus padres. Y como fue criada por personas se va a ir a buscar a los humanos y cualquier humano del campo le va a dar un garrotazo y se la va a cargar. También hay animales que han sido abandonados por particulares a los que hay que buscarles centros como el nuestro, donde pueden vivir bien y de paso pueden tener un uso a nivel educativo y de conservación, si es posible.

-Llevas muchos años en estas lides, ¿cuáles han sido los retos más complicados a los que te has enfrentado?
-Creo que en una gran mayoría trabajar con los primates y con las especies de loros, sobre todo las especies grandes como las cacatúas, guacamayos, etc. porque estos animales tienen una capacidad cognitiva muy elevada y a menudo vienen de no haber sido bien tratados, aunque a veces sin darse cuenta. Pero si tú tienes a un mono en una jaula durante veinte años, ese animal físicamente estará mal y seguramente también estará mal de la cabeza. Y lo mismo les pasa a los grandes loros, que son tan inteligentes y tan sensibles.

-¿Cómo se rehabilita a estos animales?
-Hay que ir muy despacio. No puedes meterles prisa, tienen que estar cómodos, hay que darles entretenimiento e ir poco a poco adaptándolos al entorno. Es la parte más dura o la que más nos afecta porque ves animales que les cuesta arrancar y mejorar, pero todo es cuestión de hacer las cosas bien y darles tiempo, y al final dan sus frutos y resultados. Sabemos que todo va a suceder, pero nos cuesta y a veces pueden pasar meses y hasta años hasta que se recuperan. Mientras tanto, la gente puede ver a estos animales con comportamientos malos, pero si estás ahí para explicarlo, sabrán que se están rehabilitando y que estuvieron mucho peor de lo que están ahora.

Linces en el Zoo El Bosque (Oviedo)
Ejemplares de lince en el Centro El Bosque

-¿La receta necesaria tiene como ingrediente principal la paciencia?
-Lo que hay que hacer es estudiar y leer mucho, porque todo va evolucionando y esto va a pasos agigantados. Es un poco como la medicina, que hay que estar constantemente yendo a algún congreso o leyendo las últimas publicaciones que van saliendo de gente que hace estudios científicos, y también aprovechar tu ingenio para hacer cosas, que no solo se trata de leer. Hay que estar en la punta del iceberg para poder llevar a cabo cosas y poder manejar especies que puedan ser complicadas, y no por su tamaño, si no por su psicología o su ecología.

-¿Cómo has aprendido a tratar con la fauna silvestre?
-Soy un hombre paciente en ese sentido y una persona muy observadora. Desde bien pequeño, tengo recuerdos con 6 o 7 años, iba solo al monte o al bosque. Yo vengo de una familia pobre y numerosa, mi madre no nos podía controlar a todos y nos dejaba salir, así que yo me escapaba a la naturaleza. Observaba lo que hacían los animales y cómo se comportaban en las diferentes épocas del año y según las diferentes especies, tanto fueran caracoles como cangrejos, águilas o zorros, un poco de todo. Y luego está el ingenio que tenga cada uno, y yo me considero una persona que evoluciona con el paso de los años; además los libros también te ayudan mucho. Y esa destreza yo creo que viene por marcar el camino, por la constancia. Hay que ser constante para poder conseguir algo como lo que tenemos hoy en día después de dieciséis años de trabajo.
Es algo que yo creo que va en la sangre, siempre hay curiosidad. Todos los días aprendo una cosina nueva y cuando veo algo nuevo lo meto en la retina y lo dejo a disposición por si hiciera falta utilizarlo.

-Aparte del equipo habitual ¿tenéis estudiantes en prácticas, gente que aprende con vosotros a cuidar animales?
-Sí, precisamente estos días empezó con nosotros una chica de biología que está en su segundo año y que irá poco a poco cogiendo soltura y aprendiendo lo que realmente implica trabajar con animales. El problema es que hay mucha demanda y estamos dando fecha para junio de 2025, vienen de facultades de toda España y del extranjero también.

-¿La puesta en marcha de la nueva ley de protección animal os ha influido en vuestro funcionamiento?
-Solo en que recibimos más llamadas de lo habitual de personas que preguntan qué hacer con cierto tipo de animales que se suponen que están prohibidos, como las iguanas. La gente escucha cosas, y a veces no son todas tan ciertas o no están basadas en la ley. Con la nueva ley está prohibido tener iguanas y la gente tiene miedo y está confundida, pero les explicamos que lo que está prohibido es adquirirlas después de la entrada en vigor de la ley, pero no si ya la tenías anteriormente. Curiosamente a nosotros nos entraron dos hace poco, pero como centro privado tenemos la capacidad de coger lo que podemos o lo que queremos y ponemos límites. No podemos sacrificar nuestros cobijos e instalaciones por recoger todo lo que entra, porque si no habría saturación y una mala convivencia. Así que de momento la nueva ley no nos afecta.
Hay cosas de ella que me parecen bien y otras que no, pero está hecha para proteger a los animales. Espero que sirva para que la gente se dé cuenta de que no son juguetes, que conozcan sus obligaciones y se lo piensen antes de tenerlos.

Territorio australiano del zoo El Bosque (Oviedo)
Territorio australiano, zona de interacción libre con la fauna en el núcleo zoológico ovetense.

