Es difícil ser de Salinas y no enamorarse del mar, y Jorge Fernández no es la excepción que confirma la regla, sino más bien todo lo contrario. El oceanógrafo dedica gran parte de su tiempo a estudiar la evolución del litoral asturiano y su gestión, asesorando a entidades locales. También es posible encontrarlo a bordo de un barco pesquero en sus funciones de observador o contagiando a las nuevas generaciones su interés por la preservación del medio marino.
El valor de los sistemas dunares que hay en nuestra costa y la biodiversidad marina de zonas como el Cañón submarino de Avilés protagonizan algunas de las charlas de este joven científico, que ha hecho de su pasión su profesión creando su propia empresa: Estudios Marejada. La Pyme dedicada a la educación y conservación marina fue reconocida en 2023 por el Ayuntamiento de Castrillón con un Premio a la Iniciativa Empresarial.
-Jorge, ¿en qué consiste tu trabajo?
-Hacemos varios tipos de trabajos enfocados en el ámbito marino o medioambiental, pero sobre todo en el marino que es donde desarrollamos la mayoría de los servicios. Hay una parte oceanográfica, probablemente la más llamativa para la gente, que es de investigación de los recursos pesqueros. Desarrollo labores de observador de pesca o de personal científico a bordo de un buque, tanto pesquero como de investigación, pero sobre todo en los pesqueros. Otra parte, la gestión marina, está enfocada más bien a proyectos de gestión costera, como los últimos en los que participamos en relación a las dunas de El Espartal en Salinas o La Peñona, también en Salinas.
Otra cosa que hacemos es educación o divulgación ambiental a través de talleres o charlas en colegios o en el Museo del Centro de Experimentación Pesquera en Gijón. Y más adelante, nos gustaría impartir cursos del SEPE relacionados con el ámbito marino o el medioambiental, pero en esto todavía estamos trabajando a ver si lo podemos sacar adelante.
«El sistema de red de cañones de Avilés es uno de los más importantes de Europa en cuanto a biodiversidad marina, porque es una zona donde animales que habitan a grandes profundidades interactúan con otros que habitan cercanos a la superficie»
-¿Qué te llevó a crear Estudios Marejada?
-Nací en Avilés, pero soy de Salinas de toda la vida y, aunque crecí entre ambas localidades, me fui a estudiar Ciencias del Mar a Galicia porque allí tienen otra comparativa respecto al nivel económico que dedican a gestión de recursos pesqueros o al ámbito ambiental. Allí también hay otro tipo de legislación, porque además de lo que marca el ámbito europeo o nacional, cada comunidad autónoma añade sus propias normas y en Galicia son, digamos, un poco más restrictivas. Ahí empecé a darme cuenta de que lo que yo veía en mi tierra, en Asturias, era muy diferente, y que había muchísimas cosas que deberían ir cambiando con el tiempo. A lo largo de estos pocos años he visto algunas mejoras, pero aún nos queda bastante recorrido.
Ese contraste siempre me fascinó y despertó la curiosidad, incluso desde muy pequeño, porque cuando iba a veranear a Galicia veía peces, cangrejos… que no veía en ninguna playa asturiana. Y como tenía espíritu emprendedor, en 2020 comencé con un estudio del retroceso de las dunas de El Espartal. Luego la bola empezó a hacerse más grande, empecé a ser un poco conocido y la gente me animó a hacer más cosas, así que en 2021 creé la empresa oficialmente.
-¿Qué deberíamos tener en cuenta en relación al litoral asturiano?
-Que la costa no es igual en toda Asturias. Hay playas, algunas muy extensas, hay pedreros o acantilados a los que no puedes acceder desde la parte de arriba y solo puede llegar con una lanchina desde el mar, etc. Y el hábitat o el ecosistema que hay en todos estos lugares cambia.
También hay que recordar que en Asturias tenemos una de las primeras áreas marinas protegidas que hubo en España. Si no me equivoco, en el año 2011 se proclamó la primera y fue El Cachucho, una montaña submarina totalmente plana que está justo en el borde de la plataforma continental, a la altura de Llanes y Ribadesella. Y ahora se está peleando para que se declare área marina protegida al sistema de red de cañones de Avilés, uno de los más importantes de Europa en cuanto a biodiversidad marina, porque es una zona donde animales que habitan a grandes profundidades, a 4.000 o 4.500 metros de profundidad, interactúan con otros que habitan cercanos a la superficie. Por lo tanto, es más fácil ver cercanos a la costa a esos animales de grandes profundidades que en alta mar. Y como es una zona de riqueza económica para la pesca, hay que mantener un cierto control.
