En Avilés acaba de echar a andar un lugar que no busca inauguraciones solemnes ni grandes titulares, sino raíces compartidas. Un espacio que nace con la naturalidad de lo que se hace entre manos amigas, con tiempo, con cuidado. El Ñeru Verde —“nido” en asturiano— es ya un pequeño refugio para asociaciones y personas que comparten una mirada ecosocial: crítica, colaborativa y profundamente respetuosa con la vida. Hablamos con David Díaz, secretario del Grupo Naturalista Mavea y uno de los impulsores del proyecto, para entender qué significa abrir este nuevo centro social y qué semillas esperan que germine en la ciudad.
-¿Qué es El Ñeru Verde? ¿Cómo nace esta iniciativa?
-El Ñeru Verde es una asociación de trasfondo ecosocial que lleva más de un lustro gestándose y que ahora ha visto una oportunidad para intentar echar a andar. Con esta asociación queremos abrir un lugar de encuentro, un punto neurálgico para actividad ecosocial, es decir, con compromiso social y con un enfoque de respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos, conscientes de la interdependencia.
-El nombre es muy evocador. ¿De dónde viene?
-Es una palabra asturiana, entrañable, un lugar que da vida. Pero también puede ser un lugar donde se amasan ideas y se gestan proyectos y donde se encuentra cobijo.
-En vuestra web aparece la idea de “coworking”, pero no es exactamente eso. ¿Cómo funciona el espacio?
-No, no es un espacio de coworking. Lo que pasa es que el funcionamiento del local se parece un poco a lo que sería un coworking en el sentido de que es un local alquilado por El Ñeru Verde y dentro de él conviven actividades de distintas asociaciones. Algunas las realizamos directamente desde El Ñeru Verde, y otras las llevan a cabo entidades como Mavea, el grupo de consumo El Paxu Verde, la asociación ecofeminista Petra Kelly o incluso una restauradora de mobiliario que tendrá su propio rincón. No es un coworking al uso, pero sí comparte ese espíritu de colaboración: participar en los gastos y, sobre todo, llenar el espacio de vida.
«El Ñeru Verde es un lugar de encuentro para actividad ecosocial, con un enfoque de respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos, conscientes de la interdependencia»
-¿Estáis abiertos a que se sumen más colectivos?
-Sí, sí, sí. Tenemos intención de que haya un grupo juvenil y también alguna persona o asociación que imparta actividades como yoga, pilates o mindfulness. Tenemos muy claro el carácter ecosocial: no son actividades solo medioambientales o sociales, sino algo más amplio. Queremos que haya un acercamiento intergeneracional, que no sea un espacio solo de gente de 50 o 60 años.
-¿Qué tipo de actividades habrá en el centro?
-Va a haber una zona de lectura y una biblioteca. Tendremos tertulias semanales (cuatro líneas temáticas que se irán alternando), un grupo de consumo gestionado por El Paxu Verde y con los productores de agricultura ecológica de la comarca; nos gustaría que fuera un punto donde puedan repartir sus cestas o productos. No una tienda, sino un punto de encuentro.
-La inauguración fue muy particular, sin formalidades. ¿Cómo fue ese primer día?
-No queríamos una inauguración estándar, con autoridades, discursos, vinos y brindis. Fue simplemente echar a andar con naturalidad el proyecto. El sábado 3 de enero celebramos la primera actividad: un encuentro de socios y simpatizantes de Mavea para repasar la actividad de 2025 y presentar los proyectos inmediatos para 2026. Hubo una visita guiada por el Parque Ferrera y, lo más prestoso, un pinchoteo y un brindis entre amigos.
«El carácter ecosocial no son actividades solo medioambientales o sociales, sino algo más amplio. Queremos que haya un acercamiento intergeneracional»
-¿Qué tenéis en común todas las asociaciones que compartís el espacio?
-El trasfondo ecosocial. La preocupación por las personas y por el medio ambiente. Por vivir sano y con respeto por la vida. Somos entidades que funcionan con una visión crítica del sistema y con una sensibilidad de cuidado hacia la vida y hacia el entorno en el que se desarrolla.
