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jueves 30, mayo 2024

La monja con problemas de odio

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Veni-y pàcá rapacinos,
Mozos, mueres y neños
Veni-y que voi a cuntavos
Un casu que nun ye cuentu

Un caso, o más, si el número de líneas lo permiten, y además con pequeñas aportaciones de textos en asturiano, para celebrar, bien que modestamente, la Selmana de les Lletres. Es el primero de ellos que leo en el periódico de mayor tirada regional un artículo sobre la bisabuela que cumple 100 años, ve deporte en la tele y quiso ser monja; afirma un familiar: “Está fantástica. Vive sola y, salvo los problemas de odio, se mantiene muy bien”.

¡Probe! Vivir problemas de odio a edad centenaria debe ser terrible, y más para una señora que tuvo vocación religiosa; no es de extrañar que “tenga que tomar un paracetamol para dormir”, aunque digan que es por el reuma.

https://fusionasturias.com/opinion/firmas/el-rincon-de-teobaldo/la-monja-con-problemas-de-odio.htm La monja con problemas de odio

Pensando, pensando, me pregunto en qué lengua rezaría. Aquí hay un autor, Agustín de la Villa, que afirma que a Covadonga no le gusta nada que oren en castellano, según afirma en “Remontose la Santina”: “Tú considera qu’emperrénse’n rezame d’otru mou que nun ye la so llengua; en una xerigonzia que nun entiendo, que como fuera asturiano lo entendiera”.

Así que una parte del clero, y mucho antes del Concilio Vaticano, ya procuraba dirigirse a los astures en su propia lengua, incluso traducían los textos que ellos consideran sagrados al lenguaje común. Don Manuel Fernández de Castro y Menéndez Hevia, (Oviedo, 1834-1905), que en esa economía lingüística tan nuestra “era conocíu como Don Manolín”, puso en asturiano el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, texto largo para ser decreto, obra de Pío Nono, que daría nombre a un pastel. Incompresible incluso en el habla común, pero que contiene frases tan próximas como que los romanos pontífices tuvieron por antepasado a Pedro, el cual recibió una misión: en tanto que “Príncipe de los Apóstoles fo encomendáu de parte de Dios pel mesmu Xesucristo Señor nuestru’l cuidau cimeru de pastiar los corderos y les oveyes”.

Tarea difícil entre la humana grey, porque en aquellos tiempos apostólicos todavía la Iglesia no ostentaba poder político y ya se nos representa un caso de nepotismo y tráfico de influencias. Don Manolín torna al asturiano el Evangelio según San Mateo y leemos:

“Mt 20-20: Entós la madre de los fíos del Zebedeo acurrióse allí colos sos dos fíos y féxo-y acatamientu, aparentando pedi-y dalgún favor. 20-21 Xesús díxo.y: ¿Qué quiés? Ella arrespondió-y; Dispón qu’estos mios dos fíos se asienten nel tu reinu, l’un a la to derecha, y l’otru a la to izquierda”.

No dejamos de ser un conjunto de tejidos y hormonas en constante ardor, por más que algunas miren al cielo buscando trascendencia. Los arrebatos de Teresa de Ávila la llevaron al panteón de los cristianos, los de Mariana Alcoforado tienen hasta la veracidad puesta en duda; decía Rousseau que sus cartas de amor, -dadas a la imprenta-, habían sido escritas por un hombre. Es el caso que la monja portuguesa existió realmente; a los once años entró en el convento de la Concepción, de donde no volvió a salir, y puede que tuviera un romance con el conde Chamilly, capitán de la caballería francesa que participó en el asedio a Ferreira.

https://fusionasturias.com/opinion/firmas/el-rincon-de-teobaldo/la-monja-con-problemas-de-odio.htm La monja con problemas de odio

Lirismo de una monja enamorada: “Estas violentas emociones me produjeron tan violenta impresión que durante más de tres horas todos mis sentidos me abandonaron; yo me resistía a volver a una vida que por vos he de perder, puesto que no puedo conservarla para vos. Pero al fin, a pesar mío, volví a la luz. Me deleitaba que moría de amor y, por otra parte, estaba contenta de no hallarme expuesta a ver mi corazón destrozado por el dolor de vuestra ausencia”.

Otra que vivía sin vivir en ella. Sin embargo, las monjas del monasterio de Santa María de las Dueñas (Zamora), no anduvieron con poesías y pusieron en práctica una táctica de acción directa. En el año 1281 la priora se queja amargamente a su obispo, cuenta que sus subordinadas se tomaron la libertad de abrir las puertas a los frailes de la Orden de los Predicadores y se holgaban con ellos “muy mucho a menudo, fastas cada día, desde manana atala siesta. Desde la siesta atala nueche. Muchas veçes hy les anochecíe. Tantos avíe hy día que venien bien diez pares delos”.

Figura de monja gaitera

Sobre la base de este texto, histórico, escribe Roberto González Quevedo un cuento que recomiendo a usted encarecidamente. “Las monxas candongas de Zamora ya los flaires l.libertinos”. La denuncia, -cuyo documento se conserva, encontrado por Américo Castro en la catedral de Zamora-, detalla como los monjes perseguían a las frayras ninnas, como en la orgía se intercambiaban hábitos y sayas o andaban por el convento como vinieron al mundo. Así que acaba clamando la priora: “A nos feriron por muchas veces, nos troguieron muy mal, porque vos rogamos señor, vos pedimos por mercet, xorando mucho de los oyos, que vos dolgades de nos”.

Se dolió el señor obispo de su situación, despidió al jefe de los Predicadores y trasladó a las revoltosas a Benavente. Dicen algunas que la denuncia era falsa, que por detrás andaba una lucha por el poder eclesiástico; o sea, problemas de odio. Y ahí pierdo el cuento. Termino entonces con el que empecé, no vaya a ser que usted quede con mala opinión de la centenaria. Fue prudente en el noviazgo, se casó con un minero y tuvo tres hijas. ¿Y el problema de odio? Ella misma lo explica: “Como estoy un poco sorda, mi bisnieta…” ¡De oído, señor redactor, problemas de oído!

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