Los artistas, médicos del alma

El 26 de agosto es el Día Internacional de la Actriz y el Actor, una celebración que se instauró gracias a un actor romano del siglo III llamado San Ginés de Roma. En honor a este día, el actor, director, productor y guionista Eduardo Castejón escribe este artículo no desde quien vive la profesión como una manera de ganarse la vida, sino desde quien ama, siente y entiende la interpretación como una forma de implicarse en el arte, sea en el medio que sea.


“Un soneto me manda hacer Violante que en mi vida me he visto en tanto aprieto; catorce versos dice que es soneto…”.
Y he ahí la cuestión, ser o no ser, to be or not to be, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul… (Por cierto, esta frase que siempre me ha maravillado, constituye el primer documento gráfico oficial que prueba la vida extraterrestre en la Tierra. La dijo un famoso ufólogo alemán, Bécquer, que lo mismo te ganaba un torneo de tenis en Wimbledon con un juego de saque y volea demoledor, que te escribía la poesía más bonita del mundo, mientras dejaba constancia de que se había enamorado de una alienígena. Y es que las pistas, aunque sutiles, están ahí).

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¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul…. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú.
A ver, que, en realidad, no eran tan sutiles las pistas, más bien estaba proclamando a los cuatro vientos que la vida puede ser maravillosa, y que él estaba enamorado de una marciana, porque, que yo sepa, los seres humanos tenemos la pupila negra, absolutamente todos. Incluso los perdidos que hacían “la ruta del bacalao” hace algunos años y se metían de todo. Es más, incluso David Bowie, con su famosa heterocromía y sus dos ojos de colores distintos, seguía teniendo la pupila negra. Así que, retomando el tema del ufólogo tenista y poeta alemán, es claro que nos estaba enviando un mensaje atemporal y poderoso: El amor es el arma más potente conocido por los seres humanos y por parte del resto del Universo. Y yo, que soy un romántico por naturaleza, opto por ir un paso más allá y subir la apuesta diciendo que es el mayor poder existente en el Universo conocido. Y en el desconocido, también. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, simplemente elijo creer…

Hola a todos, me llamo Eduardo Castejón, y os doy mi palabra de que no he probado una gota de alcohol antes de comenzar a escribir este texto. Simplemente, quería transportaros de la manera más informal posible al proceso interno de un actor para que pudierais entender qué tiene el mundo de la actuación que nos engancha tanto a los artistas.

Eduardo Castejón (dcha.) y Pepe Ruiz, actores y codirectores de "Tras los pasos de la rubia platino".
Eduardo Castejón (dcha.) y Pepe Ruiz, actores y codirectores de «Tras los pasos de la rubia platino».

Cuando Marta (de Fusión Asturias) me pidió que os contara qué significa para mí actuar, lo primero que se me vino a la cabeza fue esa mítica frase, “… Un soneto me manda hacer Violante”. No sé por qué, pero así fue. Y el resto del texto se fue reproduciendo en mi cabeza de manera instantánea. Después lo cociné varias veces a lo largo de los días. Hoy cambio una frase de orden, hoy escribo Bécquer como Gustavo Adolfo, mañana pienso que es mejor idea escribirlo como Boris Becker, y así me aseguro que la gente entienda el chiste… En fin, que Marta me transmitió una idea y mi mente no dejó de crear cosas a partir de ahí. Y eso, amigos míos, es lo que tanto nos enamora a los actores, guionistas, escritores, directores, y artistas en general. Ese baile sin fin con las musas o, dicho en puro castellano de la calle, y sin tanto floripondismo, esa sensación de libertad que se forma en tu cabeza cuando dejas volar la imaginación y te sientes libre como cuando eras un niño.

