Su especialidad es tocar corazones con canciones que llegan al interior de las personas. En septiembre de este año, Fran Juesas lo hizo con Asturiano, un tema en el que el cantante ovetense refleja el amor por las raíces y toda una promesa de lo que será su tercer álbum.
¿Quién diría que irse al paro con 43 años puede ser lo mejor que te pase en tu vida? Pues algo así le ocurrió a Fran Juesas cuando cogió al vuelo la oportunidad de su vida y en vez de continuar como técnico en laboratorios de revelado se armó de valor, agarró su guitarra y volvió a tocar. Diez años después, este músico sabe lo que es conquistar con una música directa y sin artificio.
–Empezaste tarde en la música, pero tu amor por ella venía desde muy joven. ¿Qué conservas de aquel niño que en su primera comunión se arrancó a cantar delante de todos?
-La verdad es que sigo siéndolo. Siempre fui un chico muy, muy tímido, y de crío más todavía, y por eso ese día fue especial para mí. Fue la primera vez que vencí un poco esa timidez, conseguí subirme a un escenario y la gente me aplaudió. La música era algo que me gustaba y ese día sentí que podía superar ese miedo.
-¿Eras de esos peques que simulaban cantar con un micrófono?
-Claro, yo le pedía a mi padre las llaves del coche, y mi hermano y yo nos metíamos en él a escuchar su música: Miguel Bosé, Miguel Ríos, Juan Pardo… Recuerdo cuando poníamos la cinta de Bienvenidos, era pleno verano y, dentro de aquel coche cerrado y sudando, nos volvíamos locos, llevábamos la escoba que era el micrófono y dábamos un auténtico concierto allí.
«No es lo mismo que te empiece a ir bien en la música con 40 años, que ya tienes las cosas muy claras, que con 20, que todavía no sabes nada»
-¿Tenías algún antecedente en tu familia relacionado con la música?
-Yo fui el primero. Luego descubrí que sí que tengo primos segundos que también se dedican a la música, pero ningún familiar cercano.
-La vida da muchas vueltas y en una entrevista te tildaste a ti mismo de cobarde por no haber empezado antes con la música, ¿es importante aprender de los errores?
-Bueno, tampoco voy a llamarlo errores porque, al final, cuando miras hacia atrás, no sabes lo que realmente hubiera sido lo bueno. Si me hubiera cogido en otro momento, a lo mejor acababa haciendo algo que no me gustaba o simplemente se me hubiera ido la cabeza. No es lo mismo que te empiece a ir bien en la música con 40 años, que ya tienes las cosas muy claras, que con 20, que todavía no sabes nada. O igual me hubiera ido superbién; me hubiera cogido la guitarra e ido a Madrid como mucha gente hizo, quién sabe si habría funcionado. Siempre tengo esa duda de qué hubiera pasado, pero pienso que a veces la cobardía es una manera de protegerse y que la naturaleza sabe cuándo es mejor que pasen las cosas.
-¿Llegó el momento cuando realmente estabas preparado?
-Creo que vino cuando ya tenía cierta seguridad. No la vida solucionada, pero pude asumir este riesgo sin tirarme del todo a la piscina. Ya tenía un piso y como no tengo hijos, de alguna forma la piscina tenía un poquito de agua.
«El directo es lo que mejor funciona y también donde más a gusto me siento. Y eso ha sido por la cantidad de conciertos que tuve, ha habido años de incluso pasar los doscientos»
-¿Sólo se puede valorar el camino realizado cuando hay un trecho recorrido y puedes mirar hacia atrás?
-Sí, creo que eso lo decía Steve Jobs: que nadie conoce el futuro, pero cuando mires atrás todo encaja. ¡Claro!, estás donde estás por las decisiones que has tomado en el momento que las has tomado, por las cosas que has hecho y también por las cosas que te han pasado y que no dependían de ti. Luego todo cobra sentido, y yo me alegro de que haya sido así.