-Eres observador en varias costeras, acompañando a los pescadores en sus faenas. Pasas mucho tiempo en el mar y no parece una tarea fácil, ¿cómo se sobrelleva?
-Ahora, como tengo otros trabajos que me requieren en tierra, estoy realizando embarques que son de un solo día y lo llevo bien. Cuando empecé hacía mareas, lo que en este mundo supone irte una o dos semanas a alta mar a hacer este tipo de trabajo, y tengo compañeros que han estado dos o tres meses en Terranova o en el Pacífico. Para estar tanto tiempo dentro de un barco con las mismas personas tienes que llevarte muy bien con ellos, porque allí haces convivencia las 24 horas.
Yo pertenezco a la Asociación de Observadores de España y sé que hay gente a la que le ha ido muy bien y otros a los que no, pero sobre todo tienes que mantener la calma y hacerles entender que tú no eres un inspector, tú eres un biólogo o un oceanógrafo que va a hacer su trabajo para que ellos puedan seguir pescando y manteniendo esos recursos a lo largo de muchísimos más años. Con el tiempo, la figura de un observador en un barco de pesca va a ser tan normal como la de cualquier marinero.
-El Ministerio pone observadores en los buques, pero ¿no hay otra forma de regular y estudiar los recursos?
-Actualmente se están empezando a poner cámaras de vigilancia en los laterales o los costados de los barcos, implementándolas con inteligencia artificial para ver qué especies de pescado suben, el tamaño que tienen y saber qué es lo hacen con ese pescado, si lo meten en cajas para guardar en la cámara o lo tiran como descartes porque no tienen interés comercial, viene dañado o cualquier otra historia.
Con el tiempo, esa figura de observador se podrá hacer incluso desde casa, por un análisis fotográfico o por la imagen. No se necesitará un biólogo que mida y pese los peces uno por uno. Será mucho más rápido. De momento, sólo se está introduciendo en buques factoría que mueven grandes cantidades de pescado.
«Cuando vas como observador en un pesquero tienes que hacerles entender que tú no eres un inspector, tú eres un biólogo o un oceanógrafo que va a hacer su trabajo para que ellos puedan seguir pescando y manteniendo esos recursos a lo largo de muchísimos más años»
-¿Has podido comprobar personalmente la pérdida de biodiversidad en el mar y de cantidad de pesca de las que tanto se habla?
-Hay ciertas épocas en las que sí, y también por la experiencia de los propios pescadores que me lo comentan. Como ejemplo el del pulpo, que antes se pescaban 200 o 300 de kilos por día y, ahora mismo, un buen día, puedes sacar 80 kilos.
En cuanto al marisco, se ve una reducción de los tamaños de muchas especies y también en la cantidad que se coge y es tanto por el tema del cambio climático como por cambios de corrientes, temperatura o exceso de impacto pesquero. Algunas especies se han ido readaptando a las vedas que se ponen en pesca, a las épocas en las que se puede ir a pescar y a las que no. Y aunque hay pescadores que llevan a rajatabla lo de los tamaños, las vedas y todo lo que marca la legislación, también hay otro tipo de marineros que se lo pasan por el forro de las narices.
-¿En qué aspectos os gusta incidir para que los jóvenes puedan concienciarse y mejorar su relación con el medio marino?
-Bueno, en los colegios de Castrillón, Muros de Nalón y Avilés nos piden charlas relativas al tema de las playas, que enseñemos lo que es la costa, cómo cambia y, en particular, cómo evolucionan las dunas a raíz del cambio climático. Les interesa saber qué va a suceder. En el caso de Salinas me preguntan mucho hasta dónde va a llegar el nivel del mar dentro de 50 o 100 años y qué le pasará a la playa.
También interesa el tema del Cañón de Avilés y lo que son áreas marinas protegidas. Y como digo yo coloquialmente, la bichería marina, peces, crustáceos, microorganismos marinos, etcétera.
-¿Qué viste en la comunidad gallega, por ejemplo, que te convenció como modelo a tener en cuenta?
-En la manera de aplicar la legislación es donde ves la diferencia. Por ejemplo, cuando estuve en las Islas Cíes de prácticas de la Universidad me explicaron que nadie se podía meter en el lago de las Islas, estaba penado hasta con cárcel por un delito medioambiental.