A lo mejor, los artistas somos precisamente eso, niños-adultos que se han negado a madurar y que, gracias a que otras personas sí lo han hecho y se encargan de los trabajos necesarios, nosotros podemos seguir siendo niños. Y cuando digo necesarios, me refiero a los médicos, panaderos, abogados, policías, en fin, a la mayoría de los trabajos de nuestra sociedad. Y es que no nos engañemos, los artistas tenemos el lujo de desempeñar la única profesión que la sociedad no necesita para sobrevivir. Y, quizá, en eso resida la magia. En que, a pesar de no ser necesarios, la gente nos elige porque les ayudamos a ser más felices en su día a día.

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El razonamiento filosófico ya está hecho, y los estudios sociales también, en caso de una hecatombe nuclear, los artistas serían los últimos en entrar en el silo de supervivencia, porque somos la profesión más inútil de todas. Que ningún compañero se ofenda, pero no lo discuto, la gente que ha realizado esos estudios, seguro que es mucho más inteligente que yo y, por descontado, mucho más inteligente que muchos artistas que no saben hacer la “O” con un canuto y se ofenden cada vez que escuchan un comentario de este tipo. Sí, ya sé que se os vienen muchos de esos artistas a la cabeza ahora mismo, pero no seamos malos y seamos justos. No sólo hay artistas catetos, también hay deportistas, políticos, médicos, abogados y panaderos, entre otras profesiones donde, la estupidez, brilla con luz propia. Al final, los seres humanos, tenemos esa cualidad, la de ser los más estúpidos de la creación. Pero también tenemos la capacidad de darlo todo por aquellos a quienes queremos de verdad. Y ese es el punto que nos lleva de nuevo a la parte en la que los artistas somos los menos útiles de la sociedad. Pero aun siendo así las cosas, la sociedad nos quiere y nosotros la queremos a ella.

Y precisamente en eso reside el sentimiento del artista, en que se da por completo a los demás y consagra su vida a entretener al prójimo, a ayudar a que la vida del resto de seres humanos sea un poquito más entretenida, aunque sólo sea por unos minutos. Y con eso basta. Los médicos son los que están aquí para salvar el mundo. Y en esta categoría, incluyo también a los veterinarios (ya sabéis que yo pienso que los seres humanos y los animales tenemos exactamente los mismos derechos. Ni uno más, ni uno menos).

El actor Eduardo Castejón y Tamy Nsue en pleno rodaje.
Eduardo Castejón y Tamy Nsue en pleno rodaje.

Los artistas estamos aquí para entretener y eso es bonito, eso dice algo bueno del ser humano y, sin duda, dibuja un halo de esperanza en cuanto a nuestro futuro.
El mundo está lleno de artistas, los hay mejores y peores, como en cualquier profesión. Pero, lo que nunca se le podrá discutir a un artista, es que, al principio, en la base, lo que buscaba era conectar con el resto de sus congéneres, con sus iguales. Buscaba sacar una sonrisa, o amenizar un rato, y supongo que, en algunos casos, porque tampoco vamos a pintarlo todo de color de rosa, ha habido artistas que sólo buscaban el reconocimiento personal, la fama, el dinero. Pero seguro que esos son la minoría porque, cualquiera que pretenda consagrar su vida al arte, o es muy necio o sabe que lo más probable es que le va a tocar pasar hambre y que, la fama, no la va a oler ni de lejos.

Yo, por desgracia o por fortuna, crecí con la picadura del arte desde niño. Habría sido muy sencillo continuar con mi carrera como abogado. Tenía la vida resuelta, no se me daba mal e incluso me entretenía el trabajo. Pero algo dentro de mí no me lo permitía. Por más que intenté seguir unos parámetros convencionales de vida formal y adulta, no pude. Y un buen día, me levanté y decidí, como James Bond, que solo se vive una vez. Y aquí estoy, desnudándoos mi alma, porque el cuerpo ya me lo tenéis muy visto. Sólo porque mi amiga Marta se acordó de mí y me dio libertad para que os contara todo lo que se me pasara por la cabeza. De hecho, la muy insensata me dijo que “lo que me saliera del corazón, que se fiaba por completo de mí”. ¡La que has liado, pollito!