-Desde luego no podría achacarle cobardía a alguien que se sube a un escenario únicamente acompañado de una guitarra, como muchas veces haces tú. Eso tiene que dar cierto vértigo.
-Sí, sobre todo al principio que era muy difícil. Cuando veo los primeros vídeos me da vergüenza a mí mismo, me ponía supernervioso y decía muchas tonterías. Con el tiempo, y todas las cosas a las que te vas exponiendo, vas cogiendo confianza. Pierdes el miedo, aunque no el respeto, sobre todo cuando salgo de mi zona de confort, porque no es lo mismo coger la guitarra y ponerme a cantar delante de cien personas en una fiesta pequeña que llenar un teatro o tocar en la tele. Este tipo de situaciones todavía no las he hecho muchas veces y siempre cuestan un poco más.
-¿La guitarra es tu compañera o tu escondite?
-Creo que un poco las dos cosas, siempre pensé que era mi escondite, pero es verdad que últimamente hay veces que la dejo, tengo alguna canción en la que cojo el micrófono y me pongo a cantar sin ella. Poder estar caminando y dirigiéndome al público expresándome con las manos también me aporta, y en ese sentido, a veces la guitarra es un impedimento.
-Hay ya una tribu de “Juesistas” que te sigue allá donde cantas. ¿Mola mucho el directo?
-Sí, es lo que mejor funciona y también donde más a gusto me siento. Y eso ha sido por la cantidad de conciertos que tuve, ha habido años de incluso pasar los doscientos. Esto te lleva a coger tablas y confianza y, sobre todo, lo disfruto mucho porque veo que la gente se lo pasa bien, al final es un feedback.
Como yo digo, soy autónomo de la música y no solo canto mis canciones, hago todo tipo de conciertos. En las bodas, por ejemplo, busco que sean animados, con canciones de mi época que la gente conozca, aunque siempre meto algún tema mío. Me encantaría poder incluir más música propia, pero el ego hay que dejarlo un poco al lado. Si tienes delante unas personas que vienen de trabajar toda la semana y lo que quieren es pasárselo bien, tocas lo que más les apetece, pienso que cada concierto tiene su contexto. En otros conciertos la gente que va paga una entrada por escuchar solo mis canciones, es otro concepto diferente.
-Te escuché decir que muchas veces las bodas son curas de humildad para los artistas. ¿Sería bueno que todos los músicos pasaran por esta experiencia?
–Yo creo que sí, porque aquí ocurre como en otro tipo de conciertos en los que tocas para gente que no te conoce: no se saben tus temas y tienes que empezar de cero. De alguna manera es como si estuvieran examinándote y te obliga a buscar maneras de conectar con la gente. Tienes que meterlos dentro del concierto, interactuar con ellos para crear esa conexión. Ese es un poco el oficio.
«Me encantaría poder incluir más música propia en los conciertos, pero el ego hay que dejarlo un poco al lado»
-Tienes editados dos álbumes: Tiempo y El resto del camino. ¿Tus propias vivencias han sido tu inspiración?
-Sí. Tiempo, el primero, fue un recopilatorio de todo lo que escribí en mi vida. Salió justo en el momento de mi transición de tener un trabajo normal, por así decirlo, a dejarlo porque estaba bastante quemado. No es que me disgustara, pero era un trabajo muy exigente y siempre tenía que estar fuera de casa. Pensaba: “Tengo 40 años y voy a estar así hasta que me jubile”. No le veía un sentido a solamente trabajar por trabajar, por un buen sueldo. Sentía que estaba vendiendo mi vida, las horas de mi vida, mi tiempo, por dinero, y aunque me daba miedo dejarlo porque era un buen trabajo tenía claro que debía dar ese paso.
-¿Lo hiciste por la música?
