Cangas de Onís. Covadonga: turismo y devoción

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Basílica de Covadonga, Cangas de Onís
Basílica de Covadonga. Foto: Fusión Asturias
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El Santuario de Covadonga y los Picos de Europa atraen como un imán a miles de turistas hacia Cangas de Onís. Una vez aquí, descubren un concejo repleto de naturaleza, gastronomía y actividades.

Cuando las brumas se abren, los torreones se recortan en el cielo, indicando que estamos en lugar sagrado. Ya sea por religión, como monumento artístico, como manifestación cultural o por la naturaleza que lo envuelve, Covadonga es el lugar de peregrinación que recibe más visitantes de toda Asturias.
En ocasiones, el santuario de Nuestra Señora de Covadonga se oculta entre la niebla que jalona las montañas y cuando se muestra, lo hace rodeado de inmensas arboledas que lo guardan. Hasta aquí peregrinan miles de personas al año, ya sean asturianos que vienen a ver a su patrona, españoles o extranjeros seducidos por el lugar que en 1989 visitó el Papa Juan Pablo II. No hay duda que el sitio impone, y no sólo por su religiosidad. Quizás hayan quedado grabados en las piedras los ecos de la batalla que libró Don Pelayo contra los árabes en el año 722 en este mismo lugar, en lo que se considera el inicio de la Reconquista. O la sangre que se vertió en estas tierras lleve la memoria del Reino de Asturias hasta los confines de la Península. Sea como fuere, lo cierto es que la victoria de esta batalla se atribuyó a la intervención de la Virgen María que, según la tradición, entregó la Cruz a Pelayo como estandarte. Aquí se encuentra el origen de este santuario, que comenzó como un antiguo templo medieval que ardió en 1777 y que luego se completaría en 1877 con el diseño de la Basílica neorrománica que ahora conocemos. Aunque el complejo registra todo el año gran afluencia de visitantes, éstos se multiplican cada 8 de septiembre con la celebración del día de La Santina, patrona de Asturias. Ese día, Cangas de Onís se convierte en protagonista indiscutible, y quienes vienen aprovechan no sólo para disfrutar de Covadonga, sino para conocer otros atractivos de este moderno concejo, encabezados por el Parque Nacional de Los Picos de Europa y sus lagos Enol y Ercina, a los que se llega continuando por la carretera que lleva al Real Sitio de Covadonga. Las buenas infraestructuras permiten que todo el que lo desee pueda apreciar por sí mismo la majestuosidad de unas montañas que incluso los marineros ven desde el mar. Para conocer más los encantos de estas montañas, en los lagos se encuentra el Centro de Interpretación del Parque de los Picos de Europa “Pedro Pidal”.

El Santuario de Covadonga multiplica sus visitas el 8 de septiembre, con la celebración del Día de La Santina.

Pero aunque estos son los dos puntos más visitados de Cangas de Onís, el concejo guarda otros tesoros para los más curiosos, como el dolmen de cinco mil años situado en el interior de la Capilla de Santa Cruz, la cueva rupestre del Buxu, el zoo La Grandera o el Conjunto de Iglesias Románicas que nos lleva hasta los pueblos de Abamia, Villanueva, Villaverde, Con y Grazanes para admirar sus templos. La propia ciudad de Cangas de Onís pone el contrapunto urbano, cuya visita debe incluir el puente romano del siglo XIII con una réplica de la Cruz de la Victoria en su arco central, las compras por sus múltiples tiendas, y una buena comida elaborada con productos de la zona como la carne roxa o el queso Gamonéu. De lo divino a lo humano en un solo concejo.

¿Qué visitar?Dos son los puntos centrales que centran la visita de quien se acerca al Real Sitio de Covadonga: la Cueva y la Basílica. Si la primera destaca por su historia, la segunda lo hace por su majestuosidad y religiosidad. La visita comienza ante los dos leones de mármol de Carrara, y continúa por la Fuente de los Siete Caños. La tradición manda beber de cada uno de ellos y posteriormente arrojar una moneda al agua de la laguna contigua formada por la cascada que cae bajo la gruta. Tras pasar una pequeña plaza, subimos a la cueva gracias a los 101 escalones excavados. Una vez en ella, nos recibe la imagen de la Virgen que data del siglo XVIII y que sustituye a la primitiva que se quemó en un incendio. Saliendo de la cueva, a través del túnel, encontramos La Campanona, de 3 metros de altura y 4 toneladas de peso.
Por su parte, la Basílica de Santa María la Real de Covadonga está sobre el cerro del Cueto y se construyó entre 1877 y 1901, en estilo neorrománico, con tres ábsides escalonados y planta de cruz latina. Otros edificios emblemáticos del complejo son La Colegiata -el edificio más antiguo del santuario-, La Hospedería y La Casa de Canónicos, que alberga Biblioteca, Sala de Juntas, Salón del Trono, Casa Capitular y el Museo del Tesoro, donde se exponen las joyas originales de la Virgen.

La Cruz de la VictoriaLa reproducción que ahora vemos colgada en el centro del puente romano de Cangas de Onís está totalmente asociada a la batalla de Covadonga. La original es de madera y dice la tradición que acompañó a Pelayo durante la batalla que tuvo lugar delante de la Cueva. De ahí el nombre de Cruz de la Victoria. En el año 737 el hijo de Pelayo, Favila, dedica un pequeño templo para acoger la talla, que se levanta sobre un dolmen del 3.000 a.C. Posteriormente Alfonso III ordena decorar la Cruz con oro y piedras preciosas. En 908, con el aspecto que ahora conocemos, el citado Alfonso y su esposa la ofrecen a San Salvador, entonces templo de la corte asturiana. Actualmente se encuentra en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.

Buceadores sacando a flote a la Santina.
Foto: Ayto. de Cangas de Onís

La Santina sumergida

Cada 8 de septiembre, mientras el Santuario de Covadonga se llena de fieles, a once kilómetros tiene lugar una curiosa tradición en el Lago Enol, en pleno macizo de los Picos de Europa. Sumergida en las frías aguas glaciares, a ocho metros de profundidad, hay una cueva en la que descansa una reproducción de La Santina desde 1972, imagen muy querida por los buceadores asturianos. A las once de la mañana comienzan los actos, señalizando dónde está la Virgen y bajando uno a uno los buceadores escogidos, para no levantar el lodo del fondo. Luego se sube la talla a un pedestal flotante, mientras el público presente aplaude emocionado. Se lleva en procesión hasta la orilla, donde previamente se ha levantado un altar, en el que un cura oficia la misa, acompañada de gaitas, tambores y tonadas asturianas. Tras los actos, se vuelve a sumergir hasta el año próximo. Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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