Y en las playas ves un tipo de cartelería que no es como la que puedes ver en Asturias, allí ponen un cartel bien grande, como los paneles que puedes encontrar fuera de la carretera, y en ellos te explican que la multa por invadir las dunas, por ejemplo, asciende entre 600 y 6.000 €. Cuando ves esto, se te quitan las ganas de hacerlo. De hecho, en Galicia nunca vi a nadie cruzar por encima de las dunas, mientras que aquí prácticamente lo hace todo el mundo. Estas medidas las pueden aplicar en otras comunidades autónomas, pero lo importante es que las ejecuten, que no las dejen ahí, como digo yo, de adorno.
-Aunque sea a nivel local ¿observas mejoras en Asturias?
-En la zona donde me muevo yo, en Castrillón, sí que he visto más interés por el tema de lo de la costa. A nivel de ayuntamiento se les creó esa concienciación de que había que tomar alguna medida por la conservación de la playa, porque si no iban a acabar perdiendo parte de unos arenales que para ellos suponen un recurso económico importante. Y cuando hablas de dinero todo el mundo pone el oído y a todos les importa.
«Por desgracia, tenemos la tendencia de modificarlo todo en base a nuestras necesidades, sobre todo las económicas, sin que nos importen las repercusiones que haya luego a corto o largo plazo»
-Hay muchos modelos de playa que no cumplen su parte dentro de un turismo sostenible. ¿Hay una concienciación respecto a ese tema?
-A ver, hay concienciación siempre que haya intereses económicos. Hay varios tipos de playas, la natural, que sin entrar en los conceptos más descriptivos es la playa a la que no va ni Dios porque tiene difícil acceso y está alejada de núcleos urbanos, sean ciudades o pueblos turísticos, y luego están las más turísticas y urbanas, como la de Gijón, Salinas o Ribadesella, que están cerca de estas zonas.
El contraste es evidente si ponemos el ejemplo de la Playa de Salinas o dunas de El Espartal y la playa de Xagó, que está al otro lado del faro de Avilés y que, como está muy a desmano, no está tan masificada; está incluso mejor conservada a escala natural. Y eso que hace 50 o 100 años, había allí una fábrica de áridos que extraía la arena de la playa, pero hay playas que se recuperan genialmente en el momento en que el ser humano abandona esa zona o desaparece el interés económico. Y aquí el interés reside en la parte turística o en la comercial a través de la navegación marítima, pues, al fin y al cabo, son los dos sectores en los que se mueve el dinero.
Por desgracia, tenemos la tendencia de modificarlo todo en base a nuestras necesidades, sobre todo las económicas, sin que nos importen las repercusiones que haya luego a corto o largo plazo.
-En la limpieza de playas se hacen cosas erróneas, ¿cómo deben realizarse?
-Pues mira, una de las cosas que se hace muy a menudo en Asturias, sobre todo en invierno, y que a mí me cabrea muchísimo, es limpiar las playas con máquinas. Esto no lo encontrarás en ninguna playa de Galicia.
En realidad, en invierno, no se deberían limpiar las playas, porque con la excepción de los plásticos, todo lo demás, ramas, troncos y otra materia orgánica deberíamos dejarlo en la playa porque favorece el crecimiento de otras especies vegetales costeras y esa vegetación impide que el mar avance hacia dentro y se lleve la arena. Por otro lado, gracias a la acumulación de los restos de árboles o de madera se forman lenguas de arena, porque los mismos troncos la retienen.
Los ayuntamientos recurren a poner empalizadas de mimbre o de esparto en las dunas o playas para que la arena no se acabe perdiendo, pero, en vez de tener que asumir esos costes, ¿no sería mejor no pasar la máquina durante ciertos meses y dejar así que la arena se mantenga en la playa? Porque, además del tema biológico está también la geología de la playa y si pasas una máquina todos los días por la playa, lo que vas a hacer es aplanarla, dejarla lisa y favorecer que las olas avancen mucho más de lo que deberían.
«Aunque hay pescadores que llevan a rajatabla lo de los tamaños, las vedas y todo lo que marca la legislación, también hay otro tipo de marineros que se lo pasan por el forro de las narices»
-¿Qué otra consecuencia puede tener la retirada de la materia orgánica de las playas?