-¿Qué es lo que más llama la atención a los visitantes que llegan a vuestro parque?
-Tenemos una zona que es un aviario bastante grande, de alrededor de 70 metros, en el que puedes entrar y allí hay aves de diferentes especies, tanto cisnes negros, como avestruces australianas, cacatúas, etc. La mayoría son especies australianas y muchas interactúan con los visitantes. Cuando una cacatúa se pone en la barandilla, cuando empieza a bailar o se sube a ti, cuando acerca la cabeza para que le rasques o te dice hola y te silba, todo esto llama mucho la atención y motiva a la gente a proyectar ese contacto con los animales. A esta zona la llamamos Territorio australiano, es de interacción libre y es donde más para la gente. Hay un cartel que da indicaciones a tener en cuenta para que se vaya con respeto y no se invada el espacio bruscamente, porque la gente se pueden llevar un susto. Los tigres y los primates también llaman la atención por su afinidad con nosotros, pero el aviario es el que más éxito tiene.

-¿Para las cacatúas es un divertimento interactuar con la gente?
-Pues sí, porque muchas fueron mascotas que la gente tuvo que dejar aquí y, aunque en el centro dejan de serlo, se comportan como tales porque tuvieron mucho contacto con humanos. Formaron parte de su familia muchos años y tienen mucha sensibilidad. Son muy inteligentes, muy cariñosas a la vez que marchosas, les gusta la música y van acompasadas con el ritmo y, claro, les gustan los visitantes y también las aves de su especie o similar. Aquí es todo mucho más enriquecedor y disfrutan de la vida mucho más que cuando podían vivir con uno o dos humanos y estaban en una jaula. Algunas aves que llegaron un poco tocadas de la cabecina poco a poco se fueron recuperando hasta estar más o menos equilibradas.

-Sé que tras la llegada al zoo de una nueva tigresa teníais por delante el reto de integrarla con la tigresa blanca que ya estaba con vosotros. ¿Ha sido posible?
-De los felinos, probablemente el tigre sea el más solitario por su naturaleza y la distribución. Y aunque es verdad que puede vivir en compañía, a veces no es tarea sencilla porque no se llevan bien, y es lo que nos está pasando. Las juntamos en tres ocasiones porque vimos síntomas de amistad, pero no funcionó. Y no vamos a intentarlo más porque la tigresa naranja, a pesar de sus veintiún años, en el límite de su esperanza de vida, sigue con mucho carácter y no baja el pistón. Y en una pelea de tigres, si se muerden, pueden quedar lastimadas de por vida y es lo que no queremos, es una osadía que no queremos permitirnos.

-De todo este tiempo que lleváis, ¿cuál ha sido la circunstancia más adversa que os habéis encontrado?
-Lo más complicado desde mi punto de vista es la burocracia, porque de un grano de arena hacen una montaña y te ponen las cosas difíciles, cuando realmente no lo son. La burocracia, tanto a nivel nacional como regional, es penosa, no funciona bien y no utilizan el sentido común. Últimamente no tenemos muchos temas burocráticos, pero cada vez que hay que hacer algo me caen gotas de sudor porque todo son problemas. Y puedes tardar un año en tener un registro que podrías tener en una semana.

-Y a nivel de manejo de especies animales, ¿dónde hay mayor dificultad?
-Quizás con los primates es lo más delicado por cuestión de comportamiento, porque pueden desplazar a uno del grupo como nos pasó recientemente con uno de los lémures de Madagascar, que empezaron a rechazar a uno, lo llenaron de mordiscos y hubo que separarlo. Nos costó un año de trabajo reintroducirlo en el grupo porque hay que ir poco a poco, trabajando primero con el lémur más sumiso. Ahora lleva unos seis meses conviviendo otra vez con el grupo con armonía, pero no quita que lo vuelvan a desplazar.
Cosas como esta te hacen sudar la gota gorda, pero el mundo animal funciona con unas jerarquías establecidas y hay veces que expulsan a uno del grupo. En la naturaleza si esto ocurre, se va para otro monte o bosque, pero aquí no tiene donde ir y hay que volver a hacer las cosas desde el principio, resetear e insistir. Los primates y los loros en general suelen ser complicados por su inteligencia, te están observando constantemente y a veces, te entrenan a ti sin darte cuenta. Hay que estar atento para adelantarte a los problemas.

-Vista la cantidad de animales y recintos que tenéis, ¿hay algún día en el que no ocurra algo inesperado?
-Todos los días surge algo por algún lado, siempre hay una soldadura que dar, un trozo de malla a reparar, una chapa o una piedra que poner, una tubería a restaurar, una calefacción que se estropeó, algún árbol que se cayó o un animal con un comportamiento diferente, o que cae enfermo. Es un no parar y por eso hay que ser constante y llevar las cosas lo más al día que se pueda, todos los días hay sorpresas.

-¿Hay algún proyecto a la vista o algo en el horizonte que queráis conseguir?
-No, viendo lo que vemos, no somos caprichosos. No tenemos predilección por nada, lo que tenga que venir que venga y si podemos acogerlo, será tan bien recibido un animal de una especie que de otra. Por lo que sí tenemos predilección es por seguir conservando las especies en el amplio sentido de la palabra, tanto aquí en el mantenimiento como colaborando con proyectos de conservación en su hábitat natural, que es nuestra meta.
Probablemente vayan a venir unos primates hembra desde Portugal para introducir a nuestro grupo de machos y poder fomentar la cría y colaborar en proyectos de conservación. Por algún motivo no se pueden hacer cargo de ellas y queremos reproducirlas aquí con nuestro grupo y colaborar en proyectos de conservación en Madagascar, de donde es la especie. Pero lo que tenga que venir, si podemos acogerlo será bien recibido y va a ser tratado con mimo, con esmero y con cariño, sea la especie que sea.

 

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