El entuerto de Montuerto

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El Rincón de Teobaldo
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Si bien Alonso Quijano solía decir “tuerto”, en el sentido de agravio, se ha hecho popular la expresión “desfacer entuertos” para describir el intento de aclarar líos que se originan entre los seres humanos de maneras variadas. Así nos encontramos que un motivo de alegría, como es para Penélope Cruz haber ganado la Copa Volpi en Venecia, puede originar un conflicto familiar por culpa de un rotulista de TVE.

Penélope Cruz

Es cierto que la fallecida Pilar Bardem era una mujer de fuerte carácter, que se reflejaba en sus facciones, pero de ahí a llamarle padre hay un mundo. Realmente, Penélope agradeció el premio en inglés, y en consonancia con el título de la peli, “Madres paralelas”, quiso hacer la dedicatoria “to my mother, Encarna, and my mother in law, Pilar…” Es decir, “mi suegra”. No parece haber mala intención en la frase, aunque en las bromas de chigre se identifique a la madre política con el sargento de semana.

Más peligroso es el lío que se monta con la ordenación del tránsito por el puente de Montuerto. Es una pequeña y amable localidad en la ribera izquierda del Curueño, en el término municipal de Valdepiélago, salpicada de historia. Comunicada en su momento por una calzada romana que lleva camino a Vegarada y la Asturias transmontana, vive a la sombra histórica del castillo de su nombre, en el que aparentemente se paró la conquista árabe, si hacemos caso a una tendenciosa lápida que un vecino de la población aledaña pagó para exhibir en su iglesia. “En conmemoración de los héroes cristianos que defendieron en el pueblo de Nocedo durante doscientos años esta montaña, no permitiendo que los moros pasaran del castillo”.

MontuertoHemos pasado unos días disfrutando de las rutas pedestres, con dificultades para todos los niveles de pisapraos, la amabilidad de la gente del chiringuito y, sobre todo, del pequeño remanso que el vecindario ha habilitado en el río. La Junta vecinal mantiene el entorno muy presentable, pese a los visitantes maleducados. No hay monumentos a generales, reyes ni obispos; una sencilla placa en su casa recuerda a la partera que ayudó a mantener repoblada esta parte del río.

El pueblo se une a la carretera provincial mediante un puente de unos 70 metros, con ligera curva, con un ancho de vía que no permite cruzarse a dos vehículos. La señalización en cada uno de los extremos parece un lema comercial, “el visitante siempre tiene razón”; o una demostración del Principio de Incertidumbre de Heisenberg, el conductor-observador siempre tiene preferencia. Si sale usted del pueblo la señal le da prelación sobre el que entra; pero si accede a él, también.

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