-Por lo que he visto en estudios que han realizado en Galicia, si tú quitas todos los palitos, los troncos y las algas de las playas, te acabas cargando la cadena trófica del ecosistema. Uno de los seres marinos fundamentales que vas a ver en las playas, al menos en lo que es la arena, son las pulgas de mar que se alimentan de las algas. Si tú quitas las algas porque al madrileño de turno que venga le dan asco, las pulgas de mar van a desaparecer, y con ellas las aves marinas. Eso se ha visto en muchísimas playas en Galicia y por ese motivo ahora no pasan las máquinas en invierno. Parece una simple chorrada, pero que con esa simple chorrada te vas a ahorrar muchísimo dinero a corto y a largo plazo. Además, a raíz del interés medioambiental, ir a una playa bien conservada o más natural ha ganado mucho prestigio, en vez de ir a una masificada.
Y los puestos de trabajo que se puedan perder al no pasar las máquinas se pueden ganar en el mismo sector de limpieza de la playa, pero de otra manera, porque los plásticos se pueden quitar todo el año.
-¿Habéis podido observar cambios en el movimiento de especies a raíz del calentamiento de las aguas?
-Sobre todo por las observaciones de los pescadores que lanzan los aparejos a la profundidad a la que se movería cada especie, profundidad que a su vez tiene que ver con la temperatura. Cercana a la superficie, por la influencia del sol y también por las corrientes marinas, el agua está mucho más cálida que a mayor profundidad donde el agua es mucho más fría, pero tiene más nutrientes. Como consecuencia, los marineros han visto un cambio notable en algunas especies como el bonito; los de menor tamaño tienen mayor dificultad para mantener su temperatura corporal y están más cercanos a la superficie, pero los más grandes, que son los que a ellos más les interesan, se mueven ahora por zonas más profundas.
«Si tú quitas las algas porque al madrileño de turno que venga le dan asco, las pulgas de mar van a desaparecer, y con ellas las aves marinas. Eso se ha visto en muchísimas playas en Galicia y por ese motivo ahora no pasan las máquinas en invierno»
-¿Cómo afecta el cambio climático al Cantábrico?
-El Cantábrico cada vez está más cálido y cada verano nos estamos superando. Creo que este año se volvió a batir el record histórico en temperatura, con más de 20 grados, que para nosotros ya es muchísimo. Este tipo de cambios afecta al movimiento de las corrientes marinas y por tanto también a los nutrientes. Está, por ejemplo, la corriente oceánica del Golfo por la que se mueven muchas especies que emigran desde la zona del Ecuador y Golfo de México y que continúa por las costas de EEUU y Terranova antes de cruzar el Atlántico, influyendo en las costas occidentales de Europa.
Y tanto por esto, como por especies que se quedan adheridas a los barcos comerciales, están empezando a proliferar algunas que antes no se veían por aquí y que son originarias de otras partes del mundo. Una de la que se habla mucho es el sargazo, un alga invasora que está desplazando a otras especies como el ocle, que tiene interés comercial para nosotros y ahora tiene que crecer en otras profundidades. Otra invasora que está empezando a venir por aquí es una especie de platelminto originario de Asia, un gusano plano que parasita los mejillones, las ostras y berberechos y se los come por dentro. En Galicia su presencia ya ha tenido repercusión y aquí en Asturias se ha empezado a ver en la costa occidental cercana a Ribadeo.
-Una imagen que empieza a ser habitual es la de las medusas en las costas asturianas.
-Sí, es cierto, debido a la temperatura del agua se ha visto un repunte de medusas de varias especies. La más conocida es la típica medusa común, pequeñita, transparente… pero hay una bastante enorme, la medusa barril, que fue la que más impactó en la prensa, porque no se veía una tan grande en el Cantábrico.
-¿El incremento de los plásticos es evidente?
-Hay microplásticos y macroplásticos que son los plásticos más grandes, pero luego están los nanoplásticos que no se ven a simple vista salvo que estés mirando con microscopio o una lupa. En un barco pesquero ves a menudo cómo se enganchan los restos de basura marina en los aparejos, desde bolsas de plástico hasta trozos de cuerda de otros aparejos, y todo esto lo puedes quitar porque se ve a simple vista, el problema es que muchas especies de pescado de consumo ya han ingerido los nanoplásticos. En las charlas o en los talleres enseñamos a los niños fotografías de peces de tamaño de 2 o 3 micras o de un milímetro en las que ya se ve que tienen una o dos fibras de plástico metidas dentro de su estómago y también imágenes hechas por robots submarinos en las que se ve cómo muchas especies habitan entre la basura marina; hay muchísima en el fondo del mar.
