‘No hay tierra más fotogénica que mi tierrina’. Jonathan Hevia. Ganador del Goya de Fotografía 2013

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Jonathan Hevia. Fotógrafo
Jonathan Hevia con el Premio Goya en Zaragoza. / Foto: Jonathan Hevia
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El nombre de Jonathan Hevia es desde hace unos meses mucho más conocido en Asturias y en la península, tras lograr un Premio Goya de Fotografía. En el concejo riosellano no ha sido ninguna sorpresa, porque el apellido Hevia habla de una conocida saga de fotógrafos que nunca ha renunciado a trabajar por y para su tierra: Ribadesella.

A pesar de que es todavía muy joven –con sólo 32 años- Jonathan Hevia tiene mucha experiencia tras una cámara. Con sólo 7 u 8 años el joven Hevia salía de su casa hacia el colegio cargado con su máquina de fotos, dispuesto a inmortalizar la fiesta del cole. “Te sentías importante, con aquella cámara grande. Mi padre me decía ‘Si hay poca luz tiras la foto a un 5,6’; y yo sabía que tenía que mover aquella rueda. Luego la gente, ya de aquella, iba a la tienda y compraba mis fotos”.
No puede ni quiere evitarlo, la fotografía le viene de familia. Su bisabuelo Jesús Hevia era minutero, recorría las calles del pueblo con su maquina de cajón con un trapo negro. Hacía las fotos y en un minuto te las daba. Su abuelo aprendió de él, y éste a su vez enseñó a su padre.

Foto meritada por la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y de la Imagen (FEPFI)
Foto meritada por la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y de la Imagen (FEPFI). / Foto: Jonathan Hevia.
Ahora Jonathan emplea su tiempo en reportajes sociales de bodas, comuniones, bautizos… Para él no es sólo una forma de ganarse la vida. “Me encanta mi trabajo, aunque es verdad que me gustaría tener más tiempo para hacer fotografías de autor”.
Hace apenas unos meses consiguió, en el apartado de bodas, lo que para él parecía impensable: un Goya de fotografía, el galardón nacional de fotografía de mayor prestigio. “Para mí ha supuesto muchísimo, principalmente por el hecho de que proponiéndote lo que quieras puedes llegar a todo”. El 2013 está siendo un buen año para el fotógrafo riosellano, que además del Goya ha sido nominado para los premios “Quijote 2012” y para los del Principado de Asturias.
-¿Cuál ha sido tu proyecto más querido?
-Sin duda el reportaje del nacimiento de mi hija, tenía muchas ganas de hacerlo por mí, por la cría, por todo. Era difícil, y al principio cuando lo comentaba con otras personas no me miraban con buena cara porque lo veían como algo escandaloso, pero es un trabajo fino y elegante. Di con un grupo de médicos increíbles y todo salió muy bien, lo tengo como oro en paño.
-¿Y el más divertido?
-Es el día a día con los críos. No puedo hablar de uno en concreto, porque cada vez que te pones en el estudio a fotografiar un bebé es raro que no te ocurra algo divertido.
-Ahora que tu trabajo se ha dado a conocer fuera de Asturias, ¿te gustaría vivir en otro lugar que no fuera Ribadesella?
-No, en Ribadesella tengo todo lo que necesito, tengo la tranquilidad de trabajar en un pueblo que no quiero cambiar por nada. Soy un enamorado del lugar en el que nací y por el que tengo un amor ciego. Cuando voy a otros sitios siempre pienso ‘sí, están bien’, pero fotogénica como mi tierrina, no hay otra.

Jonathan emplea su tiempo en reportajes sociales de bodas, comuniones, bautizos…: “Me encanta mi trabajo”

-¿Qué es lo más importante en una fotografía?
-No soy una persona dada a los tecnicismos, nací entre fotógrafos y lo aprendí todo sobre la marcha, casi sin darme cuenta. Lo que busco es que el cliente se identifique, que le guste la imagen y a mí también. Conseguir un Goya está muy bien, pero donde ves si realmente vales es cuando entregas un trabajo y ves la cara de los clientes. Al final, si la gente no está contenta, lo que haces no tiene sentido.
-¿Por qué crees que destacan tus fotografías?
-Autodefinirse es complicado pero yo creo que es por la sencillez, a veces incluso me da miedo que pequen de demasiado sencillas. En ocasiones veo trabajos muy elaborados de otros fotógrafos, y pienso que son tan, tan perfectos, que casi parecen plástico y no me transmiten. En el caso de las bodas tienes que ser un poco psicólogo y un buen vendedor, tienes que transmitir seguridad para que los novios estén relajados y te den su mejor cara. Si consigues esto hay complicidad, y si la pose es guapa, como decían mis abuelos, “déjate de relicarios que non haz falta nada más”. Lo demás, los efectos, los adornos, que pasen lo más desapercibido posible.Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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