Hablemos de Unidad

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La Espada
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Si este virus que se coló y acomodó en nuestras vidas fuera una criatura pensante, con capacidad para observar, razonar y sacar conclusiones, estaría alucinando ante la estupidez humana por la facilidad que se le da para invadir, multiplicarse y colonizar los espacios que deberían estar protegidos por la razón, la lógica y la necesidad de supervivencia del ser humano.

Estamos ante un enemigo implacable que no entiende de ideologías, credos religiosos, economía o valoración de la vida, eso tan preciado que se nos otorgó y que tanto despreciamos con nuestros comportamientos.

El ser humano se cree inteligente y poderoso, pero, independientemente de que tiene un clamoroso suspenso en ambas asignaturas, aun ni se asomó a la comprensión de lo más importante que debe conocer y comprender todo ser vivo pensante, y es la unidad, el sentido y significado de la unidad.

Toda la creación está “suspendida” sobre una inmensa red energética que permite que todo esté conectado, que todo esté vinculado y relacionado, de tal forma que, como dice la teoría del caos, “el aleteo de una mariposa en un punto del planeta puede provocar un tornado en el otro extremo”.

En esa inmensa red, los seres humanos somos como “diapasones”, es decir, nuestros actos, pensamientos y sentimientos producen ondas vibracionales que se propagan por la red, afectando a todo lo que vive y se mueve en ella. Esas ondas llegan a las demás criaturas y a los demás seres humanos, estén donde estén, afectándoles positiva o negativamente, influyendo en sus vidas, en sus comportamientos, en su presente y en su futuro.

Toda la creación está “suspendida” sobre una inmensa red energética que permite que todo esté conectado, que todo esté vinculado y relacionado.

Si las ondas vibracionales son positivas forman una burbuja que protege de todo aquello que nos pueda dañar, que es mucho, tanto de dentro como de fuera del planeta.
Por el contrario, si son negativas, abren las puertas para que cualquier ataque, intencionado o no, nos afecte hasta el punto de poder destruirnos como especie.
Eso lo estamos ya viviendo con muchas especies, animales y vegetales, en el planeta, que, por la desidia del ser humano, su protector y responsable, se han extinguido o están a punto de hacerlo.

La carencia absoluta de la conciencia de Unidad con los demás reinos, con la naturaleza, está llevando al planeta a una situación extrema que, como ocurre con el virus, acaba repercutiendo en el ser humano y en su forma de vida.

Todo lo que volcamos a la Red, ésta nos lo devuelve multiplicado y en forma de “regalo” o de “castigo”. Y esto no tiene nada que ver con ninguna religión, sino con algo que los científicos hace mucho, mucho tiempo reconocieron y advirtieron, aunque no fueron ni son escuchados, porque todo depende de los políticos, esos especímenes humanos que funcionan en un universo paralelo donde solo importa el poder y a costa de lo que sea, y a quienes el virus está dejando en el lugar que les corresponde, o sea, a la cola de una especie donde las palabras humildad, respeto a la vida, responsabilidad, amor e inteligencia no están en su vocabulario y mucho menos en sus mentes retorcidas.

Casi podríamos decir que este virus “lo sabe” todo. “Sabe” quien manda aquí. “Sabe” que los humanos desconocen el poder de la unidad, y que, de momento, no está en su lista de prioridades el conocerlo.
“Sabe” que se rigen por sus emociones, por sus deseos, por su egoísmo y por algo que siempre pronuncian pero que no saben lo que significa, la libertad. Pero de ella hablaremos en su momento.

Casi podríamos decir que este virus “lo sabe” todo. “Sabe” quien manda aquí. “Sabe” que los humanos desconocen el poder de la unidad, y que, de momento, no está en su lista de prioridades el conocerlo.

Y el virus, sorprendido, se pregunta… “Si no conocen la unidad… ¿cómo pueden reclamar la libertad? Es absurdo.”

En el caos reinante, algunas voces claman pidiendo unidad, porque comprenden que solo unidos, todos, responsables e irresponsables, se puede vencer al virus. Es más, el virus prolifera y triunfa en la falta de unidad.

Y es cierto, es lo único verdadero que se oye en medio de este galimatías de voces y opiniones. Pero parece ser que no es bien recibido por todos, porque lo que “mola” es la individualidad, el derecho a hacer “lo que me da la gana”, sin tener en cuenta los daños a los demás, sin tener en cuenta los daños a uno mismo.