Tengo una foto de un pez metido dentro de una botella de plástico porque debió pensar que era una grieta, un sitio idóneo para esconderse. También imágenes del típico cangrejo ermitaño que no encuentra una concha para usarla como caparazón y decide ponerse un tapón de la pasta de dientes o de la botella de lavavajillas. Y gorgonias, corales y esponjas enganchadas en aparejos de pesca, con anzuelos cuerdas de pesca o entre botellas de vidrio. Y son fotos del Cañón de Avilés y de El Cachucho, no de un documental hecho en Estados Unidos. No hay que ir muy lejos para encontrar estas cosas.
-¿Las imágenes son la mejor de las explicaciones?
-Claro, en el Museo del Centro de Experimentación Pesquera de Gijón hay una pequeña parte dedicada al tema de los plásticos y tenemos ahí un ánfora de cristal que representa el estómago de un zifio, una especie de cetáceo, un poco más grande que un delfín, que habita en el Cantábrico.
Esa ánfora está repleta de bolsas de plásticos de un color amarillento y siempre explico que todos esos plásticos se sacaron del estómago de un ejemplar que está expuesto en la entrada del Museo. Al ingerirlos, el animal acaba muriendo de hambre porque las bolsas, que son las como las que usamos en el supermercado, hacen como una especie de tapón y el alimento ni entra, ni sale. Si no muere de hambre, lo hará igualmente más tarde por las sustancias químicas nocivas que va soltando ese plástico y que afectan tanto a los tejidos de los órganos como a la sangre. El problema es que los plásticos que están en la superficie se acaban degradando por el sol y con el tiempo van perdiendo el color hasta volverse transparentes y como se mueven igual que las medusas, los animales se los comen y acaban muriendo.
«Los plásticos que están en la superficie se acaban degradando por el sol, con el tiempo van perdiendo el color hasta volverse transparentes y como se mueven igual que las medusas, los animales se los comen y acaban muriendo»
-¿Hay que tener una visión global para entender el problema?
-Sí, porque para lo bueno y para lo malo, todo acaba llegando. De hecho, se están viendo plagas dentro y fuera del mar, en distintas partes del mundo, y siempre es cuestión de tiempo que acaben afectándonos. A veces, en las charlas, llevamos en persona envases de plástico que se han encontrado y en los que podemos ver la marca, de qué año son o la fecha de caducidad. Buscando en Internet, los chavales comprueban que hay algunos que llevan flotando por los océanos desde los años 70, ven cómo se han degradado los envases con el paso del tiempo y también que seguirían allí muchos más años, a no ser que nos lo llevemos a nuestra casa y lo tiremos a la basura. A veces encontramos restos que vienen de China, Estados Unidos, Alaska o México y les enseñamos la ruta marítima que han podido seguir a través de las corrientes oceánicas.
-¿Un ejemplo claro de cómo funcionan fue el observado a través de los patitos de goma?
-Sí, que luego se pusieron de moda. En 1992, durante un temporal, un buque perdió en mitad del Pacífico Norte un contenedor lleno de patitos de baño amarillos y todos esos juguetes estuvieron flotando y distribuyéndose por los diferentes océanos del mundo porque, al fin y al cabo, salvo algún mar interior, todos están conectados. A una escala más pequeña está lo que ocurrió hace dos años con los pellets, que se distribuyeron por el mar Cantábrico, o el vertido del Prestige.
Un caso reciente, de hace tan solo unos días, es el de una boya, una baliza de color rojo que utilizan en EEUU en los puertos o cercanas a la costa y que apareció en Galicia, encajada en un acantilado de Muxía. Tenía cinco metros de altura y varias toneladas de peso y llevaba un montón de años a la deriva.
-Ahora que entramos en un nuevo año, como oceanógrafo, ¿qué le pedirías a los gobernantes?
-Que inviertan más en ciencia en este país; la tienen muy olvidada. No les interesa porque piensan que no van a tener ganancias a corto plazo, que no van a ver ningún beneficio y esto es un grave problema porque muchos de nuestros científicos se acaban marchando a otros países.
También pediría que, con respecto a la temática medioambiental y al menos a escala local, se impliquen más con la gente con conocimientos en el territorio. Porque no es lógico que, por ejemplo, quieras hacer una casa y llames a un arquitecto de Madrid o de Andalucía y que ni siquiera venga a conocer el lugar, ni se presente al hacer la casa. A veces no tienen la cualificación necesaria o los conocimientos necesarios sobre el terreno, tiran para adelante con los proyectos medioambientales y acaban siendo un fiasco.