Y es por eso que ahora estamos mi hermano Rocket y yo delante de mi ordenador contando todo esto. Por cierto, Rocket es ese pibonazo mitad persa, mitad Scotish Fold de un año que sale en la foto, y que ya ha debutado en el cine en nuestra película Tras los pasos de la rubia platino.

Y ya que os hablo de la peli, os contaré por qué ha sido tan bonito para mí dirigirla junto a Pepe Ruiz y protagonizarla con él y con Zorion Eguileor.

Desde niño quería ser actor, así que en cuanto tuve la oportunidad, empecé a estudiar interpretación. Primero las clases de teatro en mi colegio y después Arte Dramático en la escuela de Cristina Rota. ¡Toda una aventura! Para qué nos vamos a engañar. Pero, si os soy sincero, antes de llegar a la “Rota”, ya me había dado cuenta de que en realidad no quería ser actor. Lo que yo quería era ser personaje. Algo así como la canción de Sabina del Pirata cojo, donde dice “partiré de viaje enseguida a vivir otras vidas, a probarme otros nombres, a colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré”.

Eduardo Castejón con Juanjo Artero.
Eduardo Castejón con Juanjo Artero.

Eso es los que tanto nos gusta a los actores y directores. A los guionistas, a los compositores musicales, a los artistas en general. La posibilidad, aunque sea por un instante y en nuestra imaginación, de conocer otros mundos, otros universos, otras vidas. Pero es que, la imaginación lo es todo, porque nada es verdad o mentira, todo depende de lo que nuestro cerebro diga. Y eso no lo digo yo, lo dicen los psicólogos y psiquiatras más reputados de la Historia. Y es por eso que os quise hacer partícipes de mi proceso creativo al principio de esta declaración de intenciones. Seguramente, el proceso creativo de otros actores sea mucho menos caótico y, sin duda, más serio. Pero es que yo siempre he pensado que a la vida hay que ponerle alegría y que, una sonrisa a tiempo, vale más que todo el dinero del mundo. Por desgracia, mi casero no piensa igual y, aunque se ríe un montón con mis chistes, cada primero de mes, me sigue pasando la renta. En fin, no le culpo. Mi panadero también me hace lo mismo. Ces´t la vie.

Y ya que vamos terminando, pasemos a temas más concretos y dejadme que os hable de mis dos últimos proyectos. Por la cercanía y por lo que han significado.

Acabo de regresar de EE.UU. de rodar una película allí, con unos grandes amigos, la productora internacional Dragonz Entertainment, y eso ha sido un regalo, porque he tenido la oportunidad de rodar con amigos a los que admiro y aprecio, como su director y protagonista Nacho Serapio, o el resto de la santísima trinidad que conforman Dragonz, Víctor Hugo Antón y José A. Marín. Y digo que ha sido un regalo porque, además de sentirme agradecido de poder llamarles amigos, he podido cumplir con ellos un sueño de niño que era rodar en Nueva York y Philadelphia (cuna del queso de untar) y, sobre todo, subir las míticas escaleras del Museo de las Artes de Philadelphia y saltar como si fuera Rocky Balboa, delante de su estatua. Sí, lo sé, es una frikada, pero yo nunca he sido un erudito de los de Shakespeare, para aparentar y ponerme el traje de marisabidillo. Ya estudié Derecho y trabajé como abogado. El arte culto se lo dejo a los que saben más que yo de esto y, mientras tanto, prefiero seguir disfrutando de momentos épicos para cualquier niño de mi generación, como subir las escaleras de Rocky tarareando el “Gonna fly now”. Y bueno, tampoco os voy a negar que rodar con leyendas del cine de acción americano como Robert Samuels o Silvio Simac ha sido un pasote. Que sí, que hay expresiones mejores que pasote, pero ya no hace falta pasarse de culto en un artículo para aparentar lo mucho que has estudiado. Hoy en día cualquier IA te hace un discurso bonito. Así que eso también te da la libertad necesaria para poner pasote y, que quede constancia de que lo pones porque tú lo eliges, no porque no tengas el léxico necesario para expresarte de una manera más rimbombante.