-Mavea es una asociación con una trayectoria muy larga. ¿Qué aportará al Ñeru Verde?
-Ahora mismo es la entidad con más peso entre todas las que colaboran para dar vida al lugar. Además de la contribución económica, Mavea va a jugar un papel tractor, con numerosas actividades. En 2026 cumplimos 40 años y lo hacemos llenos de ilusión, estrenando la condición de Entidad de Utilidad Pública y con nuevos proyectos, como los Grupos Naturalistas infantil y juvenil que esperamos poner en marcha en pocas semanas. A eso se suman conferencias, tertulias, biblioteca, talleres y exposiciones, que forman parte de nuestras actividades habituales.
-Acabáis de ser reconocidos como Entidad de Utilidad Pública. ¿Qué supone este reconocimiento para Mavea?
-Para nosotros es una enorme satisfacción, porque llega después de dos años de trámites y de aportar mucha documentación. No son muchas las entidades vinculadas al medio ambiente que logran este reconocimiento, así que lo vivimos como un respaldo a la labor que llevamos haciendo desde hace casi cuatro décadas. Ser Entidad de Utilidad Pública nos permitirá usar esa mención en todos nuestros documentos, acceder a asistencia jurídica gratuita si fuera necesario y contar con beneficios fiscales que repercuten tanto en la asociación como en las personas socias. Las cuotas y donativos podrán desgravarse en el IRPF —el 80% hasta 150 euros y el 35% a partir de ahí—, y las donaciones de empresas también tendrán deducciones importantes. Es verdad que implica obligaciones, como presentar cada año una memoria económica y otra de actividades, además de los informes que puedan requerirse. Pero es un trabajo que ya veníamos haciendo de forma rigurosa, así que no nos preocupa. Lo celebramos como un reconocimiento muy buscado y trabajado.
«Somos entidades que funcionan con una visión crítica del sistema y con una sensibilidad de cuidado hacia la vida y hacia el entorno en el que se desarrolla»
-Cada vez surgen más espacios colaborativos. ¿Creéis que el futuro pasa por ahí?
-Por supuesto. La esencia de lo ecosocial pasa por evitar la competición y fomentar la colaboración. Este proyecto no es un negocio, sino una apuesta por invertir en el bien común. Y no se trata de la economía de escala del capitalismo, sino más bien de todo lo contrario.
-¿Cómo puede enriquecer este proyecto a la ciudad de Avilés?
-Esperamos contribuir a que haya gente que se anime a participar de otra forma de vivir, de entender las relaciones entre las personas y con el medio que nos rodea. Queremos dar a la gente joven una oportunidad para conocer realidades más acordes con sus inquietudes frente a los escenarios que se presentan para el futuro inmediato, y también un lugar donde desarrollar sus propios proyectos. Y que todo ello se pueda hacer sin el ecopostureo típico que nos rodea, sin estropear el verdadero sentido de la sostenibilidad.
-¿Me podrías adelantar alguna de vuestras próximas actividades?
-Claro. El día 12 de enero tenemos una conferencia organizada por Mavea, La historia del lobo contada para escépticos, impartida por el zoólogo Carlos Nores; el 17 habrá un taller de pintura a la tiza organizado por Dolores Hofmann, de Möbelho; una conferencia del biólogo Ricardo R. Fernández sobre la vida marina diminuta del Cantábrico; un encuentro de entidades de Educación Ambiental y terminamos el mes con una conferencia del doctor en Biología Alfredo Ojanguren sobre causas y consecuencias de los incendios. Tenemos en marcha nuestra web elñeruverde.org donde se puede consultar todo el calendario de actividades.
El Ñeru Verde nace sin prisa, pero con una convicción fértil: la de que otra manera de relacionarnos –entre nosotros y con la naturaleza– es posible si se construye desde lo común. En un pequeño local de Avilés, asociaciones diversas empiezan a tejer un nido compartido donde caben las ideas, las generaciones y los cuidados. Quizá ahí, en ese gesto cotidiano y colectivo, empiece a germinar el futuro que tantas veces imaginamos.