¿Sabes dar buenos abrazos? ¿Los recibes con frecuencia? Piénsalo con detenimiento y respóndete con sinceridad. ¿Son auténticos? ¿Necesitarías abrazar más, o que te abrazasen más a menudo; o ambas cosas? Como afirma el psiquiatra vallisoletano Fernando Colina Pérez, en su ensayo La belleza de los locos: “Las caricias figuran, junto a las matemáticas y la música, entre las escasas lenguas universales al alcance de todos los seres humanos”. Este psiquiatra incide, siempre que puede y le dejan, en que muchas patologías actuales se atenuarían si a nuestro alrededor abundasen más los besos, el amor, las caricias y los abrazos. Yo no puedo estar más que de acuerdo.
Existen múltiples terapias psi para aliviar el sufrimiento: terapia cognitivo conductual; psiquiatría con psicofármacos, psicoanálisis… Algunas abusan de sustancias, y de las palabras y de la soledad entre profesional y paciente, con una mesa de por medio. Son, muchas veces, útiles; pero algo frías. Sin embargo, con el contacto físico de un abrazo, por ejemplo, añadimos un elemento más a la terapia. Ya se sabe que, en cierto modo, la ternura cura. Y el abrazo es algo más que una caricia. Alcanza una intensidad mayor. Un abrazo rodea; cierra el círculo. Y eso reconforta y transmite valores. Te reconcilia contigo mismo y con los demás.
el abrazo es algo más que una caricia. Alcanza una intensidad mayor. Un abrazo rodea; cierra el círculo. Y eso reconforta y transmite valores. Te reconcilia contigo mismo y con los demás.
La finalidad de abrazarse abarca múltiples objetivos. No consiste solo en aumentar la oxitocina y rebajar el cortisol. No es solo cuestión de procurar el bienestar, la calma o la serenidad, sino también de fomentar el bienser, una ética del cuidado. Soy de los que opinan que, si nos abrazáramos más y mejor, lograríamos una sociedad menos ansiosa y más bondadosa. Seríamos mejores personas en todos los ámbitos, a nivel moral y legal. Lo postulaban ya, en la antigua Grecia, los epicúreos cuando erigieron el sentido del tacto como el fundamento primordial de su filosofía, el eje sobre el que pivotaba. El tacto, la piel, los abrazos… Son cuna del sentimiento y del conocimiento. ¿Nos animamos a ponerlos en práctica este 21 de enero, que es el Día Mundial del Abrazo, y comprobamos el efecto? Igual nos genera un poco de reparo, de vergüenza. Vayamos practicando. Incorporémoslos cada vez más a nuestra rutina diaria.
En una civilización tan individualista, consumista, y permanentemente crispada y polarizada, un abrazo de verdad, y sentido de verdad, resulta revolucionario. El abrazo auténtico supone contacto y conexión. Une cuerpos y almas. Mejora la autoestima. Relaja los nervios. Protege de amenazas. Nos contiene. Nos consuela. Contribuye a celebrar la alegría compartida, o apacigua el sufrimiento, y compromete porque te ayuda a estrechar lazos para evitar el vacío de la soledad. Sin duda, numerosas cualidades poseen los abrazos. Y, esas cualidades, hoy por hoy, no están muy de moda, no se ejercitan. Por eso reivindicarlas, y cultivarlas con un método como la abrazoterapia, se torna crucial. No es la panacea, pero numerosos estudios y sesudas argumentaciones demuestran que los abrazos mejoran alegremente la salud. Alegría, alegría… La queremos y la necesitamos, reconozcámoslo. La felicidad ya es harina de otro costal.
El abrazo auténtico supone contacto y conexión. Une cuerpos y almas. Mejora la autoestima. Relaja los nervios. Protege de amenazas. Nos contiene. Nos consuela. Contribuye a celebrar la alegría compartida, o apacigua el sufrimiento.