Lo que no sabe el ser humano, en general, es que la humanidad, el planeta entero, está viviendo un cambio dimensional, un cambio que lleva implícito un “examen” masivo, en el cual el virus tiene un importante papel de definición y división dentro de la humanidad.

El virus, como instrumento, está “probando” el nivel de unidad en el ser humano, porque es imprescindible para poder dar el salto dimensional que cada uno sea evaluado, y lo que es puesto a prueba es su conciencia grupal, su nivel de conciencia de “los demás”, su “cualidad” humana, porque todo ello le conducirá a un futuro u a otro.

El planeta entero, la humanidad y todos los seres vivos, formamos un todo unido, que está por encima de las conciencias humanas, de sus buenos o malos comportamientos.

La humanidad, el planeta entero, está en tiempos de cambio, tiempos de fin de ciclo y de principio de otro.
El planeta entero, la humanidad y todos los seres vivos, formamos un todo unido, que está por encima de las conciencias humanas, de sus buenos o malos comportamientos.

El hombre, en el planeta, es una criatura más, eso sí, con mucho más poder para construir en la unidad o para destruir en la falta de ella. Eso le da mucha más responsabilidad, pero esa responsabilidad es dual, si la utiliza bien le eleva a otra conciencia superior, digamos de otra dimensión, en cambio si la utiliza mal le puede conducir a su propia destrucción. Esto último ya sucedió en el pasado más de una vez, y sobre los escasos supervivientes se volvió a comenzar. Y así será hasta que se aprenda la lección. En esas estamos ahora, sujetos a la Ley superior pero ignorantes de ella.

El hombre se cree un “dios”, pero eso es solo un vago recuerdo de sus creadores. De momento no es nada, tan solo un proyecto con esperanzas. Demasiadas veces un monstruo sin sentimientos.

Vamos por el Cosmos en un barco llamado Tierra que tiene su ruta y su objetivo trazados, nada podemos hacer para evitarlo o cambiarlo, pero sí podemos hacer que el proceso sea menos “duro”, y eso solo es posible si nos unimos todos bajo la Ley Superior que lo rige todo.

Somos, por tanto, “Hijos de la Unidad”, “Expresiones de la Unidad”, y no tenemos otro camino ni otro sentido en nuestras vidas que vivir en unidad. Sin unidad no hay futuro.

Fuimos creados, cada uno, como un todo cohesionado. Tenemos nuestra propia red a imagen del Cosmos. Así son nuestros cuerpos, nuestras vidas.

Somos, por tanto, “Hijos de la Unidad”, “Expresiones de la Unidad”, y no tenemos otro camino ni otro sentido en nuestras vidas que vivir en unidad. Sin unidad no hay futuro.

Lo contrario no tiene sentido. Lo contrario es la muerte. Por eso cuando la vida se retira del cuerpo, este se disgrega, se descompone, porque la Energía que lo hacía ser uno se retiró.

En momentos como este, se echa de menos a voces valientes que se atrevan a hablar de otra realidad, que muestren a aquellos que estén abiertos a la comprensión que lo que vemos, lo que tocamos, lo que sentimos, lo que nos gusta, lo que creemos, no es la realidad, sino un reflejo distorsionado de esta, y que la realidad se “oculta” tras la unidad, la verdadera unidad con todo lo creado.

Solo viviendo en esa unidad se puede ver y comprender la realidad, porque la visión es imprescindible para recorrer el camino hacia lo que somos como proyecto, como idea, como sueño.

Sería bueno que se levantaran más voces pidiendo, exigiendo, la unidad. Cuanto más suene esa sagrada palabra, más seres humanos despertarán a su poder.

De momento nos tenemos que conformar con ver cada día a hombres ignorantes, prepotentes, viciados por un falso poder, dirigir este buque llamado Tierra hacia un nuevo final de ciclo, un final inexorable, aunque muy anunciado.

Sería “perfecto” recorrer el camino que nos queda en unidad. Pero me temo que solo es una ilusión más de las muchas que nos rodean.

En cualquier caso, sería bueno que se levantaran más voces pidiendo, exigiendo, la unidad. Cuanto más suene esa sagrada palabra, más seres humanos despertarán a su poder.

Al fin y al cabo, es recuperar lo que somos, de lo que estamos hechos.

Despertar es la clave.

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