Asociación de Mujeres Dulce Chacón. Por un presente y un futuro en femenino

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Integrantes de la Asociación de Mujeres Dulce Chacón en el taller de baile creativo
Integrantes del taller de baile creativo / Foto: Asoc. de Mujeres Dulce Chacón
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Aunque nació en el seno de una familia conservadora, la narradora y poeta española Dulce Chacón, muy pronto dejó clara su visión de la vida a través de una mentalidad de izquierdas. Apostó por poner nombre a la represión franquista y se comprometió con la lucha por los derechos de las mujeres.


La Asociación no solo ha tomado su nombre prestado como un homenaje al compromiso de esta mujer que falleció en el año 2003, sino que ha querido seguir su estela y seguir abriendo camino en la lucha por los derechos de las mujeres. Mariló Jiménez Pérez es la vigente vicepresidenta de este colectivo que actualmente centra su trabajo en Castrillón.

-El nombre de la Asociación es una declaración de intenciones…
-Cuando hace once años tuvimos la idea de arrancar con la Asociación le dimos muchas vueltas al nombre. En aquella época coincidió que habíamos leído La Voz Dormida, que es un libro muy representativo de Dulce Chacón y por otro lado había muerto de cáncer en el plazo de un mes. Éramos un grupo de cinco amigas y, quedamos todas tan impresionadas por su proceso, que decidimos ponernos ese nombre. El nombre nos empodera mucho más porque era una mujer muy comprometida con las injusticias del mundo cometidas contra las mujeres.
Con esta mentalidad, el objetivo fundamental de las actividades que llevamos a cabo es empoderar a las mujeres, hacerlas conscientes del poder, de la creatividad y la sabiduría interna que tienen.
-¿Cómo es el perfil de las mujeres con las que trabajáis?
-En general, las mujeres que llegan a la Asociación, son mujeres jubiladas porque son las que tienen más tiempo. Las mujeres que están en época de crianza o trabajando tienen el tiempo muy limitado. Para las que no han tenido la oportunidad de estudiar o para las que quieren ampliar sus conocimientos, tenemos un taller de cultura general donde, además de impartir de manera superficial, debido a su edad, matemáticas o lengua, les metemos «pildoritas» de feminismo para que vayan entendiendo la realidad de ser mujer, la sociedad patriarcal, el machismo. Es un poco el despertar.

«El objetivo de las actividades que llevamos a cabo es empoderar a las mujeres, hacerlas conscientes del poder, de la creatividad y la sabiduría interna que tienen»

-Además de impartir cursillos habéis puesto en marcha La Escuelina. ¿En qué consiste este proyecto?
-Es un taller de cultura general, acabamos llamándole La Escuelina porque en él tocamos muchos temas que no solo son didácticos. Queremos que sepan hablar, debatir, compartir opiniones… Es un tiempo en el que van cogiendo seguridad y capacidad de crítica ante las cuestiones de la sociedad.
También tenemos un taller de movimiento expresivo donde el objetivo es, a través del movimiento, liberar tensiones, bloqueos, impartimos otro de baile creativo que es el que más éxito tiene porque les encanta bailar. Después hay un taller de inglés nivel de iniciación y nivel intermedio, otro de francés con los mismos niveles, otro de fotografía digital, uno de costura, y hemos tenido una escuela de padres y madres, un taller de relatos, otro de teatro.
-¿Hasta qué punto este proyecto funciona por la implicación personal de todos los que formáis parte de él?
-Tenemos la gran suerte de que, en general, todas las monitoras tienen la gran conciencia de no limitarse solamente a impartir los contenidos en el tiempo que dura el taller, sino que trabajan para expandir la mente a través de otras acciones. Por ejemplo, la chica que da el curso de inglés, también organiza viajes y este año han ahorrado para irse a Nueva York. Todos los años van a algún sitio porque es una forma de seguir aprendiendo, hacen visitas a museos, van a charlas. Y durante estas jornadas practican el inglés. Ya han viajado a Bilbao y también a Colombres para conocer la ruta de las casas indianas. Queremos fomentar el gusto por la cultura, por el saber, pero de una manera muy asequible porque la cuota anual de la asociación es de doce euros y después, cada monitora, tiene un precio que oscila entre los diez y los doce euros.
-¿Qué supone para ti trabajar con estas mujeres?
-Yo llevo La Escuelina, el taller de movimiento expresivo y el taller de baile creativo. Trabajo el cuerpo, la mente y el espíritu. Y digo el espíritu porque la mujer más mayor que viene tiene ochenta y dos años y muchas han vivido la Guerra Civil, el franquismo, y hay que romper. No importa la edad pero hay que darles la posibilidad de contemplar que las cosas pueden ser de otra manera y se pueden cambiar las ideas. Es un proceso largo, pero son mujeres muy inteligentes y con muchísima capacidad para adaptarse.

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