-No, no lo dejé por la música, lo que pasa es que, como tenía dos años de paro y llevaba muchos sin tocar la guitarra, quise aprovechar ese tiempo para hacer aquello que no había podido hacer antes. Y a partir de ahí empecé a dar conciertos por los bares, que al principio eran muy pocos y prácticamente daban para pagar las cervezas. Pero luego llegó un momento en el que me planteé: ¿Qué hago?, ¿me voy con todo a la música y me profesionalizo o me busco un trabajo de otra cosa?
Quise arriesgarme y probar a ver qué pasaba, me hice una página web y empecé a vender los conciertos, a tocar en bodas, y después saqué mi primer disco. Al final, todo salió bien.
-¿Sentiste algo de vértigo en el momento de empezar?
-Sí, recuerdo momentos en los que pensaba: “Uf, ¿qué he hecho?”. La gente cercana a mí, al principio, no me decían nada, pero luego ya te soltaban que la música es muy guay pero que debía buscar un curro. Se preocupaban por mí. Con la mala fama que tiene el oficio de la música no veían que pudiera vivir de esto. Luego, cuando te empieza a ir bien, todo cambia, pero ese rato intermedio hay que pasarlo.
«Avilés es la ciudad que me acogió musicalmente. Al principio era superdifícil conseguir conciertos y allí fue donde despuntó todo»
-Eres un carbayón que hace gala de su cuna pero que tienebuena acogida entre los culos moyaos y entre los avilesinos. ¿Cómo lo consigues?
-Lo primero para mí es que todos somos asturianos. Mi abuela, a la que quería muchísimo, era de Gijón y allí iba con mi madre todos los veranos. Es una ciudad que forma parte de mi infancia, allí aprendí a andar en bici y fue la primera playa a la que fui. Es un lugar al que le tengo muchísimo cariño y además la gente de Gijón siempre me ha tratado bien, aunque siempre con una piquilla que me mola, porque es como un hermano con el que te peleas.
Y Avilés es la ciudad que me acogió musicalmente. Al principio era superdifícil conseguir conciertos y allí fue donde despuntó todo; en la plaza Carlos Lobo me dieron el primer bolo con un público que no estuviera formado solo por mi familia y amigos. Y a partir de ahí, empezaron a llamarme de varios sitios de Avilés y hay mucha gente de allí que me sigue y viene siempre a mis conciertos. Es otra ciudad a la que le tengo mucho cariño.
-El 2025 ha sido fructífero para ti. ¿Qué destacarías de este año que terminó?
-Aparte de la cantidad de eventos que he hecho, sobre todo bodas, resaltaría que estoy preparando el próximo disco. El Día de Asturias saqué la canción Asturiano, un tema que estuve tocando durante todo el verano, pero esperé a esa fecha para lanzarlo por estrategia, con la idea de que más gente pudiera compartirlo, porque hacer funcionar una canción propia es cada día más complicado. Hay muchísima oferta y, al final, está todo controlado por las multinacionales.
-¿Mereció la pena la espera?
-Pues la verdad es que tuvo un buen resultado, funcionó superbien y me escribieron de todos los sitios, incluso gente de América que tenían relación con Asturias. Me dio muchas alegrías esa canción y ya estoy preparando mi tercer disco, tenemos seis canciones grabadas y otras cuatro compuestas. Ahora en enero voy a parar los conciertos durante unos meses para terminarlo porque, aunque lo tengo bastante avanzado, falta darle el toque final.
-¿Tienes una fecha aproximada de cuándo podría salir?
-Probablemente en verano, pero como soy independiente y no tengo a nadie que me apriete… En ese sentido, la libertad es un arma de doble filo porque si tienes una multinacional que te fije una fecha, lo acabas sacando de una forma u otra. Y yo soy un experto en procrastinar, en eso soy un crack y voy dejándolo y aplazándolo porque siempre veo cosas a mejorar.
-¿Has crecido en popularidad este 2025?
