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viernes 9, enero 2026

Pélope

Este personaje viene a colación con el deporte por su relación con las carreras de carros, el verdadero espectáculo de todos los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, algo así como la Fórmula 1 actual, pero también a que se le hacían sacrificios (una cabra) desde que se instauraron los Juegos y casi hasta el final de los mismos. También hay autores que le atribuyen la fundación de los Juegos, pero esto es anecdótico.    

Hijo del malevo Tántalo, reyezuelo del monte Sípilo de Anatolia, una y otra vez favorecido con la amistad de los dioses Olímpicos a los que reiteradamente defraudaba.     
 Siendo aún pequeño, a su padre no se le ocurre –durante un banquete a los dioses– mejor idea que cocinarle a él a falta de carne. Pero los dioses no cayeron en el ofrecimiento, excepto Deméter que estaba un poco trastornada por la pérdida de su hija Perséfone, y pidieron a Zeus que resucitara al chaval.      
Lo resucitó y de tal manera que Poseidón se enamoró de él y le hizo su amante, además de enseñarle a conducir su divino carro. Pero una nueva metedura de pata de Tántalo, robando néctar y ambrosía y ofreciéndoselos a los humanos, hace que Zeus le expulse del Olimpo.       

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Una vez adulto Pélope, es cuando se enamora de Hipodamía y se entera de aquello de las competiciones de carros y de cuando el padre de ésta, Enómao, mataba a quien lo retaba a las carreras si no le vencía, pero teniendo como premio la mano de su hija y el reino para el vencedor. Entonces hace valer sus amores con el dios Poseidón, al que acude a pedir ayuda, que reconociendo las cosas le regala un carro y unos caballos alados con los que más tarde vencería a su futuro suegro, eso sí, con la ayuda de Mírtilo y de Hipodamía que cambian los pernos del carro de su padre por unos de cera de abeja. Los caballos de Tántalo eran regalo del dios de la guerra, Ares, y para mayor seguridad en su victoria, Enómao hacía que su propia niña viajara de copiloto en el carro del contendiente.  

Personaje que cabalga –nunca mejor dicho– entre la mitología y la Historia Antigua tanto de Olimpia como del Peloponeso, región a la que da su nombre. En Olimpia tuvo su propio lugar sagrado, lo que nos da idea de su importancia, un “témenos” cercano al templo de Zeus en cuyas inmediaciones han aparecido recientemente una gran cantidad de figurillas de terracota y de bronce, representando caballos y también personas en diferentes posiciones incluyendo expresiones de “carrera a pie” que tendrán que estudiar los arqueólogos para determinar mejor su historia y significado.  

Imagen de la carrera de carros en la Antigua Grecia.

La mitología cuenta (Ovidio, Apolodoro, Pausanias y así hasta R. Graves) que de la chica estaban enamorados tanto su padre Enómao como su cochero Mírtilo y más tarde –se supone que al conocerla– el mismo Pélope, que será quien se la lleve al huerto pues ella es por el único que suspira, y valiéndose de una estratagema bastante macabra, confabula con su Pélope amado para engatusar al auriga y que coloque un perno (pezonera) de cera en el eje del carro de su propio padre. Este aparatejo se sale durante la carrera provocando su muerte, predicha muchos años antes por el Oráculo. Casi todos contentos.

A partir de este momento y después de instaurar los Juegos Funerarios –que algunos hacen coincidir con el nacimiento de las Olimpiadas– tuvo un feo asunto con la muerte de Mírtilo por intentar violar a Hipodamía tras la promesa de Pélope: pasar la primera noche con la chica, tras recabar su ayuda para cargarse al futuro suegro.        

Como de costumbre, los personajes se hallaban todos protegidos por dioses (sobre todo Poseidón) lo que acarreaba automáticamente el odio de otros dioses. La maldición de Mírtilo acarrearía tragedias sin fin, con Atreo y Tiestes y Crisipo, Agamenón, Egisto, Menelao, Orestes…etc.    

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