Psicológicamente demostrado
“Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos para mantenernos como estamos y 12 abrazos para crecer”. Esta pomposa frase, acuñada por la terapeuta familiar norteamericana Virginia Satir, una de las primeras en percatarse de la importancia de introducir técnicas de abrazos en la psicoterapia, resume algo esencial: debemos diferenciar entre la mera supervivencia y la vida con sentido. Y un ser humano aspira a cumplirse con cierta plenitud, no únicamente a satisfacer las necesidades fisiológicas básicas. Como bien desgrana Virginia Satir en sus teorías, el ser humano necesita confiar en sí mismo y en los demás para desarrollar una vida más completa y satisfactoria. ¿Y acaso dar y recibir abrazos no fomenta esa confianza necesaria en ti, en los demás y en el mundo? ¿Un buen abrazo no te ancla más a la tierra para aportarte más seguridad y estabilidad? ¿Un buen abrazo no te acerca más al otro en todos los sentidos?
La Universidad de California en Los Ángeles, una de las universidades públicas más prestigiosas y solicitadas de EE.UU. realizó un estudio muy relevante. En él, sometían a varios individuos a descargas eléctricas y se llegó a la conclusión, tras diversos análisis, de que cuando un sujeto recibía una descarga eléctrica, pero se le permitía durante el trance que le dieran la mano o que fuera acompañado por su pareja o ser querido, lidiaba mejor con el estrés de la angustiante experiencia. En cambio, los solitarios, no. Lo pasaban peor. Los acompañados sí activaban áreas de su cerebro que disminuían la sensación de miedo, sobrellevándolo con más entereza. Los solitarios soportaban, por el contrario, más desasosiego… E ahí, nuevamente, la constatación de lo vital que resulta el contacto físico genuino para luchar contra el estrés o el miedo. Somos cerebro, corazón y piel. Piel, piel, aunque a algunas religiones o filosofías les haya costado asumirlo.
¿Un buen abrazo no te ancla más a la tierra para aportarte más seguridad y estabilidad? ¿Un buen abrazo no te acerca más al otro en todos los sentidos?
La autoestima, el autocuidado o la conexión emocional con los demás se potencian con un abrazo. Imagínense asistir a una clase de teatro, pero cuya misión estribase en culminar cada escena con un abrazo, o en incluirlo a lo largo de la misma. El teatro terapéutico, al que me dedico, puede absorber perfectamente esta técnica ya que es un método, el teatro, en el que no solo se intercambian palabras, sino también miradas, gestos, movimientos, tonos de voz, y se desplaza uno por el espacio interactuando con otras personas y se manejan distintas dinámicas grupales. El psiquiatra y psicoanalista Jacob Levy Moreno, discípulo de Freud, a principios del siglo XX ya dio un giro copernicano. Innovó las terapias al uso cuando concedió valor psicoterapéutico a los psicodramas y a trabajar colectivamente. No solo era hablar, había que actuar y contactar. Comprobó que la espontaneidad y la creatividad del teatro mejoraban la salud mental, que no solo uno tenía que explicar lo que le pasaba, sino vivirlo a través de diferentes máscaras. Fue así como verificó que las dramatizaciones con otras personas empoderaban sensatamente al individuo.
La relación y el contacto, por tanto, nos benefician. Un abrazo abarca todo ello. No los desdeñemos. Démosles una oportunidad. Agreguémoslos a nuestra cotidianeidad y verificaremos con nuestra propia experiencia sus saludables efectos terapéuticos. Seguro.
Algunos tipos de abrazos a tener en cuenta
ABRAZO DE BIENVENIDA: aquí, el gesto físico del abrazo se utiliza para recibir a alguien y expresa alegría, acogida, hospitalidad, cariño… Suelen ser más efusivos cuando estimas más a la persona y hace mucho tiempo que no la ves.
ABRAZO DE DESPEDIDA: simboliza el término o la conclusión de algo. Puede representar consuelo, o gratitud, o apoyar a alguien para que asimile mejor una separación.
ABRAZO DE RECONCILIACIÓN: muy necesario, sobre todo, para pedir perdón, para reparar algún conflicto emocional con alguien, y para sellar el final de algo y el inicio de una nueva perspectiva más favorable.
ABRAZO DE CONSUELO: con este abrazo amparamos a alguien que generalmente ha sufrido una pérdida, proporcionándole apoyo, sostén y comprensión. Muy importantes cuando estamos de duelo o nos hayamos desesperados por algo. Contribuyen a calmar la ansiedad.
ABRAZO DE CELEBRACIÓN: fundamentales para compartir la alegría, el deleite o el regocijo por una buena noticia como un premio, el logro de un objetivo y algo que nos ha salido bien. Son eufóricos y alegres y generan simpatía y confianza mutua.