Y ahora, hablándoos de mi último proyecto estrenado, “Tras los pasos de la rubia platino”, que aún podéis ver en los cines y que pronto lo tendréis a vuestra disposición en la comodidad de vuestras casas con una conocida plataforma de streaming, contaros que ha sido una película especial. En ella he podido reunirme de nuevo con mi padre, fallecido hace diez años, con mi hermano Lucky, fallecido hace un año y medio, y con el que yo llamo mi padre postizo, Pepe Ruiz, al que todavía le queda gasolina para rato. Y también con el que yo llamo mi padrino, porque fue quien me llevó de la mano en mi debut teatral en Almagro, Zorion Eguileor. Poder ver juntos en una escena, gracias a la magia del cine, a mi padre, a Pepe y a Zorion, es algo que no tiene precio. Poder ver la cara de mi madre, cuando veía eso mismo en el cine, bien vale el sacrificio que la película ha exigido.

Cartel de la película "Tras los pasos de la rubia platino"

Pero, si os soy sincero, todo el rodaje ha sido un regalo. Rodar con Pepe y Zorion, por lo que significan para mí a nivel personal fue algo maravilloso. Pero también lo fue rodar con grandes amigos no tan conocidos en esta profesión pero que son puro arte, tanto delante como detrás de las cámaras. Con ellos, los rodajes han sido brutales. Tanto por duros como por divertidos. Parecíamos el Real Madrid de Mou, muchas estrellas juntas y todos dejándose la piel. Y luego estábamos los canteranos, viendo cómo las estrellas lo daban todo por la película y eso, nos obligaba y animaba a la vez a que nosotros hiciéramos lo mismo. Y de verdad que no exagero cuando hablo de estrellas, porque en esta peli actúa Juanjo Artero, David V. Muro, Carlota García, Laura Vignatti, María Luisa Merlo, Tamy Nsue, Antonio Albella, Kenji Shimohira, Carlos Urrutia, Jorge Moreno Piegia, Clarice Alves. Si se os escapa alguno de los nombres, siempre podéis googlearlos y veréis que no estoy exagerando.

Y si hablamos del esfuerzo puesto por todos en el rodaje, la recompensa no se ha quedado corta en el estreno. El cariño mostrado por el público, los aplausos y, sobre todo, las risas, han sido contraprestación más que suficiente. Y cuando digo sobre todo las risas, es porque eso no se puede fingir. En este mundo, cualquiera puede hacerte llorar, pero muy pocos tienen la capacidad de hacerte reír.

En definitiva, quedaos con eso: los médicos son, sin duda, la profesión más importante y necesaria de nuestra sociedad. Pero los artistas, en ocasiones, somos los médicos del alma.

Pd: Id a los cines de la cadena Odeón de toda España a ver nuestra película. No seáis tacaños. Salid de casa, así de paso hacéis un poco de vida social. Y, después, como os habréis quedado con ganas de volver a verla, porque no vais a parar de reíros, ponéosla en casa en vuestra plataforma de streaming.

Pd2: Sé que algún listillo lo va a buscar en Google y va a criticarme por hacer un chiste tan malo con el queso de Philadelphia pero, como aprendí a escribir de uno de los grandes, Arturo Pérez Reverte, me cuidé muy mucho de ordenar las palabras en la frase de una manera que se prestaran a la broma y a la realidad. Porque, mi querido amigo listillo y criticón, el queso crema de untar se creó en Nueva York, en un pueblo llamado Chester, en 1872, por el lechero William A. Lawrence. Así que “ñi, ñi, ñi, ñi…”.

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Actor, director, productor y guionista.

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