El amor en tiempos de encierro

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El Rincón de Teobaldo
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Desde que empezó esta broma pesada del virus he participado en cinco o seis encuestas. Nacionales, locales e internacionales. De universidades, centros médicos o estudiosos de la Salud, sobre la actividad física, la sociabilidad, el peso, el estado de cabreo, el miedo… pero ni una sola pregunta sobre la vida afectiva. Y eso sí que es un problema, ¿cuántas parejas sufren en la distancia?

En la prensa un chico de Boo y una chica de Mieres se lamentaban, con prudencia, de que solamente podían verse por vídeoconferencia. Los amores clandestinos habrán tenido que dejar de usarse. Las parejas hartas de verse habrán quedado saciadas. Un problema para la estabilidad mental.

Solos como robinsones. Por cierto, no sé si te habrás fijado, pero en “la vida y las extrañas y sorprendentes aventuras del marinero de York, Robinson Crusoe… escritas por él mismo”, se analizan muchos aspectos que tienen que ver con la sociedad, como la economía, la tecnología, la capacidad de improvisación, el valor del dinero, pero el protagonista no menciona su vida sexual; y eso que el periodo de abstinencia fue de dimensiones monacales: “Y así fue como abandoné la isla, el 19 de diciembre del año de 1686, de acuerdo con el cálculo que hice en el navío, después de haber vivido en ella veintiocho años, dos meses y diecinueve días…”

Los amores clandestinos habrán tenido que dejar de usarse. Las parejas hartas de verse habrán quedado saciadas. Un problema para la estabilidad mental.

Uno, que tiene muy mala fe desde pequeñín, acudió rápidamente al capítulo donde encuentra las cabras; no hay líneas que apunten en ese sentido. Sin embargo, queda el náufrago prendado a primera vista del que sería su nuevo compañero: “Era un joven bello, perfectamente formado, con piernas rectas y robustas, no demasiado largas; alto y esbelto, tendría unos veintiséis años. Su semblante era agradable, sin asperezas, y había un rasgo muy viril en su rostro, aunque a la vez tenía la expresión dulce y suave de un europeo, especialmente cuando sonreía…”

La heroína del barrioEl aislamiento prolongado nos origina trastornos. Es de entender la alegría de la población femenina de Callosa de Segura. Se trata de un pueblo alicantino que no llega a 20.000 habitantes, hasta ahora solamente conocido por el empeño del Partido Popular en que no se retirara el monumento de homenaje a los 81 falangistas caídos como consecuencia de su propio golpe de Estado, con manifestaciones de gente de camisa azul y correaje. En adelante se le conocerá en toda España y parte de la UE por un motivo bien placentero, el regalo masivo que ha hecho una de sus ciudadanas. Hace dos semanas robó una partida de un juguete erótico de moda y se dedicó a repartir el alegre botín entre sus vecinas. La Guardia Civil asegura que “solamente pudo recuperar 40; el resto de las unidades habían sido usadas”. Pasará a la historia local, sin duda, como ínclita benefactora del bienestar popular.

Si el señor alcalde, Don Manuel Martínez Sirvent, ha propuesto poner la desafortunadamente célebre Cruz en un museo, para que los nostálgicos la veneren; ¿qué no debería hacer con la benefactora de las damas? Como mínimo “fallera mayor”, que no sé si el pueblo tiene fallas, pero estos días alguna mascletá se habrá oído.

Huevos orgásmicosLa siguiente noticia tiene que ver con la imaginación para fomentar el consumo interno, absolutamente necesario para que la economía no se desplome. En una tienda de allende la mar salada se vende una clase de huevos desconocidos para mí; avisaré a la del ultramarinos de debajo de casa para que se espabile. ¡Aprendan los hosteleros, que tanto se quejan, a crear nuevos nichos de mercado! Esta categoría de producto avícola ha de dar muy buenos resultados contables al avispado vendedor, a ese ejemplo de iniciativa empresarial, a ese monstruo de la mercadotecnia, y un mundo de satisfacciones insospechadas a su distinguida clientela.

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