-Lo que sí que noto es que cada vez me conoce más gente, eso sí que es verdad, pero no porque lo vea en las redes sociales que son un poco engañosas y no te puedes fiar de los likes que tienes o del aumento de seguidores. Las redes no reflejan la realidad tal y como es. Pero ahora cuando voy a una boda a tocar siempre hay 8 o 9 personas que me conocen y por la calle hay más gente que me mira y me reconoce. Eso antes no me pasaba.
«Me gustaría llegar a más gente con mi música, pero si no pasa me dará exactamente igual, porque eso es complicado y tampoco estoy dispuesto a pagar el precio que hay que pagar para conseguirlo»
-Te escuché decir que tenías un cajón de proyectos de canciones. ¿Has agotado ya ese fondo de armario?
-No, todavía tengo, aunque es verdad que las historias se van acabando. Cuando uno ya tiene una vida tranquila te pasan menos cosas que en la adolescencia, y yo la tuve muy ajetreada. En esa época tienes los sentimientos a flor de piel y cuando me pasaba algo, una discusión con un amigo, el primer enamoramiento o un desengaño, las canciones eran como un refugio. Siempre fui muy ecléctico con la música, igual escuchaba algo de Trace que de Mark Knopfler, Metallica o un tema de Eros Ramazzotti en el que contaba algo que me estaba pasando en ese momento.
-¿Cuál sería ahora tu sueño musical?
-Mi sueño era este, lo que yo tengo ahora, así que ya lo cumplí. Me gustaría llegar a más gente con mi música, pero si no pasa me dará exactamente igual, porque eso es complicado y tampoco estoy dispuesto a pagar el precio que hay que pagar para conseguirlo. No quiero tener que hacer tres post diarios, salir en las redes contando mi vida y firmar un contrato con alguien para que me lleve a festivales. No es sólo que me gusta lo que hago, sino que lo hago como yo quiero y tengo esa libertad. Siempre fui una persona a la que le gusta hacer las cosas por sí mismo, me agobio cuando empiezo a meterme en cosas externas en las que pierdo el control. Quizás es por eso que toco solo muchas veces, y no en una banda.
Mi trabajo es intentar hacer las mejores canciones posibles y seguir haciéndolo como yo quiero. Y si consigo eso, pues ya está, no hace falta nada más.
«Hay que ser realista y ver cómo son las cosas. Disfrutar de lo que uno tiene es el secreto para ser feliz, siempre lo tuve claro»
-Vamos, que no piensas dejar de ser tú mismo en la música.
-Sí, si a lo mejor me lo dices con 30 años, te diría: “Quiero todo, quiero ser Bisbal”. Pero llega un momento en el que lo que quiero es seguir como estoy, y si puedo cambiar, hacerlo para mejor porque a veces uno empeora. Lo veo en muchos artistas que están ahí arriba y tienen tanta presión que, al final, tienen que dejarlo por depresión o porque están agotados físicamente. En realidad, son empresas andantes y si se ponen malos y tienen que cancelar un concierto, tienen a un montón de gente detrás que depende de ellos y a otra mucha que ha pagado una entrada para verles. Es mucha responsabilidad. Todo el mundo quiere llegar a lo más alto, pero no se dan cuenta de lo que hay detrás de eso.
-¿Crees que te podría pasar a ti en algún momento?
-No te digo que no si viniera alguien con algo bueno y me tentara, pero lo veo muy difícil porque todavía tengo las cosas claras en ese sentido. Que pase lo que tenga que pasar, pero de forma orgánica. Además, yo tengo 53 años y si miras las listas de éxitos, no ves a nadie que salga de la nada con esa edad, no existe ese fenómeno.
Hay que ser realista y ver cómo son las cosas. Disfrutar de lo que uno tiene es el secreto para ser feliz, siempre lo tuve claro.
Me ha encantado tú entrevista con Fran Juesas, siempre un placer disfrutar de su música, desde Avilés se le disfruta cada vez que tenemos el gusto de tenerlo en nuestra ciudad.
Deseando tener su tercer disco, y sus directos increíbles…os